LA TIENDA DEL KIRGUISE

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NOTAS SOBRE UNA POÉTICA AJENA: LA ESCRITURA DE REGINO MATEO

En su Carta a LafcadioWluiki, el ensayo de 1931 que Cernuda dedica aGide, afirmaba el poeta que lo único real es el hombre libre que no se siente parte de nada. Sin duda,el sevillano alude aquí a la libertad del individuo que permanece perfecto y único en medio de la naturaleza, del que no se deja conducir por costumbre impuesta alguna. Y si lo traemos a estas páginas es porque parece tratarse de un sentimiento que bien podría compartir Regino Mateo (Santander, 1965), el poeta declarado en rebeldía, el solitario habitante del piélago, el perseguidor de sueños, alguien que ha hallado en el vuelo imaginativo los puentes que, con afán indagador, nos abren lo circundante a territorios infranqueables e insospechados.

Sí, sin duda la del cántabro es una poesía de indagaciones, que se ha mantenido fiel desde el comienzo de su andadura en 1990 a un credo inalterado hecho de mirada contemplativa, reflexión, paso del tiempo y amor en su amplia panoplia de realidades experienciales. Para Mateo el ahondamiento en el conocimiento poético es, en un primer momento, el ahondamiento en la expresión de un codicioso y efervescente impulso pasional. Así ocurre en Cuerpo presente, el libro de 1992, que con su ritmo solemnede versos dodecasílabos y tridecasílabos blancos da cuenta de una pasión, cuasiadolescente, hecha desinestesias y aliteraciones, con la que consigue afianzar la posición de un yo poético auroral que está emergiendo al mundo.

Es el suyo en ese momento un sentimiento amoroso inconstante, abocado al acabamiento porque, y así lo expresa en “Después de la tormenta”:

Pues sólo muerte y adiós y agrio silencio

podrán los jóvenes amantes a la cálida

llamada de la aurora en desafío

oponer, suplicar, dar en ofrenda

Esta temática amorosa constituye la urdimbre de una existencia que se verifica en cada uno de los renglones de su escritura y que se hará presente en libros posteriores, en los que parece hacer suyos los  versos de Gil de Biedma cuando, al contemplar el cuerpo del amado, reafirma el hecho amoroso como la acción que le da ganas de morir recordando la vida.

Para Mateo el poder de la mirada es un poder redentor que se engolfaráprecisamente en el territorio de la memoria para darnos poemarios comoDel viento y su queja (1995)oNoticia de un pequeño reino afortunado(2000).

En este último asistimos a los recuerdos de la infancia y adolescencia, con lechos de abandono y soledad:

Todos hemos llorado

alguna vez en el refugio

secreto de la alcoba.

La soledad entonces era necesaria…

O nos hace partícipes asimismo de la memoria del padre muertoen un acto donde el poeta desafiante, no sospechoso de hipocresía, se adueña de un lenguaje sutil y no exento de acidez en ocasiones para, en tipos versales menores esta vez, constatar que «nada nos hiere ya. O nada/ parece herirnos».El paso del tiempo comienza a parecerse ahora a aquellos versos de Cernuda que sirven de prólogo al libro:Morir parece fácil./ La vida es lo difícil porque:

Es frágil

la vida: sombra

de aquel edén

perfecto llega

la felicidad a veces

en la sencilla forma de una caja

de zapatos para perderse un día,

con los pasos cansados, e la bruma

despiadada de otra primavera.

La sed de indagación de Mateose abriga de una profundidad cultural de elaborada sencillez con motivos culturalistas y mitos que aparecen enhebrados a recuerdos de viajes, museos visitados, arte y música evocada en el hasta ahora su último poemario La mirada caliza(El fondeadero de la osa, Santander, 2011), de lucidez y madurez extraordinarias.

