LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


2 comentarios

SELVA EN RUINAS (2). Por Mariano Gómez de Vallejo

.

.

S E L V A   E N   R U I N A S

(TRAS LAS HUELLAS DE LA CULTURA MAYA)

Relato de viaje

II

...

1024px-Castillo_Maler

Fotografía del Templo de Kukulkán tomada por Maler en 1892

.

.

   Nunca antes había estado en el Nuevo Mundo; aunque de alguna manera, sobre todo Hispanoamérica, le resultase familiar. También le habían hablado de curiosa sensación que para un español supone estar en estos países tan alejados pero tan próximos a la vez por el hecho de compartir la lengua y, en gran parte, la cultura. Y así era. Se sentía como si anduviera por una especie de extraña provincia de su país, como no creyéndose que mediaba todo un océano. Esto hacía que, al principio, el viaje le pareciera menos viaje que otras veces.

   Habían llegado a la Valladolid colonial, una pequeña ciudad del norte de la península del Yucatán. La plaza con su iglesia de tiempos de la conquista, con la puerta orientada a poniente para así ganar la última luz de la tarde.

   Se fijó en la inscripción de la luna trasera de un taxi donde se aconsejaba el uso de letrinas para evitar la propagación de la epidemia de cólera. Pero también lo hizo en los huipiles de las indias, blancos, con sus coloristas grecas de flores bordadas. Y en los llamativos y artesanales rótulos de las tiendas; como aquel que decía:

C A R P I N T E R I A  E L  C A L V A R I O

   La única autopista del sur de México discurre entre la achaparrada selva del norte del Yucatán. Van en un bus del tipo “líneas greyhound ”; esos autobuses de un color aluminio metalizado que atravesaban los Estados Unidos, tan frecuentes en las películas de los años cuarenta y cincuenta. Es la temporada baja de turismo; hay tan poco tráfico que en la calzada se posan los zopilotes, esa especie de buitres negros que van levantando el vuelo a su paso.

Chichen_Itza_Castillo_(Catherwood)

Chichen-Itza por el explorador arqueólogo Catherwood 1843

   Llegan a Chichen-Itza. La ciudad maya-tolteca es visitada anualmente por millones de turistas. Su afluencia llega al máximo en los dos equinoccios, primavera y otoño, cuando la noche iguala al día. La razón de estas aglomeraciones puntuales está en la pirámide de Kukulkán. Esta pirámide domina la ciudad por lo que también la llaman El Castillo. Kukulkán fue el nombre de un caudillo pero sobre todo lo es de uno de los más importantes dioses mesoamericanos: La Serpiente Emplumada, Quetzal-coatl para los aztecas. Esta suerte de simbiosis entre reptil y ave -que a buen seguro también tiene que ver con el pájaro quetzal de larguísima cola- parece simbolizar la eterna disputa de la noche con el día, una suerte de principio de los contrarios resuelto en uno; podría ser algo así como el yin-yang chino.

1024px-Castillo_Gesamt_4

La Gran Pirámide (“El Castillo”)

……

    La pirámide de Kukulkán, es una estructura de cuatro lados con nueve plataformas superpuestas escalonadas en decreciente, con cuatro escaleras, una por cada lado y en el centro del mismo, señalando los cuatro puntos cardinales; en su interior se encuentra un pasadizo por el que se accede a una cámara donde se encuentra, precedido de una divinidad Chac-mol [i], un jaguar de piedra, pintado de rojo con “lunares” verdes. La escalera que da al norte está flanqueada por barandas que en su parte baja están rematadas con sendas cabezas de serpiente de buen tamaño esculpidas en piedra. Pero la pirámide es también un calendario: 365 días suman los escalones de sus cuatro lados, las 18 terrazas simbolizan los 18 meses mayas; y -lo que será la causa de la susodicha máxima afluencia- en las dos fechas equinocciales el sol proyecta la sombra que producen las terrazas en la baranda de piedra que baja desde lo alto hasta la cabeza de la serpiente; por lo que, en tan señaladas fechas, se ve como la serpiente completa desciende hacia la tierra, para dirigirse por la campa hacia el gran cenote, boca o pozo sagrado, que es lo que viene a significar Chichen-Itzá. El descenso de la serpiente será pues el prodigio que los nuevos peregrinos, emulando a los de antaño, vienen a observar, o, más bien, a fotografiar.

