LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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Humanitarian Problems: Whose Responsibility? By Ariadna Gómez-Kelly

Chairperson, adjudicators, fellow students, ladies and gentlemen, ‘Humanitarian Problems: Whose Responsibility?’

We all have the ability to point fingers and blame one another, that never solves any problems. But to stand up and say ‘this is my responsibility’ is much harder. By standing up and saying that, you are not convicting yourself as a criminal, no no. You are standing up amongst many others who should be joining hands and saying in chorus ‘this is my responsibility’ with you, but, to be frank, not a lot of people have the courage to do so.

If you were to ask someone from the western world whose fault is the refugee crisis, it is most likely they will say ISIS’s fault. If you were to ask someone from the western world who is responsible for fixing this problem, they would probably say the government of their country. Although the government is an elected body, we should not place such a huge responsibility on their shoulders alone. They will do a lot of the work, yes, but we, the ordinary citizen, can help too. But how can one person help and what can one person do to fix such a big problem, I hear you ask. Well, if you have enough people who believe in the power of speech, imagine what a community of such like-minded voices could achieve! And if you have enough communities who share similar ethics and who are not afraid to voice them, imagine what they as a nation could achieve! One nation could certainly do a lot, and so can one person. A simple bucket collection could make a difference of food for the night to a refugee.

An estimated 9 million Syrians have fled their homes since the outbreak of civil war in March 2011, taking refuge in neighbouring countries or within Syria itself. Many have come to Europe.

Think of how some of them defied death in order to get here, travelling over icy waters in search of a better home. Some do not make it here and others find that their trip was all in vain. Think of the three year old boy, Aylan Kurdi, found dead on a Turkish beach. A skeleton of a boy, his head face down in the sand with the waves lapping over him. Think of his hair, matted with sand. The tiny boat he was on capsized because it was overcrowded with thirteen people. The death of Aylan was what made people sit up and take notice of the crisis. None of these refugees want to leave their home, they leave in their desperate bid to survive, this is basically their only option. Some dream of returning home some day. We must try to make this possible.  We as humanitarians must accept our responsibility and reach out to these destitutes in their time of need to ensure that there are no more tragedies like Aylan Kurdi.

‘Humanitarian Problems: Whose Responsibility?’ It’s everyone’s responsibility, particularly we who live in the western world, for we are better off than many many others, and although we all complain, we have little to complain about, for ladies and gentlemen, ad Martin Luther King Jr. once said:

‘Our lives begin to end the day we become silent about things that matter.’

‘Humanitarian Problems: Whose Responsibility?’ It’s the person sitting next to you, it’s your family’s responsibility, it’s my responsibility, but most importantly, it is YOUR responsibility.

Thank you for your time.

By Ariadna Gómez-Kelly, born 9th of December, 2001

Los problemas humanitarios: de quién es la responsabilidad?

Presidente, jurados, compañeros de estudio, señoras y caballeros.

“Problemas humanitarios:? De quién es la responsabilidad”

Todos tenemos la capacidad de señalar con el dedo y culpar a otros, para que así nunca se resuelva ningún problema. Sin embargo, resulta mucho mas difícil ponerse de pie y decir “esto es mi responsabilidad”. Al levantarse y decirlo Ud. no se está condenando a sí mismo como un criminal, no, no. Usted está de pie entre muchos otros que deben incorporarse alzando la mano y diciendo a coro “esto es mi propia responsabilidad”; pero, para ser franco, no mucha gente tener el valor de hacerlo.

Si se le preguntara a alguien del mundo occidental quién es el culpable de la crisis de los refugiados, lo más probable es que diga que la culpa es del ISIS. Si se le preguntara a alguien del mundo occidental, quien tiene la responsabilidad de arreglar este problema, probablemente dirá que el gobierno de su país. A pesar de que el gobierno es un órgano elegido, no deben cargar en solitario toda la responsabilidad sobre sus hombros. Que tienen que hacer una gran parte del trabajo, sí, pero nosotros, el ciudadano de a pie, puede ayudar también. Pero, ¿cómo una persona puede solucionar un problema tan grande? Oigo preguntar. Bueno, si usted tiene bastantes personas que creen en el poder de la palabra, imaginaemos lo que una comunidad de este tipo de voces afines podría lograr! Y si usted tiene bastantes comunidades que comparten esta postura ética y análogas, que no tienen miedo de expresarlas, imaginemos lo que como nación se podría lograr! Una nación sin duda podría hacer mucho, por lo que puede una persona. Una simple colecta doméstica podría hacer la cena de un refugiado.

