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Ángel Izquierdo

1 comentario

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En el año 1973 realizaba su primera exposición el pintor Ángel Izquierdo (Santander, 1949). Se había iniciado en Torrelavega, ciudad donde residió desde sus primeros años, en el estudio de Francisco Modinos, uno de los artistas cántabros sobre los que pesa un cierto olvido. Desde entonces ha recorrido una trayectoria larga e intensa jalonada con la presencia en numerosas individuales y colectivas, convirtiéndose en uno de los artistas más representativos de su generación, la de los setenta, aquellos que se dan a conocer en esa década y de la que forman parte, entre otros, Eduardo Gruber, Carmen Van den Eynde, Eloy Velázquez, Faustino Cuevas, Fernando Valdeón, Marisa Bueno Miñambres, Celestino Cuevas, Pilar Cossío, Domingo Sarrey… cada uno con un lenguaje personal y diferente de sus compañeros.

Izquierdo ha sido siempre un artista inquieto, en una búsqueda permanente de nuevas formas y lenguajes expresivos atravesando diversas etapas. Pero como se ha dicho de los verdaderos artistas, ha sabido mantener un estilo personal debajo de la aparente ruptura que se producía cada vez que iniciaba un nuevo periodo. Siempre había una fidelidad a la obra bien hecha, al aspecto formal de sus cuadros; una sabia conjugación de colores y una equilibrada composición de formas. El resultado ejercía un poder de seducción en el espectador que se abismaba antes sus obras a pesar de la resistencia inicial que presentaban para su total comprensión, especialmente en sus piezas abstractas de los ochenta.

Y la verdad es que a los seguidores de su discurso plástico muchas veces les dejaba realmente sorprendidos, porque en ocasiones se producían  cortes en su línea creativa aparentemente bruscos. Es lo que sucede cuando no se está en el taller del artista y no se conoce las reflexiones, las dudas, los encuentros casuales en el proceso de realización de una obra que le llevan a tomar unas decisiones concretas. Al público el artista le presenta el resultado final, no las pruebas intermedias, los ensayos deliberativos. Lo que para el visitante de una exposición es un aparente salto formal o conceptual respecto a la anterior, para el creador representa una sutil continuidad. Lo que sucede es que no nos muestra los hilos que relacionan las dos muestras.

Es lo que ocurrió cuando abandonó su primera etapa creativa, un neo cubismo muy lírico en el que predominaban los tonos azules y violáceos. Continuó con unos trabajos realizados con acrílico sobre papel que presentó en el antiguo Museo Solana de Queveda en 1980. Poco a poco se iba adentrando en el informalismo pese a mantener una leve figuración. Se acentuó este horizonte al dar paso a un periodo en el que  las formas  tenían la apariencia de volúmenes escultóricos, como fosilizadas, que recordaban a Quirós, con un fuerte colorido con predominio de los tonos verdes. La textura va teniendo cada vez más importancia en sus obras hasta llegar a ser la protagonista principal. Trabaja con tierras. Sobre el soporte aparecen una serie de signos enigmáticos y sugerencias vegetales que evocan las pinturas rupestres. En los Torreones de Cartes presentó en 1990 esta etapa.

Dos años después, en la sala Robayera, da a conocer la transición artística que se le impone desde la lógica interna. Abandona la componente matérica, Sus cuadros son más planos. Queda una textura visual de aspecto líquido. También las alusiones vegetales que se combinan con formas geométricas elementales: rectángulos, círculos, elipses, espirales y bucles que se entrecruzan. Los escurridos y los trazos gestuales de las brochas forman parte del juego pictórico.

 

En el 2000,  a consecuencia de su actividad profesional  trabajando con tecnología digital en sistemas gráficos, se va a producir un salto verdaderamente sorprendente en su trayectoria al incorporar el lenguaje digital en sus creaciones. En 2003 presenta en la Casa de Cultura de Torrelavega bajo el título Sombras de mar, su personal visión de la catástrofe del petrolero Prestige. Establece un diálogo entre pintura y fotografía para denunciar unos hechos que tan dramáticas consecuencias tuvieron para el medio ambiente y la economía española. Es la primera vez que manifiesta con su obra una actitud crítica. Paisajes costeros y siluetas de los voluntarios que ayudaron en las tareas de limpieza aparecían difuminados en unas atmósferas grises.