sombra chichen itza

 Serpiente Equinocial descendiendo la escalera

……

   Pero, pese a todo, Chichen-Itzá tiene un gran interés. Se cree que este sitio fue un lugar de culto mucho antes de que se construyera la ciudad, por su pozo precisamente, ya que en el norte del Yucatán, aunque pudiera parecer lo contrario, la sequía, una vez acabada la temporada de lluvias, constituye un gran problema; y ello es debido a la naturaleza permeable de la caliza que forma el suelo, y por esta cualidad de no retener el agua, por todas estas áreas no hay ríos de superficie, siéndolo subterráneos; de manera que el único modo de acceder a ellos sean los cenotes, esas torcas o simas por donde es posible descender al nivel freático. No parece difícil por lo tanto, imaginar la importancia de estos pozos, que los cenotes estuvieran consagrados a Chac, el viejo llorón y narigudo, dios de las tormentas, de la lluvia y de las aguas, llamado Tlaloc entre los aztecas.

Mexico

Cenote ritual

   No extraña que el gran cenote de Chichén-Itzá cobrase tanta importancia ya que parece tallado a pico en su forma circular, como un cilindro vaciado de buen tamaño, donde se ve al fondo el agua verde oscura. En el borde que viene a dar con el camino se encuentran los restos de un templete ceremonial desde donde, en épocas de sequía, se arrojaba a las víctimas de los sacrificios . Tras dragar el profundo fondo se han encontrado esqueletos, joyas, vasijas, cuchillos rituales…. Muchos de los cráneos encontrados tienen la deformación propia de los aristócratas, ya que, cuando niños, a los nobles les comprimían la cabeza entre dos tablas produciendo el característico aplanamiento de la frente, un rasgo importante de su estética. Del mismo modo varios de los cráneos encontrados pertenecieron a niños, por lo que se ha llegado a pensar que aquellas gentes pudieron llegar a relacionar el llanto infantil con la lluvia del mismo modo que lo hacían con las lágrimas del “viejo” Chac. También se cree que estos sacrificios pudieron resultar un honor, de ahí que las víctimas fueran nobles; puede que también fueran una suerte de iniciación sacerdotal, considerando que si alguien sobrevivía durante un determinado espacio de tiempo había conseguido comunicarse con el espíritu acuático. Aunque esto último debió resultar bastante improbable, pues incluso hay autores que creen que a las víctimas se les ataban unos pesos de tal manera que fueran rápidamente engullidos por el oscuro fondo, y así los desesperados chapoteos no deslucieran las ceremonias…

   Antes de proseguir por las ruinas de esta ciudad convendría hacer una breve introducción a aquellas culturas mesoamericanas que más pueden relacionarse con los mayas, y a su datación:

   Aunque probablemente haya otros antecedentes -el origen de la agricultura en Centroamérica es comparable en muchos aspectos a la denominada del Creciente Fértil: la de la zona mesopotámica y aledaños- se considera a la Olmeca (1200-300 a. C.) la primera cultura con asentamientos ciudadanos; es decir, la primera civilización propiamente dicha, un poco la base de las siguientes. Seguiríamos con la civilización de Tehotihuacán (100 a.C.-700 d.C.), mayormente contemporánea de la Maya a la que influyó. Y, por último, la civilización Tolteca (900-1200 d.C.).

   Centrándonos en la Maya propiamente dicha cabe seguir mismamente la clasificación canónica y distinguir un periodo protoclásico (300 a.C.-300 d.C), un periodo clásico (300-800 d.C.), y lo que podría denominarse una especie de ”renacimiento espurio” en la zona norte de la península del Yucatán, lo que resultó tras la invasión de los mexicanos toltecas y su posterior fusión con los mayas yucatecas del final del periodo clásico (900-1200 d.C.).

   Dicho lo anterior prosigamos por Chichen-Itzá. A raíz de la peregrinaciones al cenote debió irse configurando poco a poco la ciudad. Actualmente puede verse que una parte de las ruinas son del estilo “puuc”, es decir, el estilo propio del final del periodo maya clásico en esta zona. Entre los restos más destacables se encuentran: El Convento, así llamado por los conquistadores a falta de otras referencias, donde se pueden ver los adornos de la fachada hechos con máscaras del dios Chac; y El Observatorio (también llamado El Caracol por su escalera interior de este tipo) que, como su nombre indica, era esa su función, disponiendo de una serie de aberturas en su muro circular para, a determinadas fechas, ir comprobando la posición de los astros, observaciones que permitirían la gran precisión calendárica. (Como se va viendo, el calendario tuvo una gran importancia). Probablemente los olmecas sentaron sus bases, pero serían los mayas los que lo irían perfeccionando hasta llegar a disponer en su época clásica de un calendario mucho más preciso que el calendario Juliano, el de uso en Europa por la misma época. El famoso calendario azteca es una copia del maya).

