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LUDWIG WITTGENSTEIN – SOBRE UN CAPÍTULO DE LA MÁS RECIENTE HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. I. Bachmann.

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Fotografía de I. Bachmann

     Dos años después de que Ludwig Wittgenstein muriera en Cambridge, apareció en una revista vienesa una corta nota: “A la edad de … falleció en … el conocido filósofo…”. Sin embargo, no era en absoluto conocido; en realidad fue el filósofo más oscuro de nuestro tiempo, un hombre al que se acomodaba un comentario de su compatriota Karl Kraus, quien dijo sobre sí mismo en una ocasión: “soy famoso, pero esto todavía no se ha divulgado”. De que no se divulgara se había ocupado el propio Wittgenstein. Así, el único libro que publicó a lo largo de su vida, tenía un título con tan escaso “gancho”, que, a excepción de un pequeño círculo de eruditos especialistas, nadie lo compró. En su labor profesional fue accesible a pocos; en su vida personal a nadie; evitó tras la conclusión del “Tractatus Lógico-philosophicus”(1) el mundo y la gloria, borró sus pistas, deambuló durante años como profesor de escuela rural por el campo, y se cuenta de sus últimos años en Cambridge, donde ocupó la Cátedra de Filosofía como continuador de G.E. Moore, que habría habitado una cabaña y sólo toleraba en su interior una sencilla silla como mobiliario. Así ha emanado la leyenda sobre su vida ya desde el tiempo en el que él vivía, una leyenda de voluntaria renuncia, de búsqueda de una vida regida por la santidad, intentando obedecer la sentencia con la que se cierra el “Tractatus”: “sobre lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”. Y era este intento – por decirlo de antemano – de completar la Filosofía calladamente, una meta absurda, como es evidente, pero la única legítima para él, después de que hubiera expuesto claramente todo lo decible (como él lo exigía de la Filosofía), todo lo pensable, que separa lo impensable desde su interior y así señala lo inefable.

El nombre de Wittgenstein se encuentra sin excepción en la literatura filosófica en relación con el “Círculo de Viena”, la única innovación original de la filosofía empirista de la en otro tiempo hostigada y temida “Dinastía Vienesa” de los positivistas lógicos, los cuales, al menos en parte, animados por aquel pensador único, fundaron una nueva escuela. Sin embargo sería erróneo identificar a Wittgenstein –lo que sucede continuamente- con esa escuela, y junto a su fundamental contribución a la Lógica Simbólica y a una “mathesis universalis” (formulada de nuevo como “Sistema universal del conocimiento científico”), pasar por alto que su trabajo individual alcanza el más alto nivel. No sólo sus clarificadoras, negativas aseveraciones, merecen una renovada y siempre renovable atención, las cuales limitan la Filosofía a un análisis lógico del lenguaje de las Ciencias de la Naturaleza y vinculan la exploración de la realidad al especial ámbito de las ciencias naturales; también merece esta atención su desesperada búsqueda de lo inefable, esfuerzo que carga sobre el “Tractatus” con una tensión en la que él mismo se anula, y también su fracaso en lograr una definición concreta de la Filosofía, la cual respecto a los demás neopositivistas se convertirá en fructífera ignorancia.

Cuando en el año 1929 el grupo vienés en torno a Moritz Schlick se dio a conocer con el folleto “El Círculo de Viena – Interpretación científica del mundo”, y con su frío, materialista programa desató una ola de protestas en la Filosofía Alemana, el “Tractatus” de Wittgenstein hacía ocho años que se había publicado. En el mismo año aparecía la segunda edición de “Ser y Tiempo” de Heidegger, la cual pareció darle la razón al Círculo en su lucha contra el creciente irracionalismo en Alemania, la tierra de la depresión [económica- N. del T.]. En Viena, y esto resultó forzoso, la envenenada oposición del grupo al clericalismo austriaco derivó de alguna manera en las formas de la doctrina del filósofo del Estado Othmar Spann. No debe silenciarse que la agresividad, la aguda polémica contra todas las corrientes metafísicas, especialmente por parte de Neurath respecto a sus compañeros, en varias ocasiones les hicieron estrechos de miras o autorreferentes. Sin embargo los conocimientos conquistados por la sincera búsqueda de la precisión y la veracidad de parte de la mayoría de sus integrantes, justificaron la exigencia que el Círculo, como escuela internacional de alto nivel, hizo vigente.

