LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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POEMAS

Lost in translation/ ni espadas ni miel/

Ni el claro de tus rodillas donde sostener el día/

forever Elle, Dina, Billie/

los largos besos del soul se enfrían /

en hornacinas de acero/

madame Bobary bebió su ira hace ya tanto/

María Iribarne esconde entre las dunas

La breve paz de lo incorpóreo/

Strómboli es un foso de espejos/

Un volcán apagado que guarda fuego eterno/

Lord Byron nada en la Gran Laguna,

Bajo herméticos palacios/

Al sur de todo/ en los huesos rojos del coral /

Con todos bailo.

La espera se derrumba en la tarde azul marino/

Entre desmelenadas palmeras y púbicos tamarindos/

En sal negra cavila el mar/ el pájaro desvelado gotea/

Como grifo olvidado en la oscuridad/

Detrás de la niebla, la sombra del columpio /espera

El fulgor naranja de las voces de los niños/

No se oye el grito del invierno entre los árboles.


La esbelta quietud del bosque/ piensa la tarde/

Parpadeo de estaño antes de recoger la luz/

En el mantel del cielo miel volcada/repicar de palmas.

En mi distante vigilia/ acerco una copa de labios al deseo/

Le doy a su lengua dispuesta /argumentos repetidos/

Hablamos de otras cosas/ perdemos el tiempo/

Cuando todo es posible sin saberlo.

Se despereza el tedio/ desvanecido de ayer/

El soplo del día abre un ancho paso entre gatos enroscados/

Agua al amanecer en las aceras/ sin migas de pan en el camino/

Claridad oxigenada en las alas de los árboles/

Palmas abiertas a lo invisible/

Lomos para volar a horcajadas/

En la noche queda/ la sosegada mezcla de gozo cristalizada

Ración escasa pide la desmesura en el vértigo/

De hacer dos locos/ aunque se haya imaginado/

No se expone la memoria a torres tan abiertas/

De todo lo que somos que ponemos encima de la piel/

El gozo come solo/sin mirarnos/

Maúlla vencido el tiempo en este abrazo/

Retirado el pesar como el entusiasmo/

En copos tibios caen los cuerpos /

En las esquirlas del asombro miro la nada/

Como gas posado/

Todo lo que digáis lo engulle un paisaje aciago/

…A la hora en que los amantes se examinan de amor/

Vence un ácido crepúsculo.

 

Dori campos 

MAISONTINE 2 (2008)

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TIEMPO AL SOL

El tiempo dispara sobre los ornamentos brillantes

De tu cuello, de tus dedos

Redobla en los caminos de moras olvidados,

en el columpio de soga bajo la higuera de agosto,

oigo su eco dentro de la casa grande

disparando empecinado sobre los cabos sueltos,

hambriento, enloquecido sobre  minas de llanto enterradas,

cocinas iluminadas sobre una partida de cartas.

Contra el desvarío de color del crepúsculo de junio,

y los ojos en flor desafiantes.

Agazapado dispara sobre todo movimiento,

Le gusta el paisaje raso, en silencio, sin huellas ni risas.

dispara

Sobre las reservas de ternura y compasión de los cazadores

Sobre el corazón del amor que revienta como una fresa

Entre los dientes.

Contra el cuerpo Terminal y su mejor voz

Despojado ya de ávida carne sin abrazos.

Sobre la fe matinal y la rendición de la tarde

Sobre la guarida del sueño

Sobre el escueto sexo de los que no se quieren

Sobre el enemigo

Sobre el rostro de la luna, el áspero bufido del nordeste

Sobre las conclusiones, sobre lo eterno.

…………………………………………..

Empuja la lengua contra el sol

Que se le viene encima a esa hora templada de la tarde,

Lame su calor declinando en poniente

Y llega a creer que entra en una yema de huevo y se derrite

Que conoce otra textura fuera del gusto a sal

De los objetos que la rodean.

…………………………………

Dori Campos

MAISONTINE 4 (2009)


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UN LARGO RODEO

Abrió la puerta de la casa, y el ruido de la cerradura, y después  los pasos sobre el entarimado, le sonaron a caparazón vacío.