Es esta miradacaliza un libro de soledades, que despunta por su recurrencia al mito heroico: ahí están Teseo, Ulises, Ícaro o el minotauro, que devienen, tal y como Octavio Paz hizo notar que había ocurrido en la tragedia griega,diálogo con el sujeto lírico y con los fundamentos de su ser. Lo real y lo cultural se alían para dar cuenta del afán de ir más allá del ser, de traspasar la mesura, la línea donde ya sólo se es ángel o demonio. Tan sólo el sentimiento de dolor puede quedar ya porque

No se escucha otra voz que este lamento

De la tierra cansada a la que nunca

Regresaron los pájaros, que nunca

Merecerá otro abono que la infamia…

 

Soledad y desengaño, reflexión y acidez, coherencia y vida son sin duda claves necesarias para arrostrar la lectura de este poeta que nos convoca con tan sólo una excusa: dar cuenta de la realidad, y esa es, sin duda, la de su propia vida.

Elda Lavín

Santander, mayo de 2015

Regino Mateo nació en Santander en 1965.Licenciado en Derecho por la Universidad de Cantabria y Profesor de Piano por el Conservatorio Profesional de Música Jesús de Monasterio, ha dedicado una buena parte de su vida profesional y vocacional al activismo cultural.

Como poeta, ha obtenido diversos premios, entre ellos el “José Hierro” y el “Alegría”, y ha editado siete poemarios, entre los que cabría destacar Noticia de un pequeño reino afortunado (Algaida, Sevilla, 2000) y La mirada caliza (El fondeadero de la osa, Santander, 2011).

Como escritor abierto a las nuevas realidades, mantiene desde 2006 el blog Desde una habitación desordenada.

Colabora con diversos medios de comunicación como crítico o articulista. Ha sido asimismo profesor de Literatura Universal para las Aulas de la Tercera Edad y de Literatura Española y Latinoamericana para la Michigan StateUniversity y la U.I.M.P.

Ha dirigido y programado el ciclo de música antigua Otoño Musical de la Universidad de Cantabria durante cuatro ediciones; dirigido programas de animación a la lectura con grupos de mujeres del medio rural de Cantabria y los talleres de escritura creativa para estudiantes de Secundaria y Bachillerato en numerosos centros de Cantabria..

ELDA LAVÍN

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Nuevos insectos mariposa

Háblame

Háblame

retírate del olor a sudor y vainilla de las cosas

despréndeme a ese silencio oloroso, sal de tu

cielo inocente, mezquindad habitada por un cisne verosimil…

Podría ser verdad lo que veo y vivir como

hombre, enjambre o extremidad fecundada y fenecida

en su vuelo, mientras ecos ambarinos susurran voces

por debajo y por encima de la herida;

y aunque no sé si hablo, con quién, háblame,

háblame en el instante detenido, déjame

licuado en la tarde,

allí únicamente, perseguiré —en el relámpago de un sol apaciguado— mis creencias

como rosas lagunas. Pues sé: donde incuben los

penachos de las cosas, allí donde sangro

y aguardo señales, desaparecido, ningún

brillante surco en mis sandalias, está la luz como la voz

que ahueca mi vida, mitigando

el pozo en paso.

Hierogamia

Hay un ángel dormido en el tú yacente imposible,

imposible sueño despierta las blancas telas

de antiguos cuchillos donde se gasta mi saliva abundante

en la sal de recodos angélicos.

La fruición evita tu mirada porque la

sabe savia pernoctando

de carpas fibrilantes

en el ritmo de mis embates.

Como Cristo Hipercúbico te

contemplo mientras desciendo.

Y en la desembocadura me cierno al mástil,

río que encontrara su estuario y ya es mar nuestro,

en el espasmo, un recuerdo huido

de rutas carmesíes, un oriente

vendaje de tormentas, chasca barbotante 

balbuciendo muertos.

Herida de sueño

Hay una herida que huye

perseguida por el deseo,

el tema de abrirlo

en su rareza ocre, total

es si continuaré, rasante o lúcida

y cómo llegar al lindero cimbreante

a cerrarse, a volverse…

Como los pájaros vuelan

su vuelo de pájaro

y el canto de mi ventana

saja el alba en un

tributo a mi intimidad,

lo que me dicen los sueños

son alas como las alas,

que flotan en el teatro

mínimo de mi existencia

fecundando

la columna vertebral con su juego de luces.

