LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


1 comentario

Los más solos. Teatro del Azoro 2013 (El Salvador)

 Imagen

Mientras se arrullan las palomas cualquier sábado soleado de otoño, hay quien sufre. Podría ser de otro modo. Mientras se sufre un sábado más, esta vez uno soleado de otoño, hay palomas que lo ignoran y se arrullan. Lo harían aun sabiendo; serían palomas en todo caso.

Es un principio para introducir la necesidad de un cotidiano en el dolor. Los más solos, de Teatro del Azoro (San Salvador), no da ni siquiera la tregua de las palomas y nos introduce en el infierno directamente. Para qué la transición que engaña pareciendo que lo real es respirable. Solo hay una dirección en la mirada del autor de la obra, La caverna de Choreja, Carlos Martínez. Y Alicia Chong, Paola Miranda, Pamela Palenciano y Larreynaga la interpretan con perfección aristotélica, no solo porque estuvieron durante meses visitando el Centro Penitenciario y han conseguido encarnar a los personajes haciéndonos imaginar fielmente el ambiente, las características, las moscas, el olor…, sino también por su valor pedagógico. Como dice Jorge Tomás García en Art, Emotion and Value. 5th Mediterranean Congress of Aesthetics, 2011:

 Aristóteles, que considera lo bello como un resplandor de lo bueno y verdadero y que atribuye al arte una misión esencialmente purificadora, otorga al artista una misión educativa dentro del estado. En esta forma lo estético se convierte en valor pedagógico.

Imagen 

Nos encontramos ante una fiel secuencia de lo que ocurre en un pabellón penitenciario en el que queda lejos lo humano. Convivimos con los límites hasta llevar al máximo lo elástico y queda el latido como única identificación con la especie. Solo hay un objeto que nos acerca a ella: la presencia de un pequeño libro-misal que adquiere la dimensión de un tótem, alimentado por el discurso de la monjita que aparece proyectado.

 Ellos permanecen en el estado primario: unos gestos, el acuerdo del idioma en el que se comunican, la provocación que pone en peligro el equilibrio, siempre a punto de romperse. Pero no llega la muerte, se empeñan en vivir o es instinto.

 Una fiel imitación de la realidad terrible, perfectamente interpretada por las cuatro mujeres. Pero no narración, no poesía. Teatro social al más puro estilo de la arena, el barro, la tierra, el lodo. Sin metáfora.

 

Rosario de Gorostegui, Santander, 2013

 

 

 


5 comentarios

Homenaje a la poeta Carmen Stella de Vallejo

    (La revista cultural MAISONTINE en su NÚMERO 7 homenajeó a la poeta Carmen Stella de Vallejo, tras su desaparición, con una breve antología comentada de sus obras, un artículo sobre la misma de la profesora norteamericana Maty García-Whitney, así como los poemas que para su despedida escribieron su hijo Mariano, su yerno, el profesor de Literatura Leonard Kelly y su nieta Ariadna Gómez-Kelly y una dedicatoria de su nieta Elsa.  Mas tarde se añadiría el poema de su sobrino Alejandro Higueras de Vallejo. Territorio Kirguise acogerá a partir de ahora los contenidos de dicho homenaje).

H O M E N A J E   A   C A R M E N   S T E L L A  D E   V A L L E J O

Imagen

  Fotografía de Carmen Stella en su casa de Sopeña
                                                                            (Mariano Gómez de Vallejo)

 

 

 

          MADRE:

Polvo de estrellas ha sido nuestro origen

un mismo destino nos aguarda

Poco importan ya las urgentes

urnas cinerarias para el rito

eternidad y tiempo en ellas no caben , se desbordan.

Para que el olvido no habite en parte alguna

la eternidad vendrá a ser la mas íntima emoción

Pues  sabré de tu otra vida por la cálida sonrisa

que vendrá para anidar  en alguna parte de mi memoria.

       Mariano Luis, 20 de agosto de 2011

 

 

 

ABUELA OF THE BUTTERFLIES

Abuela of the butterflies,

you are a cascade of colour,

A flight of elegance,

The unfurling magnolia´s waxen ivory,

Pure and unsullied;

Your presence is the whisperings of Sopeña´s cedar,

Grounded and magnetic;

The snows falling over Cabuérniga speak of your Grace;

You are ‘chocolate y churros’ on a Winter´s evening;

You are the song of lullabies.

May serenity and peace be tours forever.

                                                                       Ariadna

(Ariadna- Leonard Kelly )   

Dedicatoria de su nieta Elsa

 (clickar para ampliar)

Dedicatoria Elsa rec2

 

 C O M E N T A R I O   B I O G R Á F I C O – C R Í T I C O

Por Marina Gurruchaga

            CARMEN STELLA DE VALLEJO (Ob. 2011) nació en Buenos Aires, aunque residió la mayor parte de su vida en Cabuérniga, en el pueblo de Sopeña. Su obra es personal, poco conocida, pero de una gran calidad literaria y plena de imágenes y simbolismo originales y recurrentes desde sus primeros hasta los postreros poemas. Participó en la antología colectiva en contra de la explotación del medio ambiente y de la guerra “Con tu piedra”(Santander 2005), y, ya individualmente, publicó, además de algunas plaquettes, el libro de poesía mística  “Mi canto de acción de gracias” (Santander, 1982) y “Viejos Mitos de Cantabria” (Santander 1987)  con las fieles ilustraciones de su marido Domingo Gómez de Dios, una deliciosa y lírica recreación en la estética de Manuel Llano, del que fue, junto con su marido, pionera en su revalorización y homenaje (Terán de Cabuérniga 1971).

     Yo no he conocido personalmente a Carmen Stella. Me considero buena amiga de su hijo, Mariano, y de María Gracia, su hija pequeña. Pero he leído admirada sus poemas, sorprendiéndome de la brillantez atesorada durante años  en los cuadernos que la autora con el personal empeño de Mariano decidió dar a la luz en forma de antología (“Contraluz”, Santander 2008, editado por la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria). El fulgor de las obras escondidas en un pequeño y bellísimo pueblo de los frondosos valles de la Montaña más recóndita, escritos la mayoría en la increíble galería de una casa viscontiniana, me recuerdan a aquellos otros brillos, como los de una Dickinson o una Austen, que tuvieron que esperar algún tiempo antes de alcanzar el conocimiento mayoritario de un público sensible.

Imagen

Dibujo de Carmen Stella hecho por su hijo Mariano

 

     El dibujo que le hizo su hijo Mariano, rodeada de los libros de sus autores referentes y las influencias que en complicidad, más artística que filial, Carmen Stella fue integrando en su obra y su persona, es hondamente expresivo de aquellas resonancias (Gerardo Diego, Tagore, Rilke, Pessoa, Cirlot, Basho… y tantos otros). De la antología “Contraluz” (poesías1972-2006) he seleccionado nueve poemas representativos de una obra rica, original y técnicamente muy depurada. En ellos se advierte un sentimiento que se nutre de las vivencias cotidianas, centradas en el jardín familiar, en el paso de las estaciones, en la visita de los amigos (“Victor Orizaola”)- por lo que me consta, Carmen Stella fue una excelente conversadora y anfitriona- y en una espiritualidad cristiana profunda y presente en todas las circunstancias de su larga vida. El habla popular se enriquece en sus romancillos dedicados a las figuras de la mitología cántabra, y alcanza cotas de sensibilidad entrañable cuando describe a las “anjanucas” rubias y bondadosas (“Las Anjanas”). El colorido de la naturaleza (“Grises”), en sus pájaros, flores y alboradas (“El seto y los mirlos”), preside buena parte de las imágenes de sus versos, aunque éstas trascienden lo descriptivo para alcanzar valores arquetípicos: las idas y venidas del ánimo (“Agua mansa”), el paso del tiempo, el acendramiento en el propio terruño y el hogar cohabitando con un deseo de abandono y escapatoria (“Al paso de los gansos salvajes”), la inquietud ante la muerte pero su aceptación final. En alguno de los poemas, de gran calado existencialista, con resabios de un quevedesco conceptismo (“Con prisa”), Carmen Stella trasciende a su época y se nos muestra como una excelente poeta, casi mística. Es pionera también en el manejo del “haiku” japonés, que utiliza y resuelve para retratar el árbol tutelar de la casa y la familia, un totémico cedro finalmente desaparecido.

      La poesía de Carmen Stella trasciende su época, sobrepasa las circunstancias de su autora, para transmitirnos los sentimientos universales del individuo que, más allá de la cotidianeidad, se pregunta por el futuro y el sentido de su personal universo: las inquietudes que a todos nos atenazan y que convierten la lectura de su obra en “un tiempo fuerte”, extremadamente gratificante y enriquecedor.

