LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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Tres años de Territorio Kirguise

Otra vez llegó diciembre, y se va deprisa, deprisa… . En diciembre se cierra un ciclo anual, el tercero, de nuestra aventura cultural y editorial. Ha sido un año fecundo, marcado en esta ocasión por la arribada de nuevas y espléndidas voces al blog (Elena Camacho, Luis Antolín, Diego Cobo, Jesús G. Barriuso, Antonio Casares, Maxi de la peña, Isabel García de Juan, Carmela Greciet, Soledad de María, Véronique Sobrado, Juanjo Roiz, India Aventine, Inés Fonseca, Lucio Pedraz, Elda Lavín, Rogelio Dalmaroni), que se han añadido a las de nuestros colaboradores y miembros activos habituales (Rosario de Gorostegui, Oscar Losa, Dori Campos, Paloma Bienert, Luis Salcines, Mariano Gómez de Vallejo, Marisol Cavia, Pepe Poveda, Marina Gurruchaga, Arvinder Bawa, Marie Vidal, Belén Barandica, Belén Gómez-Acebo, Maria José Echevarría, Santiago Sobrino, Coco Gurruchaga…), y por la celebración del Seminario “Semántica de la Creatividad: signos y sentidos”, que tuvo lugar durante el mes de octubre en la Librería Del Puerto gracias a la amable hospitalidad de Socorro Ledesma. Asimismo hemos cubierto la participación de nuestros amigos y colaboradores en exposiciones colectivas (“Estética y Prostética del Cuerpo Femenino” -Arnuero, septiembre 2015-) y recitales (“Moradas” de Santa Teresa durante el mes de mayo de 2015). Nuestro sello editorial “La Tienda del Kirguise” participó en la Feria editorial “Arte Libro” en su sexta edición (Santillana del Mar) durante los meses de verano, y registró la publicación de tres nuevos títulos en su Colección de Poesía por cuenta de Pepe Poveda y Marina Gurruchaga, que fueron presentados respectivamente en noviembre y junio.
Como siempre, hemos abundado en nuestros géneros tradicionales: greguerías y aforismos, ensayo, crítica literaria y artística, prosa, poesía y traducciones diversas, alternándose con avisos y convocatorias de conferencias, exposiciones, conciertos, manifiestos, enlaces a artículos en prensa y películas, así como con la publicación, a manera de “actas”, de todas las conferencias ofrecidas durante el Seminario de octubre. Un año denso en actividades colectivas y personales de nuestros amigos y colaboradores que esperamos sea uno más al servicio, como siempre, de la democratización, libre acceso y difusión de la cultura y la creación.

 

Gracias a todos

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Dos poemas.Dori Campos

Poemas publicados en  la Antología “Espacios Sensibles”.

 

I

Sabemos hacer fuego,

acertar a la primera con la fricción de las manos

Velar en cualquier sitio la leña,

Entregar el sacrificio del júbilo vívido antes de desprendernos.

Es cuestión de tiempo que la frialdad nos sobreviva

y vuelva heroico el punto de partida.

Que bien empezamos quitándonos la ropa,

era previsible ocupar la pura vida,

desatender  lo que no llega a canto

no volver a estar donde estuvimos.

No sé quién puso más, las pertenencias, el corto alcance,

Que nos ató a este lugar oscuro, tan lejos las paredes de la puerta.

Apenas sobrevolado lo más hermoso, para  continuar con voluntad de esclavo.

Lejos de la expansión que nos ahogó en la tierra, escucho en los bajos almacenes

el mar y los tacones rojos como un ejército de dragones.

 

II

Como los niños pido cosas imposibles

los ojos del tiempo, los labios del espacio

un punto absoluto bajo los párpados.

Los gatos me dicen con su pisada suave: olvídalas

Pero llevo el teatro a cuestas, la caravana de gritos

al pueblo más remoto.

Que tendría que hacer para que se aparte la sombra terrestre

y los ateridos pájaros salgan de la gorra del monstruo

se coman sus ojos.

Soy un campo de mujeres,

un cuerpo donde han abierto círculos de carne bajo el pecho,

contra el vientre,

pero  aún quiero andar blanca y desnuda.

Solo a veces recuerdo los dientes del ogro en su cuerpo bruto.

