LA TIENDA DEL KIRGUISE

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DISCURSO DE INAUGURACIÓN OFICIAL DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA SAIZ VIADERO EN PENILLA DE TORANZO (CANTABRIA) EN LA MAÑANA DEL 16 DE SEPTIEMBRE DE 2018.

Queridos amigos y amigas, convecinos y convecinas del lugar de Penilla de Toranzo. Gracias por vuestra presencia en este acto y un recuerdo agradecido, también, para quienes desde diversos lugares del mundo y no pudiendo estar presentes han tenido la gentileza de enviar mensajes de adhesión y afecto.
Han transcurrido seis décadas desde el momento en que comencé a frecuentar la sala de lectura de la Biblioteca Municipal de Santander, entrando de esa manera en una especie de edad adulta literaria destinada a rubricar mis etapas anteriores como ávido lector de los numerosos volúmenes jibarizados que componían la Enciclopedia Pulga, y anteriormente en calidad de glotón degustador infantil de aquellos chistes (así se llamaba entonces a los actualmente conocidos como comics) cuyos protagonistas iban desde El Guerrero del Antifaz de la Edad Media española hasta el intrépido limpiabotas llamado Suchai que deambulaba entre las ruinas de una Roma recién liberada por las tropas aliadas. Era, en fin, el remate de un afán por la lectura que había iniciado a partir de mis escasos tres años y con una colección de los cromos que recreaban las aventuras de Robín de los Bosques, según la versión cinematográfica protagonizada por de Errol Flynn.
Mi pasión por la lectura fue tan incipiente e intensa como la manifestada por Eulalio Ferrer, aunque, sin llegar a sus extremos: cuando él era capaz de sumergirse en una literatura tan abstrusa como es la contenida en los prospectos farmacéuticos, yo trataba anualmente de encontrar alguna novedad en los cada vez más gruesos volúmenes que comprendían nuestra guía telefónica. Una afición complementaria basada en relacionar los nombres y las cifras, las letras y la numerología como primer ensayo mnemotécnico que posteriormente tan bien me ha venido para mi actividad como charlista e investigador.
Si durante el transcurso de aquella primera andadura entre las salas de los libros y los pasos prohibidos -siempre a la sombra del nombre venerado de don Marcelino Menéndez Pelayo-, alguno de sus adustos vigilantes me hubiera advertido acerca del peligro que podía correr frecuentando determinadas lecturas que no podían ponerse al alcance de mi vista, y de que, de insistir en mi terquedad, andando el tiempo bien o mal podría acabar prestando mi nombre para encabezar la denominación de una Biblioteca Pública, hubiera pensado que aquel hombre, abducido por su circunstancia concreta había llegado a adquirir la enfermedad de la locura atribuida al Quijote cervantino por perderse entre lecturas tan múltiples como de otros tiempos.
En este paseo nostálgico por mi prehistoria literaria no puedo dejar de citar dos nombres femeninos cuya ayuda para franquear las puertas de la literatura fue decisiva: Carmina Castanedo, mi maestra de primaria, que me empujó por la senda de la escritura mediante sus cotidianos dictados de pasajes del Quijote alternados con textos de Miranda Podadera, y la profesora Rosario Velasco cuando puso a mi alcance los volúmenes de Julio Verne y Alejandro Dumas, por citar solamente dos autores de obras tan apasionantes para la edad adolescente. Y, además, de mi madre Agustina Viadero heredé la costumbre un tanto maniática de leer el periódico de cabo a rabo; o sea: de las esquelas a los anuncios por palabras.