   El hecho de que el conjunto de esta ciudad esté bastante despejado (en una tierra donde aún la vegetación rápidamente todo lo cubre) y restaurado un buen número de edificios tiene la ventaja de poder hacerse el visitante una idea más precisa de cómo aquellas gentes entendían la ciudad: disponiendo primeramente del espacio de acuerdo a un orden cardinal, donde predominaría el eje solar este-oeste; pero teniendo en cuenta también los espacios públicos como las plazas, o las, más grandes, explanadas.

Pyramide-des-Kukulcan panorámica

 Explanada de Chichen-Itza

……

   Pero la relevancia monumental del sitio de Chichen-Itzá viene dada sobre todo por lo que concierne a sus ruinas toltecas, o tolteco-mayas. Siendo estas más importantes que las de la otra ciudad tolteca, la mítica Tula, cuyo emplazamiento está próximo a la capital mexicana. Aparte de la gran pirámide, de este estilo es el Templo de los Guerreros, con sus columnas de piedra que debieron sostener unas amplias techumbres (de madera probablemente pues de ello no queda nada); tiene también este templo una parte de plataformas escalonadas rematadas con un templete donde, precedido por un chac-mol , se ve lo que debieron ser los apoyos de un dintel, como unas dos columnas que representan cada una de ellas sendos crótalos, con sus amenazantes cabezas a ras de suelo y los cascabeles arriba, en lo alto de los fustes, como rematándolos en una suerte de capiteles.

   También de estilo tolteca son: la cancha de juego de pelota, el estrado llamado de los tzompantli, y el ara de las águilas.

   Parece que el juego de pelota, al menos en fechas especiales, también se constituía en sagrado ritual; los dos equipos contrincantes debían pasar alternativamente la pelota por unos altos anillos de piedra, evitando que la esfera de caucho -que venía a simbolizar el sol- rodase por el suelo; tanto el mantenimiento de la pelota en el aire como el tanteo habían de hacerse a golpe de cadera solamente; el equipo que resultase perdedor era sacrificado, a sus componentes se les decapitaba. Todo esto se puede ver en sendos relieves esculpidos a ambos lados de la cancha. Donde los chorros de sangre que saltan de los cuellos seccionados se trasforman en serpientes [ii]; paralelamente, los campeones portan las testas goteantes, los trofeos de este peligroso juego en el que al equipo perdedor se le negaba toda oportunidad para el desquite.

1280px-Chichen_Itza_JuegoPelota_Relieve

 Relieve del “juego” de pelota

(clickar)

    Cerca de la cancha hay varias plataformas, en alguna de ellas (según Diego de Landa) se representaban farsas. Una de estas plataformas es la llamada la de Las Calaveras (tzompantli ), sus lados están repletos de calaveras esculpidas con la característica, y un tanto grotesca, estilización tolteca. Al parecer en este tipo de plataformas se apilaban, ensartaban en pértigas, o empalaban verticalmente estos macabros trofeos, con frecuencia producto de la guerra.

1280px- Calaveras Chichen_Itza_Tzompantli4

La plataforma  llamada la de Las Calaveras (Tzompantli )

   Pegado a la plataforma de las calaveras está el Ara de las Águilas donde se ven, por todos los ángulos, a estas aves -símbolos solares por excelencia, también en el gran substrato chamánico euroasiático- con un corazón en la garra; del mismo modo se puede ver a un jaguar en idéntica actitud, casi relamiéndose ante el festín. Al parecer, aquí se consumaban los terribles ritos sacrificiales de arrancar el corazón a las víctimas para ofrecérselo al sol, en la creencia de que así proseguiría en su caminar. Esta tremebunda práctica alcanzaría su paroxismo con la posterior civilización azteca del norte de México; así consta en las crónicas de los conquistadores donde abundan los documentos sobre dichas hecatombes.

hamlet tolteca 2

     El “HAMLET” TOLTECA

   Al entrar al recinto le llamó la atención como un indio tallaba, a punta de rústica navaja, una especie de totem o atlante tolteca en un pequeño tronco de acacia; por lo que, a la salida, se hizo con la pieza vista y con otra más.

