LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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Lirismos cuánticos

 

○Alma: multiverso que se simetriza.

○Tras de lo presente y real emerge la sospecha de una prolongación infinita en la variación de sus factualidades; o sea, la multiplicación por cero.

○ Nos dicen que vivimos ahora, pero sólo nos reconoceremos en el futuro recuerdo del pasado.

○ Sólo nos buscamos a nosotros mismos. En el mundo, en el amor, en el conocimiento. Sólo nos comprendemos a nosotros mismos. Increíble constatar que algo externo haya podido acampar en nuestro paisaje interior. O quizá es una nueva forma de mirarnos. Y somos otra vez nosotros, onda y partícula.

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El increible Ulf


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B2

 Tengo un buen corazón y un cementerio en el brazo
(Farruko)

Un motivo para alegrarse por el paso de los años es la visión histórica de las cosas, una experiencia que puede servir para pasar el relevo a los jóvenes que nos miran, cuanto menos, con curiosidad. Vivimos en un mundo que cambia constantemente pero hagamos un ejercicio de distancia de las cosas para entender los cambios de esta sociedad que camina demasiado deprisa sin tiempo para pararse a pensar.

Nos asoma la sensación a veces de no pertenecer demasiado a lo que nos rodea. Hemos visto cómo las cartas que nos escribíamos sobre papel blanco, con boli, pluma, Pilot… (había una industria de pliegos para cartas a juego con los sobres y era un precioso regalo de Primera Comunión o de cumpleaños). Pues vimos cómo la comunicación por carta fue sustituida por el correo electrónico que nos pareció un atentado contra la palabra escrita, de lenguaje extenso y dilatado. El correo electrónico trajo la inmediatez y la brevedad casi (creíamos entonces) telegráfica. Era un formato perfecto para los trabajos, informes, planificaciones, órdenes de todo tipo… En fin, una revolución que convirtió el tiempo en una especie de acordeón que se podía abreviar y dilatar.

Hasta llegar al móvil y las formas más gráficas de hablar: mensajes, whatsapp, emoticonos… Desde estos, el correo electrónico se convierte casi en un testamento que apenas se usa si no es para el ámbito laboral. Cada vez usamos más dispositivos que caben en la palma de la mano, se ajustan mejor al tipo de vida que llevamos, pesan menos y cubren nuestros deseos con aplicaciones para todos los gustos y necesidades.

El lenguaje no es ajeno a esto. Los especialistas hablan de un vocabulario cada vez más reducido. Hay una escena que se repite al subir a un autobús, al metro, al entrar en un museo… al entrar en un restaurante de una capital de provincias cualquiera. Hay silencio. Todos vamos ensimismados escuchando música, la radio, o mirando la pantalla del móvil. Algunos dicen que nunca se leyó tanto… pero cuenta la calidad de la lectura, sin duda. No dejamos de usar palabras pero hay un silencio que hace sospechar que algo está cambiando.

El sentido que predomina en nuestra sociedad es la vista. También estamos rodeados de sonidos que nos acompañan y saturan; pero no son voces, sino ruido. La era de la imagen desde que el hombre se irguió: miramos, vemos, nos abordan los impactos, los colores, el movimiento, los canales infinitos de televisión… no descansa nuestra cabeza plagada de estímulos. El oído es otro más y, por contra, el silencio que le imponemos al cuerpo: estamos solos, callados; sin embargo, o quizá por eso, nos comunicamos constantemente, tenemos la necesidad de estar vinculados, en contacto siempre con alguien. No romper el hilo que nos une a nuestro círculo aunque cada vez parecemos estar más solos. En las ciudades hay más hombres y mujeres viviendo solos; hay más hijos e hijas en sus cuartos frente al ordenador, comiendo o cenando en silencio sin saber qué decir. El estilo de vida y las distancias nos obligan a que los tiempos de desplazamiento sean mayores a la vez que abreviamos los tiempos de respuesta.