Se estima que, desde el estallido de la guerra civil en marzo de 2011, Son al menos 9 millones de sirios los que han huido de sus hogares buscando refugio en países vecinos o dentro de la propia Siria. Muchos han llegado a Europa ..

Piense en cómo algunos de ellos desafiaron a la muerte con el fin de llegar hasta aquí, se desplazándose sobre aguas heladas en busca de un hogar mejor. Algunos ni llegan a hacerlo y otros encuentran que su viaje fue todo en vano. Pensar en el niño de tres años, Aylan Kurdi, encontrado muerto en una playa de Turquía. Un esqueleto de un niño, con la cabeza boca abajo en la arena con las olas rompiendo sobre él. Piense en su cabello, enmarañado con arena. La pequeña embarcación de juguete en que estaba en zozobró debido a que estaba llena por trece personas. La muerte de Aylan fue lo que hizo que la gente tomase nota de la crisis. Ninguno de estos refugiados quieren salir de su casa, que dejan en su intento desesperado por sobrevivir, esto es, básicamente, su única opción. Algunos con el sueño de poder regesar a su casa algún día. Hay que tratar de que esto sea posible. Nosotros, como humanitarios hemos de aceptar nuestra responsabilidad y llegar hasta estos desposeídos en su peor época y la urgente necesidad de asegurar que no hay más tragedias como Aylan Kurdi.

“Problemas humanitarios:? De quién es la responsabilidad” Es responsabilidad de todos, sobre todo los que vivimos en el mundo occidental, ya que, damas y caballeros, estamos mejor que muchos, muchos otros, y aunque todos nos quejamos –que tenemos poco de qué quejarnos–, recordar lo que Martin Luther king Jr. dijo una vez:

“Nuestras vidas empiezan a terminar el día que guardamos silencio sobre las cosas que importan.”

“Problemas humanitarios: De quién es la responsabilidad?” Es de la persona que se sienta a tu lado, es responsabilidad de su familia, es mi responsabilidad, pero lo más importante, es SU responsabilidad.

Gracias por su tiempo.

                                          Por Ariadna Gómez-Kelly, nacida el 9 de diciembre de 2001.


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Animales

 

Animales, de Pedro Sobrado. Una introducción a la exposición de Pedro Sobrado “Nuestros amigos”, en la Galería Espacio Garcilaso (Torrelavega). 

 

 

Antes de que el ser humano tuviera conciencia de sí, ya existía la belleza. Antes de que el primer artista se fijara en la hermosura de una curva o la armonía de una silueta, los animales daban ya testimonio de la perfección. Cuando aún el género homo no había comenzado a afinarse e idear algún conceptoestético, paseaba ya la cierva su delicadeza por la tierra, hacía vibrar el caballo el perfil de su lomo en la pradera y sacudía el león sus crines de oro al sol. Hemos tardado, sin embargo, mucho tiempo en amar la naturaleza, en desear proteger sus criaturas, en sentir que compartimos con ellas un destino común, la fugacidad de nuestra existencia.

Pedro Sobrado, un artista resuelto a describir la realidad de su tiempo, explorador del presente, apasionado por “vivir el momento” y retratar la modernidad, presenta ahora una exposición cuyo contenido sea, tal vez, el más atemporal de cuantos ha abordado. En una veintena de dibujos realizados con grafito y pintura acrílica, nos ofrece su interpretación del esplendor animal. Con su elegante trazo, equilibrando vacío y color, apoyándose en una línea que parece no tener fin, retrata la gracia de un paso, la delicadeza de una cabeza. La calma de una actitud. Resguardados entre los márgenes del papel, se suceden perros y gatos, cigüeñas y flamencos, un oso y un papagayo, un cervatillo, un elefante y un asno, todos ellos sintetizados, representados con una gran economía de medios y la mayor veracidad. Cada especie es descrita en su ademán, en su caminar o inmovilidad. Cada retratado es el centro de su propio espacio, el núcleo de una composición que se estabiliza con la presencia de elementos geométricos, de resumidos paisajes cruzados y aligerados por ausencias de tonalidad.

