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Apocalipsis: apocalipsis . por Mariano Gómez de Vallejo

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-DE LA CAÍDA DE BABILONIA Y LA GRAN RAMERA A NUESTROS DÍAS-

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El anuncio de la caída de Babilonia. Tapiz del Apocalipsis de Angers (4ª pieza) s. XIV.

“Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!.” (Apocalipsis 8:13)

Apocalipsis en su etimología griega quiere decir desvelar, revelar, revelación profética; ahora, cuando oímos la palabra, inevitablemente “vemos” esa idea de acabose, de irremisible por anunciada, destrucción final.

Será con el Apocalipsis de San Juan cuando con esta denominación definitivamente se fije el nombre genérico de todos los relatos de aniquilación general profética; no sólo los anteriores al profeta de Patmos, si no que también, con sus cíclicas réplicas, todos los posteriores hasta como quien dice nuestros días.

El autor del Apocalipsis Juan de Patmos – el de Patmos, mejor, ya que se duda que fuera el evangelista San Juan pues, aparte de disonar estilísticamente en lo literario, por la datación del texto (finales del siglo I o principios del II) sería un “ancianísimo” poco probable; pudiendo ser un seudónimo o un discípulo de aquel- pero, sea quién sea, de lo que no nos cabe duda es que estamos ante unos versos alucinadamente visionarios, psicopáticos de tinte, pero que no por ello dejan de ser poéticos, terriblemente poéticos -que incluso hoy podríamos asociarlos al concepto de “sublimidad burkeana”- producidos en una atmósfera mental en plena tormenta de biliosas (y bibliosas posteriormente) emociones, mas que negativas, vengativas, destructoras…..

             “Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira.” (Apocalipsis16:19)

Tenemos múltiples precedentes de estas iracundas destrucciones divinas en los textos -sólo en los textos cuando hablamos de la tradición religiosa judaica pues como sabemos es anicónica – en los relatos de las visiones de los profetas Isaías y Jeremías, en el Apocalipsis de Enoch de los Apócrifos Etíopes , en El Libro de Daniel que profetiza la caída de Babilonia al rey Benassar (tras haber sacrílegamente bebido este en los vasos sustraídos al Templo de Jerusalem), en el Apocalipsis de Esdras, o en las dos versiones (griega y siríaca) de la de Baruk…. ;  e igualmente encontraríamos precedentes en los hechos históricos y naturales.

     “Delenda est Carthago” proclamó persistentemente Catón el Viejo… Quien visite el lugar donde estuvo Cartago verá que de lo que fue una ciudad, tanto o mas magnificiente que Roma, no queda nada, o casi. Realmente debieron arrasarla hasta los cimientos (bien es verdad  que los materiales tras las destrucciones suelen ser reciclados para las construcciones siguientes –curiosamente pasa lo mismo con las religiones-, frecuentemente el destino de las ruinas ha sido acabar convirtiéndose en canteras) y esto viene a colación por intentar ver una genealogía de esa “costumbre” histórica: el ímpetu bélico y su motivación emocional hacen que no solo haya que conquistar la ciudad si no que también haya que arrasarla, borrarla del mapa. También que hay que encontrar una justificación, no sólo de rivalidad, competencia y poder, sino una justificación ideológica digamos: el enemigo ha de ser malvado y abominables sus costumbres y ritos (los sacrificios infantiles a Moloch en Cartago, por ejemplo).  Ejemplos hay muchos, como en los hechos de Odiseo, con su epíteto homérico (πτολίπορθον) “destructor de ciudades”, arrasando Troya. Arrasamientos similares irán sucediéndose en la Historia.

     Volvamos a  esta idea de destrucción de la ciudad, pero viendo la ciudad como metáfora máxima de realización humana, que desafía en sí misma –ahí estaría el mito fundacional de la babélica torre- a la idea del único arquitecto universal: Dios. Dios en su ira tendrá todo el poder de aniquilarla en castigo. Juan de Patmos con seguridad conocía bien la tradición talmúdica, y por consiguiente toda esta genealogía de destrucción mítica recogida en los diversos sedimentos de Las Escrituras.

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Caída de la Torre. Cornelis Anthonisz  (1547)

    Tras la ruina de Babel vendrían las aniquilaciones de Sodoma y Gomorra junto con las otras tres ciudades (Adama, Zoar y Zeboím) que formaban La Pentápolis Bíblica en la Región del Mar Muerto. La razón de la venganza de Yahveh para calcinar estas ciudades era el haber “caído” las mismas en el vicio, en la perversión sexual de sus costumbres; como en el explícito caso de Sodoma. Nombre que quedará definitivamente ligado, como una suerte de “denominación de origen”, al ayuntamiento rectal y de lo que mas tarde sería moralmente clasificado como el pecado nefando, como el delito “contra-natura”. Recordemos la tremenda historia de Lot; pues este, para evitar que todos los hombres de la ciudad abusen de sus huéspedes sodomizando a los ángeles emisarios de Yahveh, llega a ofrecer a sus hijas:

