LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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DOS POEMAS de Juan Alcaide Sánchez (by Marina Gurruchaga)

Mi amigo Ramón Sarrallé me ha dejado algunos ejemplares antiguos de la obra del poeta manchego Juan Alcaide Sánchez. Muy apreciado en su tierra, amigo de la familia de Ramón, y poco conocido fuera de la Mancha -en gran medida por cuestiones políticas-, os traslado, transcribiendo casi directamente la reseña que la Asociación de Amigos de Juan Alcaide publica en su interesante blog, algunas notas de la biografía de este singular escritor, original en su vida y en su obra, la cual no es una mera continuación de la Generación del Veintisiete inevitablemente aggiornata por el estilo ruralista de la década de los cuarenta. En este sentido me ha llamado la atención la brillante modernidad de sus poemas, aún insertos en el contexto lírico de su época, que convierten cada verso en una sorpresa completa. Junto con su biografía, van también la portada de su libro La Noria del Agua Muerta (en su edición de 1936, con preciosa ilustración de la tristeza de una pobre bestia de carga), la portada interior con firma y dedicatoria manuscrita del poeta y, finalmente, la imagen de tres páginas del libro mencionado con dos poemas del autor y su transcripción a continuación.

Juan Alcaide Sánchez (1907-1951)
 
El poeta Juan Alcaide nació en Valdepeñas (Ciudad Real) el 21 de septiembre de 1907. Dedicó su vida con igual intensidad y vocación a la enseñanza, como maestro nacional, y a la poesía, como autor de una de las obras más interesantes de la poesía manchega en el siglo XX. Ejerció su profesión en Orense, Puertolápice y Valdepeñas. En 1926 comenzó a publicar en revistas poéticas y en 1930  publicó su primer libro de versos, Colmena y pozo, editado por suscripción popular.  Su primer libro tuvo una buena acogida por parte  de la crítica y Antonio Machado le envió a Alcaide unas estimulantes palabras: “Es Vd.  un verdadero poeta”.
 
Por esta época comienza a escribir también teatro y artículos en la prensa. En 1933 publica su segundo libro, titulado Llanura, con el que quiere iniciar una especie de poesía manchega. En 1936, justo al inicio de la Guerra Civil, publica un nuevo poemario, La noria del agua muerta. La Guerra, en la que participó en labores de propaganda en el bando republicano, fue un momento decisivo en su  vida y su carrera. En 1936, nada más conocer la noticia del asesinato de Federico García Lorca, escribe el poemario elegíaco Mimbres de pena, que fue publicado en Buenos Aires en 1937. Al  acabar la contienda fue expedientado y suspendido de empleo y sueldo durante algunos meses. En 1942 inicia un nuevo ciclo poético con la publicación del libro Ganando el pan, en el que se hace eco de la exaltación nacionalista y religiosa dominante en la posguerra. A partir de 1944 participa y colabora sin apenas salir de su tierra en revistas y actividades literarias y se relaciona con las nuevas promociones poéticas, especialmente con el movimiento postista, entre quienes figura su paisano el pintor Gregorio Prieto. Con el libro Poemas de la cardencha en flor, en 1947 entra en una nueva fase de madurez en su poesía, en la que destaca un sentimiento de angustia existencial y el uso de vocablos de la tierra manchega. En este estética personal publica en 1950 el que será su último libro en vida, Jaraíz. Juan Alcaide murió el 12 de julio de 1951 a consecuencia de la tuberculosis.
 
