LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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Escritosms (cuando no había whatsapp…)

Escritosms (cuando no había whatsapp…)

-Calor carnal cada cancion en casa cabe. Castafiore, castrati cantan al caer castañas. Carnestolendas de calendario casi castas. Ah del castillo, los canes custodian las cartas y calla un canario al caer sobre la cama. Canalla, calamidad y cuatro cunas conato de cuento. Un sobe.

-Precioso presente; precede posibles palabras pero puedo perder. Por el precipicio penden piedras. Prudencia porque palidece la piel. Préstame pudor para perderte; pinta mi pudor para perderme. Peticiones propias pueden ser paisajes por tu pelo.

-Santander sabe a sal, sangre sardinera, santa saliva saliendo en saraos salvajes. Satisfechos sapos con salero sanador. Qué santapoco, qué silvestre la sarta de senderos que nos sitian o sorprenden. Será será un solo lo que suena. Sosbe, un sobe es sospechoso.

-Felicidades, fiera y fortaleza fuiste. Frente a la flaca flatulencia de los fideos, fliparon los fiambres y fue fecundo el furor de finas flautas en la fronda y fe. Fuiste tú. Final feliz, te felicito.

-Tango que tiene tristeza tan tibia que traduce todo el tedio en tentación. Tras el trino tienden telas que tirita la tercera tía abuela en el tonel. Tensad, tirad, trato de tocar tierra.

-Caído del cielo como cagadilla o cagarruta. Te querremos cuando creas que el corazón crece con ciertas criaturas. La cabeza con crucigramas cumpleaños complica aplica multiplica replica duplica suplica que esto se acabe.

-Bolso brujo buenasuerte. Bonito. Lana lanuda, luna lunera llena llanero la linea del lapiz de ciertopelo.

-Doce, duce, ducado, duque, di que sí, di que sol de octubre de cotubre de tucobre o tu bronce bronca berrido barranco bar ranco donde arranco el tranco y no veo al manco que manga y esconde la carta. Será tramposo el oso que osa mangar el osario de rosario! Por rios rosas.

-Mani, manos, mierda de mundo. Mudos en manojos mezclados, sin miedos, con músicas, meditar en monasterios y marchar sin maldad. No hay milagros pero sí miradas. 15 M, no faltes.

-Vacachísimas felicidades, cincuenta, cindime cómo cantas cuando corres por los campos. Ya no cedes y cargas con un cuadro cuadrado de cuadrícula patodícula. He perdido la dime de los sosbe que me debes. Tiroriro to you…

-Laal viv elle otroorto diaaid: largaagral, barrocaacorrab peroorep bellassalleb imagenessenegami. (Estos romanos estan majaretas). Uffu

-Cuadriculando?, cuadricalculando?, crucificando? Supérate a ti mismo.

 

El aguijón del ave rojo


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GREGUERÍAS, de Elena Camacho

  • El sueño yace en la alfombra mágica de las sábanas.
  • Las grutas temen los mordiscos de las canteras.
  • En las fotos calculadas, todas las sonrisas son aviesas.
  • El mago nos hace seguir la estela de los aeroplanos que caen en barrena.
  • El agua tiembla como una novia antigua cuando la vamos a beber.
  • La luz es el huésped que husmea en la casa en cuanto el anfitrión se va a trabajar.
  • La sombra relumbra en la noche como una stripper entre los cristales del Barrio Rojo de Amsterdam.
  • Los escaparates que muestran la tentación a precios asequibles son tan peligrosos como ladrones de guante blanco.

 


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DESAHOGOS, de Armando Arconada

 

Armando Arconada nació en Torrelavega y reside en Santander. Como otros muchos torrelaveguenses,  el trabajo le acercó a la bahía santanderina. Sin embargo, haciendo suyo el dicho atribuido a León Felipe, uno es de  donde hizo el Bachillerato, Armando siente en su memoria sentimental los años vividos en la ciudad del Besaya pues fue en el Instituto Marqués de Santillana donde lo estudió él.