Viena era una sede adecuada para el comienzo del Neopositivismo. Desde que a finales del s. XIX se logró para Ernst Mach en la Universidad de Viena una cátedra de “Filosofía de las Ciencias Inductivas”, existió en Austria una duradera tradición de cultivo de la Ciencia Empírica, la cual se ocupó casi exclusivamente de los problemas de base de las Ciencias de la Naturaleza. En 1922 ocupo esta cátedra Moritz Schlick; había estudiado con Planck y tenia relación personal con Einstein y Hilbert. Aparentemente como sus antecesores, Botzmann y Mach, evolucionó de la Física a la Filosofía, si bien él disponía, respecto a los anteriores, de un detallado conocimiento de la filosofía anterior. A su alrededor se constituyó pronto un círculo de alumnos e intelectuales interesados en la Filosofía: Rudolf Carnap, el lógico puro, y los conocidos matemáticos Menger y Hahn, se contaban entre ellos. Schlick era además el único intelectual del grupo de trabajo con el que Wittgenstein se veía de vez en cuando en su casa y al que mas influyó. La posición del Círculo frente a Wittgenstein no fue, sin embargo, unánime. No puede pasarse por alto que este, que negó al pensamiento común el derecho a incurrir en cualquier “adivinanza”, conmovido por una vivencia mística de lo inefable, mantuvo su escepticismo sólo respecto al peso de aquélla. La “Unio Mistica” de los investigadores, que experimentan la inexpresable presencia de lo Real en escasos momentos de gracia, mereció también las ultimas palabras de Schlick, cuyo suicidio en 1934 fue para el Círculo una pérdida irreparable. Tras su muerte se siguió una orientación cada vez más fuertemente “fisicista”, y Carnap y Neurath se unieron en un rechazo del concepto de “vivencias primitivas previas” formulado por Schlick y Wittgenstein.

La tesis principal del Neopositivismo la encontramos modelizada en el “Tractatus logico-philosophicus”, el cual, formalmente contemplado, es una obra curiosa. Se compone de aforismos sueltos, brillantemente escritos y numerados, y comienza con la frase lapidaria: “ el mundo es todo lo que es el caso”. Wittgenstein parte de la tesis básica de Bertrand Russell, según la cual el mundo se compone de hechos completamente independientes entre sí. Mas allá de la totalidad de los hechos en los que se descompone, no existe nada. A semejanza de estos hechos, entre sí independientes, nuestra comprensión debe siempre fraccionarse. Sólo construimos, sin embargo, enunciados generales, que parecen ligarla. Por ejemplo: “todos los hombres son mortales”. Sin embargo, la verdad de tal aseveración general, en cuya seguridad nos apoyamos, se garantiza a través de la verdad de la afirmación, por ejemplo: “Peter es mortal” y “Hans es mortal”, en donde la conjunción “y” tiene la función de garantizar la veracidad de las proposiciones generales. Un nuevo sentido, una nueva verdad general, por encima de la verdad de los hechos individuales, sin embargo, no se origina en una proposición general. Este ejemplo inocuo de la Lógica tiene hasta ahora escasas consecuencias, pues demuestra que la Lógica –esto hay que entenderlo literal y banalmente- no dice casi nada. Tiene un puro carácter tautológico, como señala Wittgenstein. Por lo tanto la Lógica no puede investigar la realidad y enseñar algo sobre ella. Como la Filosofía se define sólo como análisis lógico de la lengua, tampoco puede afirmar nada sobre la realidad; es solo un trabajo y se ejerce como un tipo de control.