Paloma Balumba


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SELVA EN RUINAS (4). Por Mariano Gómez de Vallejo

  S E L V A   E N   R U I N A S

(TRAS LAS HUELLAS DE LA CULTURA MAYA)

Relato de viaje

IV

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La Pirámide de Palenque

   Un enclave singular logra que las ruinas de Palenque se realcen. La piedra de blancuzca caliza de sus edificios contrasta con la verde oscura fronda ascendente del fondo. Desde aquí arrancan las montañas de Los Altos de Chiapas y hasta aquí desciende la vegetación propia de la Selva Lacandona.

   Las tremendas agujetas parecen haber acumulado las escalinatas de todas las pirámides de esos días. Cuesta subir por los escalones de la pirámide del Templo de la Inscripciones para luego (aquí el dolor de los agarrotados muslos resulta mucho más intenso) bajar por su interior hasta nivel de tierra otra vez. Parece obvio que debieron construir la cripta y el pasadizo paralelamente al resto de la edificación. El rey Pacal, gran Señor de Palenque, pudo dirigir personalmente la obra de lo que sería su tumba.

   Pero no fue hasta 1949 que, allá en lo alto de la pirámide, el arqueólogo Alberto Ruz L’Huiller, tal vez intrigado por los alineados redondeles de piedra del suelo del templete, decidió hurgar en ellos descubriendo que eran los pernos de seguridad que, al ser extraídos, permitirían correr una de las losas, destapando así el acceso a un cegado pasadizo descendente…

   Si fue mayúscula la sorpresa ante este hallazgo podemos fácilmente imaginarnos a Ruz no saliendo de su asombro al comprobar que, a medida que excavaban para despejar el paso, iban apareciendo los más diversos objetos. Y así, cuentas, pendientes, figurillas de terracota, cerámicas con ofrendas de grano, pulseras, cráneos de jaguar junto a cuchillos de sílex, platos repletos de pigmento rojo, incensarios cada vez más increíbles, aderezos, lanzas y hachas, sucesivos esqueletos de súbditos sacrificados, pebeteros, ofrendas de todo tipo… Hasta que, a los tres años de haber comenzado a escarbar, Ruz llega a la gran piedra: ha dado con la puerta; consigue correrla y aparece la entrada a la antigua cripta intacta. La excitación creciente por los sucesivos hallazgos está a punto de provocarle un colapso, duda, decide proseguir y es al adentrarse en la cámara, de la que penden estalactitas, cuando el mismo se queda petrificado tras toparse con las esculturas que sujetan la bóveda, los nueve dioses del abismo, los guardianes que, en silencio sepulcral, protegen la gran losa.

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Lápida de la tumba del Rey PaKal

(clickar)

   La pesada lápida es un extraordinario bajorrelieve donde se ve al rey Kin Pacal, Escudo del Sol, iniciando su último viaje [i], echándose hacia atrás en el momento de morir, en la postura semifetal con la que desciende a los ínferos, como si fuera absorbido por la ‘calavérica’ máscara del fondo, devorado por la Diosa de la Tierra -diosa de la muerte y de la resurrección-; disolverse, así, para poder regenerar su ciclo, para poder viajar trasmutado al sueño de los tiempos, y poder renovarse, repitiendo todas las andanzas míticas de su propia divinidad por el inframundo antes del regreso; y volver para alimentar la ceiba sagrada[ii] , el árbol que brotará de su vientre y cuyo tronco ascenderá a lo alto, atravesará la noche hasta las últimas capas celestes, hasta encontrar el alba, allí donde el lucero vuelve a ser trino de quetzal. Pero aún habrá más; pues Ruz intuye que bajo la pesada lápida estará el sarcófago. Tras correr la losa, aparecen varios retratos, esculturas de estuco que representan a Pacal con diferentes edades y, bajo estos, un tapa de piedra que permite acceder a la roca ahuecada, el lecho último donde reposa el magnífico esqueleto enjoyado del rey, y en su cabeza la máscara de jade negro que se antepone a la otra, la delicada máscara de piezas ensambladas de verde jade, con sus ojos de blanco incrustado donde resalta el brillo negro de las pupilas; y su diente extraño en la boca entreabierta, expirando parece, con la última expresión del difunto en el umbral de su trascendencia. Un largo tubo de estuco comunicaba la cabeza del sarcófago con la parte más elevada del templo….

