LA TIENDA DEL KIRGUISE

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Cuando la Naturaleza comenzó a imitar al Arte… Por Mariano Gómez de Vallejo

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CUANDO LA NATURALEZA COMENZÓ A IMITAR AL ARTE…

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 SUN SETTING OVER A LAKE. JOSEPH MALLORD TURNER

   Una desapacible tarde de otoño ( queda bien eso de una desapacible tarde de otoño) el editor Héctor Olíden invitó a su amigo Giulio Romano al pub del pueblo para charlar un rato tomándose una pinta de bitter al amor de la chimenea.

      ……-Conoces la anécdota de Oscar Wilde donde da la vuelta a la teoría de la mimesis en el arte afirmando que es la Naturaleza la que imita al Arte?

     ….– Sí, algo me suena… Ya sabes, Giulio, que Oscar Wilde era un provocador nato. Inteligentísimo por lo demás – Contestó Héctor.

         – Pues resulta que esto viene por un atardecer donde Wilde dijo que en realidad la puesta de sol imitaba a un Turner… Y resulta que tal efecto, el gran Joseph Mallord William Turner, lo captó debido a una atmósfera cargada de partículas de ceniza tras la gigantesca explosión del volcán Tambora en Indonesia y el consiguiente “año sin verano”, el año 1816, donde casi se congela media Europa. Pero es que además – Giulio prosiguió- como consecuencia de esta erupción se heló el río Elba a su paso por Dresde y el bueno de Caspar David Friedrich, profundamente impresionado, no dejó de hacer bocetos del natural (cosa rara en él) ante el dramático deshielo que amontonaba enormes témpanos arrastrándolo todo río abajo; y esto le dio la base para hacer uno de los cuadros mas emblemáticos del primer romanticismo : “El naufragio del Esperanza atrapado en un mar glacial”.

      – Que coincidencia, dos momentos clave de la mas genuina pintura romántica han sido provocados por un volcán!

      – Pero hay mas todavía, ¿sabes cuando se concibe la primera novela moderna de terror gótico?

        -¿Frankestein?- Preguntó, casi afirmándolo, Héctor.

         -¡Exacto : “Frankestein , o El Moderno Prometeo”!

         – No me digas que también bajo el influjo de ese volcán!

        – Pues sí, en ese terrible invierno, en ese llamado “año sin verano”. Encerrados en la Villa de Lord Byron en un cantón Suizo  Mary Shelley, Percy Shelley , el médico de Lord Byron John Polidori y, claro está, el mismo Byron hicieron, pues creo que surgió de ese ambiente colectivo, que naciera esta “nueva” y terrorífica historia.

     – No deja de ser curioso que tres momentos decisivos del romanticismo hayan sido desencadenados por un fenómeno natural…- Apuntó Héctor.

       – Sí, todo ello da que pensar. Me dan ganas de hacer un pequeño ensayo, no se si un divertimento, a favor de la mimesis aristotélica, de la imitación de la Naturaleza por el Arte: en contra de esa boutade de Oscar Wilde con Turner que incide en sentido contrario.

        – Oye, hazlo! Lo incluimos en el próximo número de la revista….

   Un mes después Giulio Romano envió  a Héctor Olíden el siguiente correo electrónico:

Querido Hector, te envío  el ensayito prometido. Solo tienes que abrir el archivo adjunto…

                   (click…)

CUANDO ARISTÓTELES LEVANTA LA CABEZA

       Para empezar algunos fragmentos de la Conversación entre Cyril y Vivian extraídos del ensayo La decadencia de la mentira  de Oscar Wilde.

       CYRIL.- He de admitir que la teoría es muy interesante; pero para completarla necesita usted demostrar que la Naturaleza es como la Vida: una imitación del Arte. ¿Podría hacerlo?

         VIVIAN.- Claro que podría, mi querido amigo.

         CYRIL.- ¿Así que la Naturaleza sigue al paisajista y copia todos sus efectos?

      VIVIAN.- Así es. ¿A quiénes si no a los impresionistas debemos esas admirables brumas oscuras que caen suavemente en nuestras calles, esfumando los faroles de gas y transformando las casas en sombras espantosas? ¿A quiénes sino a ellos y a su maestro debemos las difusas nubes plateadas que flotan sobre nuestros ríos, formando sutiles masas de una gracia moribunda, con el puente en curva y la barca balanceándose? El cambio extraordinario por que ha pasado el clima de Londres durante estos diez últimos años se debe por entero a esa escuela artística particular. ¿Le hace gracia? Considere el tema desde el punto de vista científico o metafísico, y verá que tengo razón. En efecto: ¿qué es la Naturaleza? No es la madre que nos dio la luz: es creación nuestra. Despierta ella a la vida en nuestro cerebro. Las cosas existen porque las vemos, y lo que vemos y como lo vemos depende de las artes que han influido sobre nosotros. Mirar una cosa y verla son actos muy distintos. No se ve una cosa hasta que se ha comprendido su belleza. Entonces y sólo entonces nace a la existencia.