Con este ligero pero firme bagaje, en el mundo de los libros he hecho de todo, o casi de todo. He sido vendedor a domicilio, librero y distribuidor de publicaciones prohibidas, corrector de estilo y de pruebas, editor, recopilador compilador y antólogo de centones, ratón de biblioteca, jurado y autor –solo o en compañía de otr@s- de alrededor de un par de centenares de títulos. He sido también profesor de la tercera edad, además de creador de cineclubs infantiles y de los otros, e incluso he ejercido de negro; no un negro al estilo de los muchos que prestaron sus servicios a Alejandro Dumas o Víctor Hugo, sino que he llegado a ser negro de un negro de raza; o sea: escribir para un futbolista africano. ¡Chúpate esa, Pepe Hierro, cuando presumías de haber sido negro de fray Justo Pérez de Urbel, en su día abad mitrado de la Basílica del Valle de los Caídos!
Desde diferentes instancias he tenido ocasión de participar en la creación y organización de diversas bibliotecas y tal era mi obsesión al respecto que recuerdo que cuando llegué al valle de Toranzo el primer saludo casual a un alcalde de la zona fue acompañado de la propuesta de creación de una biblioteca en su municipio, recibiendo la respuesta ilustrada de: “Para qué, si no va a ir nadie”. Con un “Desde luego, si no hay biblioteca no irá nadie”, dejé zanjada la cuestión. Y hasta hoy.
Pero ahí quedó el gusanillo de poner al alcance de los posibles lectores y lectoras los libros de mi biblioteca personal, la cual, sin ser yo un empedernido bibliófilo, en la actualidad ha alcanzado la cifra de siete mil volúmenes y sigue aumentando. Este crecimiento imparable fue una de las razones que en su día nos movieron a Vera y a mí a tomar la decisión de cambiar nuestro cómodo y céntrico ático santanderino de cien metros cuadrados por la ocupación de una casa de nueva planta en Penilla de Toranzo, cuyos doscientos metros siempre se sienten amenazados de una latente asfixia ocupacional propiciada por los libros repartidos por toda la casa, a riesgo de encontrarme en el mismo caso de Silvestre Paradox -bibliófilo inventado por Pío Baroja-, quien ante una situación muy similar a ésta de overbooking (nunca mejor empleado el término), decidió clausurar la puerta de su biblioteca y abrir un montante superior por donde lanzar los libros al interior de la habitación.
Por este y otros motivos muy parecidos, cuando Milagros Ruiz Pacheco, a la sazón alcaldesa pedánea de Pando-Penilla, vio la posibilidad de poner en marcha una biblioteca en este último pueblo, sentí una doble satisfacción. Primero, porque la creación de cualquier centro de lectura siempre supone un avance en la lucha contra la falta de conocimiento cultural; segundo, y más personal, porque así encontraba un lugar donde ir depositando aquellos volúmenes de mi biblioteca personal que no necesitara para mi trabajo, sin tener que recurrir al llamémoslo método Paradox, farragoso pero mucho más inocuo que los drásticos procedimientos utilizados por el detective Carvalho, de Vázquez Montalbán, o por el propio Paco Umbral, para deshacerse de los libros.
El resultado obtenido, después de muchas gestiones y del trabajo infatigable de José Luis González Pelayo, lo tenemos hoy ante nuestra vista: una biblioteca bien provista de ejemplares y documentos, que muy en breve mejorará merced al concurso de quienes deseamos que este proyecto se convierta en una realidad para mejor uso y mayor disfrute de las generaciones presentes y las del futuro.
Gracias a este tipo de trabajos como el que hoy aquí se materializa nuestra sociedad no tendrá que recurrir a un recurso como el descrito por Ray Bradbury en su novela de anticipación catastrofista Fahrenheit 451, en la cual sus personajes se veían obligados a aprenderse de memoria los contenidos de los libros en trance de desaparición: una persona, un libro viviente; la memoria, objeto de supervivencia intelectual.