Su instrumento analítico, la Lógica, conduce ya a finales del s. XIX hacia una orientación creciente al desarrollo de símbolos por analogía con las matemáticas. Russell y Witehead habían mostrado en sus “Principia Mathematica” que los conceptos matemáticos básicos (los números naturales y primos, los conceptos de análisis y la enseñanza de las cantidades) pueden ser edificados mediante principios lógicos, si se aceptan dos nuevos axiomas –el axioma de la infinitud y el de la elección. Las matemáticas se exploran como una rama de la Lógica. “La lógica del mundo, que las proposiciones de la Lógica muestran en las tautologías, apunta a la matemática en las ecuaciones” (6.22), formula Wittgenstein. Entendamos esto bien: como las cifras en las matemáticas no constituyen objetos de nuestro mundo experiencial y la Geometría no describe el espacio real, igualmente no describen los símbolos de la Lógica los objetos y sus relaciones. Nosotros, cuando pensamos, sólo los clasificamos.

El Neopositivismo efectúa una sensible corrección por un lado al Empirismo, por otro a Kant: las proposiciones de la Lógica son ciertamente a priori, pero sus afirmaciones son a la a un tiempo vacías y no expresan nada; esto significa además que la tesis de Kant de que son sintéticas es insostenible. Las únicas proposiciones que están plenas de sentido y expresan algo, son las proposiciones de la experiencia –proposiciones también, que pertenecen al comportamiento de los objetos en la realidad-. Estas proposiciones se integran en la ciencia empírica particular. Sin embargo las proposiciones específicamente filosóficas, como las dispone la Metafísica, deben, puesto que son inaccesibles al conocimiento empírico y sus métodos, y por lo tanto quieren ser más que tautologías, ser descritas como proposiciones de la apariencia.

Como en el Circulo de Viena las proposiciones de la apariencia fueron “desenmascaradas”, hay que mostrarlas en la critica de Rudolf Carnap sobre Heidegger. En su ensayo “Superación de la Metafísica a través del análisis lógico del lenguaje”(2), Carnap cita algunos fragmentos del escrito de M. Heidegger “Que es la Metafísica” (3) para mostrar que las construcciones de ese tipo de proposiciones llevan a un deterioro de la sintaxis lógica. “Debe investigarse sólo el Ser y no más; el Ser individual y nada mas allá; el Ser único y por encima de él, nada”. ¿Cómo se presenta esa Nada? ¿Existe solo la Nada porque hay la Nada que llamamos negación? ¿O es al contrario: existen la negación y la Nada solo porque existe la Nada?. Afirmamos: la Nada es anterior al no y a la negación. ¿Dónde buscamos la Nada? ¿Cómo encontramos la Nada? Conocemos la Nada. El miedo manifiesta la Nada. De lo que y por lo que nos asustamos, era, “en realidad”, Nada. De hecho: la Nada sólamente -como tal- estaba allí. ¿Cómo se presenta la Nada? La Nada misma se niega. Carnap intenta ahora hacer resaltar en un esquema las figuras individuales absurdas, de tal forma que las presenta a un lado como Frases “I” en analogía con la Gramática, y añade como “III” la forma de redactar de la Logística:

I. frases prácticas del hablar corriente II. formación del absurdo a partir de lo práctico en el habla corriente Habla lógicamente correcta
  1. ¿Qué hay fuera?

dr (¿) [ Fuera (¿): N. del T.]

Fuera hay lluvia

Dr (Re) [Fuera (Lluvia): N. del T.]

  1. ¿Qué hay fuera?

dr (¿) [Fuera (¿): N. del T.]

Fuera no hay nada

dr (Ni) [Fuera (Nada: N. del T.]

A. No hay (no existe, no se ha creado) nada que esté fuera.

   ~( Э x) . dr (x)

B. ¿Qué pasa con esta lluvia (que significa: ¿Qué más se puede decir de esta lluvia?)

?(Re) [¿ (Lluvia): N. del T.]