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Máscara en jade del rey Pacal

   A la bajada de la pirámide está “El Palacio”, con su torre observatorio, que recuerda a un campanario, y sus patios, o claustros con los relieves dinásticos, donde los personajes de la estirpe de Pacal están representados en la piedra con una estilización lineal y sinuosa. En una de las paredes un pequeño relieve incrustado donde se ve a la madre de Pacal en la ceremonia de entrega del tocado, los reales atributos, a su hijo; ambos están sentados, pero él lo hace en un jaguar bicéfalo, un trono muy similar al de Uxmal. En el exterior pueden verse los residuos y rastrear lo que hasta hace poco fueron espléndidos estucos. Bajo el palacio hay una sucesión de oscuras galerías, como un subterráneo laberinto.

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“El Palacio”(visto desde La Pirámide)

   Calor pegajoso, piedras sudorosas, niebla descendente por la selva trepadora, condensación, lluvia cálida. Se puso el chubasquero y comprobó que era preferible mojarse con la lluvia que con los efectos de la copiosa traspiración. Habría que proteger de tanta humedad la, repleta de electrónica, cámara fotográfica.

   Desde el Templo de la Cruz Foliada se ve la cara principal del Templo del Sol, con su crestería en cuadrícula. En tiempos, todos los edificios de Palenque estaban rematados de ese modo.

    Templo de la Cruz, Templo de la Cruz Foliada; estas denominaciones dan idea de la sorpresa que debió producir a los españoles el encontrarse con esta antigua veneración, o relevancia de este símbolo que con tanta frecuencia se reproducía en los relieves. Quizás más que el símbolo -que por su significación cardinal se encuentra en todas las culturas- por el modo de presentarlo, con una estética análoga a la de la cristiandad medieval.

    Los mayas de Palenque construyeron un acueducto para llevar el agua a unos baños; aunque si se sigue la corriente del río próximo hasta atravesar unas ruinas invadidas por la selva se llega a un bello rincón con cascadas y estancamientos escalonados: bañarse allí constituye una delicia; el agua resulta refrescante ya que proviene de las montañas y las cascadas actúan a modo de hidromasaje. Pese a estar muy batidas las aguas se ven una especie de caracoles oscuros y ahusados.

   Cuando salían del agua bajó por la senda un silencioso grupo de soldados cuyo mimético uniforme de jungla hacía más fantasmales.

    El museo de Palenque es una visita altamente recomendable. Allí tienen, entre otros relieves, el Friso de los Esclavos, donde se ve a uno de los señores de Palenque sentado sobre unos cautivos, maniatados, probablemente prisioneros de alguna campaña contra una de las ciudades vecinas -fue común representar escenas de sometimiento-; estelas donde las figuras son acompañadas por la leyenda en carácteres jeroglíficos, la escritura de la única civilización precolombina completamente alfabeta; pero sobre todo, lo que más le llamó la atención fueron las piezas relativas a la tumba de Pacal: figuras que recuerdan la simbología egipcia, como una de un humano con cabeza de ave, análoga a un Horus; otros bustos donde a las claras se puede relacionar la nariz aguileña con el pico del águila, tipo de nariz que, junto con la frente deformada y los dientes limados, serán distintivos de la aristocracia por la misma razón; y esculturas cuya alta calidad expresiva “naturalista” las hace parangonables a las de los grandes maestros clásicos -algunas de estas, terracotas sobre todo, recuerdan a un tipo de estatuaria oriental, japonesa más bien, como las de algunos budas (puede que influya una cierta obesidad de los modelos, sacerdotes quizás) -, lo que hace pensar en un tipo de sociedad altamente organizada de manera que se pudieran formar artistas; y los inquietantes incensarios, bastante grandes, que, con una sucesión de figuras como en los postes totémicos -lo que viene a ser una genealogía mítica-, mostraban en la parte alta una figura con la simbología del águila solar y en la baja la cabeza de un sacerdote de terrorífica faz, con su característico perfil aguileño y su boca, o pico, con una lengua-diente-cuchillo de sílex.

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Terracota del Museo de Palenque

   Con el flash despertó a los murciélagos arrinconados en el techo del museo ¿Serían de alguna de las variedades de vampiro frecuentes en la zona?… …¿Pacal, con su extraño diente, vampiro?…

   Ya en el pueblo de Palenque, reconoció por la larga melena a tres indios lacandones que venían en un paso largo, medio ebrios, desgarbados, sin sus túnicas tradicionales, y, sorprendentemente, con katiuskas de goma.