P E Q U E Ñ A   A N T O L O G Í A   D E   P O E M A S

AL PASO DE LOS GANSOS SALVAJES (de “Impresiones”)

He sentido pasar a medianoche

la algazara de gansos que venía

de la tundra del Norte; de la fría

Europa boreal. En un derroche

de graznidos y voces de llamada

han cruzado veloces como el viento

las montañas y el valle, en un momento

al claror de la luna. La bandada

al que iba en cabeza obedecía.

Su cuello recto y tenso parecía

indicar el camino. Tras su huella,

la noche, que ha quedado silenciosa,

es más fría y profunda; y luminosa

como un rastro hacia el Sur, brilla una estrella.

*

GRISES (de “Tras las rendijas del alba”)

Poesía indefinida de los grises

que marcan de la luz la indiferencia,

arrastrando la tarde, su distancia

perdida hacia el ocaso, en brumas inconcretas.

¡Se disuelven los grises! En mis dedos

a través de la piel ¡bullen mis venas!

…Un torrente de azules caprichosos

en galope de rojos y violetas

estallan en un cosmos, donde surgen

-en duros alumnios- los planetas.

*

VICTOR ORIZAOLA (De “Mis galerías”)

Surrealismo que al sueño hace palpable.

¡Qué dúctil en tus manos la materia!…

¡Y qué firme tu pulso, ante la seria

tarea que parece irrealizable!

Encadenas la forma que en tu mente

es piafar de caballos y bisontes…

Les das sendas de nubes y horizontes

porque al vuelo galopen libremente.

De todo lo realista descarnado

hiciste de la roca viva y dura,

estelas de galeón sobre las olas…

Acorde musical, acantilado…

…Y en un rapto de mística ternura

ungiste tu oración de caracolas.

*

EL SETO Y LOS MIRLOS (de “Poemas de Jardín de Poemas”)

Todo el seto rebulle por los mirlos

que acuden en bandada al fin del día

y en inquieta y sonora algarabía

se llaman, se contestan. Por oírlos

he abierto el ventanal. Tantos acuden

que alborotan la tarde; parlotean

lo mismo que chiquillos. Juguetean,

se acicalan, se alisan, se sacuden.

Ya el revuelo de mirlos en el seto

se pliega y se remansa. El aire quieto

se adormece en la azul atardecida.

A lo lejos, el río presta un fondo

de rumores continuos y es más hondo

el azul, de la azul anochecida.

*

AGUA MANSA (de “Reflexiones”)

Afuera en los bambúes se ha enredado

la música del viento: se remansa

la orilla del estanque; el agua mansa

las más hondas raíces ha inundado.

Vivo y vive mi alma plenamente

mientras canta mi ser de sí olvidado…

Sin inquieto futuro ni pasado.

Sumergido tan sólo en el presente.

Se crecen los bambúes en mi centro:

Se agitan y mecen… El adentro

no se altera; la orilla se remansa…

La música de afuera ya se aqueda

y en el borde del tiempo desenreda

mi raíz del ayer, el agua mansa.

*

CON PRISA (de “Reflexiones”)

Con la prisa de ser

ya no estoy siendo.

En mi prisa de estar

no estoy estando.

Tengo prisa de ver

y no estoy viendo

que en mi prisa de amar

me estoy quemando.

…Por prisa de vivir

me estoy muriendo.

¡Y el no saber morir

me está matando!

*

LAS ANJANAS (de “Viejos mitos de Cantabria”)

En Cuevas y Torcas

tienen las entradas…

Palacios de oro

y puertas de plata.

Son las anjanucas

primorosas hadas

que en el monte viven

por las enramadas.

En el manto lucen

estrellas de plata.

Gastan faroluco

en la su picaya

que en el cuento tiene

florucas de malvas.

Su vestido adornan

hojas y guirnaldas

claveles y rosas,

margaritas blancas.

Su frente coronan

flores muy galanas.

Espigas de oro

las sus trenzas atan

y de comadreja

zapatucos calzan.

Los ojos… Los ojos

como fuente clara

o mejor, azules

como mar en calma.

Y su canto… al simen,

es como campana

que llama en la ermita

al llegar el alba.

O alegre repique

cuando juntas parlan.

De nácar, los dientes,

las manos, de nácar…

Que abiertas parecen

palomucas blancas

cuando al pobre ayudan

y al niño regalan.

Al pobre dan onzas

de oro, y de plata

al niño que es bueno

cosucas regalan.

Cuando se aparecen

en vez de asustalas

deciles guapuras

y dailes castañas

para su magosta

con otras anjanas.

Y si no es el tiempo

dir a apañalas

por ser primavera,

mayuetas y natas.

Ellas no se olvidan

de quien bien les haga

y del que bien hace

a cambio de nada,

y en ayuda acuden

cuando éste las llama.

Da igual que sean críos

viejos o muchachas,

y que sea en el monte,

el río o la braña.

Si llegáis al caso

de necesitarlas

perdidos en cierzos

o en la nieve blanca…

Llamadla: ¡Anjanuca!

¡Anjanuca santa!

La del faroluco

en la su picaya,

pues que me he perdido

llévame a mi casa…

Y la anjana entonces,

con la su picaya,

el su faroluco

y la su campana…

-tin… tin… campanuca…

tan… tan… tan… campana-

te guiará hasta el jiso

y si es en la Braña,

hasta lante mismo

de la tu cabaña.

…Con su campanuca…

con la su campana,

que tiene majuelo

de oro y de plata.

*

LEYENDO A OCTAVIO PAZ (de “Mis Galerías”)

 Fue como un roce leve de alas en el viento

Lo cierto es que no era corpóreo ni tangible.

Acaso una caricia sutil e indefinible.

La voz de una palabra. El eco de un acento.

Quizá tan solo fuera un anhelo del alma.

Un sueño una quimera retazos de imposible.

Pero algo inefable me llenó de infinito

Y ahora se que del cosmos tengo polvo de estrellas.

*

AL VIEJO CEDRO (de “A manera de haikus”)

I

Pájaros negros

En las ramas del cedro

graznan los cuervos.

II

Árbol querido:

mi niñez a tu sombra

¡cuánto he reído!

III

Viento: granizo.

Crujido hondo del cedro.

Tormenta. Frío.

IV

Aquellos sueños

contigo se me han ido

querido cedro.

V

El centenario

del jardín, yace muerto.

¿Queda algún árbol?

A q u e l l a   t a r d e   c o n   C a r m e n   S t e ll a   de   V a ll e j o

Imagen

Dibujo de Mariano Gómez de Vallejo de la casa familiar en Sopeña (Cabuérniga)

Recuerdo bien aquella tarde en la que al abrir el portón principal de la finca el sonido de una campanita que pendía del mismo dio paso a un jardín de umbría fronda que, aunque parecía naturalizado al modo inglés, conservaba vestigios de esas simetrías mas propias de la jardinería francesa. En él, casi un parque, predominaba, como señoreándolo todo, un cedro majestuoso, centenario, creo que era un árbol que estaba catalogado por su singularidad. Bajo él, un busto de bronce de muy buena factura con la apuesta figura de un hombre, que murió demasiado joven, sobre un pedestal de piedra con un emotivo epígrafe recordatorio, que también aludía a el mismo árbol.

Me acerqué a una terraza pequeña, cuyas barandillas de escalera sustentaban una espesa mata de madreselva, y por donde se accedía a la entrada principal de la casa, una gran casa de la segunda mitad del siglo XIX probablemente, de tipología palladiana y en sintonía con el gusto indiano de esa época. Como parecía que la puerta estaba abierta a esa tarde dorada por el sol de septiembre, me atreví a asomarme un poco y lo primero que percibí al franquear el umbral fue una fragancia sutil que provenía de un jarrón con una delicada magnolia sobre una mesa de centro, con cubierta de mármol rosa y donde ya había caído uno de los pétalos, esos grandes pétalos de un blanco marfileño de las magnolias. Tímidamente pregunté y como no tenía respuesta me retrasé y alcancé a ver un picaporte de hierro, creo que tenía una cabeza de cisne acabando en una esfera. Por el balcón de una ventana por donde trepaba un rosal apareció Carmen, quién me preguntó, quizás un tanto extrañada, quién era, o que deseaba.

