LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE

Manuel Angel García Seco. Exposición de pintura

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Belén Gómez-Acebo presenta su nuevo libro

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El Vestido es una novela sobre unas personas reales, nacidas en Liérganes a comienzos del siglo XIX, que emigraron a Madrid, como tantos otros, para dedicrse al comercio y a la política, donde triunfaron plenamente cada uno en su campo.
Esa es la realidad, que en el libro se halla un tanto cambiada; cambios que no afectan al fondo pero sí a las circunstancias, que por otra parte están rigurosamente documentadas aunque alteradas en su cronología y entremezcladas con otra historia familiar absolutamente ficticia, pero que pudo ser real, la historia del vestido, también inspirada en documentos históricos.

 

VIERNES 27 DE MAYO, LIBRERIA GIL, 19:00 horas.


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ESPUMAS EFÍMERAS

Por el infumable maestro iluminado Konshe Joshvendo

 

Sin faltar a la verdad se dicen las mentiras más repugnantes y por medio de mentiras las verdades más esclarecedoras.

*

Quienes sueñan con la objetividad absoluta olvidan que sólo podemos comprender el Universo a través de nosotros mismos.

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Negociar es transitar la estrecha senda que discurre entre la complicidad y la amenaza.

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Algunos postulan que cuando existan millones de máquinas inteligentes, emergerá de ellas una conciencia común. Pero de nuestros siete mil millones de conciencias sólo emerge un caos creciente.

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Resulta reconfortante la amplia oferta de productos y servicios que suministra el mercado para que pasemos un tiempo entretenido mientras nos llega la muerte.

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La información suministrada a un mecanismo son órdenes; la suministrada a un humano, significados.

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Nunca pensamos que la cosificación del mundo nos llevaría a la cosificación de nosotros mismos.

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Qué cultura heredamos, que a medida que nos acerca a la excitante condición de dioses nos aleja de la felicidad de ser lo que humilde pero realmente somos.

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La Justicia, que se casó con el Derecho, lo abandonó enseguida para iniciar una relación ilegal con la Compasión.

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Al menos, la muerte de los sueños conduce al despertar.

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Desde que interpretamos lo que nos rodea y a nosotros mismos a través del símil de una máquina, la vida parece haber perdido su sentido. Y es que las máquinas no son una entidad filosófica, sino objetos construidos por alguien con algún fin. Y esa es la parte del símil que nuestra soberbia prefiere ignorar.

*

Aprendimos a responder a la injusticia con indignación, pero si utilizamos la compasión puede ser igualmente resolutivo y además no produce dolor de estómago.

*

Pronto encontraremos nuevos planetas que serán poblados por los más capaces. Y así podremos acabar de arruinar éste y abandonarlo con toda la morralla.


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Marisa Campo comenta Desolaciones, exposición de fotografías de Marina Gurruchaga.

 

En las obras de la serie Desolaciones  de Marina Gurruchaga, no hay una presencia humana, pero cada momento la evoca mediante el objeto manipulado. Son fotografías con una mirada poética hacia el entorno urbano y paisajístico.

 

En Barrio, la composición cuatripartita nos abre la mirada hacia afuera, debido a que la ventana cerrada se desdobla hacia la ventana abierta que hay enfrente de la vivienda. Hay un límite entre la intimidad del edificio propio y el insondable mundo del ajeno. Asistimos en calidad de espectadores desde la penumbra de la estancia, a la apertura de la luz y el color además de a la verticalidad de la altura máxima, la cual, nos sitúa más abajo para mirar nuestro espacio en el margen inferior.

 

Camino en el bosque. La naturaleza cumple una funcionalidad  de integración con el sujeto que se rememora, en el espacio transitado. Pero Marina nos lo descubre vacío, como también lo hará en Long way home o Rastro en la nieve, reforzando ese aislamiento del hombre en la inmensidad.