Esta casa es ya sólo una gran insecto seco, pensó, mientras  plegaba la ropa negra sobre la cama. Luego se dirigió a la sala,  hacia su butaca, caminando lentamente, incómoda por la mordedura  del reúma.  Sintió un gran alivio al sentarse, como si hubiese estado  llevando el ataúd ella sola. Miró a la butaca situada enfrente, vacía, y supo que por fin todo estaba consumado.

Había sido una agonía lenta, un compás de espera que muchas veces  creyó insoportable, y por eso el tiempo de las lágrimas había  pasado ya. En este momento sólo sentía el alivio de concluir con  aquello que parecía destinado a no terminar nunca. Ahora, de  vuelta del entierro, sentía que había sabido cumplir dignamente  la misión más dura entre todas las que le habían tocado.

Miró la fotografía enmarcada sobre la mesa, y vio al  compañero con el que había compartido sesenta años de vida,  retratado sesenta años atras: un muchacho que le miraba de esa  forma que hizo saltar, como un resorte, una secuencia encadenada  de recuerdos que llegaron a acosarla y tuvo que detener.

No le gustaba la última posibilidad, no le parecía que fuese con  ella; pero tampoco encontraba en sí misma fuerzas para reordenar  el mundo desde la perspectiva de mujer solitaria. Ya todo le daba  igual. Podía intentar que sonasen otra vez los viejos teclados de  la ilusión, pero presentía que había tocado demasiadas veces  todos los temas, y ninguno le parecería nuevo.

Era cansancio de vivir. Como si serenamente sintiese que ya no le  quedaban cuentas por saldar. Miró hacia atrás, y su vida le  pareció hermosa, con todos sus errores y sus logros; y a la vez le  pareció  un círculo cerrado, una unidad con sentido; y creyó que  lo que llegase en el futuro sólo sería redundancia, material  superfluo.

Se quedó absorta, mirando a la ventana, como esperando  inútilmente una respuesta de la tarde de entierro, lluviosa y  desquiciante. Luego, los tictac de los relojes de la casa, como  absurdos insectos laboriosos le fueron acotando la inmensidad del  silencio, la inmensidad de la nada.

No había permitido que nadie le acompañase a casa argumentando  que se sentía fuerte. Y también, aunque no lo dijo, porque  oscuramente intuía que una etapa fundamental de su vida acababa  aquí mismo, y para conocer y asumir lo que viniese los demás la  estorbaban.

Ya no tenía miedo de nada. Desde que tuvo que aceptar la pérdida  de la persona que había vertebrado su vida durante tantos años,  temer al sufrimiento, o a la privación de cualquier cosa le parecía  carente de sentido.

Se preguntaba qué traje le tocaría ahora lucir en el carnaval de  la vida. Miró un momento hacia atrás y recordó algunos de los  papeles que había representado, con desigual fortuna. Ahora, sin  duda, le tocaba el de viuda. Pero ¿qué clase de viuda? Quizás  fuese capaz de rehacer su vida, ahora en solitario, e incluso  alcanzar una cierta plenitud en ella. Quizás fuese ya demasiado  tarde, y sólo le quedaba un puñado de años en arriendo a la  muerte, empleados en mantener desesperadamente una memoria  falseada, en vivir sólo  para su mutilación.

Entonces le llegó una melodía, muy lejana, seguramente de la  radio de algún vecino. Aquella canción parecía querer decirle  algo, y buceó en su memoria, cada vez más profundo. No conseguía  alcanzarla, pero sabía que la canción formaba parte de ella, y  que en algún lugar de su mente, por escondido que fuese, tenía  que encontrarla.

Hacía tiempo que había dejado de escucharse la radio, cuando por  fin llegó hasta el recuerdo; y recibió, con la pureza de las  vivencias largamente olvidadas, un frescor de juventud  embriagador junto a la letra de la canción.

