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SELVA EN RUINAS (3). Por Mariano Gómez de Vallejo

 

S E L V A   E N   R U I N A S

(TRAS LAS HUELLAS DE LA CULTURA MAYA)

Relato de viaje

III

   Que Mérida se construyera aquí no fue casual –¡qué mejor sitio que una “cantera”, con todas las piedras ya cortadas en diversos tamaños, listas para ser empleadas en la tarea de erigir una nueva capital!–. Así fue que se hizo donde estaba la antigua ciudad de Mayapán, cuyas ruinas le recordaron al conquistador a la Mérida romana, de ahí su nombre; y que su destino de cantera hizo que de la antigua ciudad maya no queden sino los fragmentos de un imposible puzzle.

   En la plaza mayor de Mérida está la catedral, el edificio de la Gobernación y el viejo palacio del conquistador Francisco Montejo. Este último conserva su antigua fachada con una esculpida portalada que habla por si sola; se pueden ver en ella, como una suerte de guardianes de la entrada, a dos conquistadores, con sus característicos cascos y picas, que con cada una de sus botas huellan una cabeza cortada de los indios vencidos. Al lado de las cabezas se representan unas figuras pequeñas que, cubiertas con unos vestidos que podrían asociarse con burdas cotas de malla, recuerdan las representaciones de los barbari romanos, pero con una iconografía tosca y, más bien, medieval; como si esa idea de pueblos bárbaros legitimase su sometimiento.

montejo fachada 2

Portalada del Palacio del Conquistador Francisco Montejo

(clickar Imagen)  

 Quién entre en el patio del actual edificio de Gobernación podrá ver unos grandes retratos murales con lo que, probablemente, sean los rostros de los sucesivos sátrapas.

   En la puerta de la catedral piden limosna los pobres. Uno de ellos lo es de solemnidad: la enjutez de la hambruna, la edad larga de media barba cana, la mirada extraviada y transparente, la sincera mano extendida.

   Buscó una tienda donde poder hacerse con un sombrero “panameño”, también llamado “jipi-japa” [i]

El dependiente besó el billete, miró al cielo, se santiguó, y dijo:

         -“Gracias Señor, la única venta de todo el día”.- Tras esto se dio cuenta de que era un lisiado, con uno de esos zapatones característicos de los afectados por la poliomielitis.

   La ciudad de Mérida gozó de un gran esplendor económico desde el final del siglo pasado hasta los años cuarenta debido al sisal, la fibra del agave llamado henequén con la que se fabricaban cuerdas sobre todo. El crecimiento económico fue tal que los riquísimos hacendados henequeneros construyeron un gran barrio señorial en la ciudad siguiendo el modelo de los Campos Elíseos parisinos, para lo que se trajeron arquitectos franceses, belgas, españoles, italianos… Tras la invención de las fibras sintéticas toda aquella pujanza quedó bruscamente en suspenso..

Casa_merida italianizante

Mansión de estilo italianizante en Mérida

 La decoración del hotel era sombría y severa, de “estilo español”, como queriendo recordar continuamente al fundador Montejo, nombre del establecimiento.

   Las enchiladas hacen que la animada noche de Mérida sea aún más calurosa. Los mariachis rondan los cenadores callejeros a la búsqueda de “guiris”.

   De mañana compró un periódico. Las noticias sobre las consecuencias del reciente huracán “Opal” sobre Campeche, el estado que habían de atravesar ese día, advertían de la interrupción del tráfico rodado.

   La mayoría de las casas de los pueblos yucatecos son cabañas de adobe, de base elíptica y techo elevado hecho con una de las variedades de palma; probablemente no difieran mucho de aquellas que debieron rodear las ciudades mayas. Pero se ve como comienzan a ser frecuentes los techos de un “ondulado” fabricado con un cartón embreado; del mismo modo también van apareciendo las muestras de la arquitectura urbana local, hecha con bloques de hormigón. En torno a todas las casas, los guajolotes, o pavos de corral.