Estoy muy agradecido a la Junta Vecinal Pando-Penilla y al Ayuntamiento del municipio de Santiurde de Toranzo por la decisión adoptada de dar mi nombre a esta Biblioteca Pública que ahora inicia su andadura. Tengo la satisfacción personal de poder añadir esta nueva muestra de afecto a los diversos reconocimientos y homenajes que en el transcurso de los últimos tiempos se me han prodigado excesivamente, sin para ello haber tenido que pasar por el siempre doloroso e irreversible trance del fallecimiento. Desde antiguo he procurado seguir el consejo divulgado por Winston Churchill: “No pidas nada, no rechaces nada”, y este acto que hoy celebramos modestamente forma parte de una filosofía discretamente asimilada.
A lo largo de mi vida literaria me he ocupado, sin poseer mayores títulos para ello, en cumplir la función de periodista, plumilla o juntaletras, escritor, historiador, cronista, investigador y recopilador de realidades, inventor de palabras si hace el caso (como aquel personajes interpretado por Cela en su obra La colmena), transmisor de ficciones y escribidor como era el ser un día fascinado por la tía Julia del peruano Vargas Llosa; por cierto, poseedor de dos apellidos dotados de resonancias geográficas tan próximas al lugar en que nos encontramos.
Pero, más allá de todas esas facetas de mi personalidad llamémosla literaria, tendría que destacar una que me obliga a parafrasear al Neruda del barco Winnipeg: la que más me importa, la que más me llena, es haber estado siempre dispuesto a responder a las consultas que desde todos los lugares del mundo se me han hecho llegar, haber satisfecho las dudas de tantas personas, haber colaborado en proyectos de muchas otras, haber contribuido a la realización de artículos, estudios, memorias, tesis y tesinas para quienes en algún momento me lo han solicitado. Afortunadamente, a la vista de la devaluación recientemente demostrada, nunca nadie me pidió ayuda para la fabricación de un máster.
Termino: A estas alturas de mi vida, situado ya en ese tramo que Baroja denominó la última vuelta del camino, me gustaría seguir encontrándome con las suficientes fuerzas -si no físicas, sí al menos intelectuales-, para continuar poniendo mis modestos conocimientos y, sobre todo, mi más desarrollada experiencia, al servicio de quienes más lo necesiten y lo demanden, disfrutando de esa manera del virus benigno que un día me fuera inoculado por mi añorado amigo y, por tantas cosas maestro, Eulalio Ferrer: el placer de compartir.
Y, en cualquier caso, cuando llegue el momento, deberé estar presto a recordar las palabras postreras de Don Marcelino: “qué lástima morirse cuando queda tanto por leer”, transformadas en el deseo de que su seguro servidor, este modesto escribidor que ahora os habla, pueda al fin reflexionar lamentando “morirse cuando queda tanto por escribir”.
El mundo de la lectura y la escritura están estrechamente relacionados, pero a veces los caminos de partida y de llegada aparecen inescrutables, como intentaba demostrar quien un día escribió que la gran capacidad y voracidad lectoras del autor de la Historia de los heterodoxos españoles andaban muy firmemente sustentadas en el pertinaz estreñimiento que de por vida acompañó al erudito santanderino. Los reveses y también las incongruencias del camino hicieron que don Marcelino –como don Benito Pérez Galdós- nunca recibiera el Premio Nobel de Literatura, galardón que muchos años más tarde le fue concedido a Mario Vargas Llosa.
Muchas gracias a todas y a todos por vuestra presencia. Sería muy del agrado de la organización de este modesto evento que colaborarais en su prosperidad con la aportación de vuestras iniciativas para su mejor funcionamiento, así como de los libros que estiméis y cualquier otra manifestación gráfica o documental que consideréis oportuno deban ser aportados a sus fondos. Si son de propia autoría y están dedicados a la nueva biblioteca, mejor que mejor.

