LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE

Cabeza a Pájaros

1 comentario

Colibríes

“Responder con ligereza a la visión terrorífica del mundo es una demostración de potencia sin igual.”

Nietzsche

 

 

– Tú, niña, tienes la cabeza a pájaros – me decían

 

Y sí, era cierto, era cierto, yo tenía dentro de mi cabeza pájaros de colores, muchos pájaros de colores, diminutos pájaros de colores que volaban fugaces en todas direcciones, aunque aún no sabía ponerles nombre.

 

Aparecían como soles diminutos para encender con sus acrobacias aéreas las inextricables clases de matemáticas, las interminables misas de domingo, los monótonos rosarios, ora pro nobis, ora pro nobis, y constituían para mí el mejor y más alegre antídoto contra la rutina y el sinsentido.

Aquellas gotas de sol que iluminaban los días de mi infancia eran, lo supe más tarde, colibríes, los colibríes de mi imaginación, pequeñas aves que con el tiempo fueron adquiriendo, sin perder ligereza, una mayor consistencia, alimentados con el néctar de la lectura apasionada y revuelta, la savia de las palabras dichas a fuego lento, la suave caricia del silencio, las amistades apasionadas, la sospecha del amor…

 

Más tarde, cuando desperté de mi infancia, los colibríes todavía estaban allí. Ya no sólo volaban a capricho en mi cabeza, sino que, en noches de vigilia, cigarrillo en ristre, mientras todos dormían, me era concedido el don de convocarlos. El único requisito necesario era desearlo de verdad, es decir sin apego. Entonces, el aire se encendía con semillas de fuego, arco iris vivientes, minúsculos relámpagos, que diría Neruda, leves estelas de luz. Aquella ceremonia nocturna y luminosa, clandestina y feliz, llenaba la habitación con la difusa precisión de los indicios y, si el deseo de prodigio era intenso, entonces algunos colibríes entraban confianzudos, más ardientes que nunca, en el espacio diáfano del papel en blanco, donde, sin dejar de ser libres, se transmutaban en palabras, que al principio parecían responder al caos, pero que luego, sin abandonar nunca del todo su talante enigmático, cifrado, fragmentario, iban tomando forma de pequeñas historias cargadas de sentido, un sentido que, como ocurre al recordar  los sueños, era confuso y, al tiempo, era revelador.

 

Aunque más adelante supe que aquellas historias intensas, híbridas, fractales, pertenecían al género del microrrelato y eran un claro exponente de postmodernidad, primero fue el disfrute alejado de intenciones o modas, la genuina inocencia, la falta de etiqueta, la naturalidad.

 

Aquel rito nocturno, no exento de dolor, se acercaba, sin duda, a un “estado de gracia”. Descifrar las palabras, esas amantes que nunca te abandonan, como diría Moyano, depurarlas al máximo, ir decantándolas, era un proceso que no sólo me salvaba ya de la rutina, sino que servía como única consolación posible para calmar la herida de tener quince años y estar viva y sentir con desmesura la belleza y la muerte y el amor.

 

Carmela Greciet

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Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

Un pensamiento en “Cabeza a Pájaros

  1. El cuento de Carmela Greciet es una delicia, te deja en “estado de gracia”, con el alma poblada de pájaros.

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