Conviven las polaridades: la globalidad y los localismos; la sobre información y el mutismo; las aglomeraciones y el individualismo; las grandes distancias que cada vez se recorren en menos tiempo. O quizá aparecen estas para denunciar a aquellas, para buscar su equilibrio. O podemos ir a 120 km/h… o a 300.000 km/h, en un clic.

A lo largo de la historia se han producido movimientos pendulares en el arte, en la literatura: del clasicismo a Roma; del Renacimiento al Barroco; de lo abigarrado a lo sintético y mínimal… Hoy conviven tendencias aparentemente opuestas en espacios breves con tiempos limitados de vida, como si el tiempo fuera transversal en lugar de longitudinal o, simplemente, más corto. Surgen direcciones transversales, son tiempos de notas sostenidas, de supervivencia, de transición.

Los viejos cuentan historias románticas porque el romanticismo siempre fue la añoranza mitificada del pasado pero solo se trata de un engaño de la memoria, ningún tiempo pasado fue mejor para la ciencia, para las libertades, para los derechos, para las posibilidades… otra cosa es lo que queramos hacer con todo ello, la gestión política y económica de los recursos. Quizá no ha cambiado tanto la historia en algunas cosas, entendemos perfectamente las letras de canciones de reguetón, siempre añoraremos la comida de nuestra madre y los mejores recuerdos están asociados a los afectos aunque usemos un corazón rojo que late en vez de palabras… Para encontrarnos, siempre nos quedará el amor.

Rosario de Gorostegui

 

 


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Punto Limpio

Encontró la caja en el trastero durante la mudanza. En la tapa ponía: “Primaria”.

 

Sintió ilusión por ver su contenido, pero nada más rasgar un poquito el cartón, un intenso olor a humedad y nostalgia estuvo a punto de tumbarla, por lo que de inmediato decidió que, sin abrirla, la llevaría al Punto Limpio más cercano.

 

Un operario la ayudó a arrojarla al contenedor de Voluminosos, y, al lanzarla, la caja se abrió en el aire por la esquina rota, desparramando cuadernos escolares, cuentos, lazos…, e inmediatamente después, volando en distintas direcciones, salió Sindy, con su melena de color platino, salió Tracy, con su ojo azul y su otro ojo blanco, salió Claire, con su dulce carita, desnuda de cintura para abajo.

 

Sintió entonces que se le encogían las entrañas, pero respiró hondo y fue capaz de recomponerse lo suficiente como para dar las gracias y marcharse.

 

Durante el resto del día, sin embargo, le fue creciendo en el pecho un desasosiego que de noche, en la cama, se le volvió insoportable, y con la misma resolución con la que aquella misma mañana había decidido acudir al Punto Limpio para deshacerse de la caja, resolvió regresar de madrugada con la misión contraria.

 

El recinto a aquellas horas estaba, como era de esperar,  cerrado a cal y canto, así que acercó el coche al muro y se subió al capó para poder encaramarse. Desde allí arriba contempló bajo la noche sola el laberinto oscuro y geométrico de contenedores gigantes. Después, cuando serenó su mirada, pudo ver también, moviéndose entre las sombras sigilosos, casi imperceptibles, a los furtivos del cobre. Esperó a que uno estuviera cerca para hacerle señales y pedirle que se aproximase. Le explicó como mejor pudo lo que estaba buscando. Él la escuchó compasivo y enseguida se mostró dispuesto a colaborar en el triple rescate:

 

– Usté no se mueva –dijo blandiendo su gancho-, ya se las voy yo pasando.

 

El agente de la policía local apareció justo cuando ella, aún en lo alto, estrechaba a Claire en sus brazos. La apuntó con un potente foco y la  increpó desde el megáfono -¿Qué hace ahí arriba, señora? ¡Facilíteme su documentación!-  y aunque ella intentó contarle con detalle cómo aquella mañana se había equivocado tirando una caja, el policía pronto dejó de escucharla y llamó por radio:

 

–       Mujer madura e indocumentada. Está subida al muro del Punto limpio y va en pijama –informó en tono grave-. Habla de una caja. Parece desorientada. Dice estar esperando a una tal Sindy y a una tal Tracy…

 

De la oscuridad, en aquel momento, surgió volando Sindy, con su melena de color platino, que fue a aterrizar en el salpicadero del coche patrulla. Un segundo después apareció Tracy, que fue a darle al agente en la gorra, quien seguía informando a la central visiblemente alterado:

 

– ¡Nos están atacando! ¡Nos están atacando!.