      (………..)Anoche, mistress Arundel insistió para que fuera yo a la ventana a contemplar un “cielo de gloria”, según sus palabras. Obedecí, naturalmente, porque es una de esas filisteas absurdamente bonitas a las que uno no puede decir que no. ¿Y qué es lo que vi? Pues, sencillamente, un Turner bastante mediocre, un Turner de la mala época donde todos los defectos del pintor estaban exagerados, acentuados hasta el límite.

Que imita al Arte, no creo que pueda negarlo ni su peor enemigo. Es su único punto de contacto con el hombre civilizado. Pero ¿he conseguido probar mi teoría, querido amigo? [1]

      Creo que -“mal que nos pese”- seguimos siendo herederos del romanticismo; aunque sea en sus estertores (estertores que –por cierto- vienen durando largo…).  Que, aunque estemos inmersos en “La Sociedad del Espectáculo” y pese a todas las modernidades mas o menos líquidas que nos cimbrean con sus flujos, aún no hemos encontrado verdaderas estéticas de sustitución real. Aún así y a sabiendas que como hijos del Círculo de Jena (Jenaer Frühromantik) pusimos en la picota toda la teoría de la mimesis, de la aristotélica imitación de la naturaleza (auténtico dogma artístico por los siglos), para pasar a recrearla y en ella recrearnos (en la doble acepción de la palabra); para intentar otra vuelta de tuerca, mejor dicho, una vuelta atrás para encontrarnos de nuevo con la naturaleza, a la griega (physis), con la Naturaleza única como modelo de las cosas todas.

                  “ Und das neue öffnet sich mit Mord”

                                                                    Schiller

         “Y lo nuevo se inaugura con una catástrofe” (natural en este caso); pues a tenor del poeta-filósofo empezar con una terrorífica explosión: la del volcán Tambora de Indonesia.

Krakatoa Erupts(Clickar en imagen)

   La erupción del Tambora del año 1815 está considerada como el mayor cataclismo volcánico de los diez mil últimos años. El volcán ahora alcanza 2.850 metros, con una base al nivel del mar de 60 kilómetros de diámetro. Antes de esta gran erupción, su cima sobrepasaba los 4.000 metros. Su cráter, ligeramente elíptico, de 6 kilómetros de diámetro aproximado, tiene casi 1.500 metros de profundidad. Provocó otras erupciones como la de  1819.

Dicen las crónicas que en las primeras horas de la tarde del 5 de abril de 1815 se oyó en Batavia (Java) un ruido extraño, como el retumbar de cañonazos lejanos. Salieron del puerto dos navíos de reconocimiento, sin localizar nada anormal en el mar. Pronto la lluvia de cenizas dio cuenta del comienzo de una erupción volcánica. La gran explosión se produjo días después, el 11 de abril. La propia isla de Sumbawa y la de Lombok quedaron cubiertas por un manto de cenizas de varios metros de espesor que aniquiló a sus habitantes. Durante tres días una densa nube ensombreció totalmente los cielos de islas alejadas hasta 300 kilómetros. Las sucesivas erupciones de 1815, escalonadas entre el 5 de abril y el 23 de agosto, dispersaron en el aire la cima del Tambora, equivalente a un volumen de 30 kilómetros cúbicos, reduciendo su altura en más de 1.300 metros. El súbito e ingente volumen de lava que irrumpió en el mar de Bali provocó un gigantesco tsunami que sumergió a gran velocidad el litoral de numerosas islas –recordamos que la República Indonésica está formada por más de 17.000 islas- y que grandes aglomeraciones humanas, como Besuki (Java), a más de 500 Kilómetros de distancia del Tambora, o Cerám y Amboine, a 1.600 Km., fueron barridas por una ola de 2 metros de altura que arrastró y sumergió en el mar cuanto encontró a su paso. Hubo 88.000 víctimas.

