LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE

UN LARGO RODEO

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Abrió la puerta de la casa, y el ruido de la cerradura, y después  los pasos sobre el entarimado, le sonaron a caparazón vacío.

Esta casa es ya sólo una gran insecto seco, pensó, mientras  plegaba la ropa negra sobre la cama. Luego se dirigió a la sala,  hacia su butaca, caminando lentamente, incómoda por la mordedura  del reúma.  Sintió un gran alivio al sentarse, como si hubiese estado  llevando el ataúd ella sola. Miró a la butaca situada enfrente, vacía, y supo que por fin todo estaba consumado.

Había sido una agonía lenta, un compás de espera que muchas veces  creyó insoportable, y por eso el tiempo de las lágrimas había  pasado ya. En este momento sólo sentía el alivio de concluir con  aquello que parecía destinado a no terminar nunca. Ahora, de  vuelta del entierro, sentía que había sabido cumplir dignamente  la misión más dura entre todas las que le habían tocado.

Miró la fotografía enmarcada sobre la mesa, y vio al  compañero con el que había compartido sesenta años de vida,  retratado sesenta años atras: un muchacho que le miraba de esa  forma que hizo saltar, como un resorte, una secuencia encadenada  de recuerdos que llegaron a acosarla y tuvo que detener.

No le gustaba la última posibilidad, no le parecía que fuese con  ella; pero tampoco encontraba en sí misma fuerzas para reordenar  el mundo desde la perspectiva de mujer solitaria. Ya todo le daba  igual. Podía intentar que sonasen otra vez los viejos teclados de  la ilusión, pero presentía que había tocado demasiadas veces  todos los temas, y ninguno le parecería nuevo.

Era cansancio de vivir. Como si serenamente sintiese que ya no le  quedaban cuentas por saldar. Miró hacia atrás, y su vida le  pareció hermosa, con todos sus errores y sus logros; y a la vez le  pareció  un círculo cerrado, una unidad con sentido; y creyó que  lo que llegase en el futuro sólo sería redundancia, material  superfluo.

Se quedó absorta, mirando a la ventana, como esperando  inútilmente una respuesta de la tarde de entierro, lluviosa y  desquiciante. Luego, los tictac de los relojes de la casa, como  absurdos insectos laboriosos le fueron acotando la inmensidad del  silencio, la inmensidad de la nada.

No había permitido que nadie le acompañase a casa argumentando  que se sentía fuerte. Y también, aunque no lo dijo, porque  oscuramente intuía que una etapa fundamental de su vida acababa  aquí mismo, y para conocer y asumir lo que viniese los demás la  estorbaban.

Ya no tenía miedo de nada. Desde que tuvo que aceptar la pérdida  de la persona que había vertebrado su vida durante tantos años,  temer al sufrimiento, o a la privación de cualquier cosa le parecía  carente de sentido.

Se preguntaba qué traje le tocaría ahora lucir en el carnaval de  la vida. Miró un momento hacia atrás y recordó algunos de los  papeles que había representado, con desigual fortuna. Ahora, sin  duda, le tocaba el de viuda. Pero ¿qué clase de viuda? Quizás  fuese capaz de rehacer su vida, ahora en solitario, e incluso  alcanzar una cierta plenitud en ella. Quizás fuese ya demasiado  tarde, y sólo le quedaba un puñado de años en arriendo a la  muerte, empleados en mantener desesperadamente una memoria  falseada, en vivir sólo  para su mutilación.

Entonces le llegó una melodía, muy lejana, seguramente de la  radio de algún vecino. Aquella canción parecía querer decirle  algo, y buceó en su memoria, cada vez más profundo. No conseguía  alcanzarla, pero sabía que la canción formaba parte de ella, y  que en algún lugar de su mente, por escondido que fuese, tenía  que encontrarla.

Hacía tiempo que había dejado de escucharse la radio, cuando por  fin llegó hasta el recuerdo; y recibió, con la pureza de las  vivencias largamente olvidadas, un frescor de juventud  embriagador junto a la letra de la canción.

Se levantó canturreándola, sintiéndose una muchacha, y se dirigió  a la ventana. Por sus retinas no pasaban ahora los grises de la  tarde de pesadumbre: estaba viendo las montañas y las praderías  desde la casa de campo donde pasó su infancia; y de pronto algo  se abrió en su mente cuando llegó hasta el corazón del recuerdo:  una burbuja de pasado traspapelada en el océano de la memoria,  una energía arrasadora que la transportó precisamente a aquella  remota tarde azul en que ella se apoyaba en la ventana. El sol de  marzo iluminaba a contrapelo la hierba, y al traspasar su carne  verde teñía los campos de una fina película de oro.

Ahora tenía trece años, y las praderas ya cubiertos de flores, y  los días cada vez más largos le habían empujado a asomarse a la  ventana para aspirar la sustancia de la tarde. Una canción de  amor recién aprendida le traía por primera vez una sensación  extraña y excitante, la vida brotando, una amor desordenado por  todo, una profunda tristeza amasada con promesas de futuro  henchidas de horizontes inabarcables; un oscuro ardor y a la vez  una borrachera de dulzura al pensar en los muchachos…

Revivió todo esto con una intensidad mayor que la vivencia  original, y sin dejar de ser niña, recordó en un instante el poso  de su vida: las ilusiones, las rutinas, las ambiciones logradas y  los fracasos; las noches de amor, los partos, las traiciones y  las luchas; y concluyó que el factor común de su experiencia le  dejaba una sensación no diferente a la que había presentido  aquella tarde: era como si la muchacha ya lo supiese todo no  sabiendo nada; como si la vida sólo fuese dar un largo rodeo  alrededor de uno mismo.  Pensaba emocionada que aquí se cerraba el círculo, cuando algo  sucedió en su mente: en un instante una conmoción terrible, y  luego todo se derrumbó, como en los terremotos. Ni siquiera tuvo  tiempo de apercibirse. Cegadas las criptas de la memoria, sólo le  quedó, para el resto de sus días, aquella imagen fija de las  praderas ondulando al viento de la tarde, unos jirones de canción  enredada entre los labios, el poso dulceamargo de la vida.

Óscar Losa

MAISONTINE 4 (2009)

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Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

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