   Camino de Mérida abrió la bolsa de plástico para volver a fijarse en la talla primeramente vista. La figura estaba tocada con una serpiente emplumada de doble cabeza y el ídolo sujetaba en las manos el descarnado cráneo, la calavera tolteca….

   ¿En que medida llegaron a ser así de tremendas estas culturas? ¿ Qué es lo mítico de todo ello? Las piedras hablan, pero ¿no lo hacen, también, simbólicamente?-Se preguntaba. Recordó la hipótesis culinaria que había planteado en un cuento uno de sus escritores favoritos [iii], aquella según la cual el uso masivo del picante en la cocina mexicana se originaría como un modo de enmascarar la antigua costumbre de la antropofagia; práctica – según las crónicas de la conquista- harto frecuente en aquellas sociedades.

    Recordó que en el bolso de mano traía el libro de Diego de Landa. Lo sacó y releyó el pasaje relativo:

Algunas veces hacían el sacrificio en la piedra y grada alta del templo y entonces echaban el cuerpo ya muerto a rodar gradas abajo y tomábanle abajo los oficiales y desollábanle todo el cuero entero, salvo los pies y las manos, y desnudo el sacerdote, en cueros vivos, se forraba con aquella piel y bailaban con él los demás, y esto era cosa de mucha solemnidad para ellos. A estos sacrificados comúnmente solían enterrar en el patio del templo, o si no, comíanselos repartiendo entre los señores y los que alcanzaban; y las manos y los pies y la cabeza eran del sacerdote y oficiales; y a estos sacrificados tenían por santos.[iv]

xipe_totec

El dios ritual del desollamiento  Xipe-Totec

…¿No obedecería todo ello a la más pura fabulación? ¿A la táctica psicológica de demonizar al enemigo buscando en ello, consciente o inconscientemente, una coartada moral, una justificación o apoyo social? Tal vez. Pero pensó que ahí estaban también los más antiguos hallazgos olmecas donde, en los muladares próximos a sus cocinas, habían aparecido restos de huesos humanos en los cuales, según expertos antropólogos, se apreciaban trazas de dientes humanos por lo que deducían que debió ser común la práctica caníbal ya en la civilización mesoamericana básica. Aunque también pensó que, probablemente, ningún pueblo tenga la exclusiva de estas prácticas; y donde las razzias a todo pueblo vecino pudieron originarse, muy remotamente, por una posible necesidad nutricional para, paulatinamente, ir dando paso a un ritual de simbología mucho más compleja….. Pero tras la visita a Chichén-Itzá estaba un tanto aturdido, pensaba que la atracción morbosa que el género humano muestra aún por las atrocidades podía provenir de ese pasado común. De hecho el hombre seguía siendo un predador no muy diferente de los animales que se pueden ver en los documentales televisivos sobre la naturaleza y donde parece que, aparte de los breves paréntesis reproductores, no hacen otra cosa que cazar o ser cazados. Lo de: “el hombre es un lobo……” ; aunque quizás sea peor, como en aquel aforismo del poeta Carlos Edmundo de Ory, y donde dice: “el lobo es un hombre para el lobo”. Y el humor nos salve.

799px-Quetzalcoatl_(mask_-_front)

Máscara Quetzalcoatl ( turquesas)

   Cuando salió de la mítica ciudad le vino a la memoria la voz de Octavio Paz y su poema “mariposa de obsidiana”*….

…Sí, yo misma, la madre del pedernal y de la estrella, yo, encinta del rayo, soy ahora la pluma azul que abandona el pájaro en la zarza. Bailaba, los pechos en alto y girando, girando, girando hasta quedarme quieta; entonces empezaba a echar hojas, flores, frutos. En mi vientre latía el águila. Yo era la montaña que engendra cuando sueña, la casa del fuego, la olla primordial donde el hombre se cuece y se hace hombre. En la noche de las palabras degolladas mis hermanas y yo, cogidas de la mano, saltamos y cantamos alrededor de la I, única torre en pie del alfabeto arrasado. Aún recuerdo mis canciones:

Canta en la verde espesura

la luz de garganta dorada,

la luz, la luz decapitada.

(…)Me bañaba en la cascada solar,

me bañaba en mí misma,

anegada en mi propio resplandor.