   El “campo” yucateca es en realidad la, no muy alta, selva salpicada de milpas. La milpa es el modo tradicional de cultivar el básico maíz; y para plantarlo primeramente han de talar la zona que consideren propicia, esperar que se seque el ramaje y la maleza hasta que encuentren el día idóneo de sequedad y aire para darle fuego; no es fácil pues esas condiciones idóneas no se dan con tanta facilidad por lo que todo el trabajo de muchas jornadas se puede venir al traste. Una vez limpiada la “parcela” y aprovechadas las cenizas como fertilizante, plantan los granos haciendo un agujero con un palo (no hay que olvidar que el terreno es calcáreo, imposible para cualquier tipo de arado).

   La milpa sirve para unas pocas cosechas, dos o tres años, antes de volverse improductiva; pero la capacidad de regeneración de la selva, en este caso, cerrará rápidamente las cicatrices; cosa que no ocurre con la agricultura extensiva, y menos aún con la devastadora ganadería.

   Cruzaban la pequeña sierra Puuc, puuc en maya significa colina, y desde allí la selva, que parecía espesarse, se extendía hacia el fondo de la llanura sur. Llegaron al sitio de Uxmal tan temprano que aun no estaban abiertas al público las ruinas. Uxmal está considerada la joya de las ciudades del estilo “puuc”, del final del periodo clásico.

   El sol aún no se había elevado demasiado pero ya empezaban a padecer los efectos del calor húmedo. Llegaron a la gran explanada, plataforma del Palacio.

cuadrilátero_Uxmal

Fachada Palacio de Uxmal

(clickar pare detalle serpiente et cetera)

 El así llamado Palacio del Gobernador es una estructura paralelepípeda y muy alargada, de al menos cien metros de fachada. Se accede a el por unas escaleras que también se extienden en toda su largura. Un gran friso, con chacs y motivos geométricos, de piedras ensambladas, como una especie de taracea gigante, lo recorre por arriba. La puerta central, decorada de un modo diferente con unos motivos alados, marca el eje de simetría. Simetría que viene a quedar subrayada por las dos “puntas de flecha” de las falsas bóvedas que, a modo de arcos, flanquean la fachada.

jaguar jano Uxmal

   Se fijó en que justo enfrente del palacio, como marcando el punto del sol naciente , se haya una pequeña plataforma o estrado donde se encuentra lo que pudiera ser una especie de trono, y ara tal vez, que con forma de jaguar bicéfalo (las dos mitades delanteras de dos jaguares unidas por el tronco) le recordarían al bifronte Jano mirando al pasado y al futuro. También estaba, a medio camino entre la puerta central de la fachada y la plataforma, alineado con todo ello, hecho en piedra y de buen tamaño, un falo; bueno, en parte; pues, estaba cercenado; habiendo sido mutilado – según comentó Ismael, el guía – por algún furibundo clérigo de la época de la Conquista.

falo uxmal

   No le resultaría difícil imaginar lo que debieron ser aquellos solemnes rituales de fertilidad y donde el rey al la salida del sol, tal vez inaugurando el año en fecha equinoccial, se perforaba el miembro con la espina de cola de una raya, empapando con su sangre ofrendada unas tiras de papel[ii] que luego quemaría para ver, en el ascendente humo ceremonial, a la serpiente…

   Todo ello viene a ilustrar, nuevamente, la importancia calendárica. Hay un calendario sagrado en los cimientos de la primera ciudad, en el origen de toda civilización. La vida urbana comenzó a ser posible tras haber sido trazado un plan agrícola; un plan basado en el cálculo estacional, incluso aquí en zonas tropicales, dada la alternancia de épocas húmedas y secas. Con la revolución neolítica vienen los excedentes de grano que servirán para mantener a una sociedad piramidal, a una casta religiosa conocedora de los misterios de la fertilidad de la tierra y capaz del estudio y observación de los astros y, por consiguiente, de los ciclos; una élite con suficiente tiempo como para poder aprender a hacer el computo necesario; profética también, pues todo ello resulta indisociable de una idea religiosa, mítica fundacional, de ordenamiento o concepción del cosmos.

   Prosiguieron hacia el templo de Las Tortugas, donde la sencilla decoración, en friso de apretadas columnas de piedra, quizás deba su origen a que en tiempos, aún más antiguos, los muros fuesen construidos con troncos; de ahí que sus formas quedasen como una suerte de estética residual.

