LA TIENDA DEL KIRGUISE

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CONCHA MÉNDEZ, LA MODERNIDAD REVISITADA

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CONCHA

 

Concha Méndez nunca volvió a España. Tan sólo, ya muchos años después, en 1966, su breve regreso certificó para ella el extrañamiento definitivo: “Que no encontré a nadie / los que conocía / se los llevó / el aire” … “Cuando llegué / me esperaba  / un recuerdo en cada esquina /  y por las calles y estancias / la ausencia de muchas vidas / que llenaron mi pasado”. Ya no volvería más y moriría en México en 1986.

No era de extrañar. Concha se había autoexiliado de España mucho antes del  fracaso de la República. Niña “bien”, nacida en Madrid en 1898, muy joven abandonó la casa paterna, en un periplo que le conduciría de Londres a Montevideo y Buenos Aires, agobiada por el papel tradicional de madre-esposa que allí se le intentaba imprimir con el fuego de las promesas incumplidas de su padre. Concha no había podido estudiar una carrera universitaria por los prejuicios familiares; esta huida, casi de supervivencia desde el punto de vista de la construcción de su personalidad, verdadero exilio interior, tuvo sin embargo para ella graves consecuencias desde el plano emocional, que de alguna manera presagiarían las dificultades del posterior exilio, éste ya político y fragmentario entre Inglaterra, Bélgica, Francia, Cuba y México. La voz y la experiencia de las mujeres en el exilio fue sin duda más difícil de canalizar; muchas de ellas habían alcanzado en la España pre-bélica un alto grado de emancipación que chocó con las costumbres atrasadas –el caso de México es paradigmático- de los países de acogida. Este aislamiento suscitaría entre ellas amistades entrañables, como la que unió a Concha con María Zambrano.

 

Ni me entiendo ni me entienden;

ni me sirve alma ni sangre;

lo que veo con mis ojos

no lo quiero para nadie.

 

Todo es extraño a mí misma,

hasta la luz, hasta el aire,

porque ni acierto a mirarla;

ni sé cómo respirarle.

 

Y si miro hacia la sombra

donde la luz se deshace,

temo también deshacerme

y entre la sombra quedarme

confundida para siempre

en ese misterio grande.

 

Atleta, automovilista, mujer interesada por la moda y por el cine (apoyada esta última afición por su largo noviazgo con Buñuel), íntima amiga y modelo de la simpar Maruja Mallo, paño de lágrimas durante su primer exilio, Concha participa en 1926 en el pionero Lyceum Club, germen del feminismo español, y se empeña en conquistar también la calle para las mujeres artistas y escritoras, haciéndose eco en su poesía de las “Verbenas” de Maruja Mallo, expuestas en 1928 en la Revista de Occidente.

 

Me gusta andar de noche las ciudades desiertas,

cuando los propios pasos se oyen en el silencio.

Sentirse andar, a solas, por entre lo dormido,

es sentir que se pasa por entre un mundo inmenso.

 

Todo cobra relieve: una ventana abierta,

una luz, una pausa, un suspiro, una sombra…

Las calles son más largas, el tiempo también crece.

 

¡Yo alcancé a vivir siglos andando algunas horas!

 

Impresora y editora de las revistas Poesía, Héroe y Caballo verde, antes y después de la guerra, con su marido Manuel Altolaguirre (siempre la imprenta se llamaba “La Verónica”), por supuesto poeta y dramaturga, la obra de Concha comienza a recibir la atención de los especialistas sobre todo a partir de 1990, un año antes de la publicación de sus memorias, dentro de las mujeres de la llamada “Generación del 27”, junto a Ernestina de Champourcin, Maria Teresa León, Rosa Chacel, Josefina de la Torre y María Zambrano. En el año 2008 se edita su Poesía Completa. Su obra lírica, discontinua, rompe con el esteticismo modernista para adentrarse en el simbolismo, incluso en el futurismo merced a sus imágenes, temas y técnicas de gran modernidad, como la atemporalidad, un nuevo ritmo poético, la multiplicidad de voces y la elipsis. Precisamente fue Gerardo Diego, en su antología de la poesía española de 1934, tan polémica, quien no la incluyó en la misma, quizás por el rechazo que Concha manifestaba en su obra al modelo tradicional femenino.

 

Automóvil

Una cantata de bocina.

Gusano de luz por la calle sombría.

Los ojos relucientes bajo la noche fría.

Reptil de la ciudad que raudo se desliza.

 

La obra lírica de Concha Méndez se articula en dieciocho libros. Los tres primeros, Inquietudes (1926), Surtidor (1928) y Canciones de Mar y Tierra (1930), son los más modernistas, en los que intenta redefinir el  lenguaje desde una estrategia vanguardista, reaccionando contra el intimismo sentimental romántico y los patrones heredados de la feminidad.  Un lenguaje más personal, menos de “flâneuse” a la moda, surge en Vida a vida y en Niño en sombras. Poemas del exilio tiene Sombras y sueños, según algunos su mejor libro, y el final Entre el soñar y el vivir, de significativo título.

 

Si turbia la razón y roto el sueño

paso a ser una sombra entre mortales,

quede de mí la luz que ahora me guía

antes de ser mi sombra larga noche.

 

Quede de mí la angustia y el anhelo

y la risa y el llanto en esa espera.

Que algunos ojos para verme un día

se asomarán al mar donde me muevo.

 

 

*

 

De este sueño malva y rosa

que sueña el agua del río,

se van rosando en la tarde

las velas de mi navío.

 

De las lejanías vengo.

Cruzo frente al espigón.

Una canción marinera

se rosa en mi corazón…

 

Atardecer. En el Plata.

Sueño, frente a la ciudad.

Izadas llevo las velas,

velas de mi soledad…

 

Y se me van con el día

—no sé adonde se me irán—

las luces de mi alegría.

 

*

 

Uno de esos instantes que se vive

no se sabe en qué mundo, ni en qué tiempo,

que no se siente el alma y que apenas

se siente el existir de nuestro cuerpo,

mi corazón oyó que lo llamaban

desde el umbral en niebla de algún sueño.

 

Para decirme su mensaje extraño,

aquella voz venía de tan lejos,

que más que voz de sueño parecía,

en su misterio gris, sombra de un eco.

 

Sentada estaba yo en aquel instante

en un muelle sillón de terciopelo.

Mis brazos se apoyaban en sus brazos

—¡qué desmayados los sentía luego!—

Después, atravesando los cristales

de un gran balcón que daba al ancho cielo,

una sombra vi entrar. Tal vez la tarde

al irse, entraba a verme… Yo eso creo…

 

*

 

Quisiera tener varias sonrisas de recambio

y un vasto repertorio de modos de expresarme.

O bien con la palabra, o bien con la manera,

buscar el hábil gesto que pudiera escudarme…

Y al igual que en el gesto buscar en la mentira

diferentes disfraces, bien vestir el engaño;

y poder, sin conciencia, ir haciendo a las gentes,

con sutil maniobra, la caricia del daño.

Yo quisiera ¡y no puedo! ser como son los otros,

los que pueblan el mundo y se llaman humanos:

siempre el beso en el labio, ocultando los hechos

y al final… el lavarse tan tranquilos las manos.

 

MARINA GURRUCHAGA

Esta presentación se realizó durante el ciclo “Poetas en el Exilio” celebrado en la Fundación Bruno Alonso por la Fundación Gerardo Diego el 23 de mayo de 2018.

 

 

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Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

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