LA TIENDA DEL KIRGUISE

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LUCRETIA EN EL CONGRESO DE BATH (1). Lucretia lee su ponencia. Por Mariano Gómez de Vallejo.

3 comentarios

     Aunque el cariz  de los disturbios en Londres no presagiaba nada bueno, allí se sentían como en otro mundo, muy lejos de los suburbios en llamas. Se hospedaba, como todos los congresistas, en THE  ROYAL  CRESCENT , el más clásico de los hoteles de Bath, que ocupaba una buena parte del singular edificio en semicírculo (en media luna como su nombre indica), señero de la aristocrática ciudad balnearia Isabelina. Ella había llegado dos días antes del Congreso pues se le había concedido el permiso de “comisión especial”, podría centrarse mas en su ponencia, pero sobre todo podría desconectar un poco de “París”… Así con todo,   pensó si no les pasaría lo mismo que a aquellos terratenientes que, confiados en sus dominios lejos de la capital, no llegaron a imaginar que, tras la del rey, acabarían rodando también sus propias cabezas Le vino a la mente la cita de John Donne: “nadie bosteza en la carreta que lo conduce al cadalso” Bajó al hall del hotel, no sabía si con la intención de cenar en el mismo y luego darse una vuelta por la ciudad balnearia o directamente ir verla y hacerlo en cualquier restaurante. En el panel de acceso al salón de actos de la planta baja vio que un botones estaba colocando un cartel. Era el programa del Congreso de Patrimonio:

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      ¡Que apretado! Creo que han añadido alguna ponencia; y la mía… ¡La han adelantado al primer día! . -Pensó Lucretia-. Y esta ponencia : “El problema de la rehabilitación de la monarquía y su efecto sobre el patrimonio nacional” por Ned Ludd … Que curioso como el líder aquel de la revuelta antimaquinismo. Finalmente Lucretia , dado que tenía que acabar la redacción de su exposición que además haría en inglés, optó por abreviar el paseo por la ciudad. Cenó en un “Fast Wok” consolándose con que, a fin de cuentas, la magnificencia del imperio se hizo así: colonialmente. Al día siguiente la tarea la retuvo casi a jornada completa en el hotel. Los disturbios seguían creciendo y, oficiosamente, se decía que estaban alertando ya a los reservistas…

Day   5

        Poco a poco fueron llegando los congresistas. Lucretia se sentó en el hall y, mientras concluía formalmente su tarea, fue curioseando la recepción; creía que podía conocer, no solo de nombre como le pasaba con otros congresistas por sus trabajos, a una de las ponentes: Annick le Bellec. Así fue, al verla de nuevo, aún con unos años mas, recordó su cara por lo que se acercó a saludarla. Rápidamente conectaron. Mademoiselle le Belleck había sido alumna y discípula de la arqueóloga-antropóloga-mitóloga Marija Gimbutas, quien ya con su primer trabajo publicado La Hipótesis de los Kurgans” y su relación con  los proto-indoeuropeos había revolucionado el estudio e interpretación de lo que ella denominó la “Vieja Europa” . Tras la apertura oficial, mientras disfrutaban del expléndido cocktail, Lucretia volvió a tener esa sensación de que estaban como en una burbuja, ajenos a los graves acontecimientos que conmocionaban al país. Durante el agradable paseo guiado por la ciudad de Bath, con sus complejos georgianos y los rastros aún reconocibles, dadas las inadecuadas reconstrucciones de posguerra, de la devastación por los bombardeos de la Luftwaffe (aunque un mayor empeño por  conservar la ciudad había hecho que esta, hacía ya unos cuantos años, fuera declarada Patrimonio de la Humanidad); Lucretia fue estrechando mas su relación con Annick. Sin duda Inglaterra no hubiera sido lo mismo sin esos siglos de  romanización. Dado lo apretado del programa, tanto Annick como Lucretia dudaron si darse o no el baño termal; finalmente, pensando que vendría bien un poco de relax, lo tomaron como dos turistas francesas mas ( entre ellas habían empezado a hablar en francés) en el modernamente renovado spa, “latin masagge ” incluido. Llegaron un poco tarde al hotel por lo que accedieron al salón de actos con la exposición de la primera ponencia de Mr. Alex Carpenterbird  -una exposición inevitablemente muy técnica y donde difícilmente encajarían las réplicas- ya en sus inicios. Tras los escasos minutos para el relevo, Lucretia -a la que Annick echaba una mano- se instalaba en la tribuna y mentalmente procuraba no desviarse del tema ya que habría de ajustarse a los cronometrados cincuenta minutos de que disponía; si bien, pensaba que en algo se podría estirar el tiempo de debate ya que había cierto margen antes de la cena. Comenzó: [[ Agradecer primeramente a los patronos de la Heritage Foundation, por la oportuna y bien resuelta iniciativa y promoción de este congreso y por concederme el honor de poder participar…  Estimados colegas, distinguido público, queridos amigos … Gracias a todos los que os habéis interesado y acudís a escucharme. Gracias de nuevo… ….Carraspeó; bebió medio baso de agua.        Quizás les haya llamado la atención primeramente el título de mi ponencia : “TORRES MAS ALTAS HAN CAÍDO” ; pero confío en que al final quede aclarado el porqué de este título; si bien en parte ya se adelanta con el subtítulo “Toda Babel falla por la base”…….       Pues bien comenzaré con una cita de William Beckford : «Temo que no haya nada bueno en este mundo si no es componer arias, erigir torres, proyectar jardines, hacer colecciones de muebles en estilo japonés y escribir relatos de viajes a China o a la Luna»