   Pasaron por las ruinas de la cancha de pelota hacia el bastante amplio Cuadrángulo de las Monjas, una especie de claustro-plaza formado por cuatro edificaciones con las decoraciones “taraceadas” de piedra, pero aquí con una gran profusión de mascarones de Chac, con sus curiosas narices ganchudas o trompas que, aun hoy, siguen desorientando a los estudiosos; y, también en el friso, las serpientes emplumadas con sus cascabeles, y, pegado a los crótalos, una esfera con cintas, lo que pudiera ser un sonajero ritual[iii].

uxmal ganchos

   Máscaras Chac esquineras

   Llegaron a la Gran Pirámide del Adivino, con su exclusiva base elíptica (que recuerda la choza yucateca) y de vertiginosa subida. Con dependencias palaciegas a media altura y rematada con su templete. Desde lo alto se ven los montículos de otras ruinas atrapadas por la selva, y, a lo lejos, la sierra Puuc, de donde puede que trajeran parte de la piedra pues todo el trabajo ornamental de Uxmal parece realizado en arenisca en vez de caliza.

El adivino Uxmal

Pírámide del Adivino

   Pensó que había algo en Uxmal que le retrotraía a Creta, a su arquitectura. No era de extrañar que aquellas formas singularmente armoniosas, elegantes, hubieran llamado poderosamente la atención e influido en la obra de Frank Lloyd Wright, uno de los más destacables arquitectos de la modernidad.

   Lejos ya de las avalanchas humanas de Chichen-Itzá, con más facilidad se alcanza una cierta contemplación estética. Y así vendrá la luz a posarse en Uxmal magnificando aún más su larga arquitectura. Las horas del sol animarán las sombras de sus piedras engastadas, y en ello continuarán los frisos irradiando con toda intensidad.

***

   No sin dificultades adelantaron un convoy de seis camiones cargados de cerdos. Era la ayuda estatal para los miles de damnificados por las inundaciones provocadas por el huracán Opal en el estado de Campeche.

   El nivel del agua fue subiendo hasta, al menos, unos cuarenta centímetros por lo que la carretera se transformó en un río lento. Los puentes que había arrastrado la corriente habían sido reparados provisionalmente con grandes tubos de acero de los empleados para hacer conducciones o desagües. Con estos tubos, unidos por parejas, habían hecho unos rieles, digamos, y en ellos se encajaban las ruedas de los vehículos para poder pasar sobre la corriente. Los tubos de estos puentes provisionales estaban doblados por el sobrepeso de los grandes camiones, prácticamente, salvo alguna “pick-up”, los únicos vehículos que podían circular.

   Cerca del mar, por el área de Champotón, pese a hallarse la calzada un tanto elevada, el nivel de la inundación hacía que la superficie del agua fuera un todo con el Golfo de Méjico. No sólo por las aguas el panorama resultaba desolador, sino también por los despojados cocoteros de la costa que sólo conservaban su tronco; aunque esto no había sido producido por el huracán sino por un extraño parásito un año antes.

   Y desde altura suficiente ver los pueblos con las cabañas inundadas en la lenta marcha, y a los indígenas desplazándose con el agua hasta las rodillas….

   Sigue la zona inundada pero se puede ver un tendal con la ropa a secar a la puerta de una choza: la vida sigue.

   Comenta Ismael, el guía maya contratado, que en estos casos la gente del pueblo se sube al techo de la cabaña más alta o más sólida. Este tipo de desastres es bastante habitual. Una de sus peores consecuencias es, al diseminarse todo tipo de detritus, la propagación de pestes como el cólera. Habló también de cómo, una vez pasado lo peor, se crea en los poblados una especie de movimiento solidario para ayudar a reconstruir las casas de los más damnificados.

   Comieron en un restaurante de carretera donde aún había restos de lodo en el suelo. La sala estaba presidida por una estridente imagen de la virgen de Guadalupe engalanada con múltiples luces.

   El rojizo ocaso acuático, multiplicado en las charcas, con la oscuridad selvática recortándose en el fondo. Y llegaron a la frontera de otro estado que, como quién cambia de país, obliga a detenerse en su puesto de control. Era el estado de Tabasco al que, al tomar la dirección de Palenque, atravesarían por su parte más estrecha. Ya en el estado de Chiapas cruzaron el caudaloso río Usumacinta. En Méjico, como en la Europa de medioevo, se paga un peaje al pasar los puentes.