Además, pertenece a una familia con unas profundas raíces culturales en la vida de la ciudad. Su padre, Cándido R. Fernández Diestro, fue un gran dibujante, acuarelista y caricaturista, imbricado en el comercio de Torrelavega con dos establecimientos, o tres, que forman parte de la historia de la ciudad: El Bar Diestro, productos dietéticos El Sol y el ambigú de los cines Garcilaso y Teatro Principal. Armando haría a su padre un sentido homenaje con la publicación del libro donde se recogía una selección de sus trabajos artísticos y literarios. Por cierto, libro que me cupo el privilegio y la emoción de presentar en Torrelavega.

La trayectoria profesional de Armando Arconada está íntimamente vinculada a la escritura. Periodista de formación y titulación, ha trabajado en revistas y periódicos históricos de Cantabria: El Cántabro, El Norte, Hoja del Lunes, Alerta y La Revista de Cantabria, entre otros.

En algunos casos, ha desempeñado funciones que ponían en evidencia su interés por la cultura y la educación. Por ejemplo, en su etapa de coordinador de los suplementos semanales de Alerta en estos dos ámbitos. Por cierto, en los que además de ocuparse por los temas de actualidad y los creadores de la comunidad, mostraba unas habilidades extraordinarias como maquetista al diseñar las páginas. Igualmente recuerdo las originales y atrevidas que componía para El Cántabro rompiendo con la estética acostumbrada.

Como un ejemplo de su trabajo a mitad de camino entre lo periodístico y lo literario, hay recordar su libro  Presentes y ausentes, en el que recogía una antología de entrevistas con personalidades de la cultura de Cantabria.

Cuando abandona  su actividad laboral relacionada con la información diaria, pasa a trabajar al gabinete de prensa de lo que  actualmente  se conoce como Consejería de Educación y Cultura. De su pluma, de su máquina de escribir, de su ordenador han surgido discursos institucionales, explicaciones de sucesivos programas educativos, ilusionantes proyectos para las aulas y, probablemente, la justificación de sus interrupciones posteriores, al estar sujetos a las decisiones de los políticos de turno. Fue coautor del libro Diez años de educación para todos y director del periódico digital para escolares Red-acción (proyecto inter aulas).

Armando, tanto trabajar con la palabra, ha caído en la tentación de publicar finalmente unos textos propios. Se veía venir. Su forma de escribir, notaba el lector, estaba constreñida a unas dimensiones, la de la página de periódico o revista, sometida a las decisiones de los redactores jefes, de la inmediatez de la noticia… pero se veía que había oficio y ganas de escribir. Como se les notaba a otros compañeros de oficio: José Ramón San Juan, Guillermo Balbona, Javier Fernández Rubio y tantos otros periodistas cántabros, y son muchos, que han dado a conocer poemas o relatos… Era cuestión de tiempo. Esperar hasta que en un momento dado surja esa necesidad de dar a conocer lo secretamente escrito. Así lo manifiesta en cierto modo al final de su prólogo: “Escribir es un acto solitario; a veces las palabras fluyen y se juntan con fortuna, entonces lees lo que has escrito y no te parece tuyo. Así es este libro”

Y lo que ha escrito Armando ahora es una colección de relatos que ha  titulado  Desahogos. Qué título más indicativo. No se necesitan muchas explicaciones. Cuántas palabras calladas, cuánta disciplina asumida, cuánta autocensura en silencio hasta llegar a casa y decidir escribir lo que tú quieres, soltar lo que en el marco laboral el respeto o la situación impiden. Sin pensar en publicar.

Esta selección de relatos, cortos o muy cortos, tiene dos direcciones. Por un lado, los que pueden considerarse más realistas; por otro, los que se insertan en una ficción más pura. Y tanto en unos como en otros, con una utilización de los recuerdos, de la autobiografía, especialmente en  los del primer apartado, los más realistas: A ninguna parte,  con la evocación de las ferias durante las fiestas;  El hombre transparente y la mujer opaca, en el que recuerda “el olor de los lapiceros Alpine”…

La hay también en aquellos que hacen alusión a sus padres, a su  relación con ellos de niño: Mi padre se parecía a Glenn Ford,  Garcilaso… sus recuerdos en Pesquera, pero también los que parten de situaciones que han podido suceder trabajando en la Consejería.