william beckford elipse rec 3

Sir William Beckford

(engraving of a camafeo miniature portrait)

             Pues, sí. De William Beckford. Se preguntarán que hace el autor del VATHEK , el dandy William Beckford, extemporáneo por mas de 200 años en este congreso de patrimonio isabelino; pero espero que al final de mi intervención en algo se les aclare el asunto.         Empezaremos por Roma, por su decadencia, tema este que fascinó a uno de los pioneros de la historia moderna, pues conThe History of the Decline and Fall of the Roman Empire” Edward Emily Gibbon, quien culpabilizaría al cristianismo como la causa  primera de la caída de Roma, de alguna manera viene a anticipar todas las decadencias y  caídas de los imperios venideros. Y un tanto en ese espíritu de proto-decadentismo y donde el dandy William Beckford jugará un importante papel, recaer en él. Recaer en su proyecto, visionario e imposible, que quiero creer arranca de su exacerbada pasión por magnificar una biblioteca. Una biblioteca cuyo núcleo será la propia biblioteca de Gibbon; biblioteca que adquirirá Beckford tras la muerte del primero y para la cual ideará un desmedido y laberíntico edificio, cuyo centro sería la mas alta torre construida hasta el momento. Si bien contrató a uno de los mas afamados arquitectos de esa época , el introductor del neogótico inglés James Wyatt, sería el propio William Beckford quien dirigiría la obra y -¡ como no!- esta sería realizada precisamente en ese estilo, su estilo favorito: el neogótico. De un gótico como él, con su “gótico” Vathek, precursor de toda la literatura del horror posterior,  no podía esperarse menos . Vathek , Harún Benalmotásim Vatiq Bilá, el califa abbasida que ordena erigir una babilónica torre para poder adivinar el misterio de los astros, para acabar en el pozo sin fondo de una infinitud infernal.      Ya estamos en Fonthill Abbey, en la antigua propiedad de su familia en el condado de Wiltshire, que originariamente era una construcción isabelina; a la que se añadiría un ala nueva y muchas otras dependencias, pero también se reformaría su fachada principal renacentista-isabelina para mudarla a gótica y luego acometer la locura, la “follie”, de la torre de planta octogonal que ascendería en cimborrio descomunal hasta alcanzar sus casi cien metros en sus multiplicados óctuples pináculos…      Y aquí me paro; mejor me vuelvo atrás, al Renacimiento, con mayúscula, a Italia; pues esto de las torres, aparte del origen remoto, mitológico, caldeo, tiene en las ciudades, en las familias, en el poder sus orígenes y, como hoy, son símbolos de el mismo.        Competían las ciudades, las familias, los condotieros en ver quién la tenía mas alta; tampoco debiéramos olvidar su originaria función militar. Hacia arriba, estar por encima , reto y apuesta, desafío fálico; desde el aire un predador predominio…   Lucretia fue, fluida y discursivamente, desarrollando su ponencia; pero su tesis trascendía el estricto ámbito de la Arquitectura del Renacimiento Inglés: tocaba el fondo de la arquitectura como poder, como una arqueóloga intemporal, o mas precisamente intempestiva, escarbaba en sus cimientos simbólicos. Repartía a diestro y siniestro sus incisivas críticas; sobre todo dirigía sus invectivas a la incidencia de los afanes políticos y especulativos de las inversiones patrimoniales entendidas como una sucesión de modas “popularmente temáticas” desvirtuadoras de la esencia patrimonial y el desastre que ello suponía para la memoria material heredada, la única memoria perenne que, muy deteriorada, quedará. Había ambigüedad, también, en su discurso; pero era una ambigüedad premeditada, calculada; como queriendo huir de los discursos rotundos, cerrados. Esos discursos absolutos tan caros a algunos de sus colegas, tan caros a sus patrocinadores, tan caros a los políticos; tan caros, sí: realmente caros, a las arcas públicas.