   El hotel de las afueras de Palenque tenía algo de arquitectura oficial, de régimen, un estilo comienzo de los setenta parecía. Aunque tampoco tenía una gran valla de cerramiento ya no se veían guardias haciendo sus rondas alrededor del edificio como en Cancún.

   Fue a darse un baño nocturno a la piscina. Unas chicas, tal vez hijas de la burguesía priista [iv], de una macicez “culebrónica” se chapuzaban con sus mancebos entre aparentemente ñoños dimes y diretes.

   En el baño la pastillita de jabón de tocador de la misma marca que la del hotel de la noche anterior : “Rosa Venus”; pero aquí, por un fallo de imprenta, tiene las tintas corridas y, curiosamente, el negro en su mancha parece formar el vello púbico que contornea a la vulva femenina; como queriendo redundar, remarcar más aún, su simbolismo, ya de por si evidente en el binomio “rosa-Venus”; como si esa carnosa rosa de la diosa del amor aún se empeñase en reclamar más su atención buscando el remate de la impresión pilosa púbica, reiterándonos así su inequívoca naturaleza generatriz, venusina y polinizable.

Rosa Venus 2 - 2  r

   Recordó el verso del soneto a la rosa de la poeta mística mejicana Sor Juana Inés de la Cruz: “Amago de la humana arquitectura……”[v]

   Las noticia que daba la televisión inquietaba: el ejército de Guatemala había llevado a cabo una matanza de indígenas: hombres, mujeres, niños y ancianos; al menos once, antiguos refugiados en Chiapas que regresaban a su país para, con el beneplácito de su gobierno, reasentarse en sus tierras de las que hacía unos años habían sido expulsados… Ellos, a los pocos días, habrían de cruzar esa frontera.

[i]   “Jipi-japa”: tipo de palma muy fina y flexible con la cual se hace el famoso sombrero, ligero y fresco, del mismo nombre; también llamado “panameño” por la gran demanda que de ellos hubo durante la construcción del Canal de Panamá.

[ii] Tiras de papel. Los mayas habían inventado su papel con el que hicieron entre otras cosas sus múltiples códices. A la pasta de fibras vegetales le daban un enlucido de cal.

[iii]Sonajero ritual. No es difícil hacer esta asociación; siendo los crótalos mismos utilizados como sonajeros por los chamanes de Nuevo Mejico y Arizona, así como sonajeros esféricos, muy similares al del friso, con calabazas secas en las que se ha introducido alguna semilla. Danza hopi de las serpientes.

[iv]“Priista”: Del P.R.I. o Partido Revolucionario Institucional, organización política que lleva(ba) en el poder desde los años treinta.

[v] Sor Juana Inés de la Cruz (Juana de Asbaje y Ramírez; ¿1648?-1695)

            En que da moral censura a una rosa,

y en ella a sus semejantes

A UNA ROSA

Rosa divina que en gentil cultura

eres, con tu fragante sutileza,

magisterio purpúreo en la belleza,

enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,

ejemplo de la vana gentileza,

en cuyo ser unió naturaleza

la cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,

soberbia, el riesgo de morir desdeñas,

y luego desmayada y encogida,

de tu caduco ser das mustias señas,

con que con docta muerte y necia vida,

viviendo engañas y muriendo enseñas!

                         (Continuará)

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JUGUETES ROTOS. Luis Salcines

 

 

                                           “Dije que sería otro,

                                          el que vivía del sueño”

Quiero subrayar en primer lugar la trayectoria de Ferando Gomarín  en el ámbito de la poesía en Cantabria. Las colecciones La Sirena del Pisueña (1993), Son de Sirena (2004), 22 de febrero (2008), Otras voces (2005) son un ejemplo de su dedicación a la poesía en nuestra comunidad. En ediciones, por cierto, muy cuidadas.

Añádase a ello los Encuentros de Esles con diferentes creadores pero siempre con la poesía a cuestas.