Juan Alcaide siempre estuvo dedicado a la poesía y a su difusión entre los jóvenes de Valdepeñas. En 1953 se publica póstumo el libro La octava palabra, a cargo de su discípulo Emilio Ruiz Parra. Más adelante se le han dedicado varios homenajes poéticos y se han publicado varias antologías de sus versos y una edición de sus poesías completas. También se le han dedicado diversos estudios entre los que hay que destacar los del profesor Rafael Llamazares y textos de Gerardo Diego, Leopoldo de Luis, Luis Jiménez Martos, Antonio Hernández, Francisco Garfias, Julián Creis Córdoba y otros. En 1998 la Asociación Amigos de Juan Alcaide publicó la segunda edición del libro Mimbres de pena, con una reproducción facsimilar de los poemas autógrafos del autor. En el año 2001, con motivo del 50 Aniversario de su muerte, se ha publicado un libro que Alcaide nunca llegó a ver impreso titulado Trébol íntimo, también en edición facsímil de los manuscritos del poeta. Durante este año también se ha publicado una recopilación de sus poemas para el público infantil titulada Trillos y vilanos  y la editorial Adonais ha publicado una antología de sus sonetos, con prólogo de Luis Jiménez Martos, titulada 50 Sonetos.  La poesía de Alcaide  estuvo siempre vinculada a La Mancha y se le considera uno de los fundadores de la poesía de esta tierra.
 
ALGUNOS ESTUDIOS SOBRE LA OBRA DE JUAN ALCAIDE
 
Cástulo Carrasco, Correspondencia con Juan Alcaide. Cáceres, 1955.
 
Rafael Llamazares, Juan Alcaide: introducción al estudio de su vida y de su obra. Ciudad Real, 1976.
 
Rafael Llamazares, La poesía de Juan Alcaide. Temática y lenguaje.Valdepeñas, 1981.
 
VV.AA., Cinco estudios alcaidianos. Valdepeñas, 1983.
 
Valetín Arteaga, Cuatro poetas manchegos. Ciudad Real, 1985.
 
Esteban Rodríguez Ruiz, Dios, La Mancha y el Hombre en la poesía de Juan Alcaide, Ciudad Real, 1993.
portada libro Juan Alcaide mejorada
firma de J. Alcaide mejorada
poema 2 J. Alcaide mejorado
poema 2b J. Alcaide mejorado

JARDÍN

Con las ansias que se quedaron frías

de esperar realidades, haremos los paseos.

Habrá glorietas –cruce de rutas imposibles-

con voces degolladas por silencios.

La fuente, sin azogue

para su agudo espejo,

la pondrá la pupila turbia del corazón

y del cerebro:

Agua que apresó espacios sin contornos de carne,

centros de viva luz, mares abiertos,

campos con horizontes de pestañas,

frentes con litorales de cabellos…

Un aire gris y azul –de cobardía

y de ilusión al mismo tiempo-

cantará entre las fechas del ramaje

de los árboles negros.

Por la tarde, la sombra

de una figura morderá recuerdos;

se ceñirá la piedra de su azote

y sangrará las normas de su credo:

–          Nunca herirás el humo con la llama.

–          No ordeñarás el agua al hielo.

–          No tirarás de la venda de angustia

que le tapa los ojos al sueño.

–          No partirás la caña de cal

de tus íntimos huesos,

para mostrar a ojos idiotas

la vena amarga de tu tuétano.

–          Y no permitirás que por tus labios

se te vacie el avispero

que te pincha en el alma dos glorias:

felicidad…, remordimiento…

El jardín rugirá en el corsé

de una verja de orgullo de hierro…

¡Rabindranath Tagore

me nombrará su jardinero!

poema 1 J. Alcaide modificado grande

La voz del agua sin vida

es la que empieza a sonar;

en cangilones de versos,

cantando y contando, va…

¡Ay, si el instante que canta

Contara una eternidad!

“A la una

Dio la mula.

A las dos,

El cangilón.

A las tres…”

                        Y el primer verso

Comiénzase a derramar…

(¡A las tres! Sí, como entonces:

Las tres…, una tarde… ¡Ya!)

