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DESAHOGOS, de Armando Arconada

1 comentario

 

Armando Arconada nació en Torrelavega y reside en Santander. Como otros muchos torrelaveguenses,  el trabajo le acercó a la bahía santanderina. Sin embargo, haciendo suyo el dicho atribuido a León Felipe, uno es de  donde hizo el Bachillerato, Armando siente en su memoria sentimental los años vividos en la ciudad del Besaya pues fue en el Instituto Marqués de Santillana donde lo estudió él.

Además, pertenece a una familia con unas profundas raíces culturales en la vida de la ciudad. Su padre, Cándido R. Fernández Diestro, fue un gran dibujante, acuarelista y caricaturista, imbricado en el comercio de Torrelavega con dos establecimientos, o tres, que forman parte de la historia de la ciudad: El Bar Diestro, productos dietéticos El Sol y el ambigú de los cines Garcilaso y Teatro Principal. Armando haría a su padre un sentido homenaje con la publicación del libro donde se recogía una selección de sus trabajos artísticos y literarios. Por cierto, libro que me cupo el privilegio y la emoción de presentar en Torrelavega.

La trayectoria profesional de Armando Arconada está íntimamente vinculada a la escritura. Periodista de formación y titulación, ha trabajado en revistas y periódicos históricos de Cantabria: El Cántabro, El Norte, Hoja del Lunes, Alerta y La Revista de Cantabria, entre otros.

En algunos casos, ha desempeñado funciones que ponían en evidencia su interés por la cultura y la educación. Por ejemplo, en su etapa de coordinador de los suplementos semanales de Alerta en estos dos ámbitos. Por cierto, en los que además de ocuparse por los temas de actualidad y los creadores de la comunidad, mostraba unas habilidades extraordinarias como maquetista al diseñar las páginas. Igualmente recuerdo las originales y atrevidas que componía para El Cántabro rompiendo con la estética acostumbrada.

Como un ejemplo de su trabajo a mitad de camino entre lo periodístico y lo literario, hay recordar su libro  Presentes y ausentes, en el que recogía una antología de entrevistas con personalidades de la cultura de Cantabria.

Cuando abandona  su actividad laboral relacionada con la información diaria, pasa a trabajar al gabinete de prensa de lo que  actualmente  se conoce como Consejería de Educación y Cultura. De su pluma, de su máquina de escribir, de su ordenador han surgido discursos institucionales, explicaciones de sucesivos programas educativos, ilusionantes proyectos para las aulas y, probablemente, la justificación de sus interrupciones posteriores, al estar sujetos a las decisiones de los políticos de turno. Fue coautor del libro Diez años de educación para todos y director del periódico digital para escolares Red-acción (proyecto inter aulas).

Armando, tanto trabajar con la palabra, ha caído en la tentación de publicar finalmente unos textos propios. Se veía venir. Su forma de escribir, notaba el lector, estaba constreñida a unas dimensiones, la de la página de periódico o revista, sometida a las decisiones de los redactores jefes, de la inmediatez de la noticia… pero se veía que había oficio y ganas de escribir. Como se les notaba a otros compañeros de oficio: José Ramón San Juan, Guillermo Balbona, Javier Fernández Rubio y tantos otros periodistas cántabros, y son muchos, que han dado a conocer poemas o relatos… Era cuestión de tiempo. Esperar hasta que en un momento dado surja esa necesidad de dar a conocer lo secretamente escrito. Así lo manifiesta en cierto modo al final de su prólogo: “Escribir es un acto solitario; a veces las palabras fluyen y se juntan con fortuna, entonces lees lo que has escrito y no te parece tuyo. Así es este libro”

Y lo que ha escrito Armando ahora es una colección de relatos que ha  titulado  Desahogos. Qué título más indicativo. No se necesitan muchas explicaciones. Cuántas palabras calladas, cuánta disciplina asumida, cuánta autocensura en silencio hasta llegar a casa y decidir escribir lo que tú quieres, soltar lo que en el marco laboral el respeto o la situación impiden. Sin pensar en publicar.

Esta selección de relatos, cortos o muy cortos, tiene dos direcciones. Por un lado, los que pueden considerarse más realistas; por otro, los que se insertan en una ficción más pura. Y tanto en unos como en otros, con una utilización de los recuerdos, de la autobiografía, especialmente en  los del primer apartado, los más realistas: A ninguna parte,  con la evocación de las ferias durante las fiestas;  El hombre transparente y la mujer opaca, en el que recuerda “el olor de los lapiceros Alpine”…

La hay también en aquellos que hacen alusión a sus padres, a su  relación con ellos de niño: Mi padre se parecía a Glenn Ford,  Garcilaso… sus recuerdos en Pesquera, pero también los que parten de situaciones que han podido suceder trabajando en la Consejería.

