LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE

ARLANDIS. LA LIBERTAD DEL COLOR Y LAS FORMAS.

Deja un comentario

 

 arlandis.jpg

 

Antoine Arlandis expone por primera vez en Cantabria, comunidad a la que está sentimentalmente unido por su casamiento con una cántabra. Y lo ha por partida doble. Primero en el Espacio de Arte Contemporáneo de Villapresente y después en el Espacio Garcilaso. Nacido en Valencia en 1946,  tenía 11 años cuando su familia se traslada a Marsella después de pasar ocho años en Argelia. En la ciudad mediterránea se despertaría su vocación artística desarrollándola de un modo autodidacta si bien supuso para él un gran aprendizaje el periodo que pasó trabajando con J. Roche, alumno de Matisse. No sería anecdótica su residencia en la orilla del Mediterráneo. Es conocida la fascinación que la Costa Azul ejerció sobre tantos pintores de la historia del arte europeo. Aún se puede contemplar una parte de su legado  visitando los  museos que guardan su memoria pictórica. Los dedicados a Matisse, Picasso, Léger, Chagall…entre otros.  Arlandis también sintió el poderoso influjo de la luz mediterránea. Y trató de fijarla en sus lienzos animada por otra luz de un orden distinto, la luz que emana del interior del artista.

Su primera exhibición tiene lugar, como no podía ser de otra manera, en Marsella en 1968. Desde entonces ha trazado una larga y rigurosa trayectoria en la que ha ido dando a conocer su evolución plástica hasta conseguir esa madurez a la que todo artista aspira en la que el sufrimiento de la creación se compensa con las destrezas adquiridas, la técnica aprendida, y aún manteniéndose el misterio de la creación, es mayor el deleite en el proceso de la ejecución. “Con la edad, el arte y la vida se funden en una sola cosa”, escribía Georges Bracque en El día y la noche”. Y De Chirico, en Memorias de mi vida: “La causa de la decadencia en la que se encuentra hoy la pintura es la pérdida total de oficio, de la técnica. Las palabras oficio y técnica, hoy, a causa de las maniobras de los modernos, han adquirido un significado de cosas de poca importancia, de las que casi no es decente ni hablar”. Exposiciones en la Provenza francesa y una en Japón en 2002 dan testimonio de esa fructífera trayectoria.

El óleo y el acrílico sobre el lienzo y los grabados han centrado su quehacer plástico. Una selección de estos formaron parte del libro Albert Camus: Itinéraire d’un homme juste, escrito por Jean-Francois Mattei. Lo que muestra ahora en Villapresente es una selección de trabajos sobre lienzo en grandes formatos.

 

Arlandis ha trabajado en dos direcciones paralelas. Una se sitúa en las proximidades de la figuración; la otra, más reciente, con un parentesco muy estrecho con la anterior en cuanto al lenguaje pictórico, forma parte de las corrientes abstractas más rotundas. Y en las dos el protagonismo absoluto es la luz, el color que desde la superficie del lienzo seduce al espectador.

Las obras que presentó en el  Espacio de Arte Contemporáneo de Reocín de Villapresente corresponden a su línea abstracta. Hay una serie en la que su expresionismo se presenta más turbulento, más dinámico. No existen las líneas  que definen espacios diferenciados. La mezcla de colores se extiende por todo el soporte y proporcionan un aspecto más fluido. El espectador asocia esas formas variables con núcleos germinativos, geológicos o espaciales según los encendidos y vibrantes colores que dominan en el cuadro: rojos, amarillos, azules, contrastados con negros y blancos. Tienen un aspecto más telúrico. En sus composiciones no hay un centro dominante sino que el ojo del espectador se posa sobre diferentes puntos del soporte, lo que le confiere a la obra una carga mayor de misterio, de complejidad al no tener unas referencias concretas.  Para acotar el ámbito de la interpretación de sus obras, para dar alguna pista a los espectadores, Arlandis escribe sobre la superficie de ciertas piezas algunas breves frases: Au creux de ton coeur silencieux, Penser apportienten communa tous, Le séjour, de l´homme est séjour du divin

Hay en Arlandis un gusto por presenta las piezas formando polípticos de varias unidades, hasta cinco, dando protagonismo al panel central, provocando una suerte de continuidad espacial.

Al mismo tiempo se pudieron contemplar en la sala sus últimos trabajos, algunos de ellos realizados días antes de su exposición en Villapresente en el propio Espacio de Arte Contemporáneo. En ellos las manchas de color se extienden sobre el soporte en áreas que a veces están separadas  por contornos lineales más precisos que delimitan  y definen los espacios. En ocasiones los campos de color no se muestran homogéneos sino que hay una cierta veladura, superposición de capas pictóricas apreciándose la huella de los grandes brochazos que proporcionan una profundidad a las obras, otras transmiten una sensación de superficies planas. Los brochazos gestuales más enérgicos alternan con los que siguen un ritmo más pausado, recreándose en la extensión de la pintura. Me recuerdan a ciertas obras del ruso Poliakof.

Para elaborar sus piezas, Arlandis hace uso de un singular instrumento que recupera de una pintura mural de las cuevas francesas de Lascaux, el codo astrolabio. Un sencillo artilugio de madera que permitió a los moradores de la prehistoria, según sus palabras: “Combinar en un solo elemento geometrías estelares y planetarias, angulaciones sosticiales y equinocciales, geografías y orientaciones sagradas, misterios del paso de la vida a la muerte y de la muerte a la vida”.

Su utilización en el proceso pictórico consiste en apoyarle sobre el soporte y trazar las líneas que separarán los campos de color siguiendo sus angulaciones. Las diferentes posiciones se combinan con los distintos colores dando como resultado cuadros de gran formato que tienden un puente en su particular homenaje al hombre prehistórico entre las grutas de Lascaux que le inspiraron y la cueva de Altamira a cuya sombra los ha materializado.

Contribuyen a la riqueza plástica de la obra, a la contundencia expresiva de sus composiciones la riqueza matérica,  la pastosidad grumosa de los pigmentos.

Sus obras están llenas de sugerencias. El visitante disfruta con la belleza cromática de las piezas, se abisma en sus espacios de misterio y trata de interpretar las imágenes que la fuerza visual le provoca. En cualquier caso, como todo contemplador sabe, el tema para el pintor es el pretexto para disfrutar con la propia pintura: elegir los colores, combinarlos sobre el lienzo, alejarse del cuadro, volver sobre la paleta, elegir otros colores, impregnar de nuevo el soporte, volver a alejarse… Ir tomando las decisiones que la experiencia y el azar, los automatismos y lo cerebral te van sugiriendo en el proceso de pintar en la soledad del estudio.

En resumen, una oportunidad de conocer la obra de este intuitivo artista, dominador de la técnica pictórica y creador de unas atmósferas apelativas a través de unas formas y unos colores muy personales donde emoción y misterio se combinan de un modo exquisito.

 

Luis Salcines

 

    

 

 

Anuncios

Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s