Se levantó canturreándola, sintiéndose una muchacha, y se dirigió  a la ventana. Por sus retinas no pasaban ahora los grises de la  tarde de pesadumbre: estaba viendo las montañas y las praderías  desde la casa de campo donde pasó su infancia; y de pronto algo  se abrió en su mente cuando llegó hasta el corazón del recuerdo:  una burbuja de pasado traspapelada en el océano de la memoria,  una energía arrasadora que la transportó precisamente a aquella  remota tarde azul en que ella se apoyaba en la ventana. El sol de  marzo iluminaba a contrapelo la hierba, y al traspasar su carne  verde teñía los campos de una fina película de oro.

Ahora tenía trece años, y las praderas ya cubiertos de flores, y  los días cada vez más largos le habían empujado a asomarse a la  ventana para aspirar la sustancia de la tarde. Una canción de  amor recién aprendida le traía por primera vez una sensación  extraña y excitante, la vida brotando, una amor desordenado por  todo, una profunda tristeza amasada con promesas de futuro  henchidas de horizontes inabarcables; un oscuro ardor y a la vez  una borrachera de dulzura al pensar en los muchachos…

Revivió todo esto con una intensidad mayor que la vivencia  original, y sin dejar de ser niña, recordó en un instante el poso  de su vida: las ilusiones, las rutinas, las ambiciones logradas y  los fracasos; las noches de amor, los partos, las traiciones y  las luchas; y concluyó que el factor común de su experiencia le  dejaba una sensación no diferente a la que había presentido  aquella tarde: era como si la muchacha ya lo supiese todo no  sabiendo nada; como si la vida sólo fuese dar un largo rodeo  alrededor de uno mismo.  Pensaba emocionada que aquí se cerraba el círculo, cuando algo  sucedió en su mente: en un instante una conmoción terrible, y  luego todo se derrumbó, como en los terremotos. Ni siquiera tuvo  tiempo de apercibirse. Cegadas las criptas de la memoria, sólo le  quedó, para el resto de sus días, aquella imagen fija de las  praderas ondulando al viento de la tarde, unos jirones de canción  enredada entre los labios, el poso dulceamargo de la vida.

Óscar Losa

MAISONTINE 4 (2009)


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WODWO

TED HUGUES

   Ted Hughes nació en Mytholmroyd, Yorkshire, en agosto de 1930. Su infancia transcurrió entre esta localidad y la pequeña ciudad de Mexborough, en un ambiente rural que marca su producción poetica definitivamente. Hughes se unió a la Royal Air Force, que abandonó para estudiar Filologia Inglesa en Cambridge, graduándose en 1954. Durante esta etapa publicó unos pocos poemas, profundizando además en Antropologia, Arqueologia y Mitología. En 1956 fue el cofundador de la revista literaria St. Botolph´s Review, en cuyo entorno conoció a la poetisa norteamericana Sylvia Plath, con la que se casó. Su primer libro, The Hawk in the Rain, ganó el primer premio del concurso convocado por el Poetry Center´s First Publication en 1957, obteniendo elogiosas críticas de W. H. Auden, Marinanne Moore  y Stephen Spender. El matrimonio se trasladó a Estados Unidos donde Hughes trabajó como profesor en la Universidad de Massachusetts Amherst hasta 1959. En 1962 la pareja rompió y Hughes se unió a la poetisa Assia Gutman. La crisis supuso el suicidio de Plath al año siguiente. Durante años, el escritor no compuso nada personal y dedicó sus esfuerzos a editar y promocionar la obra de Plath. Gutman se suicido en 1969, tras lo cual Hughes se casó con Carol Orchard, con la que permaneció hasta su muerte. La obra de Hughes incluye más de una docena de libros de poesía, traducciones y libros para niños, entre otros géneros. Sus libros de poemas incluyenWolfwatching (1990), Flowers and Insects (1986), Selected Poems 1957-1981 (1982), Moortown (1980), Cave Birds (1979), Crow (1971) y Lupercal (1960). The Birthday Letters (1998) son un documento de su relacion con Plath. Su producción poética esta marcada por la ruralidad de sus orígenes, utilizando el monólogo lírico y dramático y la figura del animal como metáfora, divinidad y arquetipo. Hughes obtuvo numerosos premios y distinciones europeas. Falleció en octubre de 1988, en Devonshire.