Yo era el pedernal que rasga

la cerrazón nocturna y abre

las puertas del chubasco.

cuchillo

Cuchillo ritual de pedernal 

                 (continuará)

*Recomendar oir el poema alusivo en la voz de Octavio Paz clickando en :

http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz1.php&p=Octavio+Paz&t=Mariposa+de+obsidiana&wid=2123

 

[i] Chac-mol: figura reclinada en cuyo vientre se depositaban las ofrendas de los sacrificios (también esta postura motivó la inspiración del escultor Henry Moore para sus conocidas mujeres reclinadas).

[ii]Quizás esta asociación, aparte de otros simbolismos, venga de la similitud entre el discurrir de un reguero de líquido y el reptar de una serpiente.

[iii] Italo Calvino en “Bajo el sol Jaguar” Italo Calvino. Bajo el Sol Jaguar, Tusquets, Barcelona 1989.

[iv] Diego de Landa, Relación de las cosas del Yucatán, Diego de Landa, Historia16, Madrid 1985. (pag.91 )


3 comentarios

TRÍPTICO INTEMPERADO

 

(I) EL SÍ

 

Podría escribir los versos más negros esta noche,

buena para nacer en su portal de insomnes nadas

todo un tropel de negruras a la caza. Podría

enrocarme en canto y oficio de tinieblas, tantas

ensayan su seducción de sonriente calavera y danzan

ante mí su contradanza de los siete cielos de la locura

y el éxtasis impío. Mas aun así sé que un sí trémulo

cuanto indomable defendería a sangre y fuego su última

trinchera, su derecho irrenunciado. El sí que me condena

a ser pálpito de sombra y llama aun en la ceniza,

aun en la cloaca. Aun en el espejo de tinieblas que pulen

y donde me cercan y aprisionan mis fantasmas de la guarda.

 

(II) EL SER

 

Ser yo pues que yo te soy y tú me eres, mi semejante, hermano

mío. Son los otros el infierno, dixit el galo filósofo reculante

entre el ser y la nada, no erraba el tiro mas marraba el blanco,

era bizco. Sería yo mi propio infierno, o mi anonadado paraíso,

si no más que en la frontera de mi piel habitara, por solo sustento

mi aliento, mi sombra y mi palabra, por solo reino una mismidad

de su autosuficiencia coronada. Yermo reino, ilusa isla

enhebrada de nieblas y oropeles que enfrentan muralla al horizonte.

Libre me quiero, pero no mío, no a sacrosanto régimen de propiedad

privada quiero mi yo soy subyugado, uncido al eterno retorno

de mi mismo eco. Ser porque tú a ti te digo y tú a mí

me dices, fundando el nos y el otro que en contrastado concierto

la identidad propia a cada cual reverbera en regalo que nos nace.

A ser y para ser el nacer nuestro.

(III)

Pregunta adviene, erizada de clavos y de espinas. Espinosa cuestión

la del Otro (con mayúsculas) del nosotros Quién el otro

lado y la otra cara del ser nuestro nos abriera o, al contrario,

nos hurtara. Quienes le dicen mayúsculo fantasma del deseo, ladrón

que del ser sí mismos mismamente nos aliena, amén de todo poder

y todos los amos, y en fin, gran padre, gran hermano, gran amigo

imaginario de mentecatos y de ilusos. No digamos que no,

ni que sí, ni que ni todo lo contrario; no decir, ser escucha

en el silencio y al acecho, acaso así entreoír el fragor sordo,

mixturado de chirridos, chillidos y rumor de fuentes y albas,

de una imperiosa e invicta melodía que la clave de nuestro ser

cantara.

LUIS ANTOLÍN


2 comentarios

LUIS ANTOLÍN NOS PRESENTA EL PRÓXIMO RECITAL SOBRE EL LIBRO DE LAS MORADAS DE SANTA TERESA DE JESÚS (abril-mayo 2015).