Yo me había interesado por Carmen Stella de Vallejo ya que había caído en mis manos una pequeña obra recreando en romancillos los mitos de Cantabria a partir de la obra del escritor Manuel Llano, quien precisamente había nacido en ese mismo pueblo. La obra estaba ilustrada siguiendo fielmente las descripciones de M. Llano recogidas de la tradición popular. Yo entonces estaba enfrascada en mi tesis doctoral tras haber finalizado Historia del Arte y cada vez estaba mas interesada por el mundo de la iconología mitológica y de esta en relación con la palabra, la palabra poética sobre todo. A través de un colega de mi director de tesis me había llegado la referencia de la casa de Carmen y, como antes de regresar a Vigo, donde entonces vivía, había venido invitada a pasar unos días a Santander, se me había ocurrido, así, sin previo aviso -cosas de juventud-, acercarme aquella tarde, con un viejo seiscientos que me habían dejado, al pueblo de Sopeña de Cabuérniga.

Bajó Carmen a recibirme y tras las presentaciones me invitó a pasar a la casa. Nos sentamos en una sala próxima decorada de amarillo, con las paredes enteladas de un adamascado del mismo color e igualmente que un tresillo isabelino; había también un entredós imperio con un gran espejo cornucopia de fondo y un biscuit dieciochesco de estilo Sèvres con una suerte de alegoría venusina de tocador entre damas y amorcillos. Al lado una ligerísima silla dieciochesca lacada en negro y taraceada con florecillas en nácar y otras incrustaciones de pedrería. Dada la amabilidad de Carmen y aquel entorno la conversación comenzó a fluir con gran naturalidad y, como esta se fue animando, Carmen me propuso que subiéramos a su estancia habitual donde me dijo podríamos estar mas cómodas. Antes de salir de esa sala me fijé en un retrato al óleo donde se la veía muy guapa, tan  solo tocada con una mantilla blanca; me dijo, aludiendo también a la inexorabilidad del paso del tiempo, que el retrato se lo habían hecho, justo antes de casarse, por encargo de Domingo, su marido. Como también reparé en aquellas vitrinas repletas de bellos objetos, algunos bastante antiguos, no pude evitar mostrarle mi creciente interés por lo que Carmen me comentó que muchos eran ya viejos recuerdos de familia, describiéndome alguno de ellos y recuerdo cómo los mismos, ya de por sí atractivos, increíblemente se revalorizaban ante su vívido comentario; entre ellos me llamó especialmente la atención una pequeña virgen, posiblemente normanda , extraída en marfil fósil de morsa y unos delicadísimos camafeos tallados en lava del Vesubio engarzados en pendientes. Recuerdo que también, al salir de aquella sala, había un rincón chino con un frágil biombo de dragones en hilo de oro, un farolillo, objetos lacados, jades y otras antiguas “chinoserías”.

Fui comprobando que toda la casa estaba repleta de bellos o curiosos objetos, antigüedades los mas, imágenes, cerámicas, arcones, velones, candelabros, palmatorias, candiles….. Subimos al piso superior por una gran escalera que en el rellano, donde colgaba una gran pintura con una Inmaculada que por su factura parecía del siglo XVII  y flanqueada de panoplias, se duplicaba. Tras diversas estancias donde había libros, muchísimos,  retratos de antepasados y un viejo piano, pasamos a un gran galería llena de cuidadas plantas de interior, como un invernadero. Esta era el sitio preferido de Carmen para sus tardes, sin televisión, con sus lecturas a mano y pudiendo,  como quien dice, gozar del exterior, me dijo.

Nos sentamos en un sofá, chéster creo. Yo seguí tomando notas y Carmen me leyó y me comentó la génesis de algunos de los romancillos mitológicos que habían motivado mi visita;  y cómo, pese a no ser ella de allí, fue fijándose en el lenguaje popular con el que luego compondría los romancillos. También me comentó que incluso en uno de aquellos veranos cuando ella era pequeña, una niña de tirabuzones aún, llegó a conocer a Manuel Llano ya que el escritor había venido para la fiesta del pueblo y como quiera que  ella, creo recordar, se había quedado ante un puesto de chucherías, maravillada con un collarcito de cuentas de colores vidrio, este se lo regaló.

Y ante mi manifiesto interés, Carmen también sacó varios cuadernos autógrafos con sus poemas. Recuerdo muy bien que me llamó poderosamente la atención su original grafía; era un tipo de letra realmente personal, curiosa, muy singular. Me leyó, me declamó mejor dicho. A la indiscutible calidad de sus poemas se le sumaba esa dicción tan especial, esa intensidad emocional que hacía vibrar el verso. Era una dicción que parecía venir de otro tiempo. Me dijo que, de niña, en su casa se acostumbraba a leer poesía; además de jovencita había tomado clases de declamación con un discípulo de Lorca. Muchos de aquellos poemas versaban sobre la naturaleza, otros aludía a sus referencias poéticas y ciertamente en ellos se podían distinguir los ecos de la gran poesía romántica; me comentó que ya su  padre, quién se había educado en un colegio irlandés, le gustaba mucho y le recitaba de memoria algunos de los poemas de Keats. Esto nos dio otro nexo de unión ya que mi abuela, quien también fue una gran lectora, era inglesa, galesa mejor dicho. Curiosamente, también, dados los antecedentes familiares la conversación derivó al ámbito “galaico-céltico” comentándome Carmen su admiración por Cunqueiro, el “mago fabulador”, uno de sus autores favoritos; y resulta que en mi familia, mis abuelos sobre todo, conocieron al escritor Álvaro Cunqueiro ya que frecuentaron a su gran amigo José María Castroviejo.

Sonó la campanilla de la entrada y enseguida apareció una muchacha. Al poco no solo traía el te propuesto sino también una auténtica merienda y además unas ricas rosquillas que la misma Carmen había hecho. Además, como al parecer Carmen le había indicado, un precioso mantel bordado de mariposas que ella misma había hecho a partir de láminas de lepidópteros. Era todo un muestrario, cada cual más bonita; daba pena pensar que pudiera mancharse algo que merecía ser enmarcado. Me dijo que no importaba que el día lo merecía, como una fiesta. Y , entre el peculiar encanto y aquella acogedora atmósfera favorecida por la conversación, se notaba claramente que Carmen había sido educada también en ese arte, la velada se prolongó todavía un buen rato hasta que yo, ante la caída de la tarde, comencé a temer por mi regreso por aquellas carreteras desconocidas para mí. Cuando ya me disponía a salir apareció su marido, el Dr. Domingo Gómez de Dios, había llegado de un paseo con un gran perro de tipo San Bernardo o similar. Era él quien había dibujado estupendamente las ilustraciones del libro de los mitos, recuerdo que mostraba una extraordinaria cultura. Antes de bajar de ese piso me mostraron un dormitorio gabinete premodernista en cuya cama, en el cabecero y en los pies, se integraba un atrevido juego de espejos y otro con muebles muy antiguos y una cama y armario quizás del siglo XVI o XVII, también había un retrato de escuela con una misteriosa dama. Carmen me comentó que, en la siguiente ocasión que viniera, me hablaría de unos extraños hechos que habían acaecido en la casa cuando ella era pequeña…  Al salir aún Domingo me enseñó su despacho con una imponente y abarrotada biblioteca donde había, entre otras muchas cosas, un cristo románico y una ánfora posiblemente griega. También me mostraron un comedor cuyas paredes estaban pintadas al fresco con paisajes locales de la misma época en que se construyó la casa. Saliendo ya de la misma por el recibidor reparé en que al lado de una armadura había un busto con la figura del padre de Carmen y enfrente un retrato con el mismo joven del monumento de la entrada: era el hermano mayor de Carmen que había muerto en la guerra…

A punto de despedirnos aún Carmen me enseñó algunas partes del jardín con sus árboles y arbustos que, aparte del magnífico cedro, eran sus favoritos : el viejo magnolio, los tejos, el arce , los camélios , el castaño de indias, los cipreses con rosales rampantes y un estanque con nenúfares y peces japoneses rodeado de bambú y que le había inspirado en alguno de sus haikus. Al fondo de la finca, a través de un arco de sillería que ellos habían rescatado y puesto en el jardín como sugerencia de ruina, se veía una casita de estilo rústico donde me dijeron que, de cuando en cuando, organizaban con amigos veladas de tipo literario. Creo recordar que Domingo comentó que habían pasado por allí los hermanos Cossío y Dámaso Alonso entre otros muchos. Ambos me emplazaron a volver a una de ellas que con la excusa de la fiesta magosta volverían a hacer ese otoño.

Pasaron los años. Desgraciadamente no encontré la ocasión de volver pues mi trabajo, mi vida, me acabó llevando a otro país y ahora que he regresado y me entero  que Carmen se ha ido, aún vuelvo a recordar maravillada aquella grata tarde: allí vuelve a aparecer ella con su imagen intensa, delicada, imborrable; indisociable también de aquella casa donde ella venía a ser su alma, el ser que la insuflaba vida; un ser sensible y cordial en cuyo fondo, ahora claramente lo veo, prevalecía una eterna niña.

