LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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Algunos apuntes sobre “De memoria el mar”: exposición de José Ibarrola en la sala El Torco de Suances

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1.

Ante los cuadros de José Ibarrola hay qué preguntarse, es absolutamente imperativo el hacerlo, qué extraña cualidad -la cual obviamente sólo puede venir de la esencia última del mar- adquieren los objetos en contacto con el monstruo de los monstruos.

Cada uno de los fenómenos que se suceden junto al mar, y en el seno del mar mismo, adquieren una individualidad poderosa, comienzan un proceso de animación, humanización incluso, y se convierten en un problema conceptual único en cuanto a su situación respecto al paso del tiempo, la finalidad de la existencia y la relación con el espectador de todos estos procesos o situaciones.

 

2.

La cualidad esencial del mar es seguir, en su planitud fundamental, las convenciones del horizonte. Cualquier objeto que transgreda esta norma, esta propuesta (la vara hincada en la arena, el faro como un dedo índice que apunta al cielo, la figura humana, la isla solitaria), nos distráe de su enseñanza básica, que es la posibilidad auténtica del concepto de eternidad.

 

3.

Entre las rocas se depositan los despojos de la marea, de las tempestades. Permanecen allí un tiempo, retenidos, alejados de su consunción final, hasta que el reflujo poderoso vuelve a atraparlos en sus fauces blandas y los arrastra a la ausencia definitiva de un puerto.

 

4.

¡Y pensar que el mar es tan viejo como una roca! ¡Y que es tan viejo como la más vieja de las rocas! Penetro en el baño con mi cuerpo ese mar que me llama más adentro. Se convierte este  cuerpo mío  en un cuchillo, también blando, cuerpo leve en su interior, cuerpo único del mar preñado de futuro y de pasado.

 

 

MARINA GURRUCHAGA

 

 

 

 

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“El Milagro Español”. Por Mariano Gómez de Vallejo

 

EL MILAGRO ESPAÑOL 1987-2018 (jua Juno 2018)

“El Milagro Español” 1987-2018

Tec. mix. sobre tela de tapicería (170 X 130 cm.)

 

El Milagro Español

                                                            Baila, baila, “Mariinsky”

                                                            Stajanovista transexual

                                                            Tu siderurgia quinquenal

                                                            De vapores venéfico

                                                            De oro la hoz, de acero el martillo

                                                            Chiribitas en el yunque de

                                                            Cronos con su forja cósmica

                                                            Para una república cómica

                                                            Sin pagos ni aparceros

                                                            Sin atributos

                                                            Ya emasculado Urano

                                                            Errabundo ya su putativo ejército de matraca

                                                            Tras el inalcanzable horizonte de sucesos

                                                                    Ese “espejo que huye”, siempre.

                                                                                                              (Emilio Cuervo 2018)

 


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NOCHE. ANSIA.

Durante el sueño ella se encontraba en lo alto de una colina, sobre el completamente redondo camino de ronda que se asomaba y, en determinado lugar, permitía el acceso por un pequeño espacio entre dos troncos al interior de un bosque de pinos que era como una cerradura de metal. Dentro del apretado ovillo de árboles, la obscuridad era casi completa y se iba estrechando aún más, a medida que la forma en dolina sobre la que se asentaba el bosque horadaba la pendiente. Ninguna claridad se filtraba desde las copas de los árboles, que tupidos como un toldo cerraban completamente la visión. En el sueño, ella descendía o comenzaba a hacerlo por aquella vereda que se adentraba en círculos concéntricos por el embudo arbolado, silencioso como si los árboles no fuesen reales, hogar de animales y pájaros irrastreables.
Aquel sueño, durante el mismo sueño, le trasladó a otro sueño. En él ascendía con su coche, que había empequeñecido notablemente, también sola, por la empinada ladera de una montaña. También abundaban los árboles, pero éstos se disponían de una forma natural, realista. De pronto llegaba a un cruce en el que tenía que decidir entre dirigirse a una casa rústica de dos pisos y alegres balcones con geráneos, unas veces aislada en un prado junto a la carretera y otras veces formando parte de un pueblo con vida propia y vecinos que preguntaban y a los que preguntar, o continuar su trayecto y ascender aún más. Se daba cuenta en aquel momento de que en las veces que había visitado, también en sueños, aquel lugar, había experimentado ya todas las posibilidades de ruta, y que éstas, que no recordaba, eran variadas y asimismo vagamente riesgosas, siempre culminando en el momento en que la carretera comenzaba a zigzaguear al borde de un acantilado. Su periplo terminaba en una localidad costera, al atardecer, con un sol escorado que impactaba en la rampa marinera donde se reunían algunas personas con vagas intenciones. Entonces a su lado se encontraba ya un niño, probablemente sobrino o hijo, silencioso también.  Después de este segundo sueño despertó.
Como en otras ocasiones las briznas del sueño permanecieron en su boca durante unos segundos. Como otras veces pensó en levantarse rápidamente para anotar siquiera los rastros, los cabos de vela de aquellas luces que venían de alumbrar los caminos del otro yo que deambulaba por los márgenes de la supuesta realidad. Pero el calor del recuerdo se disipó tan rápido como el de las sábanas, y volvió a quedar en la orilla de la perplejidad, sin pistas para abordar el comienzo del resto de su existencia.
J.R. LAVÍN