      “He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado.”(Génesis 19:6-9)

Pero los sodomitas no cejaron en el empeño por lo que, tras dejarlos ciegos, Yahveh “castigó a la Pentápolis, haciendo bajar fuego y azufre, convirtiendo toda la región en polvo y ceniza”.    “azufre y sal, abrasada toda su tierra; no será sembrada, ni producirá, ni crecerá en ella hierba alguna, como sucedió en la destrucción de Sodoma y de Gomorra, de Adma y de Zeboim, las cuales Jehová destruyó en su furor y en su ira”; (Deuteronomio 29:23)

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La Destrucción de Sodoma y Gomorra, John Martin, 1832.

    Podríamos dilucidar algo del mito al ocurrir este en unas tierras ya de por sí estériles para la vegetación… Luego vendrá la increíble historia de la estatua de sal que cabría relacionar con ese mar de salmuera que es el Mar Muerto…..

La historia de las destrucciones puede haber ido registrándose así. Pensemos también en esa otra pista del azufre propio de la erupciones volcánicas. La volatilización de Tera (la Santorini actual) y posterior maremoto cuya datación parece cuadrar con algunos pasajes del Antiguo Testamento. Y es que creo que en estas imágenes de cataclismos, en sus ecos, en el recuerdo mas o menos recogido o mitologizado, del mismo modo que en el relato de Las Plagas de Egipto con sus poderosas imágenes, estarán algunos de esos precedentes del imaginario apocalíptico.

Tras estos preliminares centrémonos en esa Caída de Babilonia y en su imbricación antropomorfa y moral con la figura de la Gran Ramera.

Cabe preguntarse ¿por qué ha de caer Babilonia? ¿Qué querían decir con Babilonia?


 “……Babilonia la grande, la madre de las abominables prostitutas de la tierra”.
(Apocalipsis
17:5)

Primeramente constatar que, mas alla del mito, Babilonia existió. Babilonia fue el resultado final de un proceso de sedentarización que comenzó en  todo el Oriente Próximo con unos primeros poblados  ya – ahora sabemos- en el Paleolítico superior, para alcanzar su mayor desarrollo con la urbanización de Mesopotamia. Será con Babilonia cuando se llega realmente a lo que entendemos como “la gran ciudad”, la aglomeración urbana (que ya nos describiera Herodoto) con  su colosal muralla perimetral de ladrillos de adobe y brea, su foso, sus puentes móviles y sus múltiples puertas de bronce; con una urbanización interior compleja en el trazado de vías y servicios, saneamientos y canales de riego  navegables; distribución de espacios diferenciados para el culto con su gran templo-torre (zigurat), sus espléndidas avenidas procesionales rematadas en simbólicas puertas rituales (como la puerta de Istahar), su rosario de santuarios distribuidos por toda la ciudad; y  el poder con su gran palacio acorde con su administración jerarquizada, sus barrios residenciales de índole diversa, sus amplias zonas públicas de actividad social y comercio, sus lujuriantes jardines etc.

Sería en la época del máximo apogeo de esta urbe capital del Imperio  cuando los babilonios con su rey Nabucodonosor a la cabeza, allá por el año 586 a.C. (hechos que se recogen en Los Libros: Reyes, Jeremías y Crónicas), conquistarían Jerusalem arrasando su templo y sometiendo a los israelitas que pasarían a ser masivamente deportados a Babilonia. Estos hechos como veremos resultarán determinantes.

Aparte de esa dinámica de puro poder imperial, el origen de la rivalidad entre el pueblo de Israel y Babilonia quizás se pueda buscar en la disputa religiosa (y su consiguiente engranaje social) dado que, pese al proceso denominado de “solarización”, origen del monoteísmo (indo-iranio), aún mantiene un carácter politeísta (también de origen oriental) y donde el principio femenino, lunar y venusino, astral, asociado al toro (simbolizado con los cuernos en creciente) resaltado en el culto a la Diosa, juega un importante rol.  En Babilonia el culto a la lujuriosa diosa Ishtar (antes la acadia Inanna , después la Astaré fenicia y finalmente, como una suerte de tataranieta de aquellas, mas humana ya, la Afrodita griega) era parte fundamental de sus creencias y es ahí donde la prostitución, parece ser, se ejercía de un modo sagrado, en las hierogamias.