Son relatos con una carga de sentimentalidad evocadora de la infancia y adolescencia  en los años sesenta en una ciudad de provincias, de los temores de los niños con pantalón corto, las primeras experiencias sexuales, los juegos, con las botas Gorila y el jabón Chimbo como metáforas de un tiempo, de cómo se miraba a los mayores, la educación sentimental de los pertenecientes a su generación en definitiva: El chupete, donde dice: “Me asomo entonces a mi vida, tantas veces niño que duda”; Mi padre se parecía a Glenn Ford, un niño entre el cine y la realidad; A ninguna parte, con los complejos de infancia, entre otros el de Peter Pan, puesto de manifiesto frente a los deformantes espejos de feria;  Garcilaso, en el que finaliza escribiendo: “Al llegar a casa lio mi primer cigarrillo con papel de periódico, como una premonición”;  Pesquera, en el que termina: “Tienes 10 años y tu vida está a punto de cambiar para siempre”; Oh balance, balance, recordando  cuando de niño cantaba la conocida canción de Sara Montiel.

En esos relatos se muestra más narrativo y apunta en una posible dirección para continuar escribiendo más ambiciosa. Uno novela, quizá.

Por otro lado, están los relatos más irreales podíamos decir, de atmósferas más inquietantes, con un punto de misterio en los finales. Abundan en ellos las referencias a los sueños: Los pies en el suelo, con referencias a la universal pesadilla;  Cojito ergo sum, Oh balance, balance… ¿Quién atropelló realmente a ese joven que iba en bicicleta por una urbanización en Cojito ergo sum? ¿A quién pertenece ese extraño cuerpo varado en la playa en El mar lo devuelve todo?

Por cierto, le gusta mucho jugar con las palabras. Cojito ergo sum, rutina de espada  grillete, El mar lo devuelve todo, Entrada en virgo…son algunos ejemplos.

Son relatos que transcurren en espacios urbanos, en algunos puede adivinarse la ciudad de Santander, en la que vive, El chupete,  Mar dudoso, en otros la cita directamente: Lo echo de menos… y en muchos adopta el papel del observador: Oh balance, balance…

A lo largo del breve libro, Armando inserta múltiples alusiones literarias y cinematográficas que reflejan su vasta cultura. Probablemente íntimos homenajes a autores que ha admirado: Balzac, Proust, Flaubert, Poe, Julian Barnes… lecturas: La Iliada, Corazón de Amicis, actores y personajes cinematográficos: Rita Hayword, Fred Astaire, Mastronianni, Gilda,  Rosebud … incluso introduciendo amigos escritores como protagonistas indirectos: Manuel Arce en  Mar dudoso.

Los relatos están escritos en primera y segunda persona. Y el humor está muy presente en ellos: Mar dudoso, Entrada en virgo, Yo lo que quiero es que me coma un tigre… En algunos casos, humor negro: Rutina de espada y grillete.

Una punta de ironía crítica puede apreciarse en muchos de ellos: claro, Desahogos, reza el título del libro. Escribir lo que me apetezca, libremente, pensaría Armando frente al papel en blanco. En Cojito ergo sum, una crítica a los bufetes de abogados y la picaresca de las bajas laborales. Las alusiones a los  Consejero(a)s que ha tenido en: Lo echo de menos, Perfil previsible, Diálogo de asesor y Consejera, en el que ella se preocupa por su posible pérdida del sentido de la realidad,  Mar dudoso y, sobre todo, Indomables e infinitos, en el que  un rey de un extraño país pide a sus asesores una frase que pueda aplicar a cualquier situación, al final sus consejeros áulicos la encontraron: “Con esto también el tiempo acabará”.  En estos relatos,  en los que descubre las entretelas de los políticos, no hay burla, pero sí un algo de caricatura.

Y en ellos, curiosamente, la base de su trabajo, la persecución de la palabra justa, eficaz. Todos los Consejeros lo piden. ¿La inseguridad de los políticos para llegar a los ciudadanos? Tantas veces hemos oído la fase: No sabemos transmitir el mensaje…

En resumen, un libro breve, que sabe a poco. Dicho de otra manera para evitar malas interpretaciones, que el lector quiere más. Arconada, acostumbrado a manejar la palabra escrita, nos ha entregado un haz de relatos hermosos e inquietantes, con sabor a las cerezas de la infancia, con la acidez de los limones que echamos a la ensalada, con el misterio de las historias que atrapan.  Además de felicitarle por este libro, le pediría que no demorase una próxima entrega.

 

Luis Salcines