 

Un juego de tonos desvaídos emana de Cobertizos. La estructura metálica se integra en el denso celaje y el color de la espuma del mar y las líneas juegan con el muro pétreo y los acantilados. Restos de basura pululan por el verde tapiz sobre el que se asienta esta singular vivienda de piezas geométricas.

 

Bajo el título Esperando la lluvia, el árbol, como una mano abierta al cielo, escuálida, destaca solitario.

 

El agua se adentra en las concavidades de la roca, atrayendo la claridad de afuera, en la obra La grieta.

 

Un mosaico de color reunido tanto por la actividad humana, como por las inclemencias del tiempo que hacen mella en las paredes, convierte a esta fotografía, Losetas, en una memoria iconográfica de la actividad de unos seres desconocidos que exhiben su espacio.

 

Tras la muestra de interiores, de miradas íntimas, Parque es un juego de planos exteriores, el de la fachada y el del jardín. Contrasta lo oblicuo con la verticalidad. La geometría, no sólo es refelejada en las puertas y ventanas, sino en los elementos botánicos. La oposición de color, perfila los contornos y nos ofrece una nitidez en el objeto.

 

Maizales pertenece a ese mundo vegetal que tanto gusta a Marina, en el que el color y el movimiento se enmarcan en el halo de luz que centra la composición.

 

Horizontalidad en la lejanía, para Playa, sin embargo, los juegos infantiles sobre la arena, cruzan el espacio, lo alinean hacia la derecha del espectador, lo acercan a su izquierda. El estatismo no deja de sugerir en sus materias inclinadas, el sonido leve de la brisa.

 

Sala de juntas es un ejercicio de luz y de reflejos además de un juego de texturas, realzado por el movimiento de la tela. Llama la atención la altura decreciente de las sillas, que marcan un punto de fuga, para  que la mirada se pierda.

 

Como conclusión de lo expuesto, cabe decir que Marina, poeta y fotógrafa, une en sus composiciones visuales, dedicadas a Desolaciones,  la cuidada metáfora de lo humano, buscado en la urbe y en el campo, en la materia, en la masa y en los espacios vacíos, con un afán de ofrecer una personalísima evocación de los lugares que la conmueven e incitan a estas maravillosas y sensitivas creaciones.

 

Marisa Campo


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Dos poemas de Pepe Poveda

 

Regalar versos

 
Saldré a la calle,

con lluvia ó con frío,

voy a salir a la calle y regalar

versos a los que pasen delante de mi puerta,

voy a cambiar fusiles por versos.

Al primero le daré una seguidilla,

a otro una octava real, un soneto

al que camina con la cara entre las manos,

un cuarteto para el que pasa disimulando,

un poema en versos alejandrinos al que se esconde

una copla de pie quebrado al ciego,

un madrigal para la muchacha enamorada,

un zéjel para los que se apresuran,

un romance para cantar los recuerdos.

Llenaré mis manos con versos,

una décima,

un serventesio,

un simple pareado en octosílabos,

en endecasílabos,

octavillas,

liras, quintillas,

poemas en cuaderna vía,

de versos blancos,

en silvas, en redondillas.

Abriré las manos para que los agite

el viento, para que los extienda

por las tierras y los pueblos,

para que crucen el mar,

los cielos y todos los continentes.

Voy a salir a la calle a regalar versos.

 

El espejo

 

Me escondo detrás del espejo.

te veo cada vez que te miras y no me ves,

observo tus ojeras, las arrugas

que cruzan tu cara,

-el tiempo aró surcos en tu frente-

las manchas de la piel.

Te contemplo.

Añoras otro rostro, otra expresión,

la cara sonrosada, tersa,

los ojos vivarachos, la boca sonriente,

de antaño.

Observo ese rictus de amargura,

que delata noches perdidas,

amores que pasaron de largo,

la vida te dio la espalda,

y aunque pusiste mucho empeño,

no buscas culpables,

sabías que la hipoteca era larga

y había que pagarla.

El espejo fue tu amigo,

tu amante, hoy es una caricatura,

sabes que no te engaña.

Te veo detrás del espejo,

callado.

Presiento que soy tu confidente.