    Marta era una pizpireta niñita india chol; la habían visto con su madre vendiendo pulseras de sugestivos dibujos que recordaban aquellos de las serpientes. Y, mientras estaban acabando de comer la res con jitomate y los huevos endiablados , apareció por el restaurante Martita, para que la invitaran a un helado, a lo que era imposible negarse.

     Tras comer, buscó una tienda de abarrotes donde poder comprar una botella de mezcal, el “literaturizado” por Malcolm Lowry aguardiente de Oaxaca hecho con la raíz del agave, la misma planta con la que se hace el tequila, y que como certificado de calidad lleva el gusano, un gusano rojo parásito de la planta. Estaban a punto de cerrar por la siesta pero encontró lo que buscaba, con su gusano metido.

        -Ya veo que aquí no necesitan Vds. “matar el gusanillo” como allá en España con el aguardiente mañanero. – Le dijo al dependiente.

      – “No, ya ve señor. – Le contestó y, señalando la botella, prosiguió- Acá incluso lo adelantamos llevándolo bien embalsamadito”.

    Chaparrones tropicales. Los coloristas anuncios, tan bien pintados por escasear los luminosos eléctricos. También las postales, como los christmas, sirven para esos casos en que no se quiere perder el contacto con las gentes amigas a las que las circunstancias hacen difíciles de frecuentar. Pasó el rato.

   En la plaza del pueblo se articula toda su vida social animándose especialmente al caer la tarde. Hay allí una escuela de marimba cuyas prácticas se hacen al aire libre. No deja de ser curioso este instrumento que aúna la tradición africana de su origen con la indígena y su sonido que, aunque se base en la percusión y resonancia de la madera, parece mas bien metálico.

   ¡Que diferencia! Después de oír la marimba al aire libre, la que tocaban en el restaurante del hotel reverberaba de tal modo que parecían latas!

    Habían pedido unos sincronizados, que debían estarlo pero con otra era, basada en la lentitud. Se levantó para poder ver la colección de fotos colgadas por el gran salón.

     Por la apariencia de antigüedad bien pudieran ser copias de las fotos de Desire Charnay -quien apasionadamente realizaría el primer archivo fotográfico importante de los restos arqueológicos materializándose en su obra Cités et ruins americaines (1863)-, placas donde se ven las ruinas de Palenque completamente invadidas por la selva. Pensó que, quizás, con los hallazgos de Ruz, la tumba de Pacal, se acababa definitivamente ese modo de entender la arqueología del que Charnay, claramente, había sido uno de sus exponentes.

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 “El Palacio” de Palenque en foto de Desiré Charnay (1882)

   El descubrimiento de la civilización maya tuvo una marcada componente romántica que, aparte de lo ya de por si misterioso de esta cultura, fomentaron las personalidades novelescas de aquellos pioneros, y en épocas donde las más variadas hipótesis podían encontrar su eco. Como ocurrió con el vizconde de Chateaubriand que -tras haber visto los grabados de Castañeda, el dibujante que acompañó al capitán Dupaix, así como las notas de este precursor de la arqueología maya- en una carta fechada en el año 1832 escribía:

   “He caído en las reflexiones melancólicas que hacen nacer el aspecto de esos pomposos monumentos que, antes de su desmorone, dominaban los bosques, y ahora portan selvas sobre sus techos derrumbados. ¿Qué mano construyó, cavó, esculpió, grabó esos túmuli de piedra o de ladrillo, esas pirámides cuadrangulares, esas sepulturas subterráneas, esas estatuas, esos monumentos mitad griegos de Mitla, mitad egipcios de Palenque? Hasta donde pude apreciar, los monumentos de Palenque tienen más parecido con los del Indostán que con los de Egipto … Entre estos monumentos y los de la India, ¿no encuentra usted una singular analogía?. -Y terminaba- “Que una compañía de sabios sea enviada a México a fin de estudiar las ruinas de Palenque y de Mitla. Esa compañía podría estar compuesta por ingleses instruidos en las antigüedades del Ganges y versados en lenguas indias, y por franceses, compañeros de Champolion, iniciados en la lengua jeroglífica de Egipto. De la exploración de tales hombres, podrían esperarse muchas luces.”[iii]

   Chateaubriand no andaba tan descaminado como pudiera parecer. Hay una clara analogía con esas civilizaciones. Se podría atribuir al planetario “inconsciente común”, pero también a la posibilidad de que el substrato simbólico de estas culturas también llegase por el “Paso del Norte”(estrecho de Bering) con las migraciones asiáticas.

