LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE

EL IDIOMA DE LA MÁQUINA DE LOS DESEOS, por Ulrich Rüdenauer (Zeit online, 6 julio 2011).

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     Parece que son buenos tiempos para la Lírica. Al menos se puede colegir ante una por doquier floreciente y joven escena. El Frankfurter Allgemeine Zeitung le dedicó a esta “explosión del género” recientemente un detallado artículo, en el que se entusiasmaba ante la vivacidad y diversidad de las voces líricas de esta generación, sin dejar de percibir así la insignificancia económica del género en el negocio de la literatura. También en el Börsenblatt se informó apasionadamente de la era de “Sturm und Drang” de la poesía en lengua alemana, una vez que Michael Braun y Hans Thill habían puesto nombre a este ambiente de ruptura del momento en su antología “Canto de la pura nada” acertadamente. Si los destinatarios del artículo, los libreros, de forma masiva, en efecto, colocarán en sus stands las nuevas obras de las jóvenes editoriales líricas, desde Kookbooks hasta Luxbooks, es cuestionable. De esta forma habría una total compensación. Mientras que en las mayores editoriales existe una conspiración respecto a la palabra lírica la mayoría de las veces y pocos poetas encuentran en ellas un territorio propio, se mueven muchos de ellos precisamente en las ambicionadas, conmovedoras pequeñas editoriales que trabajan bajo el principio de la autoexplotación: así los poetas Hendrick Jackson o Ron Winkler, Sabine Sho o Martina Hefter, Monika Rinck o Uljana Wolf, Adrian Kasnitz o Steffen Popp, todos ellos contribuyen a la casi ya eufórica voz que se siente en la escena lírica. Alguno de estos autores serán gustosamente también acogidos en los suplementos, otros son -todavía- desviados de la onda del interés general, aunque no por ello resultan menos interesantes.

A ellos pertenece el nacido en Berlín en 1974 Alexander Gumz, un autor que desde hace años se involucra en distintos proyectos ya sea como organizador o como autor, también una y otra vez con sus propios textos en distintas antologías, pero que sólo en este comienzo de año (2011) ha publicado su primer volumen propio: “Largarse con modelos” ha aparecido en la editorial de Daniele Seels, “Kookbooks”, y contiene 60 poemas repartidos en siete capítulos. La escritora Antje Rávic Strubel cuenta en su epílogo cómo conoció a Alexander Gumz a comienzos de los años 90 y cómo con el correr del tiempo, cada vez más, la mayoría de sus manuscritos inéditos se habían ido instalado en su librería.

Uno se pregunta si es ignorancia del sector editorial que la primera publicación de Gumz se haya hecho esperar tanto tiempo, o más bien una virtud del autor, el cúal ha dejado tiempo a sus historias para que se desarrollen, cambien, que efectivamente se condensen. “Largarse con modelos” funciona de verdad como un trabajo maduro. En varios textos se deja adivinar el cerco de los años, parecen haber crecido acompasadamente.

Y eso que en la lírica de Gumz hay algo muy agudo, contemporáneo. A menudo llega con una estrofa a cada punto, captura cada segundo en el cual se transforma la actualidad en lo ya nunca-más-inteligible, donde un reverso de lo perceptible aparece y la atemporalidad puede surgir:

“En el movimiento deslumbrante congelado: un bucle de los propios logros, de los reflejos, de lo que no hemos sido”. Las estrofas individuales constan tan sólo de dos renglones, y cada una porta el núcleo del poema completo ya en sí a menudo. En cada una de ellas, en su parquedad, a menudo imágenes que actúan misteriosamente, la totalidad se anula, y esto pasa no como una consecuencia de la fragmentación, sino más como una concentración natural en torno al ser del poema. “Nuestras preocupaciones son interiores desquiciados”, dice en “Fríos Desarrollos”, y mucho más exactamente no se puede describir la situación de aquellos que están hoy entre los 30 y 40 años.

Se podrían mostrar muchos versos acertados y provocadores, pero no siempre se haría justicia a toda la poesía. Todo está trabajado sutilmente, bien trabado, a veces colocado libremente en un casi puro hermético marco, pero la mayoría de las veces iridiscente y abierto: “este es nuestro futuro, una nueva versión de promesas que ninguno mantiene”.

ESCALINATAS

Apáticos se arriman los HOTELES a los acantilados,

escalinatas en la mano.

Pareja quiere que, un brazo, húmedo,

al otro en el albornoz ayude,

azotar los trajes de noche, con el tiempo acuoso

arrojados al mar.

Cuando la pareja, el uno contra el otro,

sus superficies frotan, finalmente comienzan

a sumarse, se rompe una piedra

del tejado y cae entre ambos.

No hay manzanos a la vista. Apenas su danza,

debilitándose, cruzando el teatro.

A. Gumz

CONTENEDOR DE ORILLAS

No estoy con mi hijo en Venecia,

está claro. Me acurruco en un agujero

de metal, que resuena cada vez

que la marea tira de mis piernas.

Soy un fino papel, crepito

en la obscuridad. Mi hijo desaparece

tras de las dunas, un haz de líneas

sólo un poco más claro.

Nuestra góndola se ha perdido. La hierba

se inclina, baila por el contenedor de orillas.

Algo llega desde la costa

de esta parte. Osos de las dunas quizás,

o los espíritus de los obreros del puerto. Los inicios de una canción

se balancean en el viento, suenan apenas

a italiano, una y otra vez, en coro,

aunque ininteligibles.

Un montón de tarjetas postales, medio tapadas por la arena,

con grueso fieltro repintadas.

Mi hijo podría leerlas.

Él podría transformar las torres en tallos.

A. Gumz

Traducción del alemán por Marina Gurruchaga

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Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

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