 

Mudanza

 

 

Carmela Greciet


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Ángel Izquierdo

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En el año 1973 realizaba su primera exposición el pintor Ángel Izquierdo (Santander, 1949). Se había iniciado en Torrelavega, ciudad donde residió desde sus primeros años, en el estudio de Francisco Modinos, uno de los artistas cántabros sobre los que pesa un cierto olvido. Desde entonces ha recorrido una trayectoria larga e intensa jalonada con la presencia en numerosas individuales y colectivas, convirtiéndose en uno de los artistas más representativos de su generación, la de los setenta, aquellos que se dan a conocer en esa década y de la que forman parte, entre otros, Eduardo Gruber, Carmen Van den Eynde, Eloy Velázquez, Faustino Cuevas, Fernando Valdeón, Marisa Bueno Miñambres, Celestino Cuevas, Pilar Cossío, Domingo Sarrey… cada uno con un lenguaje personal y diferente de sus compañeros.

Izquierdo ha sido siempre un artista inquieto, en una búsqueda permanente de nuevas formas y lenguajes expresivos atravesando diversas etapas. Pero como se ha dicho de los verdaderos artistas, ha sabido mantener un estilo personal debajo de la aparente ruptura que se producía cada vez que iniciaba un nuevo periodo. Siempre había una fidelidad a la obra bien hecha, al aspecto formal de sus cuadros; una sabia conjugación de colores y una equilibrada composición de formas. El resultado ejercía un poder de seducción en el espectador que se abismaba antes sus obras a pesar de la resistencia inicial que presentaban para su total comprensión, especialmente en sus piezas abstractas de los ochenta.

Y la verdad es que a los seguidores de su discurso plástico muchas veces les dejaba realmente sorprendidos, porque en ocasiones se producían  cortes en su línea creativa aparentemente bruscos. Es lo que sucede cuando no se está en el taller del artista y no se conoce las reflexiones, las dudas, los encuentros casuales en el proceso de realización de una obra que le llevan a tomar unas decisiones concretas. Al público el artista le presenta el resultado final, no las pruebas intermedias, los ensayos deliberativos. Lo que para el visitante de una exposición es un aparente salto formal o conceptual respecto a la anterior, para el creador representa una sutil continuidad. Lo que sucede es que no nos muestra los hilos que relacionan las dos muestras.

Es lo que ocurrió cuando abandonó su primera etapa creativa, un neo cubismo muy lírico en el que predominaban los tonos azules y violáceos. Continuó con unos trabajos realizados con acrílico sobre papel que presentó en el antiguo Museo Solana de Queveda en 1980. Poco a poco se iba adentrando en el informalismo pese a mantener una leve figuración. Se acentuó este horizonte al dar paso a un periodo en el que  las formas  tenían la apariencia de volúmenes escultóricos, como fosilizadas, que recordaban a Quirós, con un fuerte colorido con predominio de los tonos verdes. La textura va teniendo cada vez más importancia en sus obras hasta llegar a ser la protagonista principal. Trabaja con tierras. Sobre el soporte aparecen una serie de signos enigmáticos y sugerencias vegetales que evocan las pinturas rupestres. En los Torreones de Cartes presentó en 1990 esta etapa.

Dos años después, en la sala Robayera, da a conocer la transición artística que se le impone desde la lógica interna. Abandona la componente matérica, Sus cuadros son más planos. Queda una textura visual de aspecto líquido. También las alusiones vegetales que se combinan con formas geométricas elementales: rectángulos, círculos, elipses, espirales y bucles que se entrecruzan. Los escurridos y los trazos gestuales de las brochas forman parte del juego pictórico.