Estamos míticamente pues en la fundación del gran monoteísmo, el monoteísmo troncal (del que se desgajarían las ramas sucesivas: judaísmo, cristianismo, islam…) y por consiguiente en el paso del principio femenino al masculino, del matriarcado al patriarcado. Babilonia, ciudad en esencia, producto final del susodicho proceso de sedentarización consolidado crecientemente por la llamada revolución neolítica (es decir por la agricultura extensiva y la disposición a gran escala de los excedentes de grano en una nueva economía) se contrapondría en su civilizada cultura a aquella otra, pastoril y nómada, predominante en las tribus de Israel; recordemos aquí el precedente e ilustrativo relato bíblico de Caín y Abel…..(Génesis 4:1 a 4:16). Dos modos opuestos de concebir la organización social: aquella que converge a la gran ciudad y su complejidad administrativa y religiosa, opuesta a esa cultura tribal, ganadera nómada, donde el sexo tendrá un carácter fundacional, funcional y procreativo, donde la jerarquía del macho estaría determinada por esa propia genética, una genética estructural y dominativa, donde la idea de rebaño se hace extensiva a toda la tribu. Probablemente esta rivalidad sea una de las bases míticas del tópico. Recordemos el resentimiento secular  tras la destrucción de Jerusalem por Nabucodonosor y la posterior gran deportación del pueblo de Israel a Babilonia.

Otro aspecto del asunto que conviene no pasar por alto es lo que en antropología se denomina “difamación mitológica”, casi un género (que seguimos sufriendo en la actualidad) y que consiste en demonizar a los dioses rivales, sobreponiéndoles la majestad de las jerarquías propias; fijándose así el antagonismo: la dualidad bien mal (también de origen oriental). Así que hay unas fuerzas, las propias, del bien; contra esas otras, las opuestas, del mal. De ahí a la Bestia  cornuda -esa simbología constelada del toro y de los cuernos  en creciente lunar de la Diosa- , a la seductora “diablesa” babilónica, con su copa repleta del “vino de la fornicación” y en el que posiblemente podríamos rastrear los antiguos cultos dionisiacos (se cree que Dionisos pudo venir también de Oriente) trasladados a la Roma de las bacanales.

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    “Entonces me llevó en espíritu al desierto, y allí vi a una mujer sentada sobre una Bestia escarlata. La Bestia estaba cubierta de leyendas blasfemas y tenía siete cabezas y diez cuernos.  /La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, resplandeciente de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en su mano una copa de oro  colmada de la abominable impureza de su fornicación.” (Apocalipsis17:3 y 17:4)

Dicho lo cual cuando el texto de Juan de Patmos metafóricamente habla de la Gran Ramera de Babilonia, suponemos tendría en mente –al menos  en un plano simbólico- estos conceptos, o prejuicios. Oséase: La Gran Puta de la Gran Ciudad, la lujosa urbe del desierto, como una suerte de “las Vegas Caldea”. Tenemos así en el plano ideológico una de las justificaciones para el desencadenamiento de la ira, para esa especie de “casus belli”.

    “La Bestia que has visto, existía y ya no existe, pero volverá a subir desde el Abismo para ir a su perdición. Y los habitantes de la tierra cuyos nombres no figuran en el Libro de la Vida desde la creación del mundo, quedarán maravillados cuando vean reaparecer a la Bestia, la que existía y ya no existe. / 
Para comprender esto, es necesario tener inteligencia y sutileza.
Las siete cabezas son las siete colinas, sobre las cuales está sentada la mujer (Apocalipsis 17:8 y 17:9)

Al ver sentada a la Gran Prostituta sobre las siete cabezas de La Bestia se interpreta que se refieren a las siete colinas de Roma (los montes: Palatino, Capitolino , Quirinal, Celio, Aventino, Esquilino y Viminal); pero del mismo modo existe la misma interpretación de este simbolismo -y mas en tiempos de Juan de Patmos- con la Jerusalem asentada en sus también siete colinas (los montes: Goath, Gareb, Acra, Besetah, Sion, Ophel y Moria ). Bien es verdad que el siete será una de las palabras, y cifra, mas repetida, como un astral conjuro, en todo el texto.  El siete y su carácter de conjunción cósmica: planetas y dioses, pecados capitales  y días de la creación….Recordemos la fuerte vinculación astral y astrológica (el cuatro mas el tres simboliza la unión cielo tierra) de la religión babilónica.

Ahora bien, si todo lo anterior expuesto vendría a conformar una suerte de base para el relato profético, el trasfondo del Apocalipsis de Juan de Patmos se nos presenta como algo aún mas complejo en esa ira divina “dictada” al profeta o “canalizada” por el mismo y que parece apuntar, como una suerte de bifronte Jano, doblemente:   fijaría su iracunda mirada en  Roma -símbolo máximo de poder terrenal- como futuro objetivo, pero a su vez no deja de mirar a la Jerusalem pasada, la ciudad donde subyace una mítica “vocación universal”.