                                                                                                                                                                     Maty García-Whitney 

P O E M A   D E  S U    S O B R I N O   A L E J A N D R O

 

MI TÍA CARMEN ESTELA

Sobre la mar la estela de tus ensueños.

En el cielo la estrella de tu poesía.

Desde la tierra, jardín, cobijo,

casa de ensueño y de magia.

Carmen Estella de mares, tierras y  firmamentos,

yo te siento en verso libre

en busca de la maestría de tus sonetos.

“La belleza es el resplandor de la verdad”

                                                                     S. Agustín

Regocijo de soles, soledades de luna,

poesía que lleva al alma.

Carmen Estela, tía, amiga,

hermana, poetisa, chamana.

Luminaria con cueva propia.

Alta montaña noble de lumbre morena.

Negra cabellera gitana de catarata hechicera,

ya encendida, no incendiada.

Espiritual, alada, ensoñadora,

guerrera, cuentista, pedagoga.

Luminoso esperar generoso

de espalda fugitiva tierna

y de grandísimo retorno.

Argentina, latina, cántabra,

de peineta española y japonesa,

jardinera entre lo nórdico y Cuba.

Gastrónoma masterizada,

doctora en repostería.

Niña-abuela, curandera de alma,

abrevada de estrellas,

sonajera de palabras.

Regocijo de soles, soledades de luna,

poesía que lleva al alma.

Carmen Estela se despierta

habitante y habitada

de hora mágica e incierta

entre la noche y el día.

Ya escucha melodías de trinos,

ya atisba verbenas de amaneceres

y se levanta, osa ya legendaria,

abrazados continente y contenido.

Sale, cruza y entra,

vigilante furtiva de habitaciones sagradas.

Sigilosa, sigilando,

silenciosa, silenciando.

Va como de puntillas y con los pies de plomo

y baja la encaracolada escalera

entre dos todos,

el del entonces y el del ahora.

Y entra en la cocina

donde prepara desayunos

de madre y de tía eterna.

Ya sale afuera,

pleno himno de la mañana

afinada en verde al perro de cariño

que ladra pero no muerde.

Zen, Zen, Zen.

Zas, Zazen.

Fogonazo cuántico.

Padres y hermanos blancos

ingrávidos de espacio-tiempo resplandecen,

ella sigue, por sus estarme-decires,

viento que lleva

las hojitas hola-adioseras

son aplausivas a su paso,

ella entrelazada en sus aladas plantas,

entreabrazada a sus flores cósmicas.

Desde el estanque

libélulas amarillas,

libélulas rojas,

sobre lo verde:

mariposas azules.

Árbol-bosque, asiento de piedra,

presencia-ausencia,

soportales de energía

nos hablan y callan en calma.

Atrás lo resignado, lo trágico, lo vivido.

Árbol trampa,

rayo fatal sobre el pecho de la vida

que un dios terrible y absurdo

en su momento más duro

puso su dedo en la llaga.

Rotura de lunas, sangrar de espejos,

los cielos de Cantabria, borrachos de ganas,

lloran a los cedros del alma

la pérdida de padres,

la pérdida de hijos,

la pérdida de hermanos,

que no hay peor  lluvia que aquella

que nos estanca y ahoga,

ni mayor niebla que la niebla

interior del odio, del rencor y la ignorancia.

Adelante: lo mágico,

lo transcendido, lo vívido.

Árbol  lluvia, bruma que se levanta

desde charca oscura,

nenúfar,  como rayo de luna.

Ya en ciernes se cierne sobre la ciénaga …,

cual diamante rodeado de mierda,

el loto invicto del amor,

de la compasión y de la inteligencia.

Regocijo de soles, soledades de luna,

poesía que lleva al alma.

Pasada la onceava hora,

Carmen Estela se dirige

a la doceava  orativa de campana.

Hay un vaivén de hombro con hombro

de letanía en caravana.

De océano a puerto

acerca lejano y cercano,

un alumbrarse en cada sitio

y un sentido en cada cosa.

Crúzase con señora

que nunca devuelve el saludo.

Carmen Estela, huella que dona,

saluda siempre.

Así se reencamina

quien tan bien por dentro camina,

la otra muérdese herida y renca,

y así un día, y otro, y otro.

Zen, Zen, Zen.

Zas, zazen.

¡Ya saluda!,

cede y vence,

¡ya está en onda!,

ya se unen corazón y voluntad.

Regocijo de soles, soledades de luna,

poesía que lleva al alma.

Están a los fogones las dos

hermanas leonardas de cocina,

preparan menús de alcurnia

y supervivencia.

Enriqueta Angélica alquimia de consomés,

excelentes guisos y celestiales croquetas.

Carmen Estela postres de poesía, así cantan en su salsa

canciones de la verde infancia.

Ya estamos todos con todos

alrededor de la mesa,

siempre también sobremesa.

Y subimos a la galería

de todos los galeones

donde aún permanece

en el continuo del cuanto

aquella colmena de afaenadas abejas,

de espléndida miel,

aquel aroma inconfundible

y aquel billar de leyenda.

De entre todas las tertulias y gallineros

destacan: Domingo que hace un inciso

para defender al águila.

Ovidio que, espadachín,

asoma el violín llenándonos

de melodías de tango y pampa.

Magdalena que ríe abierta

ante un comentario

entre ingenuo y cierto de Cuquita.

También destacan

una guitarra, un arpa

y alguien que siempre canta.

Zen, Zen, Zen.

Zas, zazen.

Silencio, ¡alas!,

Carmen y Modesto declaman,

dos totales, dos fuerzas milenarias,

una de lunas y soles,

otra de soles y lunas,

sentimiento y carácter,

carácter y sentimiento,

se alternan, se complementan.

En oro se cierra la tarde en dorada galería,

plena de acecho y ensueño

en memoria de familia.

Del salón a la mesa camilla

las cosas y causas del alrededor de la vida.

Cae la noche, fuera, sobre postes de tiempo,

óxidas bombillas eléctricas pintan

la tierra de bilis y sombra

dando una vaga idea de camino.

Dentro, la vela de llama espectra

su sombra, voluble y abstracta, se proyecta

sobre la nuca de la conciencia.

Carmen Estela ora, cuenta, recita,

obra de Manuel Llano y propia.

Desde el bosque espectan hadas,

anjanas, trasgos, brujas y duendes.

Ya casi se vislumbran por escucharla

en la noche de grillo, cárabo y luciérnaga,

como ella misma

cargándose de día para encenderse de noche,

noche ya plena como pleno fue el día.

Carmen Estela se retira

al sueño de sus ensueños

ya abrazados ganancia y esfuerzo,

y un día más a Dios agradecida.

Ya sólo sonidos y ecos

de espíritu, madera y viento.

Zen, Zen, Zen.

Zas, zazen.

Silencio, silencio, … ,

resonar de silencios, leve clamor de onda.

Ya tintinea la noche,

ya se enciende la mañana.

Voces al viento:

Regocijo de soles, soledades de luna.

Carmen Estela

de mares, tierras y cielos,

tú eres poesía que lleva al alma.

¡Gracias!

¡Campana de alegría!

haberte conocido.

                                   Alejandro  Higueras de Vallejo.

15 de Agosto del 2008. Día de Asunción y Paloma.


Deja un comentario

LUDWIG WITTGENSTEIN – SOBRE UN CAPÍTULO DE LA MÁS RECIENTE HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. I. Bachmann.

Fotografía de I. Bachmann

     Dos años después de que Ludwig Wittgenstein muriera en Cambridge, apareció en una revista vienesa una corta nota: “A la edad de … falleció en … el conocido filósofo…”. Sin embargo, no era en absoluto conocido; en realidad fue el filósofo más oscuro de nuestro tiempo, un hombre al que se acomodaba un comentario de su compatriota Karl Kraus, quien dijo sobre sí mismo en una ocasión: “soy famoso, pero esto todavía no se ha divulgado”. De que no se divulgara se había ocupado el propio Wittgenstein. Así, el único libro que publicó a lo largo de su vida, tenía un título con tan escaso “gancho”, que, a excepción de un pequeño círculo de eruditos especialistas, nadie lo compró. En su labor profesional fue accesible a pocos; en su vida personal a nadie; evitó tras la conclusión del “Tractatus Lógico-philosophicus”(1) el mundo y la gloria, borró sus pistas, deambuló durante años como profesor de escuela rural por el campo, y se cuenta de sus últimos años en Cambridge, donde ocupó la Cátedra de Filosofía como continuador de G.E. Moore, que habría habitado una cabaña y sólo toleraba en su interior una sencilla silla como mobiliario. Así ha emanado la leyenda sobre su vida ya desde el tiempo en el que él vivía, una leyenda de voluntaria renuncia, de búsqueda de una vida regida por la santidad, intentando obedecer la sentencia con la que se cierra el “Tractatus”: “sobre lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”. Y era este intento – por decirlo de antemano – de completar la Filosofía calladamente, una meta absurda, como es evidente, pero la única legítima para él, después de que hubiera expuesto claramente todo lo decible (como él lo exigía de la Filosofía), todo lo pensable, que separa lo impensable desde su interior y así señala lo inefable.