   Otros precursores de la mayística fueron: Lord Kingsborough, quien creyó encontrar en los indios a los descendientes de “las tribus perdidas de Israel”; el “conde” Waldeck que, tras una vida de increíbles aventuras por todo el globo, encontró una mina en Lord Kingsborough hasta que consiguió arruinarle, aunque, así con todo, y pese a que su delirante imaginación le hizo emparentar taxativamente a los caldeos con los mayas, llegó a hacer un descomunal trabajo de campo en las ruinas; Juan Galindo, quien viendo las figuras de los grabados comprobó que no eran de una raza distinta a la de los indios modernos, intuyendo que la lengua maya habría de seguir similar camino; Stephens y Caterwood, cuyo decimonónico libro “Incidentes del viaje por América Central” popularizaría enormemente esta civilización; Charnay quien a través de los ojos de una indígena soñó un paraíso irremediablemente perdido. Y muchos otros, no menos pintorescos, pioneros.

   Llegaron los sincronizados, eran unos sandwich de jamón y queso, hechos a la plancha pero tostados por ambas caras a la vez, de ahí su preciso nombre.

   En la televisión de la habitación una curiosa película, en blanco y negro, de los años cuarenta tal vez, que viene a ilustrar el antiguo culto de la sangre que, de algún modo, parece perdurar; era algo así: un bandido es gravemente herido en un atraco, su novia acude al hospital y le dona su sangre (con pormenorizados planos de la máquina de manivela para la transfusión, y de sus rostros) el ritual médico-erótico le salva, vivirá; pero, como manda la ley, para ser ejecutado…

   Acabado el libro del obispo De Landa será menester tomar el libro de los augurios de los chilams, la recopilación de profecías a la que se ha titulado Chilam Balam [iv] ; pero, al poco, llega el sueño…

***

   La carretera se fue haciendo más empinada por lo que las curvas se hicieron más frecuentes y cerradas. El fuerte temporal de lluvias había dejado su firma: en algunos tramos daba la impresión de estar cortado el camino; pudiéndose pasar finalmente.

   Le llamó la atención la precisión idiomática en los anuncios sobre el mal estado de la calzada: “PRECAUCIÓN DESLAVES” ; o bien: “FALLAS”.

   Agua Azul es un sistema de grandes cascadas que, como su nombre indica, suele estar de ese color. Pero ese día el agua corría barrosa y rugiente. Acercarse al borde de la caída era también introducirse con bastante antelación en una nube de microgotas; así con todo, resultaba espectacular; no solo traía lodo, sino que también arrastraba troncos de considerable tamaño.

   Cerca de las cascadas había unos chiringuitos de madera y techo de palma. En uno de ellos se veía un anuncio con el circular símbolo rojo de Coca-Cola, estaba esmeradamente pintado a mano sobre las tablas agrisadas por la intemperie y contrastaba grandemente, hasta era atractivo en una cierta estética “pop-art”. En un puestecito de souvenirs vendían camisetas con la efigie enmascarada del jefe guerrillero que había empezado a ser popular: El Subcomandante Marcos, así como muñequitos de trapo con su figura. El pensó que aparte de las obvias razones para embozarse, podría ello obedecer a una premeditada táctica: haber algo de culto popular del mito del “enmascarado justiciero” como “El zorro” de la California mejicana preindependizada de España, o el “Llanero Solitario” -el poder de lo enigmático, mecanismo psíquico que puede engrandecer lo limitado-; mitos que de alguna manera sobreviven en las popularísimas luchas -una especie de lucha libre- de los héroes enmascarados en el Méjico de hoy.

   En uno de los chiringuitos vacíos cuatro chiquillas jugaban a las cuatro esquinas con los postes del porche. ¿De donde viene el juego?