 

En el 2000,  a consecuencia de su actividad profesional  trabajando con tecnología digital en sistemas gráficos, se va a producir un salto verdaderamente sorprendente en su trayectoria al incorporar el lenguaje digital en sus creaciones. En 2003 presenta en la Casa de Cultura de Torrelavega bajo el título Sombras de mar, su personal visión de la catástrofe del petrolero Prestige. Establece un diálogo entre pintura y fotografía para denunciar unos hechos que tan dramáticas consecuencias tuvieron para el medio ambiente y la economía española. Es la primera vez que manifiesta con su obra una actitud crítica. Paisajes costeros y siluetas de los voluntarios que ayudaron en las tareas de limpieza aparecían difuminados en unas atmósferas grises.

Izquierdo continúo investigando y profundizando en el nuevo vocabulario y su posibilidad de combinarlo con el propiamente pictórico. Ahora nos muestra el resultado de ese tiempo de experimentación.

La elaboración de sus piezas supone un complejo proceso que implica varias fases. En primer lugar prepara el soporte, lienzo sobre un  bastidor rígido. A continuación selecciona una serie de imágenes creadas por él mismo a base de fotografías, dibujos o recortes de papel de diferentes contornos: regulares o no. Esas imágenes las digitaliza e imprime a modo de collage sobre el reverso de una superficie transparente de policarbonato, en la que hace algunas reservas para ocupar posteriormente con los colores. La siguiente fase consiste en aplica los acrílicos sobre el lienzo al mismo tiempo que superpone el policarbonato desplazándolo en un juego de transparencias buscando y seleccionando los efectos que más le interesen. “La idea es la cuna del cuadro”, afirmaba Bracque en su libro El día y la noche. Pero hay que estar atentos a los hallazgos que provoca el proceso creativo para integrarlos.

En las imágenes que incorpora podemos reconocer veladamente fragmentos del cuerpo humano: bocas, cabezas, torsos… Algunas son recuperadas de otras obras realizadas anteriormente. Aparecen también letras y palabras a modo de discurso interrumpido que ocasionalmente componen frases completas (Ya no quedan islas, Ni lugares singulares…). Aportan una componente literaria que enriquece el mestizaje de lenguajes. Al mismo tiempo que le sirven para denunciar el vacío comunicativo que existe en la sociedad actual. El ruido mediático que nos rodea, hablar y no decir nada, un barullo de voces que no dicen nada, como las ruidosas tertulias televisivas a las que estamos acostumbrados.

En la yuxtaposición de imágenes, formas y colores alterna las composiciones horizontales y verticales provocando una sensación de dinamismo, de estar contemplando una superficie fluida. Al final se crean unas atmósferas de misterio que recuerdan  a dos artistas tan diferentes y distantes en el tiempo como Gerhard Richter y Rauschenberg. Lo cual me hacer recordar algo que me dijo en una entrevista hace algunos años: “Sin darte cuenta hay resonancias en lo que haces de otro pintor. Crees hacer algo personal  y un buen día ves que otro hace cosas parecidas a las tuyas”.

Los colores utilizados son muy eléctricos, oníricos. Unas veces ocupan homogéneamente espacios muy geométricamente delimitados, otras se extienden de un modo más expresionista irregularmente.

La fragmentación y la superposición de imágenes unidas a los colores oníricos a los que me referí antes  relacionan sus obras con los recuerdos que nos dejan los sueños. Voces, discursos interrumpidos, extraños espacios de ambigüedad que se comunican de un modo desconocido son recordados de un modo incompleto.

Le gusta a Izquierdo trabajar con grandes formatos y establecer agrupaciones formando polípticos de distintos ritmos.  El conjunto potencia la fuerza visual de la pieza individual.

En resumen, nueva oportunidad de contemplar la evolución artística de Ángel Izquierdo la que nos proporciona el MAS. El espectador no saldrá indiferente por más que el misterio de sus creaciones le suman en algunas reflexiones tratando de hilvanar la yuxtaposición de imágenes y colores, pero quedará atrapado por la fuerza visual de sus composiciones.

 

LUIS ALBERTO SALCINES