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Dark water (2005)

Dirigida por Walter Salles, se trata de la versión de una película japonesa, tres años anterior. En español se conoce como La huella, un título poco acertado en todo caso. Habría sido más interesante el término Marca de agua, y habría ganado en simbolismo manteniéndose fiel al título original. Pero ya sabemos de las desafortunadas traducciones nacionales de los títulos de películas. Literalmente, agua oscura, es la imagen que se repite con insistencia a lo largo de los 99 minutos, creando una atmósfera angustiosa y húmeda que nos incomoda.

Agua de lluvia sobre la ciudad sombría, agua que cae y se filtra por el techo dejando una mancha de humedad que crece de forma alarmante; un depósito de agua en una azotea que se convierte en la cabeza de un edificio fantasma de diez plantas, oscuro, destartalado; y el ascensor-corazón, latiendo a golpe de impulsos caprichosos.

En este panorama, las nuevas inquilinas son dos mujeres frágiles frente al coloso: madre e hija. Se diría que el papel de Jennifer Connelly (Dahlia) nos comunica la fragilidad en la complejidad del mundo y sus quehaceres tras un divorcio y todos los trámites administrativos de abogados, contratos de piso, traslado, colegio de su hija… que son necesarios en la realidad; por otro lado, la inocencia de la niña que utiliza el director para llevarnos a un lugar inquietante: lo siniestro.

Freud, en sus Obras completas, define el término unheimlich:

lo siniestro sería aquella suerte de espantoso que afecta las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás.

 Pablo Maurette escribe sobre la definición de unheimlich:

(http://edant.revistaenie.clarin.com/notas/2009/02/07/_-01854046.htm)

Un miedo de la infancia que hemos olvidado y que vuelve a asolarnos con su terrible rostro familiar, el cadáver de un ser amado, que a un tiempo es y no es la persona que quisimos. Se entiende entonces que lo siniestro genere atracción y repulsión a la vez, miedo y familiaridad, comodidad e incomodidad.

Dahlia evoca su infancia en sueños recurrentes inducidos por fármacos, o en los encuentros de su hija con otra niña “imaginada” que resulta haber existido, y cuya presencia rompe los límites de la realidad. Porque lo siniestro se construye con este aspecto de lo familiar-desconocido, como dice Freud sobre el concepto de lo siniestro en Schelling,

Unheimlich sería todo lo que debía haber quedado oculto, secreto, pero que se ha manifestado.

En la vida de Natasha, la niña real-imaginada del 10F, Dahlia ve su propia vida; en su abandono, el de ella; en la condición de su madre, la de la suya… Así que vamos desvelando dos historias pasadas: la de la madre, Dahlia, y la de Natasha que aparece en el plano de la realidad aunque las claves del juego la sitúan en un presente irreal y presentido.

Para configurar lo siniestro encontramos además el doble. Otra vez acudimos a Freud,

 «doble» o del «otro yo», en todas sus variaciones y desarrollos, es decir: con la aparición de personas que a causa de su figura igual deben ser consideradas idénticas; con el acrecentamiento de esta relación mediante la transmisión de los procesos anímicos de una persona a su «doble» -lo que nosotros llamaríamos telepatía-, de modo que uno participa en lo que el otro sabe, piensa y experimenta; con la identificación de una persona con otra, de suerte que pierde el dominio sobre su propio yo y coloca el yo ajeno en lugar del propio, o sea: desdoblamiento del yo, partición del yo, sustitución del yo.

Se anticipa el drama, se percibe aquello desconocido y hostil, el peligro que sucede a cada escena de la bañera o del ascensor; ambos, lugares cerrados (tumbas-cajas-zulos) que nos amenazan; en ambos, el agua como una constante. Y es que hablamos de un personaje más: un agua viva, que late y aparece de repente oscura, negra, en todos los grifos a la vez; en la lavadora que se detiene extrañamente. Y esa repetición nos conduce también a lo siniestro en palabras de Freud,

sólo el factor de la repetición involuntaria es el que nos hace parecer siniestro lo que en otras circunstancias sería inocente, imponiéndonos así la idea de lo nefasto, de lo ineludible, donde en otro caso sólo habríamos hablado de «casualidad».