Por otro lado, en segundo lugar, quiero subrayar la fidelidad de una amistad desde hace muchos años que existe entre él y Ángel Sopeña y que particularmente se ha reflejado en la edición de los poemas de Sopeña.

Fernando le ha editado en La Sirena: Casi todo es prosa (1994), Papeles privados (2000), Los retales del sastre (2010) y ahora Juguetes aplazados. Y en Son de Sirena: Pienso en el agua (2005)

Con ello, casi, he citado una gran parte de la bibliografía de Ángel. Voy a citarme para completarla con los libros que yo le edité: Elegías y fragmentos (1981) y Nuevos retales del sastre (2010). El primero en la colección Anjana, el segundo en La Grúa de Piedra.

Quedarían, por último, los dos poemarios que fueron premiados y que se publicaron en dos editoriales de ámbito nacional: Travesía del aire,  accésit del Premio Esquío publicado en El Ferrol (1988), y Lenta estrella, Premio  José Luis Hidalgo, publicado por Pre-Textos (2003).

Larga trayectoria poética que ha sido objeto de una antología, Escrito sobre el agua: claves para una antología poética de Ángel Sopeña (2002), que creo debiera ser actualizada para integrar sus últimos poemarios.

Como pudiera ser necesaria publicar su obra completa. Un verdadero desafío para un editor.

Larga trayectoria poética como puede apreciarse que no sorprende a los que le conocemos. Ángel tiene verdaderamente una pulsión por escribir poesía.  Escribe incluso cuando mira, sin pluma ni ordenador. En su cabeza está componiendo versos de un modo permanente.

Probablemente, como explicó José Hierro en varias ocasiones, a partir de una melodía que escucha, él que tantas veces está acompañado por la música.

Desde siempre quiso considerarse un poeta puro. Recién salido de la universidad, al incorporarse a la enseñanza en Santander, comenzó a publicar crítica literaria en las páginas de algunas revistas, especialmente en Peña Labra. Daba continuidad de esa manera a su trabajo sobre la obra de Pere Gimferrer con el que realizó su tesina.  Sus estudios críticos pudieran considerarlos brillantes. Al menos para los que en aquellos años estábamos acostumbrados a las reseñas de periódico más o menos familiares, cariñosas, de entre amigos. En la mencionada Peña Labra escribió sobre Gimferrer en varias ocasiones, Aleixandre, Alberti y Blas de Otero.

Como poeta, cuando se inicia, abrió una ventana por la que entró una corriente de aire fresco en el panorama de la poesía escrita en Cantabria. Bien pudiera considerársele representante de una línea  que arranca de los novísimos.

A finales de los setenta, realizada la Transición en España, probablemente Rafael Gutiérrez Colomer que llegó a Santander después de un nomadismo profesional y cultural y Ángel, fuesen los que escribían con un lenguaje más rupturista con la tradición poética.

Se puso de manifiesto en los primeros poemas que se publicaron en Cantabria en la antología Poetas de Cantabria, hoy. Por cierto, conseguidos después de vencer una resistencia inicial por su parte.

Desde entonces, ha mantenido una línea rigurosa de creación personal, con un territorio propio claramente definido que remite a él mismo. La reiteración de una serie de símbolos, la musicalidad de sus poemas, la plasticidad de las imágenes que construye, las referencias culturales presentes que pueblan sus poemas, son algunas de sus características más evidentes.

El poemario que hoy presentamos viene a insistir en algunos de los temas recurrentes de su poética. Fundamentalmente,  el paso del tiempo, el tránsito de la vida, la fugacidad del instante, la voz que se convierte en eco, la música que vuelve al silencio, las huellas que se borran, la escritura y los dibujos sobre el agua.

En los primeros poemas queda patente: “como la canción / que va hacia el silencio”; “Y oigo a la cuerda que va muriendo. / Adiós, amor, vas lejos: / no sé lo que piensas de mí.”; “Detrás del cristal la lluvia cayendo sobre los árboles / borrando la huella de tu paso, / enfriando el rastro del calor de tus dedos sobre las hojas”; “Los árboles ya no están / ni en la ventana el eco de tu voz / escrito con vaho en los cristales”; “El tiempo vaga  y va / se apaga en la retina, / en el borde del agua”; “Todo lo que murió y reconstruyes, / aunque no vuelva nunca,  / quién sabe por qué”.