Siempre me quedo a jugar con el sonámbulo

para ver como deforma su frente.

Pasa como esa imagen, ese texto que incendió la tarde.

Despertaré y otros viajeros paladearan la cama donde duermo,

ligeros comensales después del sol escucharán como los gatos

el pulso de los prodigios contra las bestias.

Dori Campos

 

 


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El invierno en las islas, capítulo I.

Primer capítulo de la novela El invierno en las islas, recientemente presentada por Véronique Sobrado. La ilustración acompañante es obra también de la autora.

1.portada

(1) SOREN 1

Cuando Soren navegaba hacia las islas Vírgenes, lo recordó. Las runas no mentían, jamás habían traicionado la fe depositada en ellas desde el primer día de la separación, la primera hora en que la conciencia humana se reconoció a sí misma y sintió que se alejaba irremediablemente del espíritu animal. Abandonado al abrazo líquido sin fin, dejándose acunar por el movimiento pulido y blando de las olas, el navegante pensó en Sámal Syltsen, el sacerdote pagano temido por todos, que durante varios meses al año vivía en la soledad de Koresand, el banco de arena cuyo perfil cambiante moldeaban las mareas. El anciano tiraba los guijarros sagrados a la luz de la luna e interpretaba el designio de los dioses verdaderos.

Navegarás temerario
sobre las ondas sin fin
hacia tierras remotas
hacia el castillo interior.
Bogarás decidido
en la estela de un galeón
sobre las alas de un sueño
y cuando el puño despliegue su calor
habrás alcanzado tu porvenir.

Ése era el destino que le fue anunciado una noche de otoño. Y recordando la profecía que oyó sin darle demasiada importancia, Soren se aferraba a la tabla que las corrientes llevaban y traían, alzaban sobre las aguas y volvían a hundir. No había perecido en el naufragio del Hvid Wolf 1 y deseaba vivir. Tres días permaneció extraviado en sí mismo, perdido en su pensamiento, sujeto al ritmo imprevisible del oleaje. Durante tres largas noches contempló las estrellas, escuchó la conversación de los peces. Recordó la pureza de su país de nieve. Creyó ver a lo lejos la estela de un galeón español, el brillo de un palacio de aire. Y acompañando los latidos de su corazón, le pareció oír en el viento los suspiros de los ahogados que han sido y jamás volverán. Pero sobre las impresiones que le vencían, sobre las ilusiones urdidas por el océano veleidoso y su mente cansada, unas palabras se repetían sin cesar, “dime, ¿cuándo volverás?”2. E inmóvil sobre las ondas, creía ver a Ingeborg de pie, silenciosa, sujetando en sus manos blancas, inmaculadas como la escarcha, un pañuelo de encaje. Y en cuanto él intentaba responder, la frágil silueta vestida de negro se desvanecía entre la espuma, pues la soledad es la única verdad del mar.
Ella nació en el momento en que la medianoche posaba su negro aliento sobre los tejados de Sönder Farup; él llegó unos minutos más tarde, con el primer aullido de un lobo que le cantaba a la oscuridad de las llanuras. Dos cuerpos de nácar, tan semejantes en todo, que sólo el color del cabello les diferenciaba. Silenciosos, observadores, con sus ojos azules como hielo, examinaban pausadamente el mundo, trataban de comprender los misterios que constituían la sucesión de los días, que explicaban las idas y venidas de sus semejantes. Eran un mismo pensamiento, una misma carne. Se entendían sin hablar, con un simple gesto o un movimiento imperceptible. Jugaban a construir casitas con ramas de arbusto, a inventar caminos que atravesaban los bosques, a imaginar a las criaturas que vivían entre los árboles. Y, sobre todo, ella le miraba a él. Sin cesar, sin cansarse, comprobaba una y otra vez que Soren respiraba a su lado como una prolongación de sí misma, como la mitad de su alma instalada en el cuerpo de un hermano rubio y sonriente. Y él, sostenido por la mirada de Ingeborg, vivía protegido en el interior de una armadura, erguido en la cima de una montaña, refugiado en el corazón de una isla hermosa y lejana. Inalcanzable. Invulnerable.

 

Véronique Sobrado Bravard