Recordemos que poco antes de la redacción de este texto (hacia finales del siglo I) el Templo de Jerusalem había sido arrasado por segunda vez y en esta ocasión por Roma (en el año 70), ejecutada por legiones de Tito y ello para sofocar la revuelta y suprimir las mas que díscolas sectas judía y cristiana. Y que en esa misma época, pocos años antes (año 64 d. C. ) en el área del Circo Máximo se activó, sin poderse esclarecer sus causas, un incendio de dimensiones colosales que  acabaría por destruir casi completamente Roma. Incendio donde culpabilizaron a Nerón como causante y este –tal vez para librarse de la sospecha- culpabilizaría a su vez de ello a la cada vez mas poderosa secta judeo-cristiana ordenando su matanza. Por añadidura se cree que el incendio, ya fuera provocado o fortuito, resultó de gran provecho a Nerón para así poder proseguir este con su renovada política orientalizante (nuevas alianzas e influencias: mitraísmo, teocracia, nueva estética…) cuya muestra estará en la construcción de la Domus Aúrea, el fastuoso palacio de “lujo oriental”.

Consideremos también que en el momento en que se redacta este Apocalipsis, el cristianismo, en diáspora expansiva, sufre una crisis en su propio desarrollo con la amenaza de fragmentarse en distintas sectas tal y como se ve en el relato cuando se alude a las siete iglesias (“ 1:4 Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono;” ); pero que por otro lado su creciente poder se está viendo en Roma como una clara amenaza por lo que Domiciano ha desencadenado una enorme represión persecutoria de los judeo-cristianos.

Así pues, por boca de Juan de Patmos se presenta el castigo y sus motivos:

17:1 Después vino uno de los siete Ángeles que tenían las siete copas y me dijo: “Acompáñame, y te mostraré cómo va a ser castigada . 


17:2 Los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los habitantes del mundo se han embriagado con el vino   de su prostitución”.

 17:6 Y vi que la mujer se emborrachaba con la sangre de los santos y de los testigos de Jesús, y al verla, quedé profundamente asombrado.

17:14 Ellos lucharán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de los señores y Rey de los reyes. Con él triunfarán también los suyos, los que han sido llamados, los elegidos, los fieles

17:15 Los ríos —continuó diciéndome el Ángel— a cuya orilla está sentada la Prostituta, son los pueblos, las multitudes, las naciones y las diversas lenguas. 


17:16 Los diez cuernos que viste, así como también la Bestia, acabarán por odiar a la Prostituta, le quitarán sus vestidos hasta dejarla desnuda, comerán su carne y la consumirán por medio del fuego. 


17:17 Porque Dios les ha inspirado que ejecuten lo que él ha decidido, poniéndose de acuerdo para entregar su poder real a la Bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios.


17:18 Y la mujer que has visto es la gran Ciudad, la que reina sobre los reyes de la tierra”.

Hay otro hecho significativo que debió influenciar en el relato apocalíptico pues, pocos años antes (en el 79 d.C., según Plinio el Joven), Pompeya junto con Herculano -que venían a ser en ese momento unas “lujuriosas” ciudades de veraneo pagano, una suerte de Marbella y Fuengirola (creamos que con menos desmanes urbanísticos…)- quedarían extinguidas tras una deletérea nube de ardientes gases sulfurosos: letales de necesidad; exterminados horriblemente así todos los que no consiguieron huir a tiempo y sepultadas ambas ciudades en una gruesa capa de abrasadoras cenizas volcánicas eruptadas, como sabemos, por el Vesubio; ese impresionante negro bubón infernal que sigue presidiendo amenazante la poblada bahía de Nápoles. El mismo “fuego y sulfuro” con que Yahveh castigó a Sodoma y Gomorra. Esas lluvias de fuego en clara analogía con los piroclastos eruptivos; aunque también puede haber ecos de otros fenómenos cósmicos como los meteoros celestes, que vemos en los pasajes del Apocalipsis.

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Durero. Xilografías del Apocalipsis 1498 (Lluvia de fuego).

 “El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde.” “El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre”.

  “El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas”. “ Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas.”“El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche.”  (Apocalipsis :8:7, 8:8, 8:10,8:12) 

Desatado todo el arsenal celeste, la imaginada amenaza se consumará con todo su poder aniquilador.

 “Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.” ” Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites”.“Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga.”“Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio, parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!”    “Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay de la gran ciudad, en la cual todos los que tenían naves en el mar se habían enriquecido de sus riquezas; pues en una hora ha sido desolada!”    “Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella.”     (Apocalipsis 18:2,8:11,18:3,18:4 , 18:8,18:9 ,18:10 ,18:19, 18:20 )

         Pero tras la destrucción de la gran ciudad por el implacable juicio de Dios vendrá la mesiánica escatología del nuevo mundo, nuevamente en divina metáfora arquitectónica, ya que  desde  todas sus cenizas, últimas y primeras, volverá Jerusalem simbólicamente a erigirse, será esta ya en su advenimiento la Jerusalem Celestial .

21:9 “Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero”. 21:10 Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,”    21:11 “teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal.”