Pero además del plano psicoanalítico, lo siniestro en literatura tiene un componente estético en signos que ya he mencionado antes. El juego con el lector/ espectador con el que se acuerdan guiños antiquísimos para entrar y salir de lo real de manera que nos dejamos conducir por un camino verosímil, paralelo a la realidad, hasta que se nos cuela en el relato un elemento de seducción fantástica. Y pactamos con él; es demasiado tarde para huir, la curiosidad es más fuerte que el miedo. Las licencias de la literatura cuando están bien engarzadas nos obligan al encuentro con esa parte irracional, animista que se oculta en el fondo de nuestros recuerdos, el miedo a la oscuridad que es el miedo al mundo, a todo aquello incontrolable que está fuera de la casa, de la familia, del cobijo de nuestra madre. Aunque sea aquí donde probablemente se origine.

Rosario de Gorostegui


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CERCA LEJOS

Cada vez más cognitivos y menos emocionales.

Se lleva la amistad distante, la comunicación distante, en medio de una cotidianidad hecha de semejanzas, continuidades y casualidades con causa y sin ella.

La comunicación caliente, directa, anterior a la  fría y elaborada de la época  de los  Mass Media  ha dado paso a  a su vez a  la comunicación distante  y continua  en tiempo real de las redes sociales. La vida de carne y hueso se eleja sin apenas percibirlo.

Simultáneamente la mente trabaja con percepciones caóticas y encuentra la felicidad en las cosas que no se pueden arrebatar, los sentidos mitigan el escepticismo, la incertidumbre.

Vamos cambiando, van cambiando nuestros objetos externos a través de la experiencia, repitiendo una búsqueda de las mismas cosas inmutables en objetos mutables.

¿Queremos vivir con pasión?, vivir con pasión es: pensar +  sentir + actuar. Tener una  actitud nutricia en todo.

Las pasiones son descritas por algunas corrientes filosóficas como instintos irracionales ingobernables  de los  que hay que protegerse. Cuantos problemas de salud da creerse esto.

Lo  mas generalizado y al final  aburrido consiste en  poseer, engullir al otr@. Quedártele hasta el hartazgo, consumirle, domesticarle, transformarle en racional compañía.

O el otro extremo: huir de la mirada del otro para que no te cosifique, huir de la intimidad compartida para que nadie te vea por dentro, te tenga por suyo, nos genera  angustia neurótica., pero también nos abre nuevos espacios de libertad ¿ va en aumento  en nuestra cultura ,esta forma de estar en el mundo?, creo que sí.

El conocimiento nos salva , nunca decepciona: entrar, tocar la desnudez de las cosas,  acercarte al rostro, de  la complicidad a la  textura de la intimidad., lejos del ámbito  social, espacio de representación , escenario. Y poder salir después, sin sentimiento de pérdida, es un buen plan.

Avanza  un nuevo estoicismo: orden +  pasión + desapego: mediante  actos sistemáticos que huyen de la irracionalidad pero donde no queremos perder la vida plena de estímulos.

Las conclusiones sobre las cosas, sobre los otros, llegan hasta donde nos cansamos, bien  por no poder seguirlos, o por haber visto ya lo necesario, lo suficiente, otras veces por el pánico a perder los papeles, a exponerse al dolor y al daño.

En realidad no hay conclusiones, no hay finales, hay vida en proceso, pensamiento en proceso, miedo en proceso, pasiones en proceso., la vida en movimiento. un Yo en el mundo, burbujas con puertas de entrada. Temporales. Cerca y lejos.