B. ¿Qué pasa con esta Nada?

¿ (Ni) [¿ (Nada): N. del T.]

B. Todas estas formas no pueden de ninguna forma ser construidas.
  1. conocemos la lluvia

K (Re) [Conocemos (Lluvia): N. del T.]

1. “Buscamos la Nada”,

“Encontramos la Nada”,

“Conocemos la Nada”

k (Ni) [Conocemos (Nada): N. del T.]

  1. La lluvia llueve

Re (Re) [Llueve (Lluvia): N. del T.]

“La Nada niega”

ni (Ni) [Niega (Nada): N. del T.]

“Solo existe la Nada porque…”

ex (Ni) [Existe (Nada): N. del T.]

Carnap argumenta en este punto: la forma proposicional IIA, como pregunta y respuesta, no expresa las exigencias que en un habla correcta, desde el punto de vista lógico, deben aparecer, pero aún así tiene sentido, porque puede traducirse al habla correcta desde el punto de vista lógico (IIIA). Su inutilidad, sin embargo, se muestra si continuamos con la frase IIB, que no se puede construir en el habla lógicamente correcta de ninguna manera. Pues en la IIB1 se emplea la palabra “Nada”, con la que se formulaba en el habla corriente una proposición existencial negativa, como nombre de objeto. En la forma IIB2 aparece la palabra sin sentido “hacer Nada”, convirtiéndose esta frase en doblemente absurda. La frase IIB3, que no guarda analogía gramatical con IB como frase individual, coincide con la frase anterior en el error de usar la palabra “Nada” como marca de un objeto, además de, sólo si fuera posible, introducir “Nada” como marca de un objeto. Lo anterior contiene una contradicción, porque en la misma frase se atribuye a ese objeto nuevamente la existencia, la cual se niega en su definición. Heidegger rehuye libremente esta argumentación –de lo cual es consciente Carnap-. “En el torbellino de una pregunta inicial” Heidegger cree ver emerger la idea de la Lógica y ya no se ocupa de ello más. Pero Carnap debe aferrarse a que una segunda, mas amplia, “autentica” realidad, en la cual debe insertarse también la “Nada”, solo puede ser afirmada; pues es indudable desde un principio que no puede verificarse.

Wittgenstein parte por lo tanto de la investigación de la Lógica, que es idéntica a la investigación de cualquier otra regulación de un código: “Y fuera de la Lógica todo es casualidad”. Las regulaciones de código que son descubiertas, no sirven sin embargo de ninguna aclaración. “La completa visión del mundo moderno se basa en una equivocación, la de que las así llamadas leyes naturales son la explicación de las apariencias naturales”. Todo sucede así en el mundo, como sucede, y sin embargo todo es como finalmente es: “No es lo místico cómo es el mundo, sino que sea” (6.44)(4). El “sentido” que esperaríamos de una explicación, no está en el Mundo. Del Mundo como totalidad de todos los sucesos nos construimos imágenes, que de nuevo incluimos en los hechos. Entre la imagen y la realidad que aquella configura, hay algo común que posibilita la ilustración: la forma (forma espacial como ilustración de lo espacial, forma de color como ilustración de lo colorido y etc.). Además es cada forma, en toda circunstancia, una forma lógica, y cada imagen por eso es también una forma lógica. “La imagen lógica puede ilustrar el mundo” (2.19). En otras palabras: puesto que la imagen lógica es el pensamiento, todo lo que es imaginable es posible, y puesto que el habla es la totalidad de las frases, debe la Filosofía ser una necesaria critica del lenguaje –un análisis lógico del habla-. Pues “la totalidad de las frases verdaderas es la entera Ciencia Natural” (4.11). “La Filosofía no es ninguna de las Ciencias de la Naturaleza” (4.111). “El resultado de la Filosofía no son las “frases filosóficas”, sino la aclaración de las frases” (4.112).