   El título del poema traducido, “Wodwo”, en anglosajón, viene de “Wuduwasa”, el que vive en el bosque; nombre que se dio a los británicos primitivos que huyeron a la selva para evitar a los que querían civilizarles. El poema está extraído del libro de poemas, cuentos y una comedia radiofónica del mismo nombre que Hughes publicó en 1967. La antología clasica en castellano de Hughes es la traducida por Jesús Pardo y publicada en Plaza y Janes en 1971.

WODWO

 

 

What am I? Nosing here, turning leaves over

Following a faint stain on the air to the river´s

   edge

I enter water. What am I to split

The glassy grain of water looking up ward I see

   the bed

Of the river above me upside down very clear

What am I doing here in mid-air? Why do I find

this frog so interesting as I inspect its most secret

interior and make it of my own? Do these weeds

know me and name me to each other have they

seen me before, do I fit in their world? I seem

separate from the ground and not rooted but

   dropped

out of nothing casually I´ve no threads

fastening me to anything I can go anywhere

I seem to have been given the freedom

of this place what am I then? And picking

bits of bark off this rotten stump gives me

no pleasure and it´s no use so why do I do it

me and doing that have coincided very

   queerly

but what shall I be called am I the first

have I an owner what shape am I what

shape am I am I huge if I go

to the end on this way past these trees and past

   these trees

till I get tired that´s touching one wall of me

for the moment if I sit still how everything

stops to watch me I suppose I am the exact centre

but there´s all this what is it roots

roots roots roots and here´s water

again very queer but I´ll go on looking

 

*

 

¿Qué soy yo? Husmeando por aquí, volviendo las hojas

Siguiendo una tenue mancha en el aire hasta el

   borde del río

Entro en el agua. ¿Qué soy yo para dividir

la cristalina veta del agua mirando hacia arriba veo

   el lecho

del río sobre mí al revés muy claro

¿Qué estoy haciendo aquí suspendido en el aire? ¿Por qué encuentro

a esta rana tan interesante mientras inspecciono su más secreto

interior y lo hago mío? ¿Me conocen estas plantas acuáticas

y me nombran entre ellas me han

visto antes, encajo en su mundo? Parezco

separado del fondo y sin raíces, más bien

   desligado

de la nada como por casualidad  no tengo ataduras

que me liguen a nada puedo ir a cualquier parte

me parece que he recibido la libertad

de este lugar ¿qué soy entonces yo? Y arrancar

fragmentos de corteza de este tronco podrido  no me proporciona

placer y no tiene sentido entonces por qué lo hago

Mi ser y el hacerlo han coincidido muy

   extrañamente

Pero qué seré llamado soy entonces lo primigenio

tengo un dueño qué forma tengo qué

forma tengo yo soy yo grande si voy

hasta el final de este camino pasando esos árboles y pasando

   Esos árboles

Hasta que me canse, qué será cuando toque un límite de mí

Por ahora si me siento quieto  todo

Se para a mirarme supongo que soy el centro exacto

Pero existe todo esto qué es raíces

Raíces raíces y aquí hay agua

De nuevo muy extraña pero seguiré mirando

 

MAISONTINE 5 (2010)


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AFORISMOS

 

 

Imaginamos el mundo lleno de cosas y olvidamos que está lleno de seres.

 *

Tres son las edades del hombre: infancia, adolescencia y obsolescencia.

*

 

Sólo sé que lo sé todo, lo que pasa es que no lo recuerdo.

*

 

El azar es la mente de Dios.

*

 

No pudo ser. La montaña era frígida, el alpinista inexperto.

*

 

La verdad es otra mentira dicha con buena intención.

*

 

El éxito social se fundamenta en callar antes que hablar, en ocultar antes que mostrar y en hacer parecer fortuitos los planes previamente trazados.

*

 

El amor propio es el único amor estúpido.

*

 

Los hombres necesitan que sus perros les admiren. Los perros saben qué deben hacer para conseguir más comida.

*

 

El otoño en el bosque es la muerte vestida de fiesta.

*

 

Nuestra sensibilidad es asimétrica: la felicidad tiene un límite, la desgracia es insondable.