Son múltiples los modos en que se puede expresar el apego por nuestro mundo, el respeto por las criaturas que nos acompañan en el viaje de existir, y Sobrado, con firme pulso y refinada contención, posa su experta mirada sobre ellas y nos ofrece el resultado de su observación, de su capacidad para reinterpretar cuanto el ojo ve y el sentimiento percibe. Con total libertad, sin ataduras que no sean el deseo de continuar avanzando en el conocimiento de la pintura e investigar sus infinitas posibilidades, el artista vuelve a expresarse en silencio. Nos propone, en esta ocasión, olvidar por un momento nuestra idea de que “el hombre es la medida de todas las cosas” para reconocernos en los seres vivos que pueblan nuestro pequeño planeta. Nos sugiere que nos detengamos un instante y que, en la quietud de nuestra mente, despertemos de nuevo ese amor y esa curiosidad por los animales que la mayoría sentimos cuando éramos niños, cuando la vida estaba por descubrir y nos llamaba laatención una paloma o nos fascinaba la calma de un pato deslizándose sobre las aguas de un estanque.

Antes de que comprendiéramos que somos y pensamos, ya era grácil el paseo de la gacela bajo las estrellas, ya era elástico el caminar sigiloso del jaguar. Poderosa la pezuña del toro y profundo el aullido del lobo. Antes de que naciéramos y contempláramos por primera vez cuanto nos rodea, el universo ya manifestaba su belleza  y Pedro Sobrado, sin más herramientas que un lápiz y un pincel, nos lo recuerda.

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Véronique Sobrado


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Un poema de Maxi de la Peña

 

SUICIDIO DE UN CAMALEÓN

 

Me sobraban siete dedos
de las manos
con las uñas siempre plateadas,
tenía los ojos bicolores como Bowie.
Mi cara era un grafiti
neocubista de anticuario,
por eso me pintaron las axilas
de impresionismo gamberro.
Desconocía mi sexo
como los ángeles,
un andrógino que
deambulaba
por una nube lisérgica.
Apretaba el puño
para enderezar
las venas viciosas
con sed de yonqui.
Dormía con una aguja de mil brazos
¡Cuidado SIDA!
Acepté una odisea espacial
con el Mayor Tom
perdido entre las cenizas galácticas
No ladraban los perros de diamante
pero asistieron a mi entierro.                                                                                                                                                                        Una voz atávica rezó                                                                                                                                                                            para salvarme de mi ateísmo.

Padre Nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén
Maxi de la Peña

(inédito)


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THANATEROS

por Yorgos Anisakis

Divisó la lejana figura, estática, al final del espigón del puerto. Una silueta solitaria que parecía estar esperando a alguien que con seguridad no llegaría nunca.
El cansancio de la vejez le apremiaba más cada día y caminar hasta el espigón excedía su ronda habitual, pero le picaba la curiosidad. Decidió hacer el esfuerzo de intentar acercarse hasta allí.
La luz del atardecer de invierno alargaba su sombra más allá de lo que le parecía razonable. Cuando dificultosamente llegó al lugar, una atmósfera entre naranja y ámbar fundía el espigón de cemento, el mar y el cielo en un espacio irreal y carente de contornos.
Se trataba de una mujer joven, ahora apoyada en el pretil. Parecía absorta frente al mar. Al pasar a su lado, la mujer se volvió y le miró directamente a los ojos ¿Dónde había visto antes esa cara? Le pareció conmovedoramente hermosa, y entonces recordó: nunca la había visto. Sólo la había imaginado, como un sueño de perfección. Aquellos rasgos pertenecían a una fantasía de su adolescencia.
Ella se incorporó sin dejar de mirarle, y ya sin ninguna prevención, él, extrañado, se aproximó aún más. Sobre aquel rostro ideal se fueron superponiendo los de las mujeres de carne y hueso en cuya compañía él había ido consumiendo su tiempo. Eran muchas, a veces pensaba que demasiadas ¿Qué le había movido a repetir una y otra vez el mismo rito de fascinación y deseo, de intimidad y complicidad y entrega y decepción final, para volver a empezar de nuevo?
Supo que, más allá de motivos razonables, lo que le hacía volver era una llamada tan débil como irresistible. La atracción de un misterio evanescente. El misterio que tan bien expresaba la mirada profunda, llena de matices, de la joven que estaba frente a él. Volver a empezar tras cada fracaso por el consuelo de convivir junto al enigma obsesionante que ellas custodiaban y él nunca podría llegar a descifrar.
El viejo y la joven se observaron el uno al otro intensa y serenamente durante largos segundos. No hizo falta ni una palabra. Él comprendió quién era ella y por qué estaba esperando allí. Comprendió que el candado que sellaba el misterio había caído, y la puerta estaba lista para abrirse. Pero no encontraba fuerzas para asumir la realidad de lo que eso suponía. Volvió hacia ella una mirada de súplica para recibir otra con una firme respuesta: no había confusión ni elusión posible.
Dos lágrimas descendieron por las mejillas del hombre. “No puedo…”, dijo, con la angustia en la voz “…soy incapaz de despedirme de los que quiero.”
En los ojos de la mujer brilló la compasión. Se acercó aún más y el hombre sintió en sus labios el contacto de los de ella. Un dulce beso final que disipó su miedo y su tristeza.