Partiendo de la clara descripción de lo decible, Wittgenstein remite inesperadamente a que la Filosofía da a entender lo inefable. ¿Y que es esto de lo inefable? Primero nos plantea la imposibilidad de describir la forma lógica. Ésta se presenta. Se desenvuelve en la frase. La frase se muestra. Lo que se muestra, no puede ser expresado. Es lo místico. Aquí experimenta la Lógica su frontera, puesto que el Mundo ingresa en la estructura de la forma lógica, es su frontera la frontera de nuestro mundo. Así entendemos la frase: “la frontera de mi habla significa la frontera de mi mundo” (5.6.).

Desde esta frontera existimos, pensamos, hablamos. El entendimiento del Mundo como un todo acotado nace porque nosotros mismos, como sujetos metafísicos, no somos ya parte del Mundo, sino “fronteras”. El camino al otro lado de la frontera está sin embargo cerrado para nosotros. No nos es posible establecernos fuera del Mundo y decir frases sobre las frases del Mundo. Por ello no se le puede dar ningún valor –“y si se le diera, no merecería la pena” (6.41.). No se puede hacer ninguna aseveración sobre la Ética, porque una frase no puede expresar nada más alto. Tampoco puede la voluntad ser el sustento de lo ético, pues el mundo es independiente de nuestra decisión. Nada de lo que el habla quiere expresar –también los hechos del Mundo- es a través del deseo modificable. Modificables son solo las fronteras del Mundo, y sobre ellas debemos callar. A ninguna de las preguntas que nosotros estamos acostumbrados a hacer a la Filosofía, puede ella tampoco contestarnos. Con la interrogación sobre el “sentido del ser” nos remitimos a nosotros mismos. El movimiento que yace tras este filosofar, que no puede dar una solución al problema de nuestra vida, que en su pasión por la completa verdad sólo ha ofrecido la árida, formal, “eterna” verdad de la Lógica –conceptos que debemos desarrollar, para contemplar el Mundo correctamente- es el mismo del que habla Baudelaire en su poema “Le Gouffre”. Como Pascal, Wittgenstein se mueve en y con su abismo; desde todos los límites acude en masa a él lo que no se atreve a nombrar, y le plantea el drama cardinal: “Ah, jamais sortir des nombres et des êtres!”.

En el Círculo de Viena se han limitado por otra parte a la obvia divisa del Tractatus: “y todo lo que sabemos, que apenas hemos podido balbucear y susurrar, puede expresarse en tres palabras”(5). El análisis lógico del lenguaje se perfeccionó, preparándose para un “sistema de unidad del conocimiento científico”, para una lengua universal, como ya Leibniz ambicionó, a la que todas las unidades del habla podrían ser traducidas.

A través de un trabajo conjunto estrecho con la Matemática moderna y la Física, se completó una laguna en el pensamiento filosófico de nuestro tiempo. La Escuela de Viena pudo extender su influencia a los brillantes congresos internacionales en los países de cultura inglesa y a los escandinavos. Alemania, Francia e Italia, sin embargo, permanecieron siempre enfrentadas al Neopositivismo. En la propia Viena se hizo el silencio sobre el Círculo. Entre 1933 y 1939 sus miembros más sobresalientes fueron llamados a universidades extranjeras; algunos emigraron, otros se convirtieron en victimas del Nazismo. El órgano de expresión del Círculo, la revista “El Conocimiento”, fue prohibida por “desmoralizadora”, y tuvo que publicarse en Gran Bretaña en el “Journal of Unified Science”. A dónde hubiera llegado un desenvolvimiento de estas ideas en unas circunstancias más favorables, no se puede aventurar con seguridad. La literatura especializada en Lógica, que hoy nos ha llegado de los antiguos miembros del grupo de trabajo –Rudolf Carnap, V. Mieses, Popper y Reichenbach continuaron el trabajo con pensadores de la misma corriente en E.E.U.U. y Gran Bretaña- nos permite saber hoy que el tiempo álgido del Neopositivismo ha pasado y que sus exponentes actuales se agotan en el tratamiento de los detalles.