El texto del Apocalipsis es abierto por oscuro, caótico en su desordenamiento, en su discurrir textual, ambiguo por su simbolismo polisémico; pareciera hecho al dictado de una terrible obsesión o paranoia (se cree que su autor sufrió las alucinaciones producidas por el hambre en su retiro en una isla entonces desierta); pero en ello también reside su terrorífico poder a la hora de mover emociones masivas, de aterrorizar, pues, pese a todo ello, el mensaje metafórico es claro y  explícitas sus palabras. Posiblemente la potencia de sus imágenes escritas, es decir verbales, sea superior a aquella que pudiera haber sido plasmada en una tradición icónica…

Tras larga controversia patrística el Libro fue considerado canónico unos tres siglos después de haberse escrito (confirmado en el concilio de Hipona, año 393). El poder de su vigencia admonitoria se irá manifestando en los terroríficos milenarismos medievales, a o largo de los siglos, en las crisis políticas y sociales, en las guerras de religión (¿qué guerra no es de algún modo de religión?) como en las futuras contiendas y por consiguiente su registro manifiesto irá quedando plasmado en la Historia del Arte.

Roma y Jerusalem seguirán siendo a lo largo del tiempo dos ciudades de fuerte simbolismo universal donde seguirá planeando la sombra apocalíptica de su destrucción…..

Con la caída de Roma en manos de Alarico en el 410 se produjo un gran estupor; era algo inconcebible ya que desde hacía muchísimo tiempo no había ocurrido nada similar (la invasión de Brenno en el 387 a.C.), el impacto psicológico de este hecho, donde los bárbaros saquean la ciudad papal, la capital del mundo y la de la cristiandad (desde el emperador Constantino en el 313) fue tremendo: se percibió como el signo de la caída de toda la civilización. Históricamente se verá como el final del Imperio Romano de Occidente . Tras la enorme conmoción San Agustín concibió su Ciudad de Dios (“De civitate Dei contra paganos”), contra la “desastrosa” ciudad de los hombres se contrapondrá de nuevo el proyecto de un “urbanismo celestial”.

Dentro de la psicosis milenarista basada en la interpretación literal del libro:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”……Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección”…… (Apocalipsis 20:4 – 20:5 )

   Se llega a esa pavorosa atmósfera del primer milenario y sus catastróficas consecuencias. De esos polvos brotará la agitación y recuperar Jerusalem  se tornará el motivo que justificará las cruzadas.

Con la conquista de la Ciudad Santa en el 1099 hubo una terrorífica masacre también de “dimensiones apocalípticas” (“…la carnicería fue tan grande que nuestros hombres andaban con la sangre a la altura de sus tobillos…”. De La  Gesta Francorum). Casi un siglo después (1187) llegó su pérdida . El efecto de su caída repercutió (conmocionó) en toda la cristiandad; cada vez se confirma mas la íntima relación entre el simbolismo de la literatura griálica y el trasfondo imaginario de las cruzadas -curiosamente Chrétien de Troyes, con su obra “El Cuento del Grial” (Li Contes del Graal) publicado en 1180, el pionero de esta escritura y por lo tanto del ciclo  artúrico, había profetizado la caída-. Jerusalem persistirá como foco de estas “guerras de raíces bíblicas” hasta nuestros días, pareciera que esta dinámica quisiera mantenerse hasta “el fin de los tiempos”.

Con Roma pasará algo similar. En Roma siempre se verá esa sospecha (muchas veces confirmada) de corrupción. Hasta pareciera que desde su fundación mítica esta estuviera maldita.

El primer nombre secreto (revelarlo suponía la muerte) de Roma es “Silvia”. El acto mítico de la fundación de Roma -como todos los mitos, tiene muchas variantes (o ramificaciones como nos dijera Blumemberg)- con el “trazado mágico” del perímetro de la ciudad con un arado por Rómulo y Remo pasaríamos a la versión “original” que Tito Livio nos deja del acto fundador: la violación de la virgen vestal Rea Silva por Marte  (o también la sombra de la ruptura de sus votos de castidad a Vesta, la Diosa del Hogar) y engendramiento de los gemelos Rómulo y Remo que la madre abandonaría al nacer en el río -otro mito genealógico el “abandono fluvial”- Tíber; rescatados por Acca Larentia, también llamada Luperca -la Lupa (la loba) era el modo de denominar a las prostitutas (de ahí lupanar)- los amamantaría. Rómulo confirmaría sangrientamente la fundación, la “sacralizaría” así con ese “sacrificio” (esto suele ser un denominador común a todas las fundaciones) cuando mata a Remo y se erige rey. Y paralelamente se ha creado ese otro estigma: con la originaria lupa devendrá la ciudad lupanar. Roma ramera: ROMA-AMOR, el anagrama conservado en un prostíbulo de Pompeya que renombra el secreto ROMAMOR-OLIMILO, en bifrontes palabras de cuadrangular palíndromo:

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 (Roma-una-miles-amor)

 “Roma una y miles en el amor” y viceversa  (entonces se entendía el amor de un modo físico, el amor platónico estaba reservado a los hombres…) Roma, la Ciudad Eterna en el amor. Y así: Roma caput mundi / órbit frena rotundi (Roma, cabeza del mundo, gobierna las riendas del orbe redondo) sede del poder, es Romamor. Renovada ramera por los siglos, famosa de oficio, en todas las Romas sucesivas. La corrupta, la paganizante. Su estigma justificará ideológicamente por los siglos su ataque.

