LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE

NOCHE. ANSIA.

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Durante el sueño ella se encontraba en lo alto de una colina, sobre el completamente redondo camino de ronda que se asomaba y, en determinado lugar, permitía el acceso por un pequeño espacio entre dos troncos al interior de un bosque de pinos que era como una cerradura de metal. Dentro del apretado ovillo de árboles, la obscuridad era casi completa y se iba estrechando aún más, a medida que la forma en dolina sobre la que se asentaba el bosque horadaba la pendiente. Ninguna claridad se filtraba desde las copas de los árboles, que tupidos como un toldo cerraban completamente la visión. En el sueño, ella descendía o comenzaba a hacerlo por aquella vereda que se adentraba en círculos concéntricos por el embudo arbolado, silencioso como si los árboles no fuesen reales, hogar de animales y pájaros irrastreables.
Aquel sueño, durante el mismo sueño, le trasladó a otro sueño. En él ascendía con su coche, que había empequeñecido notablemente, también sola, por la empinada ladera de una montaña. También abundaban los árboles, pero éstos se disponían de una forma natural, realista. De pronto llegaba a un cruce en el que tenía que decidir entre dirigirse a una casa rústica de dos pisos y alegres balcones con geráneos, unas veces aislada en un prado junto a la carretera y otras veces formando parte de un pueblo con vida propia y vecinos que preguntaban y a los que preguntar, o continuar su trayecto y ascender aún más. Se daba cuenta en aquel momento de que en las veces que había visitado, también en sueños, aquel lugar, había experimentado ya todas las posibilidades de ruta, y que éstas, que no recordaba, eran variadas y asimismo vagamente riesgosas, siempre culminando en el momento en que la carretera comenzaba a zigzaguear al borde de un acantilado. Su periplo terminaba en una localidad costera, al atardecer, con un sol escorado que impactaba en la rampa marinera donde se reunían algunas personas con vagas intenciones. Entonces a su lado se encontraba ya un niño, probablemente sobrino o hijo, silencioso también.  Después de este segundo sueño despertó.
Como en otras ocasiones las briznas del sueño permanecieron en su boca durante unos segundos. Como otras veces pensó en levantarse rápidamente para anotar siquiera los rastros, los cabos de vela de aquellas luces que venían de alumbrar los caminos del otro yo que deambulaba por los márgenes de la supuesta realidad. Pero el calor del recuerdo se disipó tan rápido como el de las sábanas, y volvió a quedar en la orilla de la perplejidad, sin pistas para abordar el comienzo del resto de su existencia.
J.R. LAVÍN
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Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

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