Dentro del juego de relaciones que tantas veces pueden establecerse entre lo en principio dispar y aun opuesto,relacionar a Santa Teresa con Rimbaud,aquel ángel/demonio auroral de la poesía moderna.Nexo de relación,la paradójica y frecuentemente citada frase de este último,el “Je est un autre”,”yo es otro”,alteración enigmática cuanto sugerente de la concordancia del sujeto con la persona del verbo.
No el otro que soy en modo de cara oculta o inconsciente de mí mismo sino el otro que me es y en referencia y en función del cual yo soy.En el caso de Teresa,que ella entiende predicable de cada ser humano,es Dios,que habita en el centro onúcleo del alma,metaforizada en imagen de castillo,el Otro que la propia y esencial mismidad constituye,sustenta,refrenda…
En “Las Moradas” nos narra Teresa, o por mejor decir,narra a sus hermanas carmelitas con propósito de instrucción y provecho,su camino de esponsalidad con ese Dios que la llama,aguarda y guía,y que la confrontará y regalará con la plenitud toda del amor y la verdad,los cuales no acontecen como pura y abstracta esncia en que sumirse y disolverse sino como encuentro cara a cara con un rostro,el de Jesús el Cristo cuya Sacratísima Humanidad,según ella lo denomina,tan vehementemente reivindica.
Humana,fieramente humana,Teresa.En constante alerta y advertencia desu propio conocerse y no ser engañada ni por sí misma ni ni por las asechanzas del demonio enemigo siempre a la sombra y al acecho.En modo coloquial,pocas veces tiene un lector la impresión de hallarse en coloquio directo con el autor como sucede con “Las Moradas”,caminaremos junto a ella en las siete etapas de su andadura,que ya en la quinta y sexta devendrá vuelo de mariposa,o palomica,tenaz en su empeño y acogida al viento,ya brisa,ya huracán,del Esposo que a Sí la convoca.Hondos olores y miedos,atizados por lerdos letrados y confesores de fe cosificada,altísimas delicias e inefables arrobos,jalonarán la andadura y el vuelo.
Y Teresa siempre afirmándose más y más en su verdad,que, cierta de sí misma,ella conoce ser verdadera.En coloquio con ella,penetrando en cada una de las siete moradas y traduciéndolo en poema, han entrado siete poetas.Bien sabenlos poetas que otro nos es.A la música tocará acordarnos,ya suave,ya recio,el silbo de los aires amorosos que dijera Juan de la Cruz,ese gigante en poesía y pequeño en estatura al que por ésta  llamara “medio fraile”la Santa que también sabía de ironías.
 Teresa para Dios,Dios para Teresa.Teresa de Jesús,Jesús de Teresa… .
Luis Antolín


1 comentario

LEONOR DE AQUITANIA. Belén Gómez-Acebo

Leonor de aquitania

LEONOR DE AQUITANIA

(Monólogo elaborado a partir del libro del investigador francés   Jean Markale referido a ella)

   Nací en Niort en 1122, y fueron mis padres Guillermo X de Aquitania y Aenor de Châtellerant, por lo que soy la otra Aenor (Alia-Aenor), o sea Leonor.

   Mi abuelo Guillermo IX fue un hombre muy culto y también muy guerrero. Le apodaron el Trovador, de donde me vino mi afición a la poesía. Y yo os pregunto, hombres y mujeres del siglo XXI ¿soy poeta o poetisa?

   Este abuelo se fue de Cruzadas con Godofredo de Bouillón. ¡Vaya par de pájaros¡ También fundó varios conventos; y un burdel, pero no os escandalicéis, porque al fin y al cabo, “las jóvenes aquellas vestían obligatoriamente de monjas”.

   Cuando, debido a otros motivos, el obispo de Poitiers le excomulgó y se tomó la molestia de ir personalmente a comunicárselo, (no le envió un emisario ni un whatsApp), estuvo a punto de matarlo clavándole una espada. También discutió con el de Angulême que quería someterle a su obediencia, pero mi colérico abuelo le respondió, al obispo que era calvo, “que le esperase allá arriba y se pasara un peine”.

   Pero ya está bien de hablar de mis antepasados.

   Recibí una esmerada educación, pues estaba llamada a ser la heredera de la casa de Aquitania, así que aprendí varias lenguas, entre ellas el occitano y el latín.

   Mi padre, que no se llevaba muy bien con su segunda esposa que no le resultaba muy fiel, decidió un día desaparecer: se fue a Compostela, se organizó un funeral para que no le buscasen y se largó por esos mundos, después de firmar un testamento por el que me entregaba como esposa a su señor Luis Capeto, hijo del rey de Francia. (Hizo buen negocio, pues aunque fuera hijo del rey, mis tierras y vasallos eran muchas más que las suyas). Casi de inmediato murió mi suegro, así que con 15 años era ya duquesa de Aquitania y reina consorte de Francia. Luis, mi marido, el VII de ese nombre tenía 16 años, un niño.

   Nos casó Suger, ese que… en fin, conseguí echarle de la corte: no me gustan los obispos. Sí me gustaba la moda, y romper moldes, así que mis amigas y yo vestíamos sedas de brillantes colores y vestidos bien escotados; organicé juegos florales y grandes banquetes y torneos y las fiestas del “amor cortés”.

   Tardé siete años en tener a mi primera hija, María, a la que dediqué toda mi atención, sin darme cuenta de que Suger y Bernardo de Claraval volvieron y dominaron a mi esposo. Convocaron otra Cruzada, y aunque mucho me han criticado por acompañar a mi marido a Tierra Santa, no creáis un ápice de nada, porque en realidad Luis me necesitaba para templar a mis vasallos, que sólo le obedecían porque yo era su duquesa. Me entusiasmó Constantinopla. ¡Cómo me hubiera gustado habitar en aquellos palacios de mármol blanco¡ Pero el emperador bizantino nos traicionó; la cruzada fue un auténtico fracaso; me pelée con Luis y decidí volver por mi cuenta, con la mala suerte de que caí prisionera, y gracias a los normando de Sicilia me salvé. Luego caí enferma, en Monte-Casino. El Papa, siempre metiéndose en todo, nos reconcilió a Luis y a mí: bueno, por lo menos me preñó otra vez.

   De vuelta a París la vida se me hacía muy aburrida, y mi esposo aún más, hasta que un día llegaron a la corte, desde Inglaterra, Godofredo Plantagenet (llamado así por la planta de genista que lleva en su escudo), al que habíamos conocido por allá, por Oriente, con su hijo Enrique el heredero de 18 años, pero ¡qué dieciocho años¡ en fin, que aunque le sacaba unos doce me enamoré como una tonta y no paré hasta separarme de Luis y casarme con Enrique. El mismo obispo que me casó quince años antes, me descasó y declaró nulo mi matrimonio, aunque mis hijas fueron declaradas legítimas. En el entretanto tuve que asegurarme la lealtad de mis súbditos. Dos mese después de separarme de Luis de Francia me casé con Enrique Plantagenet, duque de Anjou y de Normandía. Creo que Enrique no me quería mucho, pero sí que le atraía, y mis tierras mucho más; yo sí estaba verdaderamente coladita por él, y si él era culto, yo más; si él era dominante, no os cuento cómo era yo: nuestras discusiones… pero no llegué a someterle como había creído que iba a poder hacer contando con mi experiencia y su juventud.

   Tuvimos el primer hijo y enseguida nos coronaron reyes de Inglaterra (he sido reina dos veces de dos países diferentes); murió mi niño a los tres años, pero mi fogoso marido me hizo muchos más: Matilde, Enrique, Ricardo (futuro Corazón de León), Godofredo, Juana, Juan (apodado Sin Tierra), y finalmente Leonor.

   Me pasé la vida viajando, pese a mis embarazos, por todos los reinos de Gran Bretaña y de Aquitania y Normandía: ya he dejado claro que me gustaba mucho mandar. Quería reconstruir Poitiers y convertirla en una gran capital, pero Enrique me necesitaba en otro lado, y yo tan enamorada, hacía todo lo que él me pidiera. ¡Cómo me lo pagó después! me engañó con todas las que le dio la gana: comprendí que nunca me había querido a mí sino mis posesiones.

   De nuevo el tropiezo con los obispos: Tomás Beckett me ha hecho la contra desde que llegué a la corte y no me sometí a él, pero mi esposo le quiere y le tiene en gran estima, sin entender que la Iglesia pretende siempre someter a los reyes y al Estado. Hasta que un buen día chocaron los intereses de ambos y Enrique le hizo asesinar ¿Recordáis a Peter O´Toole haciendo de Enrique en la película que lleva el nombre del obispo? Ese acto cruel nos trajo múltiples problemas, y los súbditos se le rebelaron.

   La gente ya sabéis, larga mucho, y dicen que yo asesiné a Rosamunda, una de las amantes de Enrique, pero no fue así: ella murió abandonada por el rey en un convento, como las favoritas reales.

Mi venganza ante los engaños fue volver a mis hijos contra su padre: eso sí que es venganza.