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 William Blake. The Whore of Babylon 1809

             Así será en El Sacco de Roma. Lutero lanza su diatriba contra Roma y el papado con su obra “La Cautividad Babilónica de La Iglesia”. Babilonia es otra vez Roma. A ella llegarán para asolarla los landsquenetes, feroces tropas alemanas del Emperador Carlos V, serán también la punta de lanza de la reforma protestante: Vuelve a caer Roma. La noticia, el hecho de su caída, volverá a retumbar apocalípticamente. Roma siempre está cayendo, como ahora mismo. En la antigua Colina Vaticana (de los vaticinios), donde Nerón construyó su circo y mas tarde sería el cementerio donde se enterraría a San Pedro, se refundó el Templo. El santo “pétreo” vendría a ser esa “primera piedra” de la Basílica Vaticana, de nuevo símbolo y metáfora arquitectónica de conexión celestial, de “Puerta del Paraíso”. Constatamos por todos los escándalos habidos que, en vez de la simbólica puerta del Paraíso Celestial , estamos en la entrada de un mundano “paraíso fiscal” y demás “abominaciones” que resultarán difíciles de “blanquear”…..

           Pero ¿que sería de Europa sin Roma? Roma es el modelo, el espejo imposible donde siempre ha querido reflejarse Europa con sus diversos sueños imperiales mas o menos sacros; pero Roma es a su vez la constatación de su imposibilidad, la consecución de un fracaso. Roma sigue siendo un fantasma que nos persigue con su larga sombra.

Apocalipsis: apocalipsis . La Historia seguirá teniéndolos; recorrerlos en el arte será sin duda “apasionante”. Milenarismos, cabalgantes “desastres de la guerra”, “juicios finales”. Babilonia, Jerusalem, Roma; continuamente reaparecerán humeantes….

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Ludwig Meidner, Paisaje apocalíptico 1912

  No deja de resultar curioso que, en una pirueta del destino, encontremos La Puerta de Istahar en el Pergamon Museum de Berlín, no deja de chocar que esta destacable  muestra arqueológica babilónica recalase en la capital prusiana, la metrópolis que  llegaría a ser la Babilonia por antonomasia (Berlín, en el periodo de entreguerras, durante la frágil República de Weimar y la Gran Depresión, acabó siendo la capital mundial del vicio donde: cocaína, morfina, alcohol corrían por el inmenso prostíbulo urbano repleto de cabarets, mutilados de guerra, violentos crímenes, conspiraciones armadas, inflacionaria desesperación….) el caldo de cultivo para el advenimiento de la barbarie totalitaria. Ciudad laboratorio también del apocalíptico arte nuevo: el expresionismo; esa especie de neogótico que ya alumbró el nuevo siglo y, tras martirizarse en las trincheras, siguió creciente en una post-Gran Guerra metropolitana, desesperadamente milenarista y también “técnicamente neocatedralicia”, que anuncia la que viene con sus fuegos celestes, la que de nuevo presiente el desastre que acabará por no dejar piedra sobre piedra.

Berlín “capital del dolor”; como Varsovia, Canterbury, Róterdam, Guernika, Hamburgo (en la denominada  “Operación Gomorra”….), Dresde…Hirosima….

Destruirlo todo para alcanzar el nuevo mundo en orden nuevo. Escatología sí; pero también deleite en el instinto primario de destrucción. Fascinación en el terror. Nihilismo en pulsión divina. El otro mundo está aquí, nunca nos ha abandonado.

Testigos forzosos del último milenarismo tecnológico: en nuestros circuitos neurales se reavivan las imágenes: desubicados de su función original para convertirse en sendos engendros voladores que pilotará el fanatismo suicida -atribuyéndose de nuevo la ejecución del apocalíptico castigo divino-provocarán su infierno arruinando los máximos símbolos de lo que fue la última Babilonia de nuestra época, de nuevo el Dios de las tribus descarga su ira, se venga y castiga la arrogancia babélica en su desafío: Las Torres Gemelas convertidas en humeantes cenizas.

                                                                       Mariano Gómez de Vallejo

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Autor: latiendadelkirguise

Somos un grupo de amigos interesados en la actividad literaria y artística en general.

7 pensamientos en “Apocalipsis: apocalipsis . por Mariano Gómez de Vallejo

  1. Por ninguna parte veo un dios de la vida, veo sólo ciegos que adornan sus crímenes con dios. (Elias Canetti)

  2. Texto brillante, imágenes espléndidamente escogidas. El estrambote final de las Torres Gemelas cierra el círculo del temor constante al final de la civilización. Pero como gusta abundar en el terrible (y superado) Dios bíblico… .