Hay dos presencias reiteradas. Por un lado el agua. La lluvia, el mar, siempre el mar en su poesía, y ocasionalmente, los ríos. El mar, digo, sobre todo: límite u horizonte, espejo para la mirada, referente geográfico: “el mar que ignora el tiempo”.

En este sentido de lo efímero, de la belleza que desaparecerá, el pequeño glosario de flores: rosa, geranio, jazmín…

Y la música. Es difícil encontrar un poema en el que no haya una referencia a ella, directa o alusivamente: instrumentos (oboe, viola, piano, órgano, trompeta, clarinete…), compositores (su Mozart querido, Mahler, Hayden, Ravel, Albinoni, Vivaldi, Chopin…).  De hecho, él está escuchando música constantemente. Explícitamente lo expresa en los poemas: Mozart, concierto 20 en Re menor y Pavana para una infanta difunta; en Doménico Theotocópuli: El Greco, lleva una referencia al concierto 2º de Rachmaninov  y,  finalmente, en Lluvia sobre la arena, hace una alusión en la cita de introducción a Las cuatro estaciones de Vivaldi. Y los poemas para Ángel son como canciones: “poema, / canción  que se quiebra en el eco, / en un ocaso menor”.

Como en anteriores libros suyos, encontramos hermosas imágenes de una gran plasticidad, muy pictóricas.

Y un color dominando toda su poesía, el azul. Azul cielo, azul mar, azules colinas; y azul beso, azul música, en sinestesias de una gran belleza.

Hay una presencia muy frecuente de la memoria de ciudades que han tenido un significado muy importante en su biografía: la Valencia de sus primeros años, a la que alude en muchas ocasiones; San Vicente de la Barquera, con la que está unido por lazos familiares; Torrelavega, oculta bajo la denominación de Naumaquia; y, sobre todo, Santander, su bahía: unas veces nombrada, otras, claramente referida sin citar. Poemas como El Puntal y la mar océano, Vendrá el tiempo, Colofón marítimo y Santander, uno de junio de 2014, son algunos ejemplos.

Por cierto, en este libro, por primera vez, titula varios poemas con la fecha de escritura. Son como poemas a modo de páginas de un diario.

Otras presencias frecuentes: el sol,  las nubes y las estrellas. Sol, que por cierto escribe con mayúscula, quizá porque es un poemario luminoso, optimista, de ahí las referencias al calendario veraniego: junio, julio, agosto, incluso septiembre, con su luz más tamizada del final del verano;  las nubes y su tránsito, su desvanecimiento luego; las estrellas que como puntos de luz se apagarán algún día: uno de sus poemas lo titula Muerte de una estrella.

Hay secretos homenajes a poetas que admira: Valery, Rilke, Senna, Montale, Larkin y, sobre todo, a Francisco Brines, con el que mantiene una relación epistolar y telefónica.

Como hay íntimos homenajes a familiares y amigos queridos, en algunos casos, fallecidos. Resultan estos poemas una prolongación de su carácter afectivo, o una manera de expresar poéticamente, en el lenguaje en el que se muestra más expresivo, esos afectos.

Decía antes que el sol es una presencia reiterada. Asimismo lo es la noche.

Y el sueño es otra de las constantes de este poemario.

Como lo son las pequeñas  aves (golondrinas, gaviotas, palomas…): “Todo el cielo el vuelo de las aves, / su costumbre”, casi un haiku.  La música, también el color, aportada por los pájaros con sus cantos, la levedad, la alegría: “Los pájaros cantan con su acendrado corazón pequeño”,  “El alma que habla / con la voz / y el color de los pájaros”

En algunos poemas se muestra más enigmático, las referencias históricas o más personales, pueden dificultar la interpretación del lector. Pero nunca el viaje, el intento de penetrar en el poema es inútil. Ángel nos puede ganar en un poema con sólo un verso. Una cualidad que no está al alcance de todos los poetas. En cualquier caso, no olvidemos que la poesía es también misterio.