*

 

Sólo los medios justifican el fin.

*

 

Era un hombre sin defectos: sólo tenía excesos.

*

 

Era tan hermosa la bella que se le transparentaba la bestia.

*

 

Esas preguntas que no tienen respuesta y sabemos que no la tendrán nunca no son preguntas, sólo planteamientos equivocados.

ÓSCAR LOSA

Estos aforismos fueron publicados por vez primera en Maisontine  6 (2011)


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UN GRAN ESFUERZO

John Menlove Edwards (1910-1958) fue el más joven de los cuatro hijos del vicario de Crossens, cerca de Southport, Lancashire. Su abuelo fue asimismo vicario y pionero socialista. Menlove fue educado en el Colegio Feetes antes de ingresar en la universidad de Liverpool, donde se graduó en Medicina en 1933. Allí, en 1930, él y su hermano fundaron el novedoso Rock Climbing Club. Pronto se convirtió en una de las figuras más relevantes de la segunda “edad de oro” de la escalada en Snowdonia. Fue el primer montañero en ascender los “Tres Peñascos” de Llamberis Pass y el autor del manual de escalada del Climbing Club sobre Cwm Idwal (1936), Tryfan (1937) y Lliwedd (1939), en colaboración con W. Noyce. Excepcionalmente fuerte, también destacó como excelente nadador y navegante. Disfrutaba, en sus propias palabras, de las “malas condiciones, la pésima roca y las malas botas” en las escaladas húmedas como las de Clogwyn y Geifr. Los Alpes no le interesaban. Sus escasos escritos sobre la experiencia de la escalada y las sucintas descripciones de sus manuales son muy valoradas; sus pocos poemas no tanto.

            Aunque fue un loable psiquiatra en Liverpool, entre el verano de 1941 y el otoño de 1942 se retiró a Hafod Owen, junto a Nant Gwynant, para concentrarse en el aspecto teórico de su trabajo. Volvió a su puesto en Londres pero sus ideas no fueron tomadas en consideración. Como objetor consciente, agnóstico y rechazado homosexual, su soledad le condujo a la paranoia y se retiró a vivir con su hermana cerca de Canterbury en 1944. Fue internado en sanatorios mentales, incluyendo Denbigh (1949-50). El 2 de febrero de 1958 se suicidó ingiriendo cianuro potásico. Sus cenizas fueron esparcidas cerca de Hafod Owen. Había sido elegido miembro honorario del Climbing Club, y aunque uno o dos de sus contemporáneos fueron igualmente valiosos como escaladores, si no más, la atmósfera de la ascensión sobre roca durante los años treinta en Snowdonia está asociada a Menlove Edwards más que a ningún otro.

             En esta ocasión presentamos la primera traducción al castellano del relato original “A great effort”, publicado en The Climber´s Club Journal (1941). El estilo de Menlove es una mezcla del culto inglés universitario, el coloquialismo propio de las asociaciones de escaladores de su época, junto a una muy personal viveza en las descripciones de los escenarios naturales, cierto experimentalismo literario escenificado en la corriente de escritura continua (“stream of consciousness”) y una descripción ligeramente esquizoide de los pensamientos y decisiones que se encadenan en el contexto del deporte extremo. La traducción ha intentado conservar el torrente de ideas y emociones, expresado en ocasiones de manera gramaticalmente dudosa y que se acomoda mal a la frase española; sin embargo en tales atributos descansa la personalidad del autor y, pensamos, el absoluto dinamismo y proximidad del episodio.

UN GRAN ESFUERZO”

 

Traducción al castellano del original inglés

por Marina Gurruchaga

 

    En los últimos tres años, tres personas me han preguntado cómo escalo. Por ello este artículo personal. También dijeron que era el estado mental y no la mecánica lo que consideraban importante, y que si cada hombre escribiera sobre sí mismo a este respecto, entonces los que viniesen después podrían saber mejor lo que imitar y lo que evitar. Una condición primaria para esto, por supuesto, sería dejar aparte cualquier muestra de modestia que uno hubiera asumido en otro momento.

