LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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Nicanor Parra y la deconstrucción del poema

NICANOR PARRA: ANTIPOESÍA Y DECONSTRUCCIÓN; ARTEFACTOS DRAMÁTICOS, DISCURSOS DE SOBREMESA Y RECUPERACIÓN DEL HABLA EMPÍRICA”.

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Dos poemas de Pedro Diego

AMANECIENDO

 

En esta tierra nacen las voces

de los cuerpos jóvenes, donde la

lluvia desborda nuestras manos

temblorosas de llanto, mientras

en las fuentes se derrama el

frescor sobre las bocas infantiles,

desconocedoras del dolor, inertes.

 

El sol parte en mi llegada, dejando

tras el malva de la tarde la fogosa

bóveda, que manchada de memoria

recuerda el peso de este cuerpo.

 

Los últimos rayos de sol sostienen

por un instante el cielo invernal,

dejando que la noche se abra

camino.

 

Cesa la luz, y yo sueño que todavía

reposas tu cabeza en mi vientre

enamorado, que aunque inútil aún

guarda espacio para un beso.

 

Cae el cielo sobre mis espaldas,

y con él, el sueño.

Y de nuevo tú, infatigable deseo,

¿qué buscas en mí?

 

Como el perdido navegante que

busca tierra yo te añoro, mas

quizá no debiera marchar mi

amor sincero en esta noche.

 

Quizá debiera desvanecerme

como el día lo hace, llamándote

una vez más en la madrugada.

 

 

REALIDAD ILUSORIA

 

Yo que he ascendido a la boca

de los dioses, donde el humo

de sus ojos se expande hasta Cabo Mayor.

Yo que he descendido como

lo hace un rayo del cielo, y he roto

la cima de los invencibles en las montañas,

revelando la verdad a este lector,

que de mis agitadas palabras sea el triunfo

todo esto.

 

Dime, ¿qué sentido encontramos aquí,

entre las acciones de lo que ha sido

y lo que somos?

 

Qué será de nuestro cuerpo, si nos

hayamos envejecidos desde que se

esculpe la blanca mañana del invierno,

recogiendo el aire en las mejillas y

en los párpados.

 

Y todo está cubierto de una espesa nube

que reduce aquello que conocemos

al miedo.

 

Pero os juro que combatiré contra

esta realidad, quebrando cada mentira

que ensucie mis ojos.

 

Yo acabaré con este engaño.

 


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REGRESOS

AbastecimientoArcilla-Ciudad-Romana-Clunia.jpg

CLVNIA SVLPICIA

Clunia está sola en un páramo. El silencio en Clunia es aéreo, cuando los altos vientos que cruzan la Meseta la rebasan también a ella, y al mirar olimpicos abajo se admiran de cómo fue, parafraseando a Claudio Avieno, una ciudad populosa y principal, y hoy no es nada, incluso menos que nada, sumergida en la tierra y el polvo. Y tiene también silencios subterráneos de aguas corrientes que hasta hace muy poco goteaban sobre rostros de barro con narices grandes y mandíbulas potentes, sobre gruesos falos de arcilla en los oscuros santuarios priápicos de las grutas cerradas para siempre.

Clunia tiene varios escenarios, además, por supuesto, de su teatro. Uno es la principal via de acceso, muy amplia, que ya acredita la importancia de su pasado tráfico humano, pecuario y comercial. Discurre hacia el alto donde se halla la ciudad principal, castro probablemente previo a su ocupacion romana, aunque todo lo que aparezca escrito nos señale que el emplazamiento se creo ex novo.

Otra de las escenas que permanece en mi memoria es la de las termas, cercanas ya al foro, arrasadas, con sus ladrillos negruzcos y roídos por las miles de intemperies sufridas, redondeados casi, como tabas de oveja. Imagino que estos baños, a su manera, serían suntuosos, pintadas sus paredes con sencillas y elegantes franjas y ajedrezados, los suelos decorados con mosaicos de diseños un poco pasados de moda respecto a los de los centros más relacionados con la Urbe, y por supuesto tampoco faltaría una pequeña biblioteca escogida para y por los provinciales – tan romanos como cualquiera, ¿eh?-. Despues de ver las Termas de Pompeya, es inevitable para el connaisseur realizar una pequeña proyección de aquéllas en nuestra coqueta Clunia: visualizar las bóvedas, no demasiado amplias, cargadas de vapores, y escuchar los sonidos de las ramas de laurel golpeando entuasiasticamente  las espaldas mojadas de los sacrificados sportmen de la época. A los esclavos por su parte me los imagino más proletarios que antihumanos, con sus collegia internos a la manera de nuestros sindicatos, sin una clara conciencia entonces de su posicion degradante, bien tratados, incluso ahorradores en base a las propinas de los magistrados, habituales del local.

Clunia tiene tambien un foro que nos deja boquiabiertos. Quizas más grande que el de  Tarraco, me hace pensar en el orgullo desmedido de sus duumviros durante las fases más prósperas de la ciudad. Las rapaces se pasean hoy sobre un espacio difícilmente imaginable, antaño cubierto por mármoles de colores y molduras de bronce, sembrado de estatuas expresivas de un orden en aquellos tiempos sagrado e inamovible, escenario de grandes decisiones hoy veladas por el olvido. Hollamos los quicios de las puertas  de las tabernae, la milla de oro de las compras menudas (y no tanto) en aquellos tiempos, la puerta al exotismo del primer imperio global. Pensad en aquellas dominae locales desdentadas, de rostros atezados y muy amplias estolas, serias y dignas ante los mostradores, acompañadas por niñas adolescentes, esclavitas de mirada  baja y furtiva, sus señoras obsequisamente atendidas por tenderos bastante mas viajados que ellas. Tendrían que llegar sobre este yermo después los bárbaros, y luego el visigodo, suplantado luego por algún musulman, más sirio y bereber que arábigo, y después el cristiano nuevamente, para  finalizar nosotros, turistas de la vida y de la muerte, este paseo de las edades y la desmemoria.

El teatro de Clunia tiene, entre los altisimos y restaurados muros de su proscenio, una argolla en el centro de la escena, para antaño atar a un triste animal de feria pueblerina. Dramas y comedias, declamaciones, arpegios floridos de liras, máscaras y, quién sabe, arengas y ejecuciones, han podido expandir las ondas perdurables de sus arrebatos entre estos muros, bajo estos huecos cielos. Se realiza, cuando las subvenciones llegan, un alegre remedo de aquellos episodios, fruto de una civilidad hoy no perdida completamente. Los asientos son nuevos, novísimos más bien por hormigonados, y no engañan a nadie. Yo prefiero buscar cerámica rota junto a la tierra de los contrafuertes que sujetan la colina donde se excavó el teatro.  A una, es que le gusta esto de la podredumbre… .

 

MARINA GURRUCHAGA