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Esa ribera

 

Esa ribera verde
es como un alma.
Entra y sale el río y, a veces
no se sabe dónde empieza el cielo.
Espejea y se conoce
allí, cuando no arrastran los árboles
sus pendones de reino asediado,
y la boca lanza el grito extraño
de un pájaro que aletea entre las piedras.
Esa ribera clara,
una barca la surca. Su piloto
es sabio, y va esquivando
los anillos y estrechuras, donde el agua
es mansa siempre. Allí sabe
que yace una mujer ahogada,
y quien lava la ropa está plañendo
por la muerte nueva que vendrá.
Sobre esa ribera humosa,
la luna, que está encendida,
que a todo asiste, que todo guarda,
la que vió a Alfred peleando y sus sajones,
es el único puño, y amenaza.

 

Marina Gurruchaga


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Cartografía del Amor de Isabel García de Juan

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“Abrimos fuego:
No supimos cerrarlo”.

 

Isabel pertenece a las generaciones emergentes que se dan a conocer bajo estos aspectos. Nace a finales de los setenta, en 1977. Por cierto, no oculta la edad en la solapa del libro. Otra manera de mostrar, de afirmar su identidad fuera de los estereotipos acostumbrados.
Es Licenciada en Geografía e Historia y actualmente profesora en un centro de secundaria. Otra anécdota que la relaciona con compañeros de escritura: ¿cuántos poetas hay en Cantabria que imparten clases en centros de secundaria?
Accésit de los Hierro en tres ocasiones (2002, 2003 y 2005) y ganadora finalmente en 2006. Lo que indica continuidad en la escritura, y experiencia y madurez dado que es en 2016 cuando publica su primer libro individual. Vaya, que no es casualidad ni pasatiempo su escritura.
Ha sido incluida en varias antologías de la comunidad y publicado en revistas de Cantabria y nacionales: recientemente en la riojana Fábula.
Y, por último, señalar que también escribe relatos. Algo que es común a muchas poetas de su generación.
Nada a ceñir es un libro en el que el agua es el protagonista de sus páginas. De un modo casi total el mar, pero también, la lluvia, que incesante aparece lo largo del libro, como la lluvia constante en determinadas fechas del año en Cantabria. Lluvia del cielo. Pero asimismo, otra imagen, la lluvia de lágrimas.
La palabra mar, cuando aparece, lo hace siempre en mayúsculas. Se permite a la hora de escribirlo un juego visual. También lo escribe así cuando las tres letras entran a formar parte de otra palabra: AMAR, por ejemplo; MARea, también. O derraMARte, a MARes …
Desde el título del libro al de los poemas, Isabel hace uso de un lenguaje marino. Son términos que remiten al mundo del mar. Faenas en un barco o de la navegación (sondar, olar, aparejar, rastrear), estados de la mar y del tiempo (vaciante, galerna, huracán), de la geografía costera (rompiente, ensenada), aparatos de navegación (bitácora, heliógrafo)… Como la mayoría de los lectores desconocemos casi todos, en un par de líneas los describe a modo de subtítulo en cada poema. Y son utilizados como metáfora de lo que quiere expresar con sus versos. Algunos nombres son preciosos y tienen resonancias de libros de aventuras marinas.
Con una intención similar, determinados poemas por todo título llevan unas coordenadas que el lector desconoce si son puntos reales elegidos deliberadamente o al azar, si responden a unas coordenadas íntimas del espacio de la privacidad. Un punto de misterio añadido al poema. Por lo general estos poemas suelen ser más breves y pueden relacionarse anecdóticamente con su formación académica en Geografía.
Junto al mar, el amor, en múltiples manifestaciones centra la atención de Isabel. Amor físico, apasionado, carnal; amor espiritual, amor loco… un abanico que describe en el poema Sonar. Con muchas analogías marinas.
En este sentido, determinados poemas son de un intenso erotismo. Por ejemplo Abordaje, La dimensión de tus ballenas, Sumergiendo Venecia, Abordaje, Galerna…