Será mejor describir directamente un ejemplo concreto.

No les aburriré con los prolegómenos. No hubo ninguno. Todo había estado en orden, ocurría lo acostumbrado. Había venido aquí el fin de semana para escalar; me había levantado, me había vestido, había tomado un buen desayuno con gran apetito y, no contando con nadie para escalar, me había ido a pasar el día solo. Había considerado cuidadosamente qué pared visitar y elegido una cercana para no hacer el día demasiado cansado. Esto implicaba caminar por un trozo de carretera, luego ascender una colina hacia la pared.

La colina la ascendí por etapas. Trescientas yardas y luego un descanso, trescientas yardas y luego un descanso. Durante la última guerra1 se me enseñó que el soldado británico avanzaba por etapas y éste ha sido mi principal método desde entonces. Es más fácil. Algunas personas prefieren ascender las colinas a una velocidad estable de diez millas por hora, como si fueran un tanque de la armada rodando o Scott arrastrando trineos por el Antártico. Yo no. Durante cada pausa me fijaba en la pared, explorando desde la distancia por dónde podría discurrir una ruta. Entonces, cuando, bastante cerca de la pared, me detuve de nuevo y miré hacia arriba más lentamente, nublada la pared por la fresca brisa, y ella me miró a mí, se difuminó en mis ojos, como una pared a veces hace, y fue difícil centrar la vista. Iré por ahí y por allí, pensé, y entonces quizás acercándome a la parte más inclinada, iré por allí, o quizás será demasiado difícil para mí ir por allí entonces no iré por allí pero iré por allí en vez de eso,2 por lo que parece ser, desde lo que puede verse aquí, algo parecido a una grieta sucia, pelada como un dedo a un lado, pero que podría no ser tal, o tener otra forma examinando la roca más de cerca cuando estemos allí, pegando la nariz contra ella; allí puede haber una tercera o cuarta ruta, no adivinada desde la distancia. Pero primero pensé, ahorrando mis energías, me quedaré aquí un poco más, donde la estabilidad puede asegurarse todavía sin esfuerzo o problemas si me siento. Así, en medio de las montañas, sobre un montón de rocas, me senté. Una cierta tendencia a la inercia en la mente puede tener una gran fuerza.

No me malinterprete, la elección de la pared y el pasatiempo habían sido libres, no habían sido impedidas por ninguna influencia de conveniencia o amistad, no había ninguna infelicidad particular en mí en este momento más allá de lo habitual. Seguí sentado. Y, cuando alcé mi cabeza, los rostros de las piedras, de bloques de roca, del cielo y la pared, se encontraban en el campo de visión dispuestas de varias formas.

Luego, más tarde, me levanté y caminé hasta el pié del acantilado meditando cuidadosamente por dónde comenzar. Entonces até la cuerda, lancé el extremo suelto hacia abajo por la pendiente y la coloqué de tal manera que sus espirales se abrieran sin que se formasen nudos. Esto me llevó algún tiempo, debido a un complejo grupo de pequeñas rocas en mi camino que necesitaron ser dispuestas antes de que pudiera estar seguro de que la cuerda pudiera pasar libremente entre ellas. Entonces me desplacé hacia la misma roca.

Ahora quizás podría usted considerar respecto a estas acciones que ninguna de ellas se ha realizado de una manera rápida o decidida. Tendría razón. Quizás por ello no hubo a partir de ellas un gran resultado. Después de veinte minutos había avanzado unos quince pies y estaba temblando ligeramente, no demasiado seguro de mi posición. La roca en ese momento delante de mi cara era una roca común, con una superficie en ángulo de 60 a 70 grados, bastante blanda. El cielo se encontraba por encima, la tierra unas pocas yardas por debajo, y no los recuerdo a ninguno de ellos. Respecto a mí mismo, la parte delantera de mi pie derecho estaba bien plantada sobre una repisa cuadrada, el tacón suspendido en el aire, demandando un esfuerzo muscular constante de la pantorrilla; mi planta izquierda estaba a tres pies por encima y a un pie y medio hacia un lado, apoyado contra una pequeña e inclinada pieza acanalada. En apariencia, en ese punto, si alguien hubiera pasado, le hubiera parecido que estaba a punto de ascender. En la práctica había estado intentando hacerlo durante diez minutos pero aún no lo había conseguido. Parecía sencillo, la necesidad estaba clara, los asideros estaban allí, pero eran pequeños y yo no soy de ninguna manera un hombre que haga un movimiento hasta que no esté convencido de que es seguro, de tal forma que permanecer en esta estatuaria y estúpida posición era mi única posibilidad por el momento. Cada minuto o cada dos, cuando mi pierna derecha empezaba a temblar, recogía mi pierna izquierda desde su inútil altura, me inclinaba de esta forma más o menos un poco para aliviar la tensión; entonces encogía otra vez la pierna, utilizando la acción también como un gesto de determinación.