J. R. Saiz Viadero

 

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El hombre que ama a los libros. Homenaje a J.Ramón Saiz Viadero.

El 16 de Septiembre se inauguraba en Penilla de Toranzo , Cantabria, una biblioteca. Poco o mucho les dirá este acontecimiento, aunque en los tiempos que corren inaugurar una biblioteca puede ser motivo de fanfarrias y alegrías. Ocurre que esta es especial y por eso merece este artículo. Lo es por el variado origen de sus libros y por su nombre. Se llama Biblioteca Pública Saiz Viadero y me gustaría contarles quien es y qué significa para nuestra región y para mí este nombre.
Ramón, como le llamamos las amigas es hombre de libros,como dijeron en el discurso del acto, también de cine, de prensa, de estudio. Ramón se ha pasado la vida entre ellos, los ha tenido como amigos cercanos; quienes conocemos su casa nos admira que se mantenga en pie debido a la cantidad ingente que tiene. Tanto él como Vera, suelen decir que los libros les exiliaron de Santander, ya que vivían en un piso y amenazaba de derrumbe de tantos como tenían. A partir de ahora, Ramón ya tiene donde dejar sus libros y los de sus amigas.
Miren, cuando yo era muy joven, por avatares de la vida viví unos años en A Coruña. Las/os cántabros somos peculiares, saben, despotricamos de nuestra tierra cuando en ella estamos pero nos morimos de pena al salir. Nuestros verdes, ese olor a mar, el plomizo nuboso de nuestro cielo y el contorno del paisaje mechado de vacas y olor a bosta nos enternece hasta el infinito. En los años de ausencia se me desarrolló amor y la nostalgia de mi tierra que antes, a decir verdad, me era indiferente. Al volver recorría librerías de Santander en busca de libros que me hicieran conocerla para justificar ese amor. Y entonces me topé con José Ramón Saiz Viadero y sus libros. En mi casa hay publicaciones de los años 80, 90 de mi gran amigo, están amarillentos y cubiertos de la pátina del guano pero de vez en cuando me llaman y vuelvo a ellos para reencontrarme. No es que sea yo patriota ni monserguera, que no, me siento bien en cualquier tierra, amo con delirio tanto a Catalunya, como a Andalucía, Galicia, Euskadi, Asturias, Comunidad Valenciana, Aragón, Navarra… a las demás menos porque o no las conozco o fueron visitas esporádicas pero hay algo intimo que nos une a la tierra en que nacemos y que nos marca a fuego. Y los libros escritos por Ramón me lo explicaron. Conocí Santander palmo a palmo en esa historia de las calles descritas con el amor de un espelólogo sabio y parte de la obra de cantabros (y visitantes) ilustres descritas las vivencias con lenguaje cinematográfico. Conocí las tripas de una ciudad, luego de una región, de su gente, de sus luchas. Enfin, conocí y amé a Cantabria de la mano de este hombre.
Luego seguí su trayectoria de luchador sencillo, de irredento hombre íntegro que jamás vendió su ideología pero que dejó amigos por donde anduvo. Ha sido encarcelado porque se la jugó en los años duros de la Transición y mientras vivía el dictador. Fue concejal por el PCE, en el primer Ayuntamientodemocrático de Santander, luchó cuando debía y luego se “curó” de su afición política para dedicarse a los libros. Y al cine. Me consta que le han ninguneado, traicionado…me consta porque jamás lo dice y si cuenta algo negativo lo hace con esa chanza simpática de quien entiende todo porque está de vuelta. Jamás nadie me dijo nada malo de este hombre. Jamás escucharán a alguien contar alguna faena de Ramón.

Un día, visitando mi querida Vorágine (librería y algo más, casi Casa de Cultura) me topé con otro libro de Ramón. Le compré sin dudarlo cuando aún manchaba los dedos de puro nuevo. Lo leí con pasión y a poco me entero que lo presenta en la librería donde lo adquirí. Acudí a la presentación, charlamos, le cosí a preguntas sobre Matilde Zapata (que bonita es la vida a veces que propicia estas causalidades). Ante mi curiosidad, me buscó otro libro suyo que publicó hace años sobre ella y sus artículos periodísticos; pude escuchar los datos, las historias que salían de esa prodigiosa memoria que tiene Ramón. Si le admiraba en la distancia, conocerlo me acrecentó la admiración y el cariño.
Ramón guarda todos los detalles de más de cincuenta años de historia de mi tierra. Y mucho más. Ha investigado, sacado del olvido, rememorado y estudiado cada detalle, cada minucia de estos años convulsos. A la vez es un erudito del cine; su biblioteca cinéfila dejaría pálido a Bollero. Escruta la historia, la intrahistoria, los detalles nimios que definen a los diversos personajes que describe con precisión. Erudito de lo sencillo, observador incansable y estudioso con memoria privilegiada. En la mente de Ramón cabe todo.
Imaginarán ustedes lo que supuso para mí conocer a este hombre, que mostrara la confianza como para hacerme participe de sus conocimientos, estar en su casa, ver algunos de sus archivos. Casi más que un premio literario (he dicho casi…depende de la cuantía, me perdonarás Ramón) Preguntarle algo te lleva de la mano a una clase magistral de historia con mayúscula y con minúscula, porque la mente caustica de este hombre trasciende del hecho conocido hasta desentrañarlo con anécdotas, dignas de ojos como escalpelos, que ponen luz en parajes insospechados. Cada respuesta supone una clase magistral de ética, de historia, de conocimiento en fin.
Con todo ello hay una cosa que destaca en Ramón: su enorme generosidad. Regala conocimientos, afectividad, porque le sobra, porque es fuente inagotable de mente y corazón. Es ubicuo, se presta a presentaciones, recitales, conferencias…cualquier cosa que le pidamos, sin contar con el esfuerzo que le cuesta, nos obsequia con su tiempo, su padrinazgo y su saber. Decía en su discurso de agradecimiento, que después de tanta obra sentía que su mayor logro es haber ayudado siempre al que lo necesitaba. Eso describe bien su personalidad; doy fe que es así.

