LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


2 comentarios

Memorial de la tierra

 

Un surco como un grito

manos alzando el milagro

de un sol bendiciendo con solemnidad al niño.

 

La tierra se abrió en líneas infinitas

y resplandecieron las espigas

como salmos, como súplicas.

Llegaron los músicos

anunciando el tiempo de la colecta

y de la fiesta, las vides derramaron

jugos morados y blancos,

y la risa surgió como vecería, para todos.

 

La tierra urdió su trama

y con la lentitud de los siglos,

se marchitó, agotada

de una enfermedad endémica.

 

Todo el campo se convirtió en urces

violáceas de duras y profundas raíces.

Lo carros cargaron enseres y recuerdos

y donde había espiga, ahora sólo queda polvo

como una memoria lejana.

Y la tierra dejó de parir, reseca como aquél niño

que ahora cuenta los copos de nieve tras una esfera de cristal.

 

Daniel Guerra de Viana

Anuncios


6 comentarios

Microdiario, Berlín.

 

Pájaros: Quería participar de sus juegos, empezaba a entender su lenguaje hasta el despertar.

El pájaro, los pájaros, ¿es una multiplicidad de pájaros o es el mismo pájaro en todas partes?, y con esto, refería al J.L. Borges que me sobrecogió en la lectura, mi antigua cama con cabecero capitoné tapizado de rosas, en el ático –ahora desierto– de la Gran Vía de Murcia. Y a todas las ventanas, o a una sola.

Mano: No sé si me querías. Pero yo quería tu mano, la quiero ahora, tus dedos como hebras de vid desde la tierra, ensortijándose de uvas maduras hacia la Ventana de No Sé.

Ventana: Me quieres roja, coin de l’Universe…

No Sés: Tengo uno por día. Me abandona uno por día. Virutas de oro traen y llevan, por el

extremo de la seda que envuelve el cofre de cristal de su nube abultada.

Biografía: Check-point Charlie no invita a la lógica  ( leeré Kassel de E. Vila-Matas, ya soy como él una Intervención):  Feraces depredadores sonrientes se baten con la desconocida verdad somnolienta, a los pies del Gólgota. Voraces párpados muy azules esbozan, hoy también, líneas de feroz humanidad que siguen a aquellos

puntos-points, hacia sus planos-extensos, (estoy, estad alerta a la construcción),

y, en medio, otros puntos recién paridos, en otras direcciones… … ¿stilleben?

División, unificación, reunificación, ¿cuál es el objeto de culto, dónde en el aire, el engarce?, ¿ o es que el vacío es tan insoportable que hace nacer la sumisión ? …

En el aire, marcos; en los marcos, muros; en los muros, besos y puentes; en los cuales, candados, y ahora, euros… Si fuera berlinesa, no querría más …

viviría en nueva paz, en el barrio de Prenzlauer Berg.

… Pero yo soy poeta, absurda,

una bárbara que huele las rosas de todas partes y se coloca en el eje de abscisas entre sus ojos y los de ellas -los de las rosas- ;  doblemente desprejuiciada, primero por extranjera, después por mezclada, un pájaro

cuando me encuentro con la reflexión final del libro Un barbare en Asie (H. Michaux, H. 173, Gallimard):

 “No busquéis refugio sino en vosotros mismos … No os preocupéis de las maneras de pensar de los demás. Manteneos en vuestra propia isla. PEGADOS A LA CONTEMPLACIÓN.”

I

“ Si tu frescor a veces nos sorprende tanto,

rosa feliz,

es porque en tu interior,

pétalo contra pétalo, reposas.

Conjunto muy despierto, cuyo medio

duerme, mientras, innúmeras, se tocan,

las ternuras de un silencioso corazón

que, al fin, culminan en la boca.”

 

… Mmm, establecerse en un centro, cerebro o corazón del origen ( seguidlas, a “Las

Rosas”, II, III … aunque estas rosas las escribiera R.M. Rilke, en un homenaje a Valmont,

en francés). Por la ventana, la luz de un saxo… tengo que volver a Berlín.

 

Paloma Bienert, 21 de junio de 2016.

    IMG-20160622-WA0007-1           IMG-20160620-WA0017IMG-20160620-WA0013-1

East Side Gallery Berlín                    Palais Sanssouci         Potsdam      Neue Garden


3 comentarios

NADIE CONOCE

De “El corazón del ciervo”

por SIKANDER KHAN

Agrestes canales, tapizadas de helechos
Que se perlan de gotas
como joyas
Descienden verticales
Hacia rincones que nadie conoce.

Allí abajo, la penumbra verde clorofila
Impregna el aparente caos
De hojas y huesos y lianas y líquenes
Y troncos podridos sobre los que
Racimos de hongos
Relucen como amatistas.

Nadie conoce el tortuoso laberinto
En el interior de la montaña, que se abre
de pronto
A una luz irresistiblemente pura.
Nadie conoce los estanques secretos de los claros
Defendidos por rocas como extraños rostros
Sobre cuyos fondos erráticas libélulas
Proyectan sus sombras libres.

¿Crea el conocimiento la realidad
O todo existía desde siempre, absorto,
Indiferentemente ajeno?

El bosque es una mente ensimismada
Por la que los ciervos
saltan
como sueños ingrávidos.

Y esa inmensidad desconocida
Es la herencia nutricia y común
Que compartimos todos.

 

 

 


Deja un comentario

Dos sonetos de Diego Cobo

Qué de repente y así, como sin nada

Qué de repente y así, como sin nada,

se revuelven los cielos, de improvisto.

Qué despacio pasa el tiempo –y no insisto–

cuando el vuelo se alza en tierra abrasada.
Qué extraño color el de mi almohada

esta noche en que tus sienes desvisto:

llegó el día del temor desprovisto

de mi casa, aún desasosegada.

 

Qué en silencio y así, entre ruido de palo,

una luz confabula en desnudarnos

y una sombra nos mezcla en el abismo.

 

Entre ruinas del pasado me instalo
y un jardín empeñado en recordarnos

que yo estoy en la otra mitad de mí mismo.

 

 

En las noches en que muero

En las noches en que muero, como ésta,

las agujas caen del cielo, y me apuntan;

y a esta alma desarmada le preguntan

cómo es el aguacero que la afrenta.

 

Será el amor esquivo y su tormenta

los rayos de mi luna, que barruntan:

ni ayunos –que hay semanas que alimentan–

ni la historia son parte de la gesta.

 

Amanezco entre siglos y arañazos

de otra sangre, o la mía dividida:

mi cuerpo ofrece besos, no zarpazos.

 

Que te amo con mis venas, ¿quién lo olvida?

No hay utopía que, solo en sus comienzos,

traiga el amor de su siguiente vida.

 

Diego Cobo