Pero el momento del descubrimiento de Wittgenstein tenía que suceder. Desde Inglaterra nos llega que ha aparecido, precisamente un segundo, hasta ahora desconocido trabajo, “Investigaciones Filosóficas”; también se nos informa de la existencia de un “Libro Azul” que Wittgenstein quería que se publicase sólo tras su muerte.

Si él ha abolido su silencio y ha dado peso a su conocimiento, es dudoso y poco evidente. “Dios no se manifiesta en el mundo” (6.432.) es una de las mas amargas frases del “Tractatus”. ¿Pero no nos permite Wittgenstein conocer que la forma moral, la cual, como la lógica, no es representable, se muestra y se hace realidad?. “Sobre lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”, dijo él al final y se refirió precisamente a esta realidad, de la que nosotros no podemos ni debemos formarnos ninguna imagen. O, concluyó él también, ¿hemos agotado nuestro lenguaje, porque no contiene ninguna palabra que sea importante?

Traducción de Marina Gurruchaga en MAISONTINE 4 (2009)

NOTAS DEL AUTOR

(1) Primero aparecido como “Logisch-philosophische Abhandlung” ( “Tratado Lógico-filosófico”) en los “Annalen der Naturphilosophie” (“Anales de Filosofía Natural”) en 1921.
(2) “Erkenntnis” (“Conocimiento”), Tomo 2, Leipzig 1931.
(3) Bonn 1929
(4) Ewald Wasmuth llama la atención, con razón, que lo “Místico” en esta frase recuerda al “asombro” de Platón y a la pregunta de Heidegger “¿Por qué existe el Ser en realidad y no más bien nada?”. Sin embargo a Wittgenstein le hubiera resultado imposible plantear tal pregunta, pues niega lo que Heidegger presupone: que en el pensamiento el Ser llega al habla.
(5) Ferdinand Kürnberger, publicista vienés (1821-1879), obligado a marcharse de Austria, escribió novelas y relatos, pero especialmente trabajos de tema cultural y político, así como crítica social. Sus sobresalientes ensayos sobre crítica del lenguaje y las condenas a la prensa de su tiempo le hacen un precursor de Karl Kraus.

NOTA DEL TRADUCTOR

* Ingeborg Bachmann (Klagenfurt 1926-Roma 1973) es una de las más importantes y versátiles escritoras en lengua alemana del s. XX. Nacida en el seno de una familia volcada en la enseñanza, durante la Posguerra se dedica al estudio de la Filosofía, Literatura y Psicología. Se doctoró en la Universidad de Viena con un estudio titulado “La Recepción Crítica de la Filosofía Existencial de Martin Heidegger” (1949). Tras sus comienzos como redactora radiofónica, se integró en el círculo literario conocido como Gruppe 47, en el que también se encontraban Paul Celan, Heinrich Böll, Ilse Aichinger y Günther Grass. En 1958 del Gruppe 47 emergió un ala femenina con Bachmann, Aichinger y otras escritoras. Los temas mayormente cultivados por Bachmann fueron ampliándose a través de poemas y obras radiofónicas, ensayos y novelas: la renovación del lenguaje –en este sentido su interés por la filosofía wittgensteiniana-, el amor y la violencia entre los géneros, los límites personales y el establecimiento de la verdad. Su muerte en Roma tras un misterioso incendio en su casa acaeció en 1973 y dejó varios de sus proyectos sin concluir. El prestigioso premio Ingeborg Bachmann, concedido en Klagefurt con periodicidad anual, recuerda su legado y actualiza su influencia entre las jóvenes generaciones de escritores en lengua alemana. El ensayo cuya traducción presentamos fue publicado en 1953 y está incluído en Bachmann, Ingeborg: Werke. 4 Bände. München, 1978.

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Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

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