El nombre de Wittgenstein se encuentra sin excepción en la literatura filosófica en relación con el “Círculo de Viena”, la única innovación original de la filosofía empirista de la en otro tiempo hostigada y temida “Dinastía Vienesa” de los positivistas lógicos, los cuales, al menos en parte, animados por aquel pensador único, fundaron una nueva escuela. Sin embargo sería erróneo identificar a Wittgenstein –lo que sucede continuamente- con esa escuela, y junto a su fundamental contribución a la Lógica Simbólica y a una “mathesis universalis” (formulada de nuevo como “Sistema universal del conocimiento científico”), pasar por alto que su trabajo individual alcanza el más alto nivel. No sólo sus clarificadoras, negativas aseveraciones, merecen una renovada y siempre renovable atención, las cuales limitan la Filosofía a un análisis lógico del lenguaje de las Ciencias de la Naturaleza y vinculan la exploración de la realidad al especial ámbito de las ciencias naturales; también merece esta atención su desesperada búsqueda de lo inefable, esfuerzo que carga sobre el “Tractatus” con una tensión en la que él mismo se anula, y también su fracaso en lograr una definición concreta de la Filosofía, la cual respecto a los demás neopositivistas se convertirá en fructífera ignorancia.

Cuando en el año 1929 el grupo vienés en torno a Moritz Schlick se dio a conocer con el folleto “El Círculo de Viena – Interpretación científica del mundo”, y con su frío, materialista programa desató una ola de protestas en la Filosofía Alemana, el “Tractatus” de Wittgenstein hacía ocho años que se había publicado. En el mismo año aparecía la segunda edición de “Ser y Tiempo” de Heidegger, la cual pareció darle la razón al Círculo en su lucha contra el creciente irracionalismo en Alemania, la tierra de la depresión [económica- N. del T.]. En Viena, y esto resultó forzoso, la envenenada oposición del grupo al clericalismo austriaco derivó de alguna manera en las formas de la doctrina del filósofo del Estado Othmar Spann. No debe silenciarse que la agresividad, la aguda polémica contra todas las corrientes metafísicas, especialmente por parte de Neurath respecto a sus compañeros, en varias ocasiones les hicieron estrechos de miras o autorreferentes. Sin embargo los conocimientos conquistados por la sincera búsqueda de la precisión y la veracidad de parte de la mayoría de sus integrantes, justificaron la exigencia que el Círculo, como escuela internacional de alto nivel, hizo vigente.

Viena era una sede adecuada para el comienzo del Neopositivismo. Desde que a finales del s. XIX se logró para Ernst Mach en la Universidad de Viena una cátedra de “Filosofía de las Ciencias Inductivas”, existió en Austria una duradera tradición de cultivo de la Ciencia Empírica, la cual se ocupó casi exclusivamente de los problemas de base de las Ciencias de la Naturaleza. En 1922 ocupo esta cátedra Moritz Schlick; había estudiado con Planck y tenia relación personal con Einstein y Hilbert. Aparentemente como sus antecesores, Botzmann y Mach, evolucionó de la Física a la Filosofía, si bien él disponía, respecto a los anteriores, de un detallado conocimiento de la filosofía anterior. A su alrededor se constituyó pronto un círculo de alumnos e intelectuales interesados en la Filosofía: Rudolf Carnap, el lógico puro, y los conocidos matemáticos Menger y Hahn, se contaban entre ellos. Schlick era además el único intelectual del grupo de trabajo con el que Wittgenstein se veía de vez en cuando en su casa y al que mas influyó. La posición del Círculo frente a Wittgenstein no fue, sin embargo, unánime. No puede pasarse por alto que este, que negó al pensamiento común el derecho a incurrir en cualquier “adivinanza”, conmovido por una vivencia mística de lo inefable, mantuvo su escepticismo sólo respecto al peso de aquélla. La “Unio Mistica” de los investigadores, que experimentan la inexpresable presencia de lo Real en escasos momentos de gracia, mereció también las ultimas palabras de Schlick, cuyo suicidio en 1934 fue para el Círculo una pérdida irreparable. Tras su muerte se siguió una orientación cada vez más fuertemente “fisicista”, y Carnap y Neurath se unieron en un rechazo del concepto de “vivencias primitivas previas” formulado por Schlick y Wittgenstein.

La tesis principal del Neopositivismo la encontramos modelizada en el “Tractatus logico-philosophicus”, el cual, formalmente contemplado, es una obra curiosa. Se compone de aforismos sueltos, brillantemente escritos y numerados, y comienza con la frase lapidaria: “ el mundo es todo lo que es el caso”. Wittgenstein parte de la tesis básica de Bertrand Russell, según la cual el mundo se compone de hechos completamente independientes entre sí. Mas allá de la totalidad de los hechos en los que se descompone, no existe nada. A semejanza de estos hechos, entre sí independientes, nuestra comprensión debe siempre fraccionarse. Sólo construimos, sin embargo, enunciados generales, que parecen ligarla. Por ejemplo: “todos los hombres son mortales”. Sin embargo, la verdad de tal aseveración general, en cuya seguridad nos apoyamos, se garantiza a través de la verdad de la afirmación, por ejemplo: “Peter es mortal” y “Hans es mortal”, en donde la conjunción “y” tiene la función de garantizar la veracidad de las proposiciones generales. Un nuevo sentido, una nueva verdad general, por encima de la verdad de los hechos individuales, sin embargo, no se origina en una proposición general. Este ejemplo inocuo de la Lógica tiene hasta ahora escasas consecuencias, pues demuestra que la Lógica –esto hay que entenderlo literal y banalmente- no dice casi nada. Tiene un puro carácter tautológico, como señala Wittgenstein. Por lo tanto la Lógica no puede investigar la realidad y enseñar algo sobre ella. Como la Filosofía se define sólo como análisis lógico de la lengua, tampoco puede afirmar nada sobre la realidad; es solo un trabajo y se ejerce como un tipo de control.

Su instrumento analítico, la Lógica, conduce ya a finales del s. XIX hacia una orientación creciente al desarrollo de símbolos por analogía con las matemáticas. Russell y Witehead habían mostrado en sus “Principia Mathematica” que los conceptos matemáticos básicos (los números naturales y primos, los conceptos de análisis y la enseñanza de las cantidades) pueden ser edificados mediante principios lógicos, si se aceptan dos nuevos axiomas –el axioma de la infinitud y el de la elección. Las matemáticas se exploran como una rama de la Lógica. “La lógica del mundo, que las proposiciones de la Lógica muestran en las tautologías, apunta a la matemática en las ecuaciones” (6.22), formula Wittgenstein. Entendamos esto bien: como las cifras en las matemáticas no constituyen objetos de nuestro mundo experiencial y la Geometría no describe el espacio real, igualmente no describen los símbolos de la Lógica los objetos y sus relaciones. Nosotros, cuando pensamos, sólo los clasificamos.

El Neopositivismo efectúa una sensible corrección por un lado al Empirismo, por otro a Kant: las proposiciones de la Lógica son ciertamente a priori, pero sus afirmaciones son a la a un tiempo vacías y no expresan nada; esto significa además que la tesis de Kant de que son sintéticas es insostenible. Las únicas proposiciones que están plenas de sentido y expresan algo, son las proposiciones de la experiencia –proposiciones también, que pertenecen al comportamiento de los objetos en la realidad-. Estas proposiciones se integran en la ciencia empírica particular. Sin embargo las proposiciones específicamente filosóficas, como las dispone la Metafísica, deben, puesto que son inaccesibles al conocimiento empírico y sus métodos, y por lo tanto quieren ser más que tautologías, ser descritas como proposiciones de la apariencia.