  3. Hola Mariano:

    Gracias por el texto apocalíptico que he leído con mucho interés. El tema es original, poco conocido por lo que se le lee fácilmente. Está, además, muy bien documentado, por lo que te doy mis parabienes.
    No cabe duda además que es un tema de actualidad, puesto que los apocalipsis son la tela de fondo de nuestra civilización. Me ha gustado mucho la iconografía. La encuentro maravillosa.
    Lo que no sé es si podré hacerte algún comentario que valga la pena. La lectura personal del Apocalipsis bíblico me es muy remota. Siempre he sido además poco dado a esta clase de leyendas de guerras, cataclismos, destrucciones que como cuentas vienen del Neolítico.
    Tú te limitas estudiar lo que ocurrió en Oriente Medio y Roma que heredó sin quererlo la violencia monoteísta. Pero, como bien dices, destrucciones de ciudades las ha habido en todas las partes y sino que se lo digan a los españoles que fueron a América. Destrucciones de ciudades las hubo en China, en Mongolia. Otras ciudades desaparecieron para siempre como la famosa Itálica de Trajano y Adriano cantada por Rodrigo Caro.
    Hoy se van haciendo interpretaciones nuevas sobre la famosa revolución del Neolítico. Con la propensión a la sedentarización del hombre de entonces, durante unos tres mil años se fue originando un progresivo asentamiento de poblados que eran relativamente pequeños. No estaban tentados por las grandes urbes ya que el nomadismo no desapareció del día a la mañana. Así podían emigrar con facilidad en busca de otros campos donde apacentara el ganado, otros ríos donde pescar, otras tierras para hacer experiencias de cultivos puesto que cada día eran más numerosos. La jerarquización comunitaria era ligera.
    En Medio Oriente las emigraciones se tropezaron con el desierto y la imposibilidad de ir más allá. Según he leído ésta fue la causa de crear urbes inmensas, rodeadas de murallas tal y como tú las describes en tu hermoso artículo. Estas ciudades que se han considerado como geniales les llevó a la acumulación de riquezas, a la producción de granos por encima de las necesidades, a la regresión de la biodiversidad, a la desforestación, à la fabricación de objetos inútiles, a la violencia comunitaria, a la desigualdad económica y social, al nacimiento de las ideologías, a la masculinización de la sociedad, a las guerras y destrucciones, al descuartizamiento del tiempo en futuro, presente y pasado. Esta herencia que se materializó con el monoteísmo la llevamos hoy y con ella se puede dar una interpretación a lo que está ocurriendo actualmente en Europa.
    Con estas civis, ciudades, surge la “civi-lización” y los ciudadanos que se consideran hombres libres por oposición a los siervos y esclavos. Unos eran calificados por los griegos, según cuenta Platón, de asteîos, civilizados, y otros de ágroikos, rústicos, zafios, patanes. En Roma la población de “ciudadanos” era muy escasa. El ochenta por ciento eran siervos o esclavos capturados casi todos en las innumerables guerras romanas.
    Curiosamente, lo que más me ha interesado de tu texto es lo de la Gran Ramera. Hace ya algún tiempo hice algunas indagaciones sobre el origen del insulto “Hijo de la Gran Puta” y me pregunté quién sería tan ilustre persona. Encontré varias posibles interpretaciones. Finalmente escribí un artículo que trascribo a continuación. Lo que no se me ocurrió fue consultar el Apocalipsis. Ahora encuentro otra interpretación. Pues gracias.

    Alexandro Arribas Ximeno.

    • De nada, colega, me alegro de que te haya gustado y te aporte algo. Me ocurre lo mismo con tu fértil comentario y esa “razón del desierto” clave para el crecimiento urbano y el consecuente “descuartizamiento del tiempo” ; también que, al reparar que en la raíz del insulto “Hijo de la Gran Puta” se pueda rastrear el Apocalipsis, creo que, para mí al menos, ya va a ser imposible verlo de otro modo. Gracias entonces a ti por el enriquecimiento que has hecho al tema. Te animo a que nos mandes alguna cosa. Abrazos.
      Mariano Gómez de Vallejo

  4. Sólo algunas puntualizaciones al interesante comentario de Alexandro: la Neolitización vino de la mano de la conversión del hombre del final de la era Glacial en un recolector de gran eficiencia, que al poder almacenar a voluntad en los recien inventados contenedores cerámicos (parece que esta técnica es anterior a la invención de la agricultura y la ganadería como tales) no se vio en la necesidad de desplazarse como durante la Era de la Gran Caza. Estas primeras aldeas perduraron en el tiempo y alcanzaron un número de habitantes muy considerable (Chatal Hüyük puede considerarse ya una ciudad en este sentido), sin que pueda demostrarse que existiera aún una diferenciación social, “clasista” de la población. Me llama la atención también que hables de “monoteísmo” para referirte a las primeras grandes urbes del Creciente Fértil: todas las civilizaciones mesopotámicas eran politeístas, y de hecho los diversos dioses regionales generaron los grandes templos que son el origen del fenómeno urbano, por ejemplo, en Sumeria.