Libro de la serenidad, esperanzador, que invita a una lectura despaciosa, lenta, como la inducida en una de las imágenes más plásticas del libro: viendo caer dulcemente la lluvia a través de los cristales de una ventana y escuchando el piano romántico de Chopin: “Está lloviendo y viene la canción, / todo lo que arropa / el sentimiento”.

Yo les invito que así lo hagan. Serán recompensados en unos tiempos convulsos con unos momentos de una paz y un placer raramente alcanzable en el ámbito de lo cotidiano.

 

Luis Salcines


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Pepe Poveda. UN POEMA

Ríos de miedo corren. Mares

corren. Cielos de miedo infernales

buscan el anónimo de los retretes.

 

Un hombre pasa.

Su miedo con el cinturón sujeta.

Eructa.

 

El bimano rebuzna.

Saca el mechero

y al mapamundi prende fuego.

 

Pánico en las pelvis.

Malestar entre las piernas.

Se orina una niña.

Un cojo no se orienta.

 

Mata la chinche el paria.

Caza el moscardón al vuelo.

Los sumandos suma

de la luz del día.

El zapato tira. Bajo la cama arroja.

Como un bocadillo,

emparédase entre un astro

y la pata de la tumba,

quiero decir del trillo.

Como un torrezno. Sueña.

 

Sofocan mi fóvea

un cojo con su cojera,

un ciego con su ceguera,

la lotería y la lotera,

un hombre de paisano

un militar

un cura

el farol que no alumbra

la niña que no aumenta…

Un perro, en su prisa,

se cuela en la cloaca.

 

Para jugar mañana,

vende una niña su trenza.

Cunde el pánico en la bolsa

de los desheredados. La vieja

ya perdió la cuenta

de los rosarios.

¡Sobresalto! Un guardia civil camina

con cuatro zapatos,

¡con cuarenta zapatos!

con cuarenta llantos

y una muela.

 

La muerte concede a la sombra

un muerto vivo.

Aborta un feto

fofo, verde.

Se confunde el deudo,

la dentadura cambia al muerto.

Los empleados del seguro

no aseguran. El recluta

y el sargento,

el metalúrgico y la puta,

la comadre y la beata

se lavan las tripas con tinto.

 

Matan el pavor.

El gusanillo matan.

Rios de miedo corren. Mares

corren. Cielos de miedo infernales

buscan el anónimo de los retretes.

 

Y no sé qué haremos

cuando se llenen las tinajas

cuando se llenen los peroles

cuando se llenen los tinteros,

con los quintales de miedo

en las gargantas,

con las hectáreas de miedo

entre las piernas.

 

Pepe Poveda, 1963


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Poemas placer, poemas adiós

Si no fuera

por tus ojos

lentos

bajo la piel de mi vestido,

¿qué sería

de la fiesta íntima

de mi perfume,

de mis alas resonantes,

del oferente pomo

violineando en la espalda

… placer,

de este sueño?

Adiós envenenado

Necesitaba cuidar de nuestro hígado, ABRIRLO. Y en el útero,

se puede pasear yerba y sentidos AMOROSAmente

sobre este cuerpo latente de nosotros

(como en banco de arena bajo el mar, el placer.)

¿Para qué decirte “adiós”,

si necesitaba cuidar de nuestro lenguaje encriptado, ABRIRLO?, “adiós”,

¿qué es en el cuero cuántico que nos refleja?

Algún astro se ríe de nosotros. Y en mis brazos

crecen líquenes hacia los tuyos,

hermoso pecho de lagunas

fundiendo.

Ese ángel al que nos asemejamos y que ríe,

es también como somos, tiene un ala rota, perdida en

algún avistamiento nuestro:

se escapó de él

este deseo,

y creció veneno azul en otro sitio

lo sé, nos une ahora cuando te digo

adiós con mi beso secreto.

Al hombre vencido

Al hombre vencido

rendido

líquido,

le alcanza una sonrisa

desde la sima a la montaña,

anudan soleadas guirnaldas el cordel de sus brazos

y la espalda se inclina

en simetrías

que desdicen la memoria negra de su alma.

Del hombre arrodillado

amo esta vasta blandura

que brilla en el temblor

y ese revuelo de ardilla y submarinas perlas en lo alto.

Al hombre entrelazado y quedo

por un dios ungido.

PalomaB