LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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NO-EXISTENCIA

(Imitando al viejo Lao Tzi)
Por el insufrible maestro KONSHE JOSHVENDO

Llamamos nacer
A transformarse en lo que somos.

Llamamos morir
A transformarse en lo que no somos.

Lo que se transforma
No es lo transformado.
Un cauce seco
No es el cadáver de un río
Porque el agua
Siempre está en alguna parte.

El pasado
Sigue existiendo
Aunque no tengamos acceso a él.

El futuro
Es el pasado
De un futuro posterior.

No-existencia es sólo
Una idea en la mente de los peces
Cuando intentan imaginar
Qué hay más allá de su propio océano.


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INFANCIA

 

Desde hace algún tiempo me sucede

que a cada rato se me asoma, de repente,

la infancia.

Pero no la mía, pues no es que me vea como niña

o que se impongan las escenas y los cuadros

aquellos.

Es que me detengo ante las palabras como entonces

cuando voy a hablar, y se vuelven difíciles

de enhebrar en la realidad, y se hacen esquivas,

y tengo que detenerme, confusa, porque no me dejan

entrar donde antes llegaba,

rompiendo, como solía, incluso puertas

con la voluntad adolescente que aún conservo.

Y, como los niños, sólo quiero reir,

y recibir muchos besos

y ser echada en falta. Y que me digan

qué valiente,

y qué guapa

voy a ser de mayor, esa edad que ya he alcanzado

seguramente.

Y las cosas que haré, esas cosas que creo

-Después de negociar arduamente con mi memoria-

que –casi- he cumplido.

Aunque luego veo y miro que el horror entonces sospechado

ya llegó, para quedarse,

porque ya pasó la mitad de mi vida.

Y que ahora, como entonces, cuando era niña,

existen muchos límites: si ando demasiado,

Si como demasiado, si me preocupo demasiado… .

Antes era el NO lo que imperaba,

Pero lo formulaban las costumbres, la propia vida,

las madres unánimes del mundo.

El SI de ahora es el caramelo envenenado

que repartía en los cuentos, a manos llenas,

El hombre del saco. Y creo que eso muchos

no lo saben todavía.

 

Ahora va agotándose el plazo prometido

Y esto causa dolor y deseos de expiación.

 

Marina Gurruchaga


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DIOS MISTERIOSO Y OCULTO. Poema entregado en mano por su autor, desconocido.

¡Ay! Dios misterioso y oculto

Que estás en todas partes

Y en ninguna, ninguna,  ninguna. 

 

Estás en todas partes, 

Sin lugar a dudas y en ninguna, 

Ninguna,  ninguna. 

 

Dios misterioso y oculto,

Interior y exterior

Que en todos sitios

Te encuentras y en ninguno,  ninguno, 

Ninguno,  ¿dónde estás?  En ninguno. 

 

Dios misterioso y oculto, 

Te he visto, estás,  estás en todas

Partes y en ninguna.


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POEMA DE Paloma Bienert sobre el documental VIAJE AL REINO PERDIDO DE MUSTANG

Oración Kiva

 

Baba se ha ido.

Gira la rueda.

Siguen los pies descalzos

tocando la tierra.

Baba se ha ido

como un punto en la sal

de las montañas

entre el blanco y el rojo

de las montañas sagradas.

 

Sus ojos oscuros

no necesitan decir nada

con palabras,

como si su oración ya hubiese

sido escuchada tiende las manos,

Sus ojos y cabello oscuro

son diferentes y lo mismo que las montañas

son iguales y diferentes alrededor del viento,

el viento que sopla las igualdades y diferencias

en la distancia

que construye pueblos.

 

Baba se ha ido.

Solo su espalda mantiene

la sangre y el azul, el verde y el

naranja

 

atraviesa todo concepto

se pierde por fin

en lontananza…

y la verdad es que no importa

—si es que se ha ido—

donde vaya.

 

(Con él la despedida es el agua de ojos, de los ríos, el regalo submarino, la savia.)

 

 Paloma Bienert

 

 

 

 

 


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POEMAS. José Poveda.

Cuando llegue la noche

Cuando llegue la noche allí estaré

con mi mejor indumentaria,
listo para el banquete, bajo el árbol
sagrado. Dispuesto.

Acudid todos. No me dejéis solo.
No puedo cambiar la cita.
De todos modos iré
con mi mejor sonrisa, con el trabajo hecho.
A la gran cena acudirán todos los niños,
los que tuvieron sed, los que nacieron a medias,
los que no acabaron de crecer,
los insatisfechos porque si,
los sordomudos,
los no válidos,
los que murieron por la causa….

Cuando llegue la noche beberemos y comeremos,
tras el largo ramadán,
los mejores manjares de la madre tierra,
las frutas del paraíso, el néctar
de todas las flores, el mejor vino.
Y oleremos el perfume fabricado
por miles de abejas.
Será la apoteosis, la gran fiesta.
La fiesta final.

 

A mi madre

Cuando muere la madre, muere

el niño que portaba en su vientre,
con su último suspiro, desaparece del niño
su infancia, los desvelos nocturnos,
la fiebre, las lágrimas, los primeros fracasos.
La vida de la madre está encadenada al hijo
como el sol al nacimiento de las flores,
como la lluvia a la tierra,
como el dolor del primer diente,
como la cama mojada, el primer amor
a escondidas.
La muerte de la madre no queda impune,
la naturaleza te lo grita,
y aunque tu no escuches te pide cuentas.
Es justo. Es la ley de los vivos.
Cuando una madre se va,
parte de tu vida desaparece con ella.
Te asomas un poco más al abismo.
Irremisiblemente.

 

La paz eterna

Venne per trovare un po’di pace
Trovo’la pace eterna

En una lápida del cementerio cristiano de Cartago

Vino para encontrar un espacio
blanco, refulgente
cálido, fértil,
como las frutas más sabrosas
como los dátiles del desierto.
Un espacio de paz
un oasis en esta tierra.
Habló a los hombres,
cantó la canción
y creyó que la paz
era posible. Insistiendo,
dando amor hasta el final.
Pensaste alcanzar la paz tal vez.
Pero no pudo ser.
Al salir de la escena,
la paz llenó todo tu espacio.

 

Solsticio de verano

No quisiste saltar la hoguera
la noche de san juan.
No quisiste quemar lo viejo
ni pedir nuevos deseos.
El verano es para vivir
para cantar al aire libre
para hacer amigos
tener hijos y hacer proyectos.

Tú, madre no tenías deseos
ni trastos viejos que quemar
ni hacer amigos
tener hijos ó nuevos proyectos.
Querías abandonar este mundo en paz
en la noche más corta del año.
En el solsticio de verano,
en la noche de san Juan.

 

La partida

Lentamente, despacio
con agonía te marchaste.
Sostuviste una lucha desigual
mendigando un poco de aire
inventando una sonrisa,
gritando, gritando…
En silencio.

La barrera entre la vida y la muerte
no es sencilla. El hombre lucha,
se aferra a la vida, no ve luz al final del túnel.
Sólo obscuridad. Y siente miedo.

El último suspiro llega
tras un grito que desgarra las estrellas,
con el último sorbo de aire robado.

Te fuiste.

De sus ojos secos cayeron dos lágrimas.
A penas dos lágrimas secas.

 

José Poveda