Algunas palabras tienen una presencia regular y proporcionan una pista sobre el sentido del libro. Boca es una que aparece reiteradamente. Tratándose de un libro en el que hay un erotismo tan intenso, no es raro que aparezca. La boca, emisora de la voz y la palabra. “Son tus palabras / la boca que encumbra tus palabras / el lago de tu lengua / en niebla / y tan puro”. “… al calor que palpita / en las cuevas de fuego / del dragón de tu boca”. “Llegas, ya estabas / y estoy al pie de la boca / y del escrito / y del orgasmo / y del amor”, en uno de los poemas más eróticos. Pero asimismo los labios que llevan a los besos:
Y en una línea similar, la palabra piel. Como no podía ser de otra manera en un libro en el que la pasión está empapando todo. La piel como lenguaje primario de la carnalidad, de la pasión. Un ejemplo de los muchos: “Tenías ese aspecto típico / devorado por las pérdidas / un leve aroma a perfume / enganchado en el vello de la piel”, del poema La dimensión de tus ballenas, uno de los poemas más representativos del libro. Y en el que aparecen más palabras con connotaciones eróticas: humedad, boca, penetración, nostalgia…
Porque nostalgia es otra palabra que se repite. En el mundo del mar se habla de la nostalgia del marino de la tierra y de su familia. Pero también la del marinero en tierra. Por otro lado, la contemplación del mar por una persona ensimismada, es una de las imágenes más asociadas a la nostalgia. “No estoy triste, sólo baño / nostalgias para hacerlas más limpias” escribe en Lluvia. “Y aún te penetraré más veces / aún me penetrarás más veces / y no fecundaremos más que la nostalgia”, en La dimensión de tus ballenas: el amor que pasará a ser recuerdo, memoria.
En un libro con un protagonismo tan absoluto del mar, no podían faltar los naufragios. Otra metáfora para hablar del las derrotas, las pérdidas, el olvido o el desamor. “Hay amores de ancla, de naufragio”, escribe en el poema Sondar. En poemas como Figuras abisales, Abatir…. Pero también el naufragio posible consecuencia de una entrega total en el amor: “Soy original en los naufragios: / nunca me hundo de la misma manera / pero mi forma preferida / siempre fue: tu conquista. / (Decidí: el error fue la causa)”.
El libro propone al lector no quedarse en la superficie, en la primera lectura, en la piel, a pesar de ser la piel, como antes decía, la primera información, el primer conocimiento, la experiencia del cuerpo, de la carnalidad. Isabel invita a profundizar, a sumergirse en las capas interiores. A penetrar el misterio. “Bajo mi puerto hay otro puerto sumergido”. Primer verso de un poema de dos. También en el poema Estado ausente, que alude al tema de la identidad: “Ya no me pertenezco / esparcido mi ser / se ha mudado en silencio / ha dejado la funda / del otro yo que habita / despreocupado / de su esencia primera”. Y que acaba: “Estoy errando en mí / derribándome apenas / tan ajena y adentro / que yo soy mi yo fuera”.
A veces surgen contraposiciones aparentes, enfrentamientos. La más frecuente es entre sequedad y humedad: “Hay espíritus mojados / como ángeles / guardando tus desiertos / bajo el MAR”. “Ardo, ardo, ardo… / Y todo es fuego… / Para hacerte señales en el MAR”. “Hueles como besas / sólo tú. / Y las palabras colmadas de desierto y MAR”.
Hay referencias en los poemas a la mitología clásica. Si del mar hablamos, no podía faltar el dios Neptuno, como tampoco el mito de Ulises el navegante y las sirenas y sus cantos seductores.
El libro está dividido en cuatro partes. La primera tiene una especial intensidad perturbadora y es la que da título al libro. Le enajenación y el amor en una relación de reciprocidad desgarradora.”Me persigue / esta enfermedad en clausura / a la que rezo en armas / de la carne” “¿Me aceptas loca, amor, me aceptas loca?”, escribe en Arribar. “Me arranco los hombros / bajo el paso de una boca / que pesa”.
Más comentarios podría hacer sobre este poemario acuático rico en sugerencias, con diversos niveles de lectura, con brillantes imágenes, con metáforas marinas sobre el amor intenso. Queden para otra ocasión, después de una nueva relectura. Acabo resumiendo que me parece un libro diferente a lo que conocía de Isabel, maduro en su elaboración desde la espera y la experiencia como escritora y por el que felicito al editor por su publicación y a Isabel por escribirlo.

 

LUIS SALCINES