Izquierdo continúo investigando y profundizando en el nuevo vocabulario y su posibilidad de combinarlo con el propiamente pictórico. Ahora nos muestra el resultado de ese tiempo de experimentación.

La elaboración de sus piezas supone un complejo proceso que implica varias fases. En primer lugar prepara el soporte, lienzo sobre un  bastidor rígido. A continuación selecciona una serie de imágenes creadas por él mismo a base de fotografías, dibujos o recortes de papel de diferentes contornos: regulares o no. Esas imágenes las digitaliza e imprime a modo de collage sobre el reverso de una superficie transparente de policarbonato, en la que hace algunas reservas para ocupar posteriormente con los colores. La siguiente fase consiste en aplica los acrílicos sobre el lienzo al mismo tiempo que superpone el policarbonato desplazándolo en un juego de transparencias buscando y seleccionando los efectos que más le interesen. “La idea es la cuna del cuadro”, afirmaba Bracque en su libro El día y la noche. Pero hay que estar atentos a los hallazgos que provoca el proceso creativo para integrarlos.

En las imágenes que incorpora podemos reconocer veladamente fragmentos del cuerpo humano: bocas, cabezas, torsos… Algunas son recuperadas de otras obras realizadas anteriormente. Aparecen también letras y palabras a modo de discurso interrumpido que ocasionalmente componen frases completas (Ya no quedan islas, Ni lugares singulares…). Aportan una componente literaria que enriquece el mestizaje de lenguajes. Al mismo tiempo que le sirven para denunciar el vacío comunicativo que existe en la sociedad actual. El ruido mediático que nos rodea, hablar y no decir nada, un barullo de voces que no dicen nada, como las ruidosas tertulias televisivas a las que estamos acostumbrados.

En la yuxtaposición de imágenes, formas y colores alterna las composiciones horizontales y verticales provocando una sensación de dinamismo, de estar contemplando una superficie fluida. Al final se crean unas atmósferas de misterio que recuerdan  a dos artistas tan diferentes y distantes en el tiempo como Gerhard Richter y Rauschenberg. Lo cual me hacer recordar algo que me dijo en una entrevista hace algunos años: “Sin darte cuenta hay resonancias en lo que haces de otro pintor. Crees hacer algo personal  y un buen día ves que otro hace cosas parecidas a las tuyas”.

Los colores utilizados son muy eléctricos, oníricos. Unas veces ocupan homogéneamente espacios muy geométricamente delimitados, otras se extienden de un modo más expresionista irregularmente.

La fragmentación y la superposición de imágenes unidas a los colores oníricos a los que me referí antes  relacionan sus obras con los recuerdos que nos dejan los sueños. Voces, discursos interrumpidos, extraños espacios de ambigüedad que se comunican de un modo desconocido son recordados de un modo incompleto.

Le gusta a Izquierdo trabajar con grandes formatos y establecer agrupaciones formando polípticos de distintos ritmos.  El conjunto potencia la fuerza visual de la pieza individual.

En resumen, nueva oportunidad de contemplar la evolución artística de Ángel Izquierdo la que nos proporciona el MAS. El espectador no saldrá indiferente por más que el misterio de sus creaciones le suman en algunas reflexiones tratando de hilvanar la yuxtaposición de imágenes y colores, pero quedará atrapado por la fuerza visual de sus composiciones.

 

LUIS ALBERTO SALCINES

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Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

Un pensamiento en “Ángel Izquierdo

  1. Me suelo dejar llevar por las impresiones , me gusta envolverme en el espacio y el no-tiempo que media entre lo que veo y lo que siento, sin mas referencias, y así fue y me gustó, mucho… Sin embargo, leo ahora este artículo y me dan ganas de volver a transitar la sala del MAS donde reposan las piezas de Ángel Izquierdo: quiero notar el policarbonato ese, las fases del work in process -que yo capté mezcladas , en fin…¡¡ menos mal que tengo unos días -pocos- hasta el próximo martes 24 !! Gracias Luís !

    Balumba Iris

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