Pero cualquier hombre debe, de alguna manera, estar muy presionado antes de renunciar en un punto a aquello en lo que tiene puesto todo su interés; por ello empecé a luchar. Oh, Dios mío, Dios mío, pensé, qué voy a hacer, por amor de Dios; esto es un desastre, estas siendo un cobarde, un redomado cobarde y esto no puede, no debe continuar. Tengo tiempo, y de nuevo te señalé que estas siendo muy estúpido, pero no haces nada, no haces nada excepto quedarte allí con esa mirada fija y ridícula a unos pocos pies del fondo de este endemoniado precipicio. Pero aún no lograba nada. Entonces empecé a luchar de nuevo. Me pregunté qué está mal, qué falta, no hay espíritu, soy pesado e incapaz de moverme; quizás si me lanzo y me asusto lo suficiente; de hecho estoy seguro de que una vez sobre el borde no tendría apoyos. Así que realicé varios intentos de lanzarme, pero no sucedió nada. Entonces pensé que si me comía mis bocadillos, aquello me ayudaría a mejorar, pero no, qué vergënza, aún no son las once y media, cómo puedo comérmelos ahora, pero qué mal hay en ello, haz otra cosa, dije, cómetelos todos y eso será un peso menos en tu mente, entonces no tendrás de nuevo la tentación de comértelos de nuevo hasta que vuelvas a casa. Así, quieto sobre los apoyos de mis pies y sintiéndome más firme de lo que me había sentido durante mucho tiempo, saqué la lata de sardinas de mi bolsillo, enrollé la tapa de la forma habitual pero con cuidado a causa de mi posición y me fui metiendo en la boca los peces uno a uno. Esto me llevó algún tiempo. Entonces vacié la lata, me la guardé en el bolsillo y me giré hacia las rocas una vez más. Entonces pensé qué me sucedería, porque todas las excusas se habían agotado. Y lo intenté nuevamente. No, esto no va bien, me dije, no va bien: estoy aquí, a quince pies del suelo, sobre roca fácil como dije antes, ya es después del almuerzo pero en mis propios huesos no hay más energía que la que ha habido siempre, y mi alma entera está tan plana como una alfombra; ¿qué voy a hacer? Si quizás fuera a recordar anteriores victorias o describir el triunfo, pero, ¿cómo puedes hacer eso si estas solo? ¿Quizás si gritase y cantase? Pero sabes que nunca serás capaz de gritar y cantar: ahora, si hubiera un espectador, eso haría que valiese la pena el esfuerzo mientras estuviera presente. Quizás ¿hay alguien a la vista? No, ni un alma, nadie en todo el valle: no hay ningún representante de la raza humana, nadie que me alabe, nadie que mire sorprendido mi cobardía o que se ría de mi locura, que se burle o que me compare o me provea de un escenario: hay una oveja, pero la oveja no comprende estas cosas; también hay un pájaro pequeño pero ya ha desaparecido de mi vista. Así seguí en la misma posición, esperando, incapaz de moverme. Es difícil describir qué se siente cuando se está así, describir la extrema desolación que puede anidar en el cerebro humano cuando no tiene nada trabajando en él para espolearlo. Estuve en aquel abrigo durante mucho tiempo. Entonces, rápidamente, con el sudor brotándome de la piel y mi corazón golpeando, me fui moviendo hasta el siguiente apoyo, y luego al siguiente, y entonces no ví qué hacer y el movimiento se detuvo otra vez.

