LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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Lugar abandonado en mí

 

I.

 

Aquella que fue mi casa

donde habitaba mi

corazón, es ya una casa abandonada,

y tú, a quien tanto podría decir,

tocado del sombrero ritual donde

anidan pájaros que reconocerían a su guía,

has perdido el puesto.

Y todo ya, en adelante,

es un espacio blanco y un azul que canta

desposeído.

 

 

II.

 

Antes de ti contigo,

cuando la cáscara afilada y leve, crascitar

de gaviotas, se desprende en reclamo

de mi silencio,

 

antes de ti, contigo,

leo; me imagino –esa imaginación que

es más verdad, adulta destreza del azar–

en tu sincronía.

 

Así debe suceder, cómo algunas cosas

esperan ser encontradas reales

y se anticipan con su aura verdeazulada

y macilenta, que, en el umbral de esos pocos, apuntan

una sonrisa brillante.

 

Abandonada en mí contigo, ¿quién eres tú, cuya

camisa de plasma fluido me

acompasa?

Leo; leo ahora, que –como

el gas– , un plasma, es estado que

bajo la influencia magnética se

expande.

Entonces, imagino –esa imaginación, anterior– que

mis átomos se desplazan

como las cascadas de aquellas gaviotas del alba y que

llegan libremente a

convertirse en otro estado. Quizá esa

nueva agregación de la materia. Asomando.

Un cuerpo

nuevo, de opalinos rayos que

avanza hacia tu esfera,

que no sabe quién, que no sabe qué.

 

Bajo esta luz agrisada

alba luz apenas desvelamiento,

quiero tocar tus manos, acordarles

el calor de la vida.

 

Balumba


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En la vitrina

 

Cayó una gota de luz y fijó los objetos

En un muerto acontecer, sobre la angostura

De una tela listada bajo el cristal

De la mesa  baja en el salón,

En el interior de la vitrina.

Reunión aplacada, sin el té

Del conejo sabio y la niña,

De sus juguetes.

Entre ellos se ha forjado

un misterioso entendimiento.

Todos antaño caminaron por la senda

Del tiempo, en única dirección,

Cada uno desde su propio infierno

O paraíso.

Todos ellos exudaron desde historias humanas

Entre sí remotas en sus días o lugares,

Para converger en la sima,

Momentáneamente cegada,

De una vitrina.

 

Son ellas las que llegaron a mí,

Y no yo a ellas, por lo que no hay saludo

Ni reconocimiento.

Yacen, se muestran, mudas.

Soy yo quien les presta una voz.

Soy yo quien agita y encalma las aguas de su tiempo.

 

Tino Figueras

 


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La visibilidad narrativa, por Manu de Ordoñana

Estrategias narrativas. La visibilidad


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Un poema de Lucio Pedraz

 

VUESTRA EDAD

Sé que hubo muchas vidas antes que la vuestra,
la propia vida mía, las de los otros seres
que la ola maestra propulsa sin fín hacia otro fín más cierto.
Sé que vendrán otras, desconocidas vidas
iguales que las vidas que ahora acampan
en orillas lejanas, no menos verdaderas.
Pero en cada edad que atravesasteis, en cada forma
que vuestro único vibrar encarnó,
ahí os he amado, y no sólo a vosotros,
sino a mí mismo, y a mi género entero,
y a aquellos que durmieron,
y a las flores y animales consumidos para acrecer la llama.
Y en la vida al dolor, y al placer, y a la ira
y la impaciencia, la extrañeza y el odio,
y al amor mismo, si es que finalmente existe.

 

Lucio Pedraz


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Un cuento de Daniel Guerra de Viana

3º PREMIO RELATO CORTO 2016


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Un poema de Ana Fernández Díaz

TARDE DE DOMINGO

 

Estoy viendo llover.

La luz es resbaladiza en los tejados,

de los canalones se descuelga

el sonido metálico del agua

con una cadencia predecible e inútil.

 

Un coche pasa y, al invadir el charco

con las ruedas, salpica a un transeúnte.

 

Los arbustos del jardín llevan

todo el peso de la tarde, se afianzan

dentro del agua, esconden

un futuro de flores encendidas.

 

Desde mi pose observo el mundo, lo contemplo;

apoyada en el agua, mi mirada

se adentra más allá de la lluvia,

trasciende el borde afilado de las hojas,

la luz adormecida en el alféizar.

 

Me pienso, desde otra orilla.

 

Ana Fernández Díaz