LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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El jardín de las especias

Por la ruta del té
en la Indias Orientales
busca los aromas
más embelesantes,
de la menta al jengibre
del comino al azafrán.
Con un corazón hermoso
y una ropa con olor a tabaco,
mece a un bebé dentro
de su casa a la vuelta
de una aventura enigmática.
Esparce las especias
compradas con monedas
de oro en su jardín
que parece pintado
por Monet, impresionista.
Recorre bajo la luz
del atardecer un camino
con música de Debussy
que la acerca hasta
una plantación de hojas
de café con cuya fragancia
sorbe una taza vacía.
MAXI DE LA PEÑA
(‘Las vértebras cosidas’) Ediciones Tantín. 2014


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El viaje a la ciudad

“Grande y opulenta ciudad en épocas antiguas, ahora pobre, ahora pequeña, ahora abandonada, ahora un campo de ruinas”.

Avieno, Ora Marítima.

 

Se había disipado ya el amargor de la duda,

y habíamos recogido y anudado los telones
del pasado, no lo recibíamos ya
ni en el sueño ni en la memoria.
Nos armábamos para la salida, para el encuentro
con la maravilla y sus divinos trabajos.

Porque era la ciudad quien esperaba.
La ciudad y su ausencia de alfares
en la isla Eritheya, la ciudad y el asiento
de los caballeros ociosos en el Circo
de Roma. La Puerta se abría – la de de Tierra –
allá, en la distancia, tras lo que aparentaba
ser, tras las furgonetas y los estancos,
en los pedazos del salobre atún,
junto a las ánforas selladas esperando cargar
todo lo que ahora y entonces importaba.
Pero la ciudad verdadera está ascendiendo,
la ciudad bajo los parkings
que hurgan en las bocas del Hades
donde Odiseo estuvo.
Su rastro es como el humo
de los rojos perfumes ofrendados
en pebeteros de mayólicas ahogadas
Junto al cabo.

La ciudad, a esa ciudad yo la he esperado
todo el invierno, toda la vida.
Es testigo ese mar,
mar que brilla, que promete y que cumple.
A ese mar al que no sé
qué estoy pidiendo ahora.

 

Marina Gurruchaga

 


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En los caminos de Veronique Sobrado

 