La vista había cambiado. Había brezo ahora frente a mis ojos, y algo del fino polvo que le acompaña. Cogí un puñado de brezo en mi mano derecha. Parecía firme, pero cuando tiré hacia atrás emitió un chasquido y se rompió. Mal material. Hice un esfuerzo final. Mírate, me dije, ¿ya sabes lo que es esto? Esto es esquizofrenia, la mente dividida: lo sé, pero no me importa lo que dije: es estúpido, qué podrías hacer si ascendieras diez pies más, las rocas aún no se han vuelto difíciles, sal de esta pared: oh, esta escalada requiere un esfuerzo, en cada movimiento los agarres deben ser localizados y a menudo no hay ninguno, entonces cada extremidad colocada, el cuerpo situado en la única posición posible pero con dificultades, en ese momento debe ejercerse una gran fuerza con todo el organismo, antes de que nada suceda, y esto debe hacerse mientras el cerebro está completamente angustiado y tenso por los temores: y entonces llevas haciendo esto durante buenamente más de una hora y media y la tensión debe estar diciéndote: baja de una vez.

Mi mente se decidió; sólo quedaba marcharse, no siempre algo fácil de hacer. Pero como a menudo se ha señalado, Dios puede ser compasivo y es a veces así, cuando menos te lo esperas; en esta ocasión sucedió que, palpando por detrás del brezo, casi inmediatamente encontré una punta de roca bastante buena para mi cuerda y fui capaz de bajar otra vez sin peligro. Entonces anduve un poco hasta la colina despacio, descansé y fui caminando hacia casa.

Pero la capacidad de recuperación del hombre es grande, y su ingenuidad. Así, no estaba todavía cansado y por el camino de vuelta, preparándome para trabajar, pronto recuperé mi orgullo de esta forma, pensando: hoy la victoria ha sido para el diablo, pero mañana no será para él, y también pensando: se ha dicho que el secreto de la vida es el desapego respecto a ella, y está bien dicho.

1Se refiere a la I Guerra Mundial.

2El traductor transcribe literalmente el período sin puntuación, tal como está redactado en inglés.

 

Esta traducción se publicó por vez primera en Maisontine 6 (2010). 


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Celebremos la fuente inagotable

la tierra que pisamos,

llevemos al claro del bosque  también esa otra luz

de invierno en su mejor hora,

Tumbémonos allí hasta que llueva.

Porque no será todo lo que venga, no será lo mejor,

a que esperar con la mano cerrada,

lamentar la ausencia del arquetipo.

Hay muchos ríos pequeños que te esperan,

con su inocente vecindad de árbol y de pájaro.

Lo mejor esta al lado sin hacer señas.

Pocos nombres, poco tiempo por donde vas pasando.

huyendo de las reseñas con sus ruedas de molino,

porque la conciencia es más y pide paso,

hay algo tuyo que no se está quieto, que no quiere serlo,

algo que no tienes que te sigue detrás como la sombra.

Si llamas por su nombre lo que buscas, no vendrá.

si solo respirando nos movemos, ese será el punto de apoyo,

la medida.

Para que querer estar seguros de todo lo demás.

Del murmullo de los verdugos nunca saldrán palabras hermosas.

De exhalar el miedo, nace otra ciudad.

Cualquier hora tiene un puerto escondido, una nave ebria que te espera.

 

 

*

 

Poema leído en la Jam Session “Crecida de Poesía”, Casa de las Retamas Eladio Orta,

en el marco del Encuentro de Poetas Palos de Noguer, Julio 2011.

 

No se quien puso más,

mis pertenencias, mi corto alcance,

que me ató a este lugar oscuro.

Tan lejos las paredes de la puerta.

Apenas sobrevolado lo mas hermoso

para continuar con voluntad de esclavo.

Yo también escucho en los bajos almacenes

el mar y los tacones rojos

como un ejército de dragones.

 

 

 

                                                                                                       Dori Campos

Estos poemas fueron publicados por vez primera en Maisontine 7 (2011)