   Aparecieron los cultivos de café; estos precisan más altura y la “simbiosis” con árboles más altos para dosificar sol y sombra. La población de Ocosingo marcaba la mitad de la ruta.

    Al irse acercando a los Altos de Chiapas la temperatura fue aminorándose sensiblemente por lo que en San Cristóbal de las Casas se estaba mejor, incluso aunque hubiera que ponerse un jersey. Puede que también esto determinase que los españoles prefirieran fundar la capital aquí, lejos de la “sauna tropical” de las tierras Bajas.

   El hotel donde nos alojamos en San Cristóbal de las Casas era una antigua casa-palacio adaptado para la función; arquerías, pasajes, agradables patios floridos y, en las alcobas, a las que se accedía por viejas puertas de cuarterones, pequeñas chimeneas de cerámica, panzudas por abajo y con el largo tubo, cerámico también, hasta el techo.

   La ciudad, que debe su segundo nombre a su en otro tiempo obispo Bartolomé de Las Casas, mantiene el urbanismo y la edificación de la antigua ciudad colonial. Al transitar por la cuadrícula que forman sus calles rectilíneas se puede recorrer el muestrario de color -toda la gama es posible- en las fachadas y demás muros exteriores de las casas. Y así se va presentando como una ciudad amable pese a encontrarse en una zona desde hace siglos conflictiva. La proporción de indígenas ha ido aumentando y se multiplican los puestos callejeros. Últimamente ha comenzado a ser una ciudad turística, de un turismo un tanto “selecto”, más bien europeo, y con ciertas inquietudes culturales, sociales, o étnicas; si bien también es frecuente encontrar algún que otro “tardoprogre” definitivamente traspapelado.

San Cristobal de las Casas

San Cristóbal de Las Casas

   Era tiempo de elecciones, calles y plazas cuajadas de pasquines. Acababa de anochecer y estaban en el salón de un café, un primer piso con un balcón que daba a la calle, cuando se empezó a oír el tumulto. Se asomaron.

   -”¡No a las elecciones del 15 de octubre!.. ¡Viva el sub-comandante Marcos! …¡Viva el Ejército Zapatista!….” – Gritaban, mientras, con paso más bien rápido, avanzaban por la calle…. No es que fueran muchos, no parecía haber indios con ellos.

   Al poco, un hombre de no demasiados años y buen aspecto empezó a departir con un pequeño grupo con pinta de forasteros. Estaban cerca y podían oír la conversación. Economía mundial, política mundial, indigenismo, recursos; pese a una globalidad temática, rápidamente se iba perfilando una cierta imagen de compromiso. Hablaba rápido, como muy seguro de lo que decía, elocuente; pero saltando rápidamente de tema, sin dar posibilidad de intervención o réplica. Miraba en derredor, como controlando todo, y los camareros del local parecían estar sumamente atentos a él, a sus señales, como si de un importante personaje se tratare; cierto paternalismo, soterrado autoritarismo carismático…..

    Por ser una ciudad más cultural tiene librerías. En una de ellas compró “Los Anales Cakchiqueles”[v], otro de los escasos textos de referencia sobre el pasado indígena.

   Pidieron que les encendieran la chimenea pues hacía un poco de fresco nocturno. Pensó que sería preferible dejar el libro de Chilam Balam  para más adelante y empezar con la más reciente adquisición. Crepitaban las brasas….

(continuará)

NOTAS:

[i] En el relieve de la lápida de Pacal, mas que un”último viaje” con frecuencia se ha querido ver un viaje espacial con su cohete, astronauta en postura de lanzamiento, mandos, tobera etc.; hipótesis que, al avanzarse más en el desciframiento de la cosmogonía maya, se desbarata a todas luces.

[ii] Ceiba sagrada. La ceiba es sostén de los cielos y el eje de conexión de ambos mundos: el superior   con sus trece niveles celestes y el inferior con sus nueve niveles.

[iii] Sobre el texto de Chateaubriand: extraído del libro de Jacques Soustelle “Los Mayas”, pag. 230. (Jacques Soustelle, Los Mayas, Fondo Cultura Económica México 1992.).