Véronique Sobrado es un claro ejemplo del creador plural, del creador poliédrico que necesita más de un lenguaje para expresarse. Más conocida, quizá, como pintora, ha trabajado en el campo de la ilustración, la fotografía, el cine; ha publicado libros de poesía, relatos y novelas y colabora en la prensa escrita con artículos de opinión. En cada uno de los medios elegidos, siempre se ha mostrado reflexiva y rigurosa, manifestando una actitud que combina pasión y serenidad, intensidad y control emocional. Hija del pintor Pedro Sobrado, nació en París, donde residió hasta los catorce años. En los años noventa se trasladó a vivir a Santander. En el desarrollo de su personalidad ha sido sin duda enriquecedor el mestizaje interiorizado de la cultura francesa y española vivido. Después de una larga trayectoria artística exponiendo en diversas galerías de Cantabria, muestra de nuevo su obra en Torrelavega, ciudad en la que también ha vivido un periodo de su vida.
Siempre se ha hablado de lo difícil que resulta a los hijos de quienes tienen una gran personalidad o destacan en un ámbito concreto encontrar un espacio propio, definir un terreno personal que evite las comparaciones. Parece que hay una ley no escrita que señala que cuanto más brillan los padres más les cuesta a sus hijos formar su personalidad. Por otro lado, nada resulta más lógico que los hijos desarrollen sus aficiones en el mismo campo que el de sus padres, dado el ambiente familiar en el que se desenvuelven sus primeros años de vida. En el terreno profesional no hay muchas dudas. Arquitectos, abogados, médicos, empresarios, deportistas…son algunos ejemplos. La segunda generación da continuidad a la primera. Hay estudios de psicología que han estudiado esa relación paternofilial. La misma situación se produce en el mundo del arte. Muchos artistas han elegido la creación plástica bajo el influjo de sus padres. Es algo lógico si han crecido entrando en el estudio de sus padres, oliendo los pigmentos que utilizan, oyéndoles expresar sus dudas en el proceso de realización de sus obras, dando incluso unos brochazos a modo de juego. Pero lo que al comienzo de su andadura puede ser favorable, contar con la experiencia y el entorno familiar que favorezca su camino, se convierte después en un condicionamiento, tratando de resistirse al influjo inconsciente que sienten. En este sentido, a la lucha a la que todo artista se somete para encontrar una dicción propia, abrirse camino en el bosque de la creatividad, se une la de olvidar las influencias que pueda haber recibido de sus padres; tratar de evitar que en su obra resuenen las deudas, quizá voluntariamente asumidas al principio, más próximas. Renoir, en el libro Escuchando a Cezanne, Degas y Renoir, de Ambroise Vollard, dice: “Para ejercer un oficio hay que empezar por el ABC del oficio en cuestión”. Y en otro momento: “La verdad es que, tanto en la pintura como en las demás artes, no hay un solo procedimiento, por pequeño que sea, que admita su constitución como fórmula”. Lo cual quiere decir que cada uno debe encontrar su técnica, su procedimiento artístico. Pero además, para ser artista, no es suficiente. Por eso añade: “A toda esa gente que da la paliza con el arte hay que informarle de que no es tan sólo una cuestión de oficio; además, hace falta algo cuyo secreto no enseña ningún profesor: delicadeza, encanto… y eso, uno lo lleva dentro”.
Y Véronique Sobrado lo ha conseguido. Nada hay en su obra que remita al magisterio pictórico de Pedro Sobrado. Ha sabido crear un mundo propio con un estilo absolutamente personal que sólo a ella misma remite.
Ha titulado la exposición On the road, mítico título de Jack Kerouac que representa todo un símbolo para la generación beat de los sesenta. Por cierto, novela escrita inicialmente en francés, la segunda lengua de Veronique. Al igual que los protagonistas de la narración, Véronique ha emprendido un viaje virtual a partir de imágenes cinematográficas y de lecturas que luego se han quedado en su retina, llevándolas más tarde al lienzo. África, Asia, América y Europa son los continentes de referencia. De ellos ha representado los espacios y las arquitecturas que cree que más les definen. De América y Europa grandes y conocidos edificios, rascacielos con sus letreros luminosos, puentes icónicos, estaciones, museos, industrias, el abigarramiento de los tejados, azoteas y mansardas, mercados populares, gasolineras y calles sin apenas tráfico. Fragmentos de la trama urbana de ciudades universales: Londres, Nueva York, París, Venecia… Hay un predominio de las visiones nocturnas, con poca gente por la calle.
En el caso de África, los espacios están más abiertos a la naturaleza, con la arena del desierto enmarcando arquitecturas emblemáticas, algún árbol autóctono próximo y junto a él uno o dos nativos con sus tradicional. De Asía, por el contrario, fija espacios interiores más relacionados con lo doméstico y con grandes ventanas abiertas al exterior. Son escenarios íntimos, de estilo japonés, con una mujer delante de una ventana que deja ver un paisaje de nieve, un árbol solitario; ocasionalmente dos hablando o en un ritual alrededor de una taza de té.
Santander y Torrelavega también has sido incluidas. Véronique ha representado conocidas arquitecturas como el Palacete del Embarcadero, el Club Marítimo y la fábrica de Solvay.
Paralelamente a los viajes que ha realizado a los amplios espacios, presenta por oposición otros más íntimos, en la línea de los que plasma referidos a Asia. Responde a lo que titula El viaje interior. La vivienda, la habitación propia de la que simbólicamente hablaba Virginia Woolf, centra su interés: dormitorios, con un homenaje a la habitación de Van Gogh, salas de estar, escritorios, baños… con ventanales al exterior, como los representados en las pinturas orientales. Por lo general son espacios muy ordenados, sin gente; algunos objetos domésticos denotan signos de vida: un libro sobre una silla o sobre una mesa, un zapato o una maleta en el suelo. Ocasionalmente aparecen personajes solitarios, a veces acompañados de algún perro, algún gato, como en los paisajes urbanos de los viajes al exterior. Son estampas con una carga de serena melancolía. No hay prisas en esas atmósferas que transmiten la sensación de tiempo sin tiempo. Me traen el recuerdo de los espacios interiores del pintor Emilio González Sainz. Incluso pienso que la forma de pintar de los dos es muy parecida. Un modo tranquilo, minucioso, deleitándose en la pincelada, pensándola. Una pintura que tanto en uno como en otra, reflejan una personalidad tranquila y serena. Meditativa y sensual a la hora de pintar. Una combinación, en definitiva de espontaneidad y reflexión.

Hay en los trabajos de Véronique Sobrado un gusto por la geometría y perspectiva. Líneas rectas que delimitan las arquitecturas y el mobiliario urbano o doméstico y que contribuyen a crear desde el ordenamiento de los elementos que se integran en la composición de los cuadros, ese clima de serenidad al que aludía antes.
En resumen, una excelente exposición que confirma la madurez artística que ha adquirido Véronique Sobrado. Pero instalada en ella no olvida lo que Stefan Zweig escribía en su libro Retrato de Toscanini. El misterio de la creación artística: “El arte es una lucha eterna, nunca es un fin, sino siempre un comienzo”.

 

LUIS SALCINES


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NOCHE DE ÁNIMAS

Y fuera se había hecho de noche. Una noche de hiel, sin luna, una noche escondida. Ya el libro me molestaba y quise refrescar los previos al descanso adentrándome en su maravilla.
Los caminos se tendían suaves, como piel humectada. Un mullido velo de vapor se alzaba sobre esta piel domada y tenue de riego asfáltico. Ya no había luz sino luces, luces escasas y doradas de las farolas sustrayendo su dominio durante unas horas a la luz solar, la única que da certeza a los pensamientos sobre las cosas y nos salva de la noche terrible del alma.
Mis pasos resonaban huecos, sólo míos. Los gritos de los pájaros nocturnos no estorbaban su omnipresencia. En los huertos oscuros alentaban los frutos y los tallos desplegaban, entre inaudibles estalidos, hojas y ramas. De las casas emergía el trajín de las cenas, de los huevos quebrados, de los platos que chocaban con las mesas por ellos holladas. Yo pasaba raudo, e iba hacia los prados. La fuente se escuchaba ya cercana. Y la otra música, rota y punteada, de los movimientos de las bestias, de sus cangilones y patadas en los cercados, inquietas por mi presencia o agitadas por los sueños sencillos de aquellas almas sin desbastar.
Recordaba los mitos de la encrucijada: Estentigua piadosa y terrible, viajeros y ladrones de la noche, luminarias y encuentros que no me amedrentaban. Eran bellos aquellos ecos de las noches pretéritas. Recuerdos de las horas viejas, las horas en las que muerte y vida se fundían y todo regresaba. Cementerios, pasos, guardas, hileras, avisos, penitencias, tamborradas, miradas ardientes y calderos secos.
La luna que no estaba recrecía sombras, alargaba mis pasos y aventaba huecos. Ya era tiempo para dar la vuelta, calentar la sopa y meter los pies en el brasero.

LUCIO PEDRAZ


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TRES POEMAS DE ISABEL GARCÍA DE JUAN

DE SANGRE A FOSA

Cuando el rugido humano del dolor
cave por vez primera
la fosa de la inercia
allí caeremos todos,
sin prescindir del grito
que nos volvió tan débiles.

Allí caeremos todos,
en contratiempo tropiezo
sin pensarlo,
porque nos manejaron la sangre
desde dentro y afuera.
Y no supimos fundirnos
prescindiendo del odio
y sus maneras.

Cuando el rugido
humano del dolor
carezca ya de notas
nadie sabrá marcar
el tono con que fuimos
soldados de plomo
perdiendo las dos piernas.

AMAR A PIERNA SUELTA

” Voy a prescindir de artilugios
de caudal y maneras:
hoy voy a amarte
a pierna suelta,
desencajando el cauce
del camino.

Así, hoy, que el calendario
apremia en su postura
el paspartú arrugado
de los ojos
voy a amarte sin ramas
y en ramera
descuartizando
de tí todo tu fuego
voy a prender cenizas
sobre Nieve
rastrillar horizontes
de raíz
hacer incendio
al oeste del sol
a pierna suelta
bajo el fondo
del fondo de las cosas
aun más allá del sueño
y de la noche
amarte a pierna
suelta
bajo el soldar
del sueño
en ojo abierto…
así , aunque tú
solo padezcas
el susurro del sueño
que te sueña…
aunque me aleje
coja, por soltarme
las piernas
y el amor.

SOBRE EL MUNDO

“Convertimos calabazas en carroza,
nos vestimos con el trabajo de los ratones
y el brillo de los sueños…
éramos los invitados
furtivos de los falsos castillos…

luego nos dimos cuenta de que nuestras pisadas eran de cristal”