JUANA VALVERDE


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HACIA LA MUERTE DEL CANON: TECNOLOGÍA, CULTURA Y CREACIÓN EN LA ERA VIRTUAL. Marina Gurruchaga

     Podría explicar que empecé a escribir esta breve reflexión como la reanudación (en soliloquio) de una conversación, apenas esbozada, en el precioso estudio de pintura de Ana Melgosa, diálogo sostenido con Rafael, Mariano, Choche, Charo, Coco y Marian. Pero verdaderamente una serie de impresiones se habían venido movilizando en mi pensamiento con anterioridad, al hilo de la justificación pública –por explicitada en el blog y en la nota de prensa que dio cuenta de su nacimiento- de la aparición del Colectivo Territorio Kirguise, y en mayor medida a causa de mi experiencia personal más reciente. Durante estos últimos seis años he sido modesta editora virtual (primero, en colaboración con Elena Galiano, de la revista www.maisontine.com; ahora como impulsora del blog www.latiendadelkirguise.wordpress.com) y promotora, en el sentido tradicional del término, del pequeño y cuasisecreto sello La Tienda del Kirguise.  Simultáneamente he desarrollado mi actividad creativa, quizás en relación directa con la anterior actividad y como estrategia complementaria en relación a la necesidad de controlar la difusión de mi producción y de asegurar la comunicación de la obra ajena que he considerado valiosa. Asimismo en años anteriores me especialicé en el campo de la Historia de la Cultura Escrita de la mano de Rosa Blasco, varias de cuyas reflexiones acerca de sus más recientes vicisitudes han sido un punto de partida para las mías personales, que ahora quiero compartir.

     Cuando presentamos el Colectivo Territorio Kirguise algunos de sus miembros optamos por ofrecer de manera libre al lector de nuestro blog nuestras obras literarias. Quizás, como creadores, estábamos decidiendo sumarnos, en la babilónica discusión entre románticos e ilustrados, a los defensores de la colectivización de la expresión artística en general y escrita en particular, del dominio público, en una clara visión constructiva, aunque no inocente, de los fenómenos actuales y de sus implicaciones más profundas.  Las nuevas tecnologías han situado la comunicación artística en general en un punto tal que muchos tienden a pensar en una suerte de Apocalipsis que inauguraría un fracaso global de la cultura tal y como la hemos conocido: en el imaginario colectivo planea el pensamiento de que, cuando llegó INTERNET,  “todo mudó de repente”. R. Simone nos advertía de cómo el desarrollo de las nuevas tecnologías en el s. XX –informática y telemática especialmente- conducía a una modificación no sólo ya de la técnica de reproducción del texto escrito (fase inaugurada con la invención de la imprenta en el s. XV) sino también de las estructuras de la transmisión de la cultura al lector. Actualmente nos encontramos en el punto incluso de superación de los soportes materiales, magnéticos y ópticos: la “nube” existe como superalmacén virtual en el que todo lo que desee hacerse accesible debe depositarse.

     Habría que recordar a los más pesimistas que, en puridad, saber y tecnología han venido unidos desde los orígenes de su maridaje; la construcción y comunicación a las nuevas generaciones de un código escrito es ya un hecho tecnológico, que, no lo olvidemos, siempre se produce cuando existe una necesidad social. La cesuras históricas en cada episodio de cambio de soporte físico de la escritura no se han producido nunca de forma radical e irremisible, o, si acaso, gran parte del acervo de conocimientos logró superar  las crisis cíclicas de pérdida de contenidos, en parte por la intertextualidad del sistema cultural, que referenciaba en cada obra multitud de contenidos sitos en otros autores y lugares.  Tradicionalmente convivieron oralidad y escritura, más tarde imprenta y manuscritos, y hoy lo hacen (quizás por largo tiempo, como dice R. Chartier) libro electrónico y libro tradicional, en función de los géneros literarios que albergan: la lectura fragmentaria típica del conocimiento en perpetua actualización se adapta muy bien, por ejemplo, a las posibilidades del hipertexto, mientras que la modalidad de lectura lineal de las formas clásicas del conocimiento sigue siendo solicitada en las categorías tradicionