LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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SELVA EN RUINAS (5). Por Mariano Gómez de Vallejo

 

S E L V A   E N   R U I N A S 

(TRAS LAS HUELLAS DE LA CULTURA MAYA)

Relato de viaje

V

             De mañana partieron a San Juan de Chamulas, pueblo capital de los chamulanos, indios pertenecientes a la etnia tzozil. Son unos treinta mil y gozan de algunos privilegios que les otorga su cohesión, dada su celosamente marcada diferenciación cultural. Por ello mismo habían sido ampliamente advertidos (incluso ya desde España por un amigo que había vivido en el país) de que era preciso ser sumamente prudentes y, salvo la fachada de la iglesia, no tomar ninguna fotografía del pueblo, y mucho menos de los ritos y de los peculiares jerarcas.

     Por la calle en rampa que descendía al centro de San Juan de Chamulas subía un bullicioso y apelotonado grupo de chamulanos, jóvenes en su mayoría, ebrios a simple vista, y con sus sombreros de paja y sus ponchos de lana negra.

    El pueblo estaba bastante urbanizado, había iluminación de farolas, alcantarillas, asfalto, las casas eran de cemento; por comparación, parecía tratarse de un pueblo mejor atendido por el gobierno del país.

    Enfrente de la puerta de la iglesia había una gran cruz adornada con ramas de copal, una especie de pino del que se extrae el incienso del mismo nombre. Del campanario salían cuerdas, o vientos, en un ángulo aproximado de cuarenta y cinco grados hasta el suelo, de los que pendían banderas de plástico.

   Ante la fachada de la iglesia hizo la foto y, acto seguido, puso la cámara fotográfica a buen recaudo guardándola en el macuto. La iglesia estaba encalada y adornada en su frente con dos guirnaldas hechas con acícula de copal, tenía un balconcito central y cuatro nichos, u hornacinas, dos a cada lado, superpuestas, que, en tiempos, debieron tener imágenes de santos; debieron, pues estaban vacías salvo una donde, en su parte baja, habían colocado una cabeza de ángel, o algo así.

S.Juan Chamulas

     El suelo del templo estaba alfombrado con las verdes acículas de copal y la atmósfera cargada. En las paredes laterales y en el altar del fondo imágenes, forradas, casi completamente envueltas en múltiples capas de tela, variopintas, como sacadas del trapero; sobre los tejidos varios algún que otro espejito, y, entre ellos, se adivinan los pedazos de las antiguas figuras; decapando los tejidos aparecerán los cuerpos de los viejos santos, mutilados, torturados restos (¿por los rituales de “extracción de poder”?). La impresión es brutalmente siniestra, diabólica, podría decirse.

    El espacio era amplio pero había bastante gente: grupos por los suelos (no había bancos), sentados de rodillas, ante conjuntos o alineamientos de pequeñas velas de cera. Rezos, letanías. Pero muchos vienen a consultar a los brujos, a que les sanen.

      Un indio de mediana edad se sentó junto a un brujo; le dio los huevos, la botellita de una especie de ron llamado poch, y una Pepsi-cola. El brujo se mojó con saliva la yema de los dedos y le tomó el pulso al paciente; pero en ambas muñecas (¿?). Cogió los huevos pasándoselos al paciente alrededor del cuerpo; tras ello se los guardó en el morral. Fue prendiendo velitas y alineándolas en el suelo; echó unos chorritos de poch entre ellas. Mientras realizaba sus rezos daba, alternativamente, tragos de poch y de Pepsi, como bifásicos “cubatas”. Al paciente también le daba de beber. Tras un rato de rezos y rondas, el brujo eructó, las velas se quemaron en la dirección propicia. Como despedida volvió a tomarle el pulso, mojándose con saliva las yemas de los dedos y en ambas muñecas también[i].

   Al parecer, el pase de los huevos se hace para que estos absorban los malos espíritus, el brujo ha de meterlos en el fuego y si explotan es que los habían atrapado. Lo mismo ocurre con el eructo del brujo: expulsa el espíritu absorbido al “paciente”.

 muñeca Chamula (kajina)

Muñeca de trapo chamulana

     Fuera está el mercado. Predomina el negro en los vestidos. Indias sobre todo en puestos sobre el suelo mayoritariamente, con algunos productos agrícolas y poco más. Lo único que llama la atención son unas rustiquísimas muñecas de trapo que representan a una india llevando a su espalda, con el sistema tradicional del atado de tela, a su hijita; recuerdan a las kajinas, las muñecas de los indios hopi. Es frecuente encontrarse a los indios tirados en mitad del camino, o en cualquier sitio, durmiendo la mona o medio comatosos por el exceso del “multigrado” poch. Los chamulanos desconocen el castellano, su lengua es el tzozil, por lo que la comunicación es rudimentaria; aunque el lugar no invita a establecer el más mínimo vínculo, pues, lejos de toda hospitalidad, hay, más bien, una sensación de inseguridad que lo invade todo, como si el ambiente fuera del recelo al amedrentamiento, una tensa calma….

     Comenzó el bochinche. Cohetes, o más bien explosivos ya que carecen de varilla, que “tiran” en una especie de cazoleta, en la mano. Llega una comitiva harto curiosa: la cofradía con sus mayordomos, sus alféreces y el alcalde viejo, o jefe máximo.

    Viene el cortejo precedido por los portaincensarios; llevan en alto, sujetos con las manos, los pebeteros de barro con orificios, ahúman abundantemente y el copal va dejando una estela neblinosa por donde siguen, ya en orden de rango, los miembros de la comitiva. Primeramente el alcalde viejo en su caballo, vestido de rojo sintético con flecos amarillos, algo así como un cruce entre traje de torero y de Búfalo Bill, aunque el gorro es más tradicional, de paja con cintas de colores; su gesto es arrogante, de ademanes autoritarios: es el caudillo. Todos han de estar atentos a sus indicaciones; cuando se pone a andar su caballo, toda la “peña” ha de seguirle, vaya donde vaya, al capricho de su dirección. Así, tras él, los doce alféreces, con sus monturas también, vestidos con túnicas blancas y rojas, un tanto “kukusclanescas’; estos llevan un gorro parecido al cacique, pero con menos cintas. Luego vendrán los mayordomos, más jóvenes -los aspirantes a alféreces-, llevan los gorros de paja -sin cintas- y los ponchos de lana negra. Tras estos otro grupo de hombres sin distintivos aparentes; hacia el final de esta cabalgata una banda de música, a modo de carnavalesca fanfarria, con trompetas, arpas, pífanos y tambores y su, extrañamente desafinada, música. Remata el cortejo un indio joven que porta a las espaldas un gran bidón de plástico con “combustible”, o poch; que, aunque de varias decenas de litros, ya va medio lleno, o medio vacío hay que decir…. Ver moverse al grupo resulta chocante: el jefe tuerce y, rápidamente, todos le siguen; si se para, todos se apelotonan tras él, como en los frenazos de la autopista; cuando arranca, parecen dar un conjuntado respingo; pero el movimiento es anárquico, impredecible, sin ton ni son: de la iglesia a la cárcel, de la plaza al mercado, de la ceca a la Meca o de acá para allá; que es lo mismo. A lo único que podría parecerse esta estrambótica dinámica es al movimiento aquel de las bandadas de estorninos, cuando cambian de rumbo casi al unísono; pero, ¡qué lejos de sus vaivenes gráciles! Aquí el único objeto parece el pavoneo del caudillo, el decir: ¡aquí estoy yo, el que manda!

   Estaba viendo las absurdas circunvoluciones del cortejo con su cuaderno de notas en la mano, cuando un individuo, un nativo vestido a la occidental y barrigudo, le abordó para decirle que podía acercarse más, seguir a la comitiva:

      -“ es cultural” – o algo así le dijo.

     Con cierta prudencia se acercó más. El cortejo se detuvo y se quedó como en “parada”, cerca de la cárcel. Y el individuo “cultural” se le acercó y le pidió algo. Notó por sus ojos vidriosos que estaba medio borracho y que pretendía conseguir no se que cosa, por lo que pensó que era preferible interrumpir la relación. Pero, he aquí que incomprensiblemente el fulano -por llamarle de algún modo- alzó la voz y dirigiéndose al gran jefe, al alcalde viejo, farfulló unas palabras en su lengua y acabando la frase con una palabra internacional: “¡CÁMERA!”. -¡Que cabrón!-

    Ahí saltan los indios y le agarran, mientras otro tira del morral que él retiene con todas sus fuerzas mientras grita: “¡Es mentira, mentira, no he hecho foto alguna!….. ¡este hombre miente!…

    Y mientras, el gran jefe contemplando impasible la escena….

    La cosa estaba fea (en esta tribu hay todos los años un buen número de muertes violentas, incluido de cuando en cuando algún visitante…). Pero de improviso intervino su mujer que, con las manos unidas, y reverencia imploró piedad al jefe y tal vez este gesto, que podría verse como milagroso o mágico, deshizo o contrarrestó la tensión del momento, anulando la mala leche que había hecho detonar la situación.

      -¡Que tipo! ¡que h… p…! – siguió maldiciendo mientras se alejaba con cierto tembleque del lugar y sin ningunas ganas de volver. Se las había visto realmente mal.

       -¡Como si les cae una bomba atómica!…..

      Tras comentar el incidente con Ismael este dijo:

         -”Están llenitos de poch si el “cura” no les sana, al menos se les olvida el mal por un rato. Pero, también por eso, aquí hay que andar con mucho cuidadito.”

     Y tras este intervino el conductor que, mientras se agachaba para mirar el chasis del vehículo, dijo:

      -”Habrá que revisar los bajos no sea que uno se haya quedado dormido ante el eje y, como lo pillemos, nos cuelgan no más en la plaza”.

        Dejaron San Juan de Chamulas. Llegaron a Zinacantán.

      Los zinacantecos son también tzoziles. Aunque estos no permiten hacer ningún tipo de foto, en su pueblo se respira otro ambiente: más calmo, lejos de la atmósfera opresiva chamulana. Se iba olvidando el incidente entre aquellas gentes que, al ser domingo, iban con sus mejores galas: todos con sus ponchos de color fucsia con flores bordadas; completamente distinto de los siniestros ponchos negros chamulanos. La iglesia, más limpia, con los santos agrupados, vestidos con las túnicas de las diferentes cofradías.

      Un paisano tiene su particular museo sobre la cultura zinacanteca. Allí están los vestidos de los cofrades que tienen un gran parecido y marcan una jerarquía similar a la de los chamulanos: Alcalde viejo, alférez, mayordomos….. Y también: bastones de mando, de palo con pomo de plata labrada, como aquellos de los alcaldes de España; caballos de palo, como los de los niños antiguos en los pueblos (un simple palo donde la horquilla de una rama hace de cabeza); toritos de fuego, cohetes; carnavalescas máscaras que representan a barbados conquistadores. Todo ello habla a las claras de la influencia hispana pues, prácticamente, fueron trasplantadas aquí estas organizaciones religiosas y celebraciones; aunque como se verá, con una gran mezcla con lo local. Así parece en los ritos taurinos; donde en la importada hispana fiesta, el aspirante a jefe tiene que vestirse de mujer para torear al toro; como si con este atuendo se expresase mejor esa esencia femenina presente en la estilización torera (amaneramiento que el diestro contrapone a la figura predominantemente viril del toro). También puede ser que quede en ello el rastro de un, aún muchísimo más antiguo, ritual de caza; y donde se cree que, normalmente una mujer, había de atraer la pieza, reclamándola danzante, hacia un abismo o una trampa.

    Mientras el dueño del pequeño museo zinacanteco comentaba la importancia que tenía el no perder estas tradiciones aprovechaba para criticar a los vecinos chamulanos diciendo que estos habían degenerado grandemente y que, antes, sus curas tenían que beber mucha agua para limpiarse el cuerpo y eructar; pero que ahora con la Coca-Cola era más fácil, del mismo modo que ahora miraban, antes de sanar, cuanto les iban a pagar…..

     La sala era grande; influía en la sensación de amplitud el techo alto, de madera oscura, del que colgaban varias lámparas cuyas tulipas eran sombreros de paja, picudos y de ala ancha; también colgaba de un extremo del techo un dragón chino, de los que tienen una gran cabeza de cartón pintado y una tela por cuerpo: los empleados en las fiestas del año nuevo. Pero, realmente, en la sala no sobraba mucho espacio ya que una gran mesa de madera -donde podían caber, al menos, sesenta comensales- apenas dejaba un justo pasaje tras las sillas.

      Era la misma sala. Y allí, sentados para el banquete, la casi totalidad de la tribu de los indios lacandones con sus largas melenas oscuras, su característico flequillo, y sus tradicionales vestidos, la lisa y blanca túnica. Entre ellos, participando del banquete, los anfitriones, los dueños de la casa: Gertrud Duby Blom y su marido Franzs Blom. Pese a que los indios no están acostumbrados a las sillas y mesas, o quizás también por ello, todos están risueños. Ciertamente, el ambiente, tan bien propiciado por el matrimonio Blom, da la impresión de ser un auténtico jolgorio….

    Sí, como quién dice allí estaba la totalidad de la tribu lacandona pues, en esas fechas -la foto debía ser de los años 50-, apenas pasaba su número de cien miembros. Por toda la casa-palacio había un sinfín de fotos más….

interior museo nabolomweb

Patio de la Casa Museo Na Balom

(clickar imagen)

      Aquella tarde estaban visitando el museo Na Balom, que en lacandón significa “casa del jaguar”, la casa del matrimonio Blom y desde su muerte sede de la fundación para la preservación de la cultura y el habitat de los indios lacandones. Los Blom bien podrían estar en un moderno catálogo de “Vidas Ejemplares”. Él, arqueólogo y etnólogo, danés, llegó a México en los años 20 y tras dedicarse al estudio de Palenque sintió curiosidad por los lacandones de Chiapas, por lo que en los años 40 fijó su residencia en San Cristóbal de las Casas. Allí por esa época conocería a la que sería su mujer Gertrud Duby, suiza, fotógrafo, pintora y periodista, mismamente interesada por estos indígenas.

     Dedicaron su vida a esta etnia amenazada; gracias a ellos los lacandones han pasado de ser unos ochenta individuos a unos cuatrocientos; igualmente la institución que fundaron es un importante centro de estudio y archivo documental, donde entre otras cosas están los miles de fotografías que ella realizó; así como, también se encuentra allí recogido, abundante material de indudable interés etnográfico sobre varias culturas locales, y un sinfín de objetos curiosos donados por escritores y artistas amigos. Así mismo, Na Balom es un centro asistencial para los lacandones; y, dado que también admite huéspedes, un buen sitio donde quedarse.

    Aparte de los cayucos, flechas, máscaras, curiosos cráneos calcificados y útiles varios de los indígenas, por las diversas salas también se puede ver una notable colección de arte religioso colonial; piezas que se salvaron de la quema anticlerical de los años treinta; también en una de las salas se muestra el equipo fotográfico de Trudy con sus, ya clásicas, cámaras de doble objetivo superpuesto Rolleiflex . Del mismo modo resulta curioso ver la habitación de Franzs Blom con su silla de montar repujada, el mapa que levantó del estado ( el único mapa fiable hasta hace no muchos años), su mesa escritorio con su silla y su sombrero, su máquina de escribir Underwood, sus papeles últimos, sus cigarros y una botella de “Mezcal Monte Albán” medio vacía…. Acorde con su arquetipo literario murió de cirrosis. El empedrado de la entrada y patio de la casa es más bien un “envidriado”, pues está hecho con botellas que, con el culo hacia arriba, fueron incrustadas en el suelo a lo largo de etílicos años. Fiel testimonio.

   En lo que fue la habitación de ella, donde hace poco murió, también parecen estar las cosas tal cual; cierto recargamiento decorativo, no estridente, algo teatral, de romántica extravagancia: pinturas propias y ajenas, telas, joyeros abarrotados de bonitas joyas indígenas, múltiples objetos curiosos; y su amplio ropero: tenía, entre otros, el traje ceremonial de cada tribu y con ellos iba a hacerles las visitas en sus festividades más señaladas.