    • Con respecto a este último comentario tiro de algunas notas del trabajo precedente y que por razones de concreción hube de obviar; sirva pues como una especie de apostilla.
      “Creo” que, en ese “caldo caldeo de apologética mesopotámica”, hacer una genealogía teológica precisa es tarea complicada de diversidad. Partimos de mitos prehistóricos recogidos en los Libros, datados así para la historia, y su contraste con la arqueología científica. La evolución de las ideas religiosas es lenta y el proceso siempre se basa en lo anterior; bien es verdad que hay momentos de mutación, mas acelerados y recogidos míticamente (históricamente a veces) en esas metamorfosis. Ahora sabemos que las clasificaciones estrictas que se originaron en La Ilustración se van difuminando poco a poco. De todos modos se puede intentar rastrear una genealogía de esos pasos: si Oriente es politeísta de origen, al parecer también en su panteón van paulatinamente predominando las jerarquías que tienden a atribuir el poder a un único jefe quedando el resto de divinidades como una suerte de corte; así se cree que ocurrió con Marduk en la Babilonia del siglo XVII a.C., pasó de ser el dios patrono de la ciudad a la categoría de dios supremo; no muy lejos debe andar el origen de las denominadas teocracias. Conviene ver también la ya aludida en el artículo “solarización” que afectará a todo el Levante y cuyo simbolismo es el paso del culto femenino lunar al masculino solar y que irá antecediendo a esa idea de monoteísmo; por ahí podríamos ver también a Akhenatón que instaura el culto a ese sol como un único dios por el siglo XIV a.C., época que comparte con la historia de Moisés quien, tras su arrebato de ira tras bajar del Sinaí y ordenar masacrar a miles de idólatras, funda, institucionalizando esa violencia, el monoteísmo político.
      Cabría retrotraernos un tanto y encontrar otra influencia monoteísta aún mas antigua (la primera?) en la conexión del zoroastrismo (posterior mitraísmo) de origen indo iranio (IIº y Iº milenios a.C.) con las religiones abrahámicas; al parecer ángeles y demonios provienen de este monoteísmo solar. Abrahám es el primer patriarca postdiluviano: el padre de Israel. Patriarca viene de padre y el dios judío se le atribuye la paternidad de todo. Volvemos a esa concepción nómada por los desiertos que abomina de esas otras civilizaciones de fértil diversidad idolátrica. Pensemos también que ambas culturas , la nómada pastoril y la urbana conviven forzosamente y rivalizan pues comparten esos espacios, atacando y saqueando los primeros las ubérrimas vegas cultivadas unas veces y otras siendo obligados a someterse con tributos y esclavos…..
      Otro momento señalado para la fijación del monoteísmo canónico – “Yo soy Jehová, y ninguno más hay: no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste; ( Isaías 45:5)- sería cuando cae Babilonia en manos de Ciro:
      “Cuando, finalmente, y casi inmediatamente después de conquistar Babilonia, los persas permitieron a los judíos regresar a su tierra, las ideas del Deutero Isaías respecto al carácter universal de Yahvé y la falsedad de los dioses de las religiones politeístas recibieron, sin duda, el espaldarazo definitivo. Los politeístas babilónicos habían sido derrotados, lo cual, en definitiva, probaba que sus dioses realmente no servían para mucho. Además, la noción de que los persas eran un instrumento de Yahvé cobraba ahora todo su sentido. No sólo habían derrotado a los dominadores de los judíos. Además, hacían posible el regreso del pueblo a la tierra prometida. Yahvé triunfaba. Los demás dioses eran falsos. Y, en cuanto a los persas, ciertamente no llamaban Yahvé a su Dios, pero adoraban a un único Dios. Aunque ellos mismos no lo supieran actuaban como instrumento de Dios. No eran, como Israel, el pueblo elegido, pero si un pueblo querido por Yahvé.” ( Ecos del Desierto. El origen histórico del monoteísmo. Juan Echanove, Central Books)
      Y ya por citar hacerlo con el controvertido clásico del tema Ernest Renan y su intuitiva tesis : « Le désert est monothéiste » ( Histoire générale et système comparé des langues sémitiques (1855).
      Creo que para quien haya tenido la experiencia del desierto le resultará difícil disentir de ello.

      Mariano Gómez de Vallejo

  5. Si el primer monoteísmo fue el zoroastrismo con su profeta Zaratustra, el último fue el marxismo-leninismo, la última secta del tronco judeo-cristiano. Esencialmente escatológico.

    Quien por entonces viajase por los territorios de la extinta U.R.S.S. podía encontrar en las plazas de sus ciudades los gigantescos bustos del “Dios Padre” Karl Marx, con sus bíblicas barbas, mirándote entre nubes de bronce. Del mismo modo la estatuaria oficial “socialrealista” ensalzaba a su mesiánico Lenin; a cuyo cuerpo incorruptible, encriptado en una mastaba, se decretó venerar.

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