Son relatos con una carga de sentimentalidad evocadora de la infancia y adolescencia  en los años sesenta en una ciudad de provincias, de los temores de los niños con pantalón corto, las primeras experiencias sexuales, los juegos, con las botas Gorila y el jabón Chimbo como metáforas de un tiempo, de cómo se miraba a los mayores, la educación sentimental de los pertenecientes a su generación en definitiva: El chupete, donde dice: “Me asomo entonces a mi vida, tantas veces niño que duda”; Mi padre se parecía a Glenn Ford, un niño entre el cine y la realidad; A ninguna parte, con los complejos de infancia, entre otros el de Peter Pan, puesto de manifiesto frente a los deformantes espejos de feria;  Garcilaso, en el que finaliza escribiendo: “Al llegar a casa lio mi primer cigarrillo con papel de periódico, como una premonición”;  Pesquera, en el que termina: “Tienes 10 años y tu vida está a punto de cambiar para siempre”; Oh balance, balance, recordando  cuando de niño cantaba la conocida canción de Sara Montiel.

En esos relatos se muestra más narrativo y apunta en una posible dirección para continuar escribiendo más ambiciosa. Uno novela, quizá.

Por otro lado, están los relatos más irreales podíamos decir, de atmósferas más inquietantes, con un punto de misterio en los finales. Abundan en ellos las referencias a los sueños: Los pies en el suelo, con referencias a la universal pesadilla;  Cojito ergo sum, Oh balance, balance… ¿Quién atropelló realmente a ese joven que iba en bicicleta por una urbanización en Cojito ergo sum? ¿A quién pertenece ese extraño cuerpo varado en la playa en El mar lo devuelve todo?

Por cierto, le gusta mucho jugar con las palabras. Cojito ergo sum, rutina de espada  grillete, El mar lo devuelve todo, Entrada en virgo…son algunos ejemplos.

Son relatos que transcurren en espacios urbanos, en algunos puede adivinarse la ciudad de Santander, en la que vive, El chupete,  Mar dudoso, en otros la cita directamente: Lo echo de menos… y en muchos adopta el papel del observador: Oh balance, balance…

A lo largo del breve libro, Armando inserta múltiples alusiones literarias y cinematográficas que reflejan su vasta cultura. Probablemente íntimos homenajes a autores que ha admirado: Balzac, Proust, Flaubert, Poe, Julian Barnes… lecturas: La Iliada, Corazón de Amicis, actores y personajes cinematográficos: Rita Hayword, Fred Astaire, Mastronianni, Gilda,  Rosebud … incluso introduciendo amigos escritores como protagonistas indirectos: Manuel Arce en  Mar dudoso.

Los relatos están escritos en primera y segunda persona. Y el humor está muy presente en ellos: Mar dudoso, Entrada en virgo, Yo lo que quiero es que me coma un tigre… En algunos casos, humor negro: Rutina de espada y grillete.

Una punta de ironía crítica puede apreciarse en muchos de ellos: claro, Desahogos, reza el título del libro. Escribir lo que me apetezca, libremente, pensaría Armando frente al papel en blanco. En Cojito ergo sum, una crítica a los bufetes de abogados y la picaresca de las bajas laborales. Las alusiones a los  Consejero(a)s que ha tenido en: Lo echo de menos, Perfil previsible, Diálogo de asesor y Consejera, en el que ella se preocupa por su posible pérdida del sentido de la realidad,  Mar dudoso y, sobre todo, Indomables e infinitos, en el que  un rey de un extraño país pide a sus asesores una frase que pueda aplicar a cualquier situación, al final sus consejeros áulicos la encontraron: “Con esto también el tiempo acabará”.  En estos relatos,  en los que descubre las entretelas de los políticos, no hay burla, pero sí un algo de caricatura.

Y en ellos, curiosamente, la base de su trabajo, la persecución de la palabra justa, eficaz. Todos los Consejeros lo piden. ¿La inseguridad de los políticos para llegar a los ciudadanos? Tantas veces hemos oído la fase: No sabemos transmitir el mensaje…

En resumen, un libro breve, que sabe a poco. Dicho de otra manera para evitar malas interpretaciones, que el lector quiere más. Arconada, acostumbrado a manejar la palabra escrita, nos ha entregado un haz de relatos hermosos e inquietantes, con sabor a las cerezas de la infancia, con la acidez de los limones que echamos a la ensalada, con el misterio de las historias que atrapan.  Además de felicitarle por este libro, le pediría que no demorase una próxima entrega.

 

Luis Salcines

 

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Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

Un pensamiento en “DESAHOGOS, de Armando Arconada

  1. Grata sorpresa encontrarse, aunque sea indirectamente por la pluma de Salcines, con Armando Arconada. Aparte de otros vínculos estrechos , decir que le conocí hace bastantes años cuando dirigía, con oportuna amplitud de miras, el suplemento cultural de el Diario Alerta. Recuerdo que me publicaba practicamente todo lo que le enviaba, y entre ello colaboraciones comentando las primeras exposiciones importantes que se hacían en Madrid de artistas apenas realmente vistos en nuestro país (Max Ernst, Magritte, Odilón Redon…) En fin, tiempos! . Me interesa la reseña de su libro que a buen seguro leeré. También proponerle, por si alguna vez se anima, colgar aquí alguno de sus relatos.
    Mariano Gómez de Vallejo

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