LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE

UN POEMA Y DOS RELATOS DE JESÚS G. BARRIUSO.

4 comentarios

Duermen las palabras

 

“…la inmóvil presencia de esas letras que ‘parece como si pensaran’ (Platón, Fedro, 275 d), y que duermen en el tiempo coagulado que ya nada tiene que ver con aquella sucesión de mudos instantes en la que se engendraron”. [Emilio Lledó, Los libros y la libertad, 155].

Duermen las palabras que te quieren.
Se engendran en penumbra,
Se piensan a sí mismas.

De noche, te buscan encendidas,
A caballo de las nubes;
Y, si no te encuentran,
Se coagulan en el alba.

Pero si te hallan, si las miras,
Puede que se arrojen a tus brazos,
Penetren por tus poros
Y latan en tu vida.

El laberinto

Hacía días que hablaba con el artista; le contaba lo que le estaba pasando. Rui Val le escuchaba con paciencia; también con atención; tal vez hasta con compasión, porque sabía que sus noches eran amargas, que solo el alba era compañera amable.

Aquella mujer, que le había propuesto hacía tiempo ser compañeros de camino, ya no le necesitaba; sin mirar atrás, había corrido ligera y él se había quedado solo, en mitad del sufrimiento. Anclado por las horas  al camino, apenas avanzaba.

Aquella mañana,  al llegar a su taller, Rui Val le enseñó sonriendo la obra que había compuesto. Sobre una pared blanca, la cinta, completamente extraída, de una cassette marcaba un camino de líneas paralelas y perpendiculares que arrancaban de la propia carcasa del cassette. Cuando le preguntó qué le parecía,  le dijo que veía un laberinto.

-El laberinto en el que estás atrapado.- Le contestó riendo.- Tú eres el minotauro que se ha quedado encerrado ahí,  ciego de amor. Ella fue más clarividente que tú; supo reaccionar a tiempo para no quedar atrapada y encontró la salida. ¿Ves?.- Y le señalaba el extremo contrario de la cinta, abierto a la vida.

Para él, sin embargo, era tarde ya; el laberinto era el alma de aquella mujer.

Lo miró de nuevo y  supo, con certeza, que moriría en el laberinto; como el minotauro.

La última mirada

Está caído sobre el asfalto, sin mirada; el corazón impalpable.

Cuando ha pisado el arco que marca el final de la carrera, se ha deshilachado ante los ojos detenidos de los jueces que controlan la llegada, del gentío que rodea la meta.

No hay palabras alrededor; solo atónitos silencios que cuelgan de la luz de la mañana que se abre paso entre las nubes.

La sirena de la ambulancia golpea esos silencios. Una chica se deshace de la mano de dos niños y el hombre que la acompaña recoge la mano de las criaturas. Ella avanza entre el gentío, el abismo en el estómago, estallando su pecho.

La ambulancia se aleja; ella, sola entre la muchedumbre, grita en silencio su nombre, mientras los latidos de su corazón corren, desgarrados, tras el oscuro vacío que deja la ambulancia.

Más tarde, de pie, la mano extendida sobre el cristal que definitivamente les separa, recuerda su última mirada, aún en la carrera, entregada tras tanta vida anhelada que se iba.

JESÚS G. BARRIUSO

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Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

4 pensamientos en “UN POEMA Y DOS RELATOS DE JESÚS G. BARRIUSO.

  1. Esperamos contar más veces con tus colaboraciones, Jesús.

  2. Duermen las palabras…, me encanta, ¡ bienvenido Jesús !
    Paloma

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