Como en el Circulo de Viena las proposiciones de la apariencia fueron “desenmascaradas”, hay que mostrarlas en la critica de Rudolf Carnap sobre Heidegger. En su ensayo “Superación de la Metafísica a través del análisis lógico del lenguaje”(2), Carnap cita algunos fragmentos del escrito de M. Heidegger “Que es la Metafísica” (3) para mostrar que las construcciones de ese tipo de proposiciones llevan a un deterioro de la sintaxis lógica. “Debe investigarse sólo el Ser y no más; el Ser individual y nada mas allá; el Ser único y por encima de él, nada”. ¿Cómo se presenta esa Nada? ¿Existe solo la Nada porque hay la Nada que llamamos negación? ¿O es al contrario: existen la negación y la Nada solo porque existe la Nada?. Afirmamos: la Nada es anterior al no y a la negación. ¿Dónde buscamos la Nada? ¿Cómo encontramos la Nada? Conocemos la Nada. El miedo manifiesta la Nada. De lo que y por lo que nos asustamos, era, “en realidad”, Nada. De hecho: la Nada sólamente -como tal- estaba allí. ¿Cómo se presenta la Nada? La Nada misma se niega. Carnap intenta ahora hacer resaltar en un esquema las figuras individuales absurdas, de tal forma que las presenta a un lado como Frases “I” en analogía con la Gramática, y añade como “III” la forma de redactar de la Logística:

I. frases prácticas del hablar corriente II. formación del absurdo a partir de lo práctico en el habla corriente Habla lógicamente correcta
  1. ¿Qué hay fuera?

dr (¿) [ Fuera (¿): N. del T.]

Fuera hay lluvia

Dr (Re) [Fuera (Lluvia): N. del T.]

  1. ¿Qué hay fuera?

dr (¿) [Fuera (¿): N. del T.]

Fuera no hay nada

dr (Ni) [Fuera (Nada: N. del T.]

A. No hay (no existe, no se ha creado) nada que esté fuera.

   ~( Э x) . dr (x)

B. ¿Qué pasa con esta lluvia (que significa: ¿Qué más se puede decir de esta lluvia?)

?(Re) [¿ (Lluvia): N. del T.]

B. ¿Qué pasa con esta Nada?

¿ (Ni) [¿ (Nada): N. del T.]

B. Todas estas formas no pueden de ninguna forma ser construidas.
  1. conocemos la lluvia

K (Re) [Conocemos (Lluvia): N. del T.]

1. “Buscamos la Nada”,

“Encontramos la Nada”,

“Conocemos la Nada”

k (Ni) [Conocemos (Nada): N. del T.]

  1. La lluvia llueve

Re (Re) [Llueve (Lluvia): N. del T.]

“La Nada niega”

ni (Ni) [Niega (Nada): N. del T.]

“Solo existe la Nada porque…”

ex (Ni) [Existe (Nada): N. del T.]

Carnap argumenta en este punto: la forma proposicional IIA, como pregunta y respuesta, no expresa las exigencias que en un habla correcta, desde el punto de vista lógico, deben aparecer, pero aún así tiene sentido, porque puede traducirse al habla correcta desde el punto de vista lógico (IIIA). Su inutilidad, sin embargo, se muestra si continuamos con la frase IIB, que no se puede construir en el habla lógicamente correcta de ninguna manera. Pues en la IIB1 se emplea la palabra “Nada”, con la que se formulaba en el habla corriente una proposición existencial negativa, como nombre de objeto. En la forma IIB2 aparece la palabra sin sentido “hacer Nada”, convirtiéndose esta frase en doblemente absurda. La frase IIB3, que no guarda analogía gramatical con IB como frase individual, coincide con la frase anterior en el error de usar la palabra “Nada” como marca de un objeto, además de, sólo si fuera posible, introducir “Nada” como marca de un objeto. Lo anterior contiene una contradicción, porque en la misma frase se atribuye a ese objeto nuevamente la existencia, la cual se niega en su definición. Heidegger rehuye libremente esta argumentación –de lo cual es consciente Carnap-. “En el torbellino de una pregunta inicial” Heidegger cree ver emerger la idea de la Lógica y ya no se ocupa de ello más. Pero Carnap debe aferrarse a que una segunda, mas amplia, “autentica” realidad, en la cual debe insertarse también la “Nada”, solo puede ser afirmada; pues es indudable desde un principio que no puede verificarse.

Wittgenstein parte por lo tanto de la investigación de la Lógica, que es idéntica a la investigación de cualquier otra regulación de un código: “Y fuera de la Lógica todo es casualidad”. Las regulaciones de código que son descubiertas, no sirven sin embargo de ninguna aclaración. “La completa visión del mundo moderno se basa en una equivocación, la de que las así llamadas leyes naturales son la explicación de las apariencias naturales”. Todo sucede así en el mundo, como sucede, y sin embargo todo es como finalmente es: “No es lo místico cómo es el mundo, sino que sea” (6.44)(4). El “sentido” que esperaríamos de una explicación, no está en el Mundo. Del Mundo como totalidad de todos los sucesos nos construimos imágenes, que de nuevo incluimos en los hechos. Entre la imagen y la realidad que aquella configura, hay algo común que posibilita la ilustración: la forma (forma espacial como ilustración de lo espacial, forma de color como ilustración de lo colorido y etc.). Además es cada forma, en toda circunstancia, una forma lógica, y cada imagen por eso es también una forma lógica. “La imagen lógica puede ilustrar el mundo” (2.19). En otras palabras: puesto que la imagen lógica es el pensamiento, todo lo que es imaginable es posible, y puesto que el habla es la totalidad de las frases, debe la Filosofía ser una necesaria critica del lenguaje –un análisis lógico del habla-. Pues “la totalidad de las frases verdaderas es la entera Ciencia Natural” (4.11). “La Filosofía no es ninguna de las Ciencias de la Naturaleza” (4.111). “El resultado de la Filosofía no son las “frases filosóficas”, sino la aclaración de las frases” (4.112).

Partiendo de la clara descripción de lo decible, Wittgenstein remite inesperadamente a que la Filosofía da a entender lo inefable. ¿Y que es esto de lo inefable? Primero nos plantea la imposibilidad de describir la forma lógica. Ésta se presenta. Se desenvuelve en la frase. La frase se muestra. Lo que se muestra, no puede ser expresado. Es lo místico. Aquí experimenta la Lógica su frontera, puesto que el Mundo ingresa en la estructura de la forma lógica, es su frontera la frontera de nuestro mundo. Así entendemos la frase: “la frontera de mi habla significa la frontera de mi mundo” (5.6.).

Desde esta frontera existimos, pensamos, hablamos. El entendimiento del Mundo como un todo acotado nace porque nosotros mismos, como sujetos metafísicos, no somos ya parte del Mundo, sino “fronteras”. El camino al otro lado de la frontera está sin embargo cerrado para nosotros. No nos es posible establecernos fuera del Mundo y decir frases sobre las frases del Mundo. Por ello no se le puede dar ningún valor –“y si se le diera, no merecería la pena” (6.41.). No se puede hacer ninguna aseveración sobre la Ética, porque una frase no puede expresar nada más alto. Tampoco puede la voluntad ser el sustento de lo ético, pues el mundo es independiente de nuestra decisión. Nada de lo que el habla quiere expresar –también los hechos del Mundo- es a través del deseo modificable. Modificables son solo las fronteras del Mundo, y sobre ellas debemos callar. A ninguna de las preguntas que nosotros estamos acostumbrados a hacer a la Filosofía, puede ella tampoco contestarnos. Con la interrogación sobre el “sentido del ser” nos remitimos a nosotros mismos. El movimiento que yace tras este filosofar, que no puede dar una solución al problema de nuestra vida, que en su pasión por la completa verdad sólo ha ofrecido la árida, formal, “eterna” verdad de la Lógica –conceptos que debemos desarrollar, para contemplar el Mundo correctamente- es el mismo del que habla Baudelaire en su poema “Le Gouffre”. Como Pascal, Wittgenstein se mueve en y con su abismo; desde todos los límites acude en masa a él lo que no se atreve a nombrar, y le plantea el drama cardinal: “Ah, jamais sortir des nombres et des êtres!”.

En el Círculo de Viena se han limitado por otra parte a la obvia divisa del Tractatus: “y todo lo que sabemos, que apenas hemos podido balbucear y susurrar, puede expresarse en tres palabras”(5). El análisis lógico del lenguaje se perfeccionó, preparándose para un “sistema de unidad del conocimiento científico”, para una lengua universal, como ya Leibniz ambicionó, a la que todas las unidades del habla podrían ser traducidas.

A través de un trabajo conjunto estrecho con la Matemática moderna y la Física, se completó una laguna en el pensamiento filosófico de nuestro tiempo. La Escuela de Viena pudo extender su influencia a los brillantes congresos internacionales en los países de cultura inglesa y a los escandinavos. Alemania, Francia e Italia, sin embargo, permanecieron siempre enfrentadas al Neopositivismo. En la propia Viena se hizo el silencio sobre el Círculo. Entre 1933 y 1939 sus miembros más sobresalientes fueron llamados a universidades extranjeras; algunos emigraron, otros se convirtieron en victimas del Nazismo. El órgano de expresión del Círculo, la revista “El Conocimiento”, fue prohibida por “desmoralizadora”, y tuvo que publicarse en Gran Bretaña en el “Journal of Unified Science”. A dónde hubiera llegado un desenvolvimiento de estas ideas en unas circunstancias más favorables, no se puede aventurar con seguridad. La literatura especializada en Lógica, que hoy nos ha llegado de los antiguos miembros del grupo de trabajo –Rudolf Carnap, V. Mieses, Popper y Reichenbach continuaron el trabajo con pensadores de la misma corriente en E.E.U.U. y Gran Bretaña- nos permite saber hoy que el tiempo álgido del Neopositivismo ha pasado y que sus exponentes actuales se agotan en el tratamiento de los detalles.