   Declarada la guerra sin cuartel entre ambos, huía desde Poitiers en dirección a Chartres disfrazada de hombre y acompañada de unos pocos vasallos cuando tropezamos con una partida del Plantagênet y me hicieron prisionera. Enrique me encarceló y no volví a ser libre hasta que él murió en 1189, y para entonces ya me habían caído los 67, así que pasé 16 años de castillo en castillo, tratada con todos los honores, pero sin poder disponer y gobernar como me gustaba. Mis vasallos se las arreglaban para mantenerme informada de todo lo que ocurría en mis territorios.

   Antes de que sucediera lo de mi caída viajé a Castilla a casar a mi hija Leonor con el rey Alfonso VIII y de esa manera dejé mi nombre en la corte de Madrid.

   Cuando víctima de una misteriosa enfermedad murió mi hijo Enrique el Joven su padre no sólo le perdonó que se hubiera levantado contra él sino que accedió a hacer mi prisión más llevadera, como le solicitó el hijo.

   No llegó la paz entre padre e hijos, que siguieron revolviéndose contra él, especialmente mi preferido, Ricardo, que se hizo íntimo del rey de Francia, enemigo número uno de Enrique mi esposo; os podéis imaginar la quina que éste tragó cuando en 1188 en una reunión con Felipe de Francia para intentar firmar la paz vio que su hijo Ricardo rendía homenaje al francés. Y aparte de Ricardo ya no contaba con más hijos varones que Juan, pues los otros habían ido muriendo, pero incluso Juan le traicionó, y el pobre Enrique murió sin haber conseguido la unión de los reinos, por lo que había luchado toda su vida.

   En ese momento mi corazón estaba entristecido por la muerte de mi hija Matilde, pero eso no me impidió alegrarme de la de mi esposo, ya que con ella volvería a ser libre.

   Efectivamente mi hijo Ricardo Corazón de León, mandó liberarme de inmediato, y como él estaba en el continente fui la dueña de Inglaterra durante un año al menos, y cuando vino sembró la paz, y fue generoso incluso con sus hermanos bastardos.

   Ricardo cayó en el mismo error que mis dos maridos yéndose de cruzada, la tercera, a Tierra Santa. Para ello necesitaba mucho dinero que consiguió vendiendo el patrimonio del Estado. Creo que ahora llamáis privatización a este mecanismo. Un eufemismo como cualquier otro. Antes de partir me hizo gobernadora, que no regente, pues los dos conocíamos bien a su hermano Juan, al que la historia le ha apodado el Sin Tierra. Todavía tenía que cumplir la importante función de buscarle esposa. La elección recayó en Berenguela, hija de Sancho VI el Sabio de Navarra y a mis setenta años me embarqué rumbo a Sicilia para entregársela personalmente, y regresé de inmediato a Inglaterra. Y pensad que los viajes eran entonces largos y duros, no como ahora que en un par de horas saltáis de sur a norte de Europa. Entonces Europa era mucho más grande.

   Al regreso de Tierra Santa Ricardo fue hecho prisionero por el emperador de Alemania que pidió un gran rescate por él ( se ve que a estos alemanes les gusta lo de los rescates), y he tenido que reunir una gran fortuna con mucho esfuerzo y como ya no me fío de nadie, ahora, siendo como soy una anciana de setenta y dos años me dispongo a viajar hasta Colonia, en el centro de Europa, porque aunque he recurrido al papa, no me ha hecho ni caso pese a que mi secretario le ha escrito así: “Yo Leonor, por la cólera de Dios, reina de Inglaterra, estoy consumida por la pena…” Pero claro, ¿a quién se le ocurre recurrir a la cólera en lugar de a la gloria? Y el Papa no intercedió por mi hijo ante Alemania y tuve que acudir de nuevo a mis súbditos y gravar los monasterios. Cuando reuní cerca de cuatro toneladas de plata fina que era el importe pedido por el rescate, me encaminé, en el invierno de 1193 hacia Alemania, yo misma con setenta y un años.

   Cuando en el mes de marzo del año siguiente regresamos juntos, me sentía muy cansada por primera vez en mi vida, y me retiré en plan semimonástico, aunque tuve que salir del retiro para ir a recoger a mi hija Juana que enferma murió en mis brazos en Fontevrault.

   Ricardo fue un gran rey, pero tenía el problema de la sucesión y a su muerte me tocó de nuevo entrar en acción y este fue mi gran error: nombré a Juan, que era listo pero estaba loco; además siempre sospeché que había asesinado a mi nieto Arturo que hubiese sido un buen rey.

   El 22 de marzo de 1204 me fui de este mundo habiendo cumplido los 82.