Consecuencia directa de la erupción de Tambora fue que al año 1816 se le conozca como el año sin verano . Con una Europa ya de por si destrozada por las guerras napoleónicas, se contemplaba con estupor el comportamiento del extraño verano que había retrasado las vendimias del sur de Francia hasta los últimos días de Octubre y las de la cuenca del Rhin hasta principios de noviembre. En París se registraban en el mes de julio temperaturas medias inferiores en 3,5 grados a las normales de aquel mes y, en Agosto, estos valores eran casi 3 grados más bajos. Los campesinos, que pensaban recuperar las reservas consumidas en los diez años de guerra, tuvieron que afrontar un año misérrimo. Fue necesario que soldados armados se ocuparan del transporte del trigo a la capital para evitar el saqueo del pueblo hambriento. El 19 de julio, desde Las Tullerías, el rey Luis XVIII ordenaba a los vicarios generales de la diócesis de Paris que se hicieran rogativas públicas en todas las iglesias para pedir al “Árbitro Soberano de las Estaciones que conservara los bienes de la tierra, alejara las tempestades y concediera tiempo sereno para que los frutos llegaran a su madurez”. En Centroeuropa, fuertes tormentas generalizadas descargaban pedrisco de tamaño nunca visto y las riadas arrastraban a personas, animales y enseres. Un terremoto cambió el curso de un río en Capel, convirtiendo las llanuras próximas en un nuevo lago. Hubo necesidad de sacrificar al ganado que no se podía mantener y aumentó la emigración a los EE.UU. En Londres se repartía diariamente una sopa económica a personas de las clases más necesitadas y, mediado el mes de agosto, la suscripción abierta en favor de labradores y artesanos pobres, ascendía en la capital del Reino Unido a tres millones de reales. Las continuas olas de frío veraniegas de 1816 se atribuían a nuevas manchas solares y a la invasión en el Atlántico Norte de una gran cantidad de gigantescas masas de hielo polar. Otra hipótesis mantenía que la generalización de pararrayos había modificado la dinámica de las corrientes eléctricas en la atmósfera. Pero nadie supuso que la considerable cantidad de partículas volcánicas insedimentables, introducidas en la estratosfera por la erupción del Tambora, pudiera haber alcanzado el occidente europeo tres meses después, ni que se desplazara alrededor del globo, dando a la luz solar el tinte ceniciento que estuvo produciendo durante tantos meses aquellos crepúsculos tan fantásticamente coloreados. “.[2]

      Ahora sabemos de las consecuencias del volcán Tambora; pero lo que aquí nos interesa como tesis es que hay tres momentos clave, con sus personajes clave, de los mas emblemáticos del movimiento romántico, que tienen que ver con esta erupción y su consecuente glaciación.

    Por eso Joseph Mallord William Turner plasmó esos atardeceres alucinados; por eso la impresión que los bloques helados tras la congelación del Elba consecuencia del mismo volcán harían concebir a Kaspar David Friedrich una obra capital “Mar Glacial, o El Naufragio del Esperanza” y también pensar que, sin aquel helador invierno, en la Villa Diodati de Suiza donde Lord Byron en compañía de su médico Polidori acogía a Mary y  a Percy Sheley ;  donde, probablemente para distraerse del tiempo inclemente, fueron retados por Byron a componer cada uno una original historia de terror, no se hubiera concebido ni “Frankestein; o el Moderno Prometeo” ( que curiosamente también comienza con el protagonista embarcado en una expedición a la busqueda del monstruo en “el imperio de los hielos eternos y la desolación”) ni, al parecer, tampoco “El Vampiro” de John Polidori, pionero también de su género, relato  que se basaría en un fragmento sobre el tema de Byron quien se había inspirado en una historia que había escuchado en Los Balcanes. Tres momentos imborrables, nucleares del Romanticismo y donde la Naturaleza parece seguir diciendo mucho. Pero claro, de ahí a rehabilitar a Aristotéles para confrontarlo con Oscar Wilde –objetivo primero de este intento- parece que nos queda un trecho.

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 FRANKESTEIN, O EL PROMETEO MODERNO

– Ilustración para la edición (expurgada) de 1837-

          Retomemos el diálogo “ wildiano” origen de todo ello: ¡Pues, no le falta razón! ¡Una razón muy moderna! -Eso sí, no admitamos que se me meta con el genial Turner!- La razón de Oscar Wilde está en que se anticipa a la idea de nuestra concepción de las cosas, el modo de verlas mas que mirarlas, que, aunque nos parezca verlas de un modo retiniano stricto senso, están detrás, en los circuitos base de nuestra fisiología cerebral inscriptos, un sinfín de códigos interpretativos, culturales; y que la realidad, aunque sea en el plano visual ( que no deja de ser la entrada principal a nuestra “casa” mental), tiene mucho de prejuicio, de “previsión”.