[iv] Chilam Balam quiere decir de los “brujos jaguar”; pero en realidad el libro se ha titulado, en tanto que recopilación, El libro de los libros de Chilam Balam. (El Libro de los Libros deChilam Balam, Fondo de Cultura Económica Mexico 1994.).

[v] Anales Cachikeles, versión de Miguel Angel Asturias y G.de Mendoza,Guatemala 1937.

Referencias:

https://archive.org/details/citesetruinesame00char


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ISABEL GARCÍA DE JUAN, Poemas.

Y mi viaje a Itaca no tendrá regreso

Acaricio las barrigas

de los barcos

Igual que si tuviesen

un ser formándose detrás

de sus algas incrustadas.

Será una forma de locura

decidirque; el barranco soplado de las cosas

tiene vida.

A veces, me subo a un barco encinta

y lo desato

llorando a mares.

 

 Rescate

Había perdido algo…,

mis náufragos,

Mis náufragos no estaban.

No estaba yo en ellos, muriendo de sed, de hambre,

de tierra…

Si alguien encuentra mis náufragos

preguntadles mi nombre.

Pertenecen a mis pérdidas

que añoro.

¡Devolvedme mis náufragos!

Sin título

 

Hay momentos

dactilares en que

la piel…

Inventa un idioma

para su habitante.

RESTOS

Los encuentro agazapados

entre cualquier pared y su distancia,

restos de ti reptan  ascendentes por las falanges de mi garganta…

esas que aprietan cuando engullo otro resto de tu carne en la memoria.

Están por todos lados:

La mancha de la cortina

Corrida, esta vez, alineando

la leve luz nocturna de las alas de las mariposas fosfóricas .

La mirada encerrada de la puerta de mi jardín oculto

bajo mi jardín verdadero.

Hay rastros sobre mis ombligo

y a la orilla del abismo de tu lago.

Rodean todo con sus esquinas de escondite.

En el fregadero,  estrangulo el esparto bajo el agua

y ahí caes y con él, tu risa ya limpia

y los pétalos de tu garganta.

Hay restos en las escaleras oblicuas

y en mis rodillas, anudando  el perímetro de tu sed.

Hay restos de ti en los unicornios

que pastan en el jardín de arena

Y en los ojos caen restos de ti

y de lentillas rotas

Que te retratan.

Están en todos lados

se pegan al azulejo de la cocina

Y a la piel…

Desencajo un libro y un ladrillo y ahí están

royendo el cemento de las caderas

de nuestra cadencia, los restos de ti.

Hay restos en las canciones

muertas de la radio

Y en las melodías avanzan restos de ti

bajo las hondas de su nostalgia estrófica.

Hay restos en las juntas del suelo

¡ cómo flores circunvalando  lapidas

donde pisaste los restos posados de tus pies!.

La despensa recoge restos de tu hambre y de ti,

la ducha

y el agua y la miel, mantienen sus restos de ti

en la textura dulce del cristal.

Y hay restos de ti en  mi piel que se me caen

y los tropiezo cuando ando descalza…

pisando mis restos de ti

Cosquilleando las palmas del alma de mis restos de ti.

Y los rastros de tus restos

me sorprenden

bajo los cuadros de la pared

cuando los levanto

Y grito enjaulando el placer

y el miedo

cuando encuentro los restos de ti.

los espectros vivos aliterados  …

Hay restos de ti

en el tarro de las hierbas provenzales

que han echado raíces

en el yodo de la sal que borbotea tus restos

como un mar en miniatura.

Pero sobre todas las cosas,

inevitablemente,

de forma rotunda y carnal:

Hay restos de ti…:

En la piel donde guardo…

Las alas del deseo”

Isabel García de Juan


1 comentario

Queridas amigas y amigos:

El próximo miércoles 6 de mayo, en el Centro Cultural Matilde de la Torre,” las Matildes” _C/San Celedonio, 26_ ,

círculo que

anima Marisa Samaniego, hace ya treinta y cinco años…

Hablaremos de literatura, de “Mandalas Vivientes”, y algún personaje más hará su aparición…

A las seis de la tarde.

Esta vez Marisa me pondrá en un apuro del que espero salir por la gracia, el honor y la energía de la sala.

Un abrazo, siempre, Paloma.