Comenzamos unas cuantas la andadura de esta casa, @La PajareraMgzn, a la cual se unió con entusiasmo, trayendo artículos, guiando con brújula segura por los intrincados laberintos de la prensa que conoce como el mejor. Su implicación y cariño hacia esta obra es necesaria y precisa. Sin alharacas se ha convertido en pieza importante del magazine.

Conocedor de mi pasión por Pérez Galdós (creo que compartida por él ) en cada visita a su casa, salgo acarreando cinco, seis, o siete libros que me ha preparado con el cariño paternal de mentor cultural. Siembra tanto que a veces me sobrecoge mi precaria capacidad de agradecimiento. No soy de gestos sonoros, mi forma de expresar cariño, agradecimiento es esta, escribir y sentir.
Es una de las mentes más claras del panorama cultural deCantabria, casi diría de España. A Ramón se le admira y se le quiere a partes iguales, por bueno (en la forma machadiana de serlo) por generoso, por honrado en tiempos de travestismo ideológico. En tiempos en los que vemos pisar y pasar por encima para conseguir estar en boca. No lo necesita porque es uno de los grandes.
Es muy grato comprobar cómo el pueblo llano, un grupo de fieles amigos sin fanfarrias de políticos ni oficialistas que se arriman a la foto, nos hemos reunido para mostrarle nuestro respeto, cariño y admiración en ese lugar escogido por él y por Vera, su compañera y socia de vida y obra, para vivir: Penilla de Toranzo. Estoy segura de que entre todas haremos una pequeña ágora de cultura en esa maravillosa biblioteca que este domingo de Septiembre, amenazando lluvia, abrió sus puertas para proclamar que la cultura y los libros siguen vivos. Y por mucho tiempo.
María Toca
http://bibliotecapublicasaizviadero.blogspot.com/


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Presentación del nuevo poemario de Elena Camacho

El lunes 24 de septiembre a las 19:30 de la tarde en el Ateneo de Santander, presentaremos José Ramón Saiz Viadero, Dori Campos y yo mi nuevo poemario (Metamorfosis. Bodegones y otras naturalezas vivas), así como la reedición en un solo volumen de tres poemarios anteriores (Versatilidad de la emoción, Ars adivinatoria y Trizas y trazos).

Si queréis haceros con un ejemplar, allí mismo se pondrán a la venta, aunque también se pueden comprar bajo demanda en vuestra librería habitual en papel o en formato ebook en distintos portales web. Basta  para ello con poner su título o mi nombre.

 


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Un poema de Marina Gurruchaga

 

Van creciendo los tiempos, Señor,

Las cosas que me importan se hacen diminutas

Y todo es más y más difícil, perseverar

En la esperanza, y en la alegría, y otra vez en la esperanza.

Comienzo a entender  por qué es secreto Tu Nombre,

Y la elección entre el cáos y el sentido a veces se impone por sí

Misma.

No hay descanso, no hay disculpa, llegaré

Al último segundo entera y libre.