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 EL MAR HELADO, El Naufragio del Esperanza. (1820) CASPAR DAVID FRIEDRICH

(Clickar en imagen)

          La Naturaleza, sí, puede imitar al arte en nuestro, llamémoslo -por que no- a la manera del idealismo alemán, “espíritu”. Volvamos pues al espíritu, al espíritu romántico, al ser que se confronta con la naturaleza para acabar disolviéndose en ella. Descubrimos en nuestra pesquisa que, si bien el invierno volcánico inspiró con sus cuasi geológicos bloques de hielo a Caspar David Friedrich en esa desoladora imagen del naufragio del barco Esperanza, no parece menos cierto que él expresara también su antiguo drama; que habiéndose sumergido, congelado, su recuerdo en lo mas profundo de sí acabó por emerger: el recuerdo infantil del destino trágico de su hermano, cuando de niño se le volcó la barca en el lago helado y su hermano, Johann Christoffer Friedrich, al intentar salvarle fue ante sus ojos angustiosamente engullido, entre fragmentos de hielo al haberse quebrado este, por el fondo del lago.

   Y que decir del Prometeo Moderno: Frankestein. Como las piltrafas humanas se podían recomponer y animar mediante la electrotecnia del galvanismo: la creación de un monstruo contra natura. Pero natura es el hombre, como dijera Goethe, y haga lo que haga no puede ir en su contra pues forma parte de ella……

      En que quedamos pues… No nos va a quedar mas remedio que recurrir a Wallace Stevens en sus Adagia donde (se refiere a la poesía pero por extensión lo entenderemos referido al arte en general)  nos dice aquello de:

                         “ lo real solo es la base; pero es la base”

         Por muy alto que volemos…

                            ………. Mariano Gómez de Vallejo

                        ………………………………………….MORTERA 29 febrero de 2012

P.d. Otra de las curiosas consecuencias del año sin verano. “Las bajas temperaturas inutilizaron el órgano de la iglesia de san Nicolás en Oberndorf, Austria. Cuando llegó la Navidad, nadie había querido ir a las montañas del Este de Salzburgo para reparar el instrumento, de modo que el párroco, Josef Mohr, escribió un villancico y recurrió a su amigo Franz Xaver Gruber para que le pusiera música, capaz de ser cantada sin acompañamiento por un coro. Así nació Stille Nacht (que nosotros conocemos como “Noche de Paz”), sin duda la canción de Navidad más conocida ( y cálidamente bella) en el mundo entero. Lo que casi nadie sabe es que también fue hija de aquel frío extraordinario “[3]

[1] Wilde, Oscar. Conversación entre Cyril y Vivian en el ensayo La decadencia de la mentira. Ediciones Siruela. Madrid, 2004.

[2] Información extraída de http://www.tiempo.com/ram/354/volcanes-y-clima-1816-un-ano-sin-verano-en-el-hemisferio-norte/

[3] Información extraída de http://www.tiempo.com/ram/354/volcanes-y-clima-1816-un-ano-sin-verano-en-el-hemisferio-norte/

(Este ensayo se publicó por vez primera en Maisontine  nº 8 )

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Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

6 pensamientos en “Cuando la Naturaleza comenzó a imitar al Arte… Por Mariano Gómez de Vallejo

  1. Ah, Prometeo, Prometeo!…El mito romántico “por naturaleza”!…

  2. Mariano, como siempre que tocas un tema, lo remueves, me has removido …
    Intento unir lo que siento con lo que acabo de leer aquí y en otro lugar… ¿Quién nos traerá el fuego hoy ?
    Nos es necesario un nuevo Prometeo que como aquel Prometeo _ Frankenstein_ y más allá , reúna las piezas, vuelva a “nombrar” nuestra naturaleza . Y , puesto que ésta ha arrastrado el bienyelmal y ha caído en el caos _quizá nunca como ahora la crueldad institucional, vestida de ceguera_ ; quizá el volcán “prometedor ” de nuestra ruina actual propicie la verdadera construcción de un hombrenuevo…

    Nuestro Prometeo, que sea tan transgresor como para encontrar nuevos sentidos , ¿creará nuevos símbolos o iremos desnudos ? ¡ Menudo encargo !

  3. FRANKESTEIN, O EL PROMETEO MODERNO,otro aspecto de esta icónica novela es que anticipa el género de la “ciencia-ficción”.

  4. Ohh, Argullol, solo puedo unirme con vosotros en este embrollo del hombre y su nuevo, que anida en cada uno :« En cada uno de nosotros está el hombre nuevo,
    escondido en su propio corazón ».
    Miguel Servet.

  5. “William Ascroft (1832-1914) was a late 19th Century British artist best known for his color sketches of sunsets over Chelsea in England in the years after the 1883 explosion of the Krakatoa volcano, recording details otherwise unavailable before the invention of color photography.” Esto me da que pensar si lo que atribuimos al gran Turner, esa influencia del volcán en sus atardeceres, no podríaser una suerte de “precuela” tras encontrar que -de esto si hay mas constancia- el pintor William Ascroft fuera el primer influenciado por los efectos lumínico-atmósféricos de las cenizas volcánicas……. O viceversa.

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