Pero el momento del descubrimiento de Wittgenstein tenía que suceder. Desde Inglaterra nos llega que ha aparecido, precisamente un segundo, hasta ahora desconocido trabajo, “Investigaciones Filosóficas”; también se nos informa de la existencia de un “Libro Azul” que Wittgenstein quería que se publicase sólo tras su muerte.

Si él ha abolido su silencio y ha dado peso a su conocimiento, es dudoso y poco evidente. “Dios no se manifiesta en el mundo” (6.432.) es una de las mas amargas frases del “Tractatus”. ¿Pero no nos permite Wittgenstein conocer que la forma moral, la cual, como la lógica, no es representable, se muestra y se hace realidad?. “Sobre lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”, dijo él al final y se refirió precisamente a esta realidad, de la que nosotros no podemos ni debemos formarnos ninguna imagen. O, concluyó él también, ¿hemos agotado nuestro lenguaje, porque no contiene ninguna palabra que sea importante?

Traducción de Marina Gurruchaga en MAISONTINE 4 (2009)

NOTAS DEL AUTOR

(1) Primero aparecido como “Logisch-philosophische Abhandlung” ( “Tratado Lógico-filosófico”) en los “Annalen der Naturphilosophie” (“Anales de Filosofía Natural”) en 1921.
(2) “Erkenntnis” (“Conocimiento”), Tomo 2, Leipzig 1931.
(3) Bonn 1929
(4) Ewald Wasmuth llama la atención, con razón, que lo “Místico” en esta frase recuerda al “asombro” de Platón y a la pregunta de Heidegger “¿Por qué existe el Ser en realidad y no más bien nada?”. Sin embargo a Wittgenstein le hubiera resultado imposible plantear tal pregunta, pues niega lo que Heidegger presupone: que en el pensamiento el Ser llega al habla.
(5) Ferdinand Kürnberger, publicista vienés (1821-1879), obligado a marcharse de Austria, escribió novelas y relatos, pero especialmente trabajos de tema cultural y político, así como crítica social. Sus sobresalientes ensayos sobre crítica del lenguaje y las condenas a la prensa de su tiempo le hacen un precursor de Karl Kraus.

NOTA DEL TRADUCTOR

* Ingeborg Bachmann (Klagenfurt 1926-Roma 1973) es una de las más importantes y versátiles escritoras en lengua alemana del s. XX. Nacida en el seno de una familia volcada en la enseñanza, durante la Posguerra se dedica al estudio de la Filosofía, Literatura y Psicología. Se doctoró en la Universidad de Viena con un estudio titulado “La Recepción Crítica de la Filosofía Existencial de Martin Heidegger” (1949). Tras sus comienzos como redactora radiofónica, se integró en el círculo literario conocido como Gruppe 47, en el que también se encontraban Paul Celan, Heinrich Böll, Ilse Aichinger y Günther Grass. En 1958 del Gruppe 47 emergió un ala femenina con Bachmann, Aichinger y otras escritoras. Los temas mayormente cultivados por Bachmann fueron ampliándose a través de poemas y obras radiofónicas, ensayos y novelas: la renovación del lenguaje –en este sentido su interés por la filosofía wittgensteiniana-, el amor y la violencia entre los géneros, los límites personales y el establecimiento de la verdad. Su muerte en Roma tras un misterioso incendio en su casa acaeció en 1973 y dejó varios de sus proyectos sin concluir. El prestigioso premio Ingeborg Bachmann, concedido en Klagefurt con periodicidad anual, recuerda su legado y actualiza su influencia entre las jóvenes generaciones de escritores en lengua alemana. El ensayo cuya traducción presentamos fue publicado en 1953 y está incluído en Bachmann, Ingeborg: Werke. 4 Bände. München, 1978.


Deja un comentario

HILDE DOMIN. Auf der Terrasse. Aufbruch onhe Gewicht.

Auf der Terrasse                                        

Das Meer, perlensanft gerieft,

Und silbern wie Taubenflügel,

Kommt von weit

Auf mich zu und leckt mich

Mit winzigen Wellen

Wieder und wieder

Und lässt nich nach

Als sei ich sein Junges.

Seine Zarte Zunge

Auf meinen Augen

Unermüdlich

Vor dem weissen Himmel,

Hypnotisiert mich

Durch das Glas der Terrasse hindurch

Mit dem schimmernden Streicheln,

Bis es mich anbindet

Mit hängenden Armen

Auf meinem Stuhl

Und vor mir

Die Schreibmaschine

Verwaist.

 *

En la Terraza

 El mar, suavemente acanalado de perlas

Y plateado como ala de paloma,

Viene de lejos

Hasta mí y me lame

Con diminutas olas

Una y otra vez

Y no deja de hacerlo

Como si fuera su cachorro.

Su tierna lengua

Sobre mis ojos,

Infatigable

Ante el blanco cielo,

Me hipnotiza

Atravesando el cristal de la terraza,

En su brillante acariciar,

Hasta que me ata

Con brazos que se cuelgan

De mi silla

Y ante mí

A la máquina de escribir

Regaña.

*

Aufbruch onhe Gewicht

 Weisse Gardinen, leuchtende Segel

An meinem Fenster

Am Hudson,

Im zehnten Stock des Hotels

Hell in die Sonne gebläht und  knatternd im Meerwind.

 Versprechen, Ausfahrt

Nachhause,

Zu Stelldichein mit mir selbst.

Aufbruch ohne Gewicht,

Wenn das Herz den Körper verbrannt hat.

 Segel so möwenleicht

Über das offene Blau.

Das Zimmer ist unterwegs.

Aber das Meer

Ist abgesteckt wie ein Acker.

*

Partida sin peso

Blancas cortinas, luminosas velas

Junto a mi ventana

Sobre el Hudson,

En la décima planta del hotel

claras al Sol hinchadas y martilleando en el viento marino.

 Promesa, retorno

Al hogar,

A una cita conmigo misma.

Partida sin peso,

Cuando el corazón ha quemado el cuerpo.

 Velas tan ligeras como gaviotas

Sobre el abierto azul.

La habitación está de viaje.

Pero el mar

Está clavado como un campo de labranza.

 *

Traducción de Marina Gurruchaga

MAISONTINE 2 (2008)


1 comentario

Mariano Gómez de Vallejo. PIE DE FOTO.

Imagen

   Fondo y figura: “¡Aparta de mi ese cáliz!”[1]

       (ROËNTGEN-GESTALT TOTEM TANZ)


[1] Sobre la cita bíblica diré que surgió automáticamente ante esa imagen encontrada que, a su vez, inevitablemente asocié con la representación de la idea de la psicología gestalt, donde como sabemos, dos perfiles de cara forman una copa. Una copa aquí mortífera por la connotación de la visión en radiografía donde se entrevén (de perfil , claro está) las calaveras. La imagen es ambigua, estaría muy relacionada con la vieja idea freudiana de confrontación eros-tanatos. Es un beso, pero un beso mortal. Radioactivo. Creo que se podría encuadrar dentro de la tradición medieval de las “totem tanz” o “danse macabre”, todo un género. Y en medio está la copa, que no es una copa cualquiera por su especial forma…  Sobre la cita bíblica ( Lucas. 22, 39-46) me sigue interesando pues ese pasaje para mí me resulta inextricable (me gustaría saber de donde viene este giro o traducción, como estaría en su origen: griego? Por otro lado, apurar el cáliz,  es fundirse en el más amargo de los tragos. Personalmente, en mi tiempo actual, tiene gran sentido; nunca me lo planteé como una ofensa, hay una cierta identificación. Luego, la Biblia, independientemente de creencias, es un conjunto de textos que encierran una infinitud de contenidos y que conforman una parte substancial de nuestros cimientos simbólicos, mitológicos. Es posible que también queden ecos en mí del tremendo poema de Cesar Vallejo “España aparta de mi ese cáliz” inmerso en las mas medulares esencias de nuestros pilares culturales que toma también la frase como título del mismo. Poema enorme, de los pocos poemas que merecen ser salvados entre los producidos en la mayor época de odio español. Sirva la nota como una suerte de “apostilla palimpsesta”, como un fallido intento de hermeneútica.

(Publicado en la revista MAISONTINE Nº V , junio 2010)


Deja un comentario

HILDE DOMIN. DIE HEILIGEN

 Hilde Domin nació en Colonia en 1909. Hija de un abogado judío, estudió Derecho, Economía, Sociología y Filosofía en la ciudad de Heidelberg.  Huyendo de la barbarie nazi, abandonó Alemania en 1932, junto con el que después sería su marido, el escritor Walter Palm.

 El exilio les llevó primero a Estados Unidos, aunque más tarde se afincaron en la República Dominicana. En este país residió Domin durante más de veinte años, trabajando como profesora de alemán, traductora y fotógrafa de arquitectura. Su vocación y carrera son tardías, datan de 1951 y se iniciaron con algo más de 40 años, a raíz de la muerte de su madre

Como homenaje a su país de adopción, cambió su apellido de Palm por el de Domin, con el que logró reconocimiento internacional, expresado en múltiples condecoraciones y homenajes. Decía Domin que su domicilio era la palabra alemana; sólo o sobre todo por el idioma regresó a Alemania en 1961: “Me levanté y regresé a casa, a la palabra”.

Sobre su poesía señaló Reich-Ranicki, uno de los más importantes críticos literarios alemanes: “Su poesía siempre es contradicción y resistencia, examen y protesta, revisión y rebelión; oposición al destierro, resistencia frente a la deportación, rebelión contra el exilio y la marcha del mundo”.

Domin murió en Heidelberg, en febrero de 2006, a los 95 años de edad.

Die Heiligen

 (APFELBAUM UND OLIVE, 1955-57).

Die Heiligen in den Kapellen

Wollen begraben werden, ganz nackt,

In Särgen aus Kistenholz

Und wo niemand sie findet:

In einem Weizenfeld

Oder bei einem Apfelbaum

Dem sie blühen helfen

Als ein Krumen Erde.

Die reichen Gewänder, das Gold und die Perlen,

Alle Geschenke der fordernden Geber,

Lassen sie in den Sakristeien,

Das Los, das vertieren wird, unter dem Sockel.

Sie wollen ihre Schädel und Finger einsammeln

Und aus den Glaskästen nehmen

Und sie von den Papierrosen ohne Herbst

Und den gefassten Steinen

Zu den welken Blumenblättern bringen

Und zu den Kieseln am Fluss.

 

Sie verstehen zu leiden,

Das haben sie bewiesen.

Sie haben für einem Augenblick

Ihr eigenes Schwergewicht überwunden.

Das Leid trieb sie hoch,

Als ihr Herz den Körper verzehrte.

Sie stiegen wie Ballons, federleicht,

Und lagen in der Schwebe auf ihrem wehen Atem

Als sei er eine Pritsche.

Deshalb lächeln sie jetz,

Wenn sie an Feiertagen

Auf schweren geschmückten Podesten

Auf den Schultern von achtzig Gläubigen

(denen man das Brot zur Stärkung voranträgt)

in Baumhöhe durch die Strassen ziehn.

 

Doch sie sind müde

Auf den Podesten zu stehn

Und uns anzuhören.

Sie sind wund vom Willen zu helfen,

Wund, Rammbock vor dem Beter zu sein,

Der erschrickt

Wenn das Gebet ihm gewährt wird,

Weil Annehmen

So viel schwerer ist als Bitten

Und weil jeder die Gabe nur sieht

Die auf dem erwarteten Teller gereicht wird.

Weil jeder doch immer von Neuem

In den eigenen Schatten tritt,

Der ihn schmertzt.

Sie sehen den unsichtbaren Kreis

Um den Ziehbrunnen,

In dem wir uns drehn

Wie in einem Gefängnis.

Jeder will den Quell

In dem eigenen Gründstück,

Keiner mag in den Wald gehn.

Der Bruder wird nie

Das Feuer wie Abel richten

Und doch immer gekränkt sein.

 

Sie sehen und wieder und wieder

Aneinander vorbeigehn

Die Minute versäumend.

Wir halten die Augen gesenkt.

Wir hören den Ruf,

Aber wir heben sie nicht.

Erst danach.

Es macht müde zu sehn

Wie wir uns umdrehn

Und weinen.

Immer wieder

Uns umdrehn und weinen.

Und die Bitten zu hören

Um das gestern Gewährte.

Nachts wenn wir nicht schlafen können

In den Betten, in die wir uns legen..

Sie sind müde

Vikare des Unmöglichen auf Erden

Zu sein, des gestern Möglichen.

Sie möchten Brennholz

In einem Herfeuer sein

Und die Milch der Kinder wärmen

Wie der silberne Stamm einer Ulme.

 

Sie sind müde, aber sie bleiben,

Der Kinder wegen.

Sie behalten den goldenen Reif auf dem Kopf,

Den goldenen Reif,

Der wichtiger ist als die Milch..

Denn wir essen Brot,

Aber wir leben von Glanz.

Wenn die Lichter angehn

Vor dem Gold,

Zerlaufen die Herzen der Kinder

Und beginnen zu leuchten

Vor den Altären.

Und darum gehen sie nicht:

Damit es eine Tür gibt,

Eine schwere TÜr

Für Kinderhände,

Hinter der das Wunder

Angefasst werden Kann.

 

Los Santos

(MANZANO Y OLIVO, 1955-57).

 

Los Santos en sus capillas

Quieren ser enterrados completamente desnudos

En ataúdes de madera de caja,

Y donde nadie les encuentre:

En un campo de trigo

O junto a un manzano

Al que ayuden a florecer

Como un terrón.

Las ricas vestimentas, el oro y las perlas,

Todas las ofrendas de los donantes que claman,

Las depositan en las sacristías,

Y el billete de lotería, que no será premiado, bajo el zócalo.

Quieren reunir sus cráneos y dedos

Y sacarlos de las urnas de cristal,

Y a ellos, desde las rosas de papel sin otoño

Y las piedras engastadas,

Llevarlos junto a los marchitos pétalos de las flores

Y los guijarros del río.

Ellos entienden el sufrimiento,

Lo han probado.

Ellos, por un momento,

Han vencido su propio peso.

El dolor les elevó,

Cuando su corazón consumió su cuerpo.

Ascendieron como globos, ligeros cual pluma,

Y mantuvieron el equilibrio sobre su débil aliento

Como si fuera un camastro.

Por ello ahora ríen,

Cuando en los días de fiesta

Sobre pesados baldaquinos decorados

A hombros de ochenta creyentes

(a quienes se ofrece pan como tentempié)

a la altura de los árboles se les conduce por las calles.

Sin embargo están cansados

De permanecer en los baldaquinos

Y escucharnos.

Están heridos por el deseo de ayudar,

Heridos de ser el chivo expiatorio para el suplicante,

Que se espanta

Cuando su ruego es escuchado,

Porque aceptar

Es tanto más difícil que pedir

Y porque cada uno sólo ve el don

Que es servido en el plato esperado.

Porque, a pesar de todo, siempre cada uno ante lo nuevo

En la propia sombra penetra,

Que le aflige.

Ellos ven el círculo invisible

Alrededor del pozo

Al que damos vueltas

Como en una prisión.

Cada uno quiere la fuente

En su propio terreno,

Nadie desea ir al bosque.

El hermano nunca preparará

El fuego como Abel

Y aún así siempre enfermará.

Nos contemplan una y otra vez

Pasando uno tras otro

Malgastando los minutos.

Mantenemos los ojos bajos.

Escuchamos la llamada

Pero no los alzamos.

Sólo después.

Cansa ver

Cómo nos damos la vuelta

Y lloramos.

Una y otra vez

Nos giramos y lloramos.

Y [cansa] escuchar los ruegos

Por lo ayer concedido.

De noche, [cansa ver] cuando no podemos dormir

En las camas en las que nos acostamos.

Están cansados de ser

Vicarios de lo Imposible sobre la tierra,

De lo ayer posible.

Quisieran ser leña

En un hogar

Y calentar la leche de los niños

Como la plateada rama de un olmo.

Estan cansados, pero se quedan

Por los niños.

Conservan  sus diademas de oro en la cabeza,

La corona de oro

Que es más importante que la leche.

Porque nosotros comemos pan,

Pero vivimos del esplendor.

Cuando la luz se enciende

Ante el oro,

Se derriten los corazones de los niños

Y comienzan a brillar

Ante los altares.

Y por eso no se van:

Para que haya una puerta,

Una puerta pesada

Para las manos de los niños,

Tras la que lo maravilloso

Pueda ser aprehendido.

 

  Traducción de Marina Gurruchaga

MAISONTINE  1 (2008)