   Por el reciente incidente de esa mañana, San Juan de Chamulas salió a la conversación. El estudiante cicerone del museo también echaba pestes de los chamulanos. Al parecer, de esto hacía ya tiempo, quisieron tener su propio Jesucristo por lo que no se les ocurrió otra cosa que tras designar a un joven candidato, cogerlo y crucificarlo hasta su muerte. La posterior acción del gobierno desencadenó una sangrienta sublevación. También, últimamente, habían matado a un buen número de miembros de su etnia ya que a las víctimas les había dado por convertirse a una de las múltiples sectas de tipo evangélico que, de un tiempo a esta parte, proliferaban por la zona.

   Cuando salieron del museo había oscurecido completamente. En la calle les abordó un hombre de mediana edad. Dada la experiencia de la mañana él receló un tanto. Hablaba y hablaba, como narcotizado, de la revolución. Una revolución onírica mas que soñada, irreal, de una mística etílica, delirante. Y preguntaba, interrogaba, parecía querer saber cual era la oculta razón de que aquello les interesase, que interesase a los extranjeros, que llegaban y llegaban sin parar…. Y prosiguió, como clamando a la luna por una imposible igualdad sin mestizaje…

    Allí le dejaron con sus preguntas sin respuesta, con sus fragmentos de doctrina entre metáforas, con su borrachera metafísica. Pero el hecho es que el fenómeno, el personaje, viene a repetirse, con otros rostros, en la noche de la ciudad. Conversaciones repentinas, monólogos más bien, con ese rico lenguaje alucinado, vehemente retórica iluminada de chispazos visionarios, dipsomaníaco mesianismo; pero, entre tanto desvarío, también cierta poesía. Parece tener raíces ultraterrenas el inconsciente común de este pueblo.

Laguna Naja Blom g.

 Laguna Naja, foto de Trudy Blom 

(clickar imagen y usar lupa)

    En el hotel desenvolvió, para poder volver a verla, la fotografía que había comprado en el museo Na Balom. Era una foto hecha por Trudy Blom, en blanco y negro, se veía en ella a cuatro indios lacandones, de pies, con sus pértigas en vez de remos, sobre un cayuco -una de esas piraguas hechas con un tronco vaciado- en la neblinosa Laguna Naja, en plena Selva Lacandona, el último reducto de una cultura final; quedaban, con aquella “caróntica” imagen en un bello contraluz, anclados en el tiempo espectral de la memoria. Del mismo modo tuvo la necesidad de volver a ver unos juguetes lacandones que había conseguido en Palenque y que le habían vuelto a recordar otros similares vistos en el museo. Eran unos cachorritos de jaguar hechos en terracota, cocidos en la hoguera, de una gran expresividad en su factura, una gracia especial, superior a la de aquellos vistos en el museo, que conseguía transmitir toda la ternura de su anónimo artista. Allí estaba algo que venía a completar la imagen de una raza indómita, de aquellos feroces lacandones, los últimos indígenas que pudieron someterse para el Imperio.

jaguars terracota

Jaguares de terracota lacandones

(clickar imagen)

   El día había sido intenso. Pensó que debía tomar alguna nota sobre todo ello ya que la agitación de la mañana parecía haberse disipado. Ver como las circunstancias pueden hacerlo cambiar todo; el punto de vista….. ¿Él? ¡Que desde muy chico había sido indio de corazón!…… Que la realidad no es tan simple; es un poliedro de casi infinitas caras; que el miedo agiganta, la pena separa, la patria es abstracta y la tribu se junta, o se mata; que los reinos no son de este mundo pero necesitan ser anhelados por los bípedos mamíferos. Pero aún era pronto. Sólo pudo escribir:

                                              San Cristóbal, 8 octubre, 1995.

                                                                                              Gracias

[i] Sobre la peculiar “toma duplicada del pulso” podría deberse a los restos de un saber tradicional; pero puede que obedezca aun mimetismo con la medicina “civilizada”.

(continurá)

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SAN JUAN

Hoy es San Juan, viene su noche

y junto a esta colina henchida

de huesos y de viento,

tomaremos la llama que se eleva

con los dedos, apenas, fácilmente

como un can del pescuezo o la res

del dogal, y no sabremos

si llorar, si reir, qué suplicar

o si ya se cumplió lo prometido.

Bailemos, sí, bailemos

como locos, como los niños, con los muertos,

pues hoy comienza lo que resta

del futuro.

Marina Gurruchaga


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DOS POEMAS de Jesús G. Barriuso

LUNA LLENA DE TUS OJOS. I.E.S. Villajunco, junio de 2015

Como el viejo práctico del puerto,

Herido de salitre y experiencia,

He cruzado mil mañanas tu bahía adolescente;

Mis palabras avivando la luna llena de tus ojos,

Amaneceres brotando de tus manos,

Solitarios océanos en el precipicio de tus labios.

Ha sido hermoso vivir cada mañana

La geometría efervescente de tus sueños,

Los silencios cristalinos de tus miedos,

Naufragar contigo en corrientes de oleaje incierto;

Horas vagabundas de tu mente inquieta,

El anhelo acechando en cada rincón de la escalera.

Frase a frase, texto a texto, poema a poema,

Hemos atravesado juntos la niebla fugitiva del pasillo

Y llegado a playas de arenas en tu alma detenidas.

He contestado mil preguntas imposibles.

He intentado acariciar tus días,

Acallar el murmullo y la tristeza de tu alma.

Me pregunto ahora si, al doblar la esquina

Del horizonte que te mira,

Te acordarás, mañana, del calor y la pasión

Con que, para ti, fueron pronunciadas mis palabras,

Nubes peregrinas cargadas de vida ya vivida,

Cómplices del futuro que te aguarda.

“¿Y qué sucede ahora que todo ha terminado? Le queda una gran perplejidad y la cartera vacía. Un sentimiento de para qué. Un pesar bronco en las noches. Y eso es muy serio. Al final, como decía W.B. Yeats, se tenga suerte o no, deja huella el afán”

Enrique Vila Matas. Berlinesca. Pág. 69. Seix Barral. Biblioteca breve.

 

LA DISYUNTIVA

El intelecto humano está en la disyuntiva:
o la vida perfecta, o la perfecta obra.
Si elige la segunda a rehusar se obliga
una mansión divina mientras rabia en la sombra.

¿Y qué sucede cuando ese cuento termina?
Se tenga suerte o no, deja huella el afán:
vieja perplejidad, la cartera vacía,
o vanidad del día, el nocturno pesar.

W.B. Yeats

 

AFANES

 Con los rojos amaneceres,

Despiertan en mi corazón los afanes

Y  todo lo que quiero.

Allí, estás tú, cada día, sin falta;

¡Qué lejos te llevo conmigo!

Y cuando me miro perplejo

Y veo lo que en mi mochila cargo,

Me doy cuenta de que nadie

podrá quitarme mis esfuerzos,

Mis luchas y empeños.

Por mis afanes vivo.

Por mis afanes valgo.


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” Mi lírica se inspira en la vida, intenta entenderla”, Marina Gurruchaga en El Mundo Cantabria, domingo 21 de junio .

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Presentación de Marina Gurruchaga y su “Hombre solo” en el MAS

Buenas tardes, muchas gracias a todos por vuestra presencia, gracias especialmente al Director del MAS, Salvador Carretero y a Luís Alberto Salcines por propiciar este encuentro, también a Soledad y Leonor que nos ayudan en este acto. Me siento honrada de compartir esta mesa y este espacio con ellos y, desde luego, con Marina Gurruchaga, mi amiga, de cuyo nuevo poemario “Hombre solo” vais a disfrutar esta tarde; un librito precioso con ilustraciones de Margarita Gurruchaga, “Coco”, hermana de la autora.

La poesía de Marina inaugura un mundo íntimo, sumergido que se ha hecho vivencia nuestra por obra de su gracia lírica… Ella nos invita en sus páginas a tocar con los sentidos los sempiternos temas: la vida, la muerte, et instante eterno, y a emocionarnos, delicadamente.

A lo largo de su bibliografía –es este su sexto poemario publicado– , se ha ido aventurando a des-cubrir el misterio, convirtiendo la experiencia poética mimada en su interior, doradamente privada, en una experiencia universal cercana; tanto, que nos alcanza avivando los propios arquetipos emocionales en el sentido más jungiano posible ( innato, desde dentro y atemporal).

Diría que en este momento de su vida, no es casualidad que esta compleja y bellísima naturalidad suya en el tratamiento de los temas y las figuras habituales de su poética, haya también cuajado en las series de fotografías que exhibe desde hace dos años. La vegetación urbana y el ciclo de las estaciones en el hombre, los peces multicolores en espacio abisal, el mar, el mar desbordado, como perfecta excusa de la creatividad… ¿no estaban –y están– en aquellos hemistiquios de “Pareidolia”, “Aguas superiores”, “Micromundos ”, sus “Mareas” y en estas “Aguas verdaderas” o en esta “Encina santa”? :

“Oscuras, frías aguas, verdaderas,

enfrentados, observantes, esperamos.

No conocemos nuestro papel.”

( Y nos transportamos a la serie de fotografías “Drifting” expuestas en la BCC – Exposición “Reflejos”)

“Encina santa

esas blancas piedras son tus dientes,

amables fauces hacia el agua oscura en lo secreto.”

( Serie “Gurugú”,”Entre huertas”,”Muros” – imágenes del Otro Santander, bajo cuya rúbrica Marina ya ha vendido alguna de sus fotografías en la Galería Acuarela de María Sansegundo)

Es este nuevo poemario, una muestra de esta sinestesia expresiva de honda raíz que envuelve a Marina: “Hombre solo”, donde Marina con esta capacidad de volcarse simultáneamente sobre las grandes cosas –el hombre ante el paso del tiempo, la continuidad de la vida en la muerte…– y sobre las pequeñas –con las castañas que estallan o sin filetes ni patatas– , hace la poesía total en el sentido que acuñara Luis Rosales: conjunción de la palabra filosófica y la coloquial que exigencias de forma ni de fondo, aparece en los límites…

El estilo, purificado, de Marina , aquí secretamente ligado a los temas: la queja del hombre, su vulnerabilidad frente a la muerte y la naturaleza incorruptible que no muere ni se somete al tiempo cíclico humano (Nostalgia de Collumcille, Otra vez tú, en el tiempo). Y a los recursos literarios e imágenes, que exhalan el mismo olor: la ceniza, la piedra, el mar-lengua en fría llama crepitando… símbolos del paso de ese tiempo del hombre. Virgilio habla de la “inmunda ceniza”, “oculta virtud de la que nacen los frutos esperanzados”; en el mismo sentimiento Marina expresa “mis dedos huelen a ceniza” y una vez más, rescata su acervo de formación clásica en la idea de la Belleza en perfecta comunión con lo Verdadero –idea que rescataran más tarde Leopardi o Keats–, también en la más pura línea virgiliana, hace su oficio como reflexión ante la fuerza del Tiempo Cíclico por el Arte.

Y añade la frescura de la vida nueva, “todo lo hace precioso la novedad en el vivir”, así en La vieja foto.

Como consecuencia entonces de esta biografía, se nos desvela el componente social en sus versos como una “historia de carne”, pero ligada al ser:

“Ahora es real el movimiento de los hombres (…) el rostro desollado por el tiempo (…). Sincronía de las vidas, de los ruegos. Sincronía del dolor y la alegría.”

“Amar en los rostros pasajeros lo que uno es, si fuera que uno existe.” La calle

…Por supuesto, en “esos bares”, y en el “Hombre solo” titulando estos textos.

Mientras leo estas páginas, me viene a la memoria la frase de Rilke: “se muere por el modo de muerte propio”; porque uno muere como vive, me pregunto si no es que Marina vive –o escribe, acaso sea lo mismo,– como “muere”. Y no puedo evitar relacionar este atrevimiento mío con otra intuición de Luis Rosales: “Quienes no han sufrido son como catedrales sin bendecir”…

Así, la imaginación en Marina, se concibe como una imaginación adulta al modo en que Wislawa Szymborska se refiere a su infancia: “No debe ser verdad que los niños tengan más imaginación. La imaginación crece con las personas; solo ciertas experiencias, el dolor o el sufrimiento, la abren a otras dimensiones. El niño (…) no se da cuenta del milagro de su existencia”. Biografía publicada 2015 en Pre-Textos “Trastos, recuerdos”

Ella sí, es consciente, en sus versos: “Así es que nada , verdaderamente, ha sucedido “ dice en su poema “La Vida”, y con esto termino.

Aunque si me permitís, me gustan todos mucho, voy a leer el primer poema de Hombre solo  –Tierra– , antes de dejaros, toda enterita, a MARINA .

                                                                                                                                    Paloma Bienert.

Tierra

Tantos días ya en este mundo

y tu alegría, tierra que exhalas el humo

del reposo, el vapor de tus luchas,

de tus mínimas llamadas,

de una secreta insistencia en el amor,

sigue hoy nueva para mí.


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MICRORRELATOS

LOS SUEÑOS DE SHI HUANG

– Soñé que te encontrabas con el aristócrata SiangYu – le dijo el emperador ShiHuang a la emperatriz.

Como ShiHuang creía que sus sueños eran premonitorios, por ser señales del cielo, le ordenó a su ministro Li Se que la mataran, por traición, en la madrugada.

-Señor – le dijo Li Se – usted soñó hace un tiempo que los campesinos se insurreccionaban al enterarse que la emperatriz sería ajusticiada.

El emperador, aunque no logró recordar ese sueño, decidió suspender la ejecución.

Prefirió la traición de la emperatriz a tener una rebelión en el imperio.

Li Se y la emperatriz ocultaron su romance hasta la muerte repentina de ShiHuang, pocos días después.

¿QUÉ HACEMOS CON MAMÁ?

Pedro: Hablé con el médico, dice que ya no hay esperanzas de recuperación, que si autorizamos, se le desconecta el respirador.

Juana: ¿No deberíamos consultar con otro especialista? ¿Y si la llevamos a Buenos Aires?

Esther: ¿Se van a encargar ustedes? Ya es hora que se ocupen un poco de mamá, hace más de diez años que están por llevarla a vivir con ustedes.

Juana: Esa discusión no cabe ahora. ¿Qué hacemos con mamá? Ella nunca estuvo de acuerdo con la vida dependiendo de aparatos. ¿Vos qué pensás, Esther?

Esther: Creo que es hora de que mamá descanse en paz.

Pedro: Yo también. ¿Decime Esther, cambiando un poco de tema, en qué banco está el dinero?

Esther: ¿Qué dinero?

Juana: ¿¡Qué dinero!? ¡La guita del campo!

Esther: Mamá donó a la iglesia hace veinte años, pensé que sabían.

Pedro: ¡Qué guachas! Nos ocultaron todos estos años. Las dos siempre fueron unas comevelas.

Me tengo que ir, tengo un vuelo a las 11hs.

Juana: Parece mentira… cómo nos jodiste, Esther. Me voy, los chicos quedaron solos, chau.

Esther: ¿No pasaremos juntos el 31?

Juana: Nosotros vamos a lo de mi suegro.

Pedro: Nosotros vamos a lo de Ignacito.

Esther: ¿Qué hago con mamá?

EL LECTOR

Luego de unos meses y con algunos cuentos, ilegibles de tan corregidos, la idea de que no tenía sentido continuar escribiendo se volvía más recurrente y agobiante.

Fui perdiendo paulatinamente el entusiasmo.

En otoño comencé a sentir una levedad creciente.

Me fui transformando en un papel, con mis cuentos de mierda.

Me arrugué más y más…me hice un bollo…y caí en el cesto.

En el basural, un cartonero abrió el papel, leyó los cuentos y se emocionó.

Rogelio Dalmaroni