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William Beckford’s Tower

             ……Volvamos, pues, a la torre soñada por William Beckford. La mas alta torre, una torre hecha para tocar el cielo en Fonthill Abbey. La torre, por un defecto de base, colapsa, cae, se derrumba: el sueño se rompe. Apenas quedarán sus ruinas.             No solo se arruinó el sueño de Beckford, casi materialmente se arruina él con su faraónico empeño. Hubo de vender Fonthill, y casi toda su colección de arte. Con esto y los réditos de su plantación de azúcar en Jamaica pudo recomenzar en Bath; digamos que tuvo su propio, su personal renacimiento.       Se instaló aquí, en esta ciudad de Bath en el  Lansdown Crescent , la otra “media luna” georgiana. Volvió a el su idea fija: erigiría otra torre (de altura mas modesta esta vez) otra “follie” arquitectónica, un “capricho”, esta vez en estilo neoclásico, en Lansdown Hill. Ordenó llevar a cabo un paseo ajardinado de al menos dos millas que conectase su casa en el Lansdown Crescent con su torre en la colina. Allí en la torre instaló su biblioteca y  en sus anaqueles fácilmente podemos imaginarnos los libros que según su biógrafo Chapman mas le influyeron: la Bibliothéque Orientale, de Barthélemy d’Herbelot; los Quatre Facardins, de Hamilton; La Princesa de Babylone, de Voltaire; las Mille et une Nuits, en traducción de Galland. El mas universal de los escritores argentinos también nos dijo que a esa biblioteca añadiría toda la serie de aguafuertes “Le Carceri d’invenzione”, de Piranesi; muy acordes con su delirio arquitectónico de infernales laberintos. Pero en su torre, aquel que también llegó a ser llamado «Beau Satan», encontraría su retiro y desde ella gustaría observar “el progreso de las obras y jardines antes de bajar a desayunar”.       Mas tarde William Beckford admitiría la utilidad pública de su torre a modo de faro pues nos dijo:           “such as it is, it is a famous landmark for drunken farmers on their way home from market”[1] ( tal como es, es un famoso punto de referencia para los agricultores borrachos en su camino desde el mercado a casa).    Hemos vuelto a Beckford y en él recaemos…..     Porque hay un neoisabelismo, porque ha habido mas bién, un neoisabelismo contínuo, porque este ha sido el sucesivo espíritu de la época, porque el neogótico inglés, lo mismo que el neoclasicismo inglés, lo mismo que el renacimiento inglés, es eso: es reinventarse una restauración de otra idealizada época, por que “los hombres que quisieron reconstruir el pasado inventaron el futuro” pero el futuro ha llegado y, ahora, -hoy por hoy- sólo podemos ver que este, el futuro, no existe. Se nos ha vuelto a escapar de las manos…]] Los aplausos parecieron durar mas de lo habitual. Lucretia se sintió un tanto abochornada pues no era esa precisamente esa la respuesta que esperaba. Quizás –pensó-  el furor aclamatorio que abanderaba Annick, ahí de pié en la primera fila , podría que en parte lo aclarase. Inevitablemente el turno de preguntas se encaminó a los ecos literarios de su exposición y a alguna interesante pregunta sobre la conservación de ese patrimonio “inmaterial” que formuló un congresista que, a juzgar por su turbante morado, habría de ser de religión sij.  Pero el secretario de la fundación Mr. Smith se apresuró interrumpir el capítulo con la justificación de dar un a los congresistas un “merecido y reparador” margen antes de la cena.

(continuará)

(Fragmento extraído de la obra en proceso “El Sacro de Roma”)


[1] Lewis Saul Benjamin, The Life and Letters of William Beckford of Fonthill 1910:324.
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Autor: latiendadelkirguise

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3 pensamientos en “LUCRETIA EN EL CONGRESO DE BATH (1). Lucretia lee su ponencia. Por Mariano Gómez de Vallejo.

  1. Magníficiente ejemplo de “Torre de Marfil” ; de cómo un sueño puede llegar convertirse en pesadilla.

  2. ¡Qué bien, Mariano! Más madera…

  3. Una vez paladeado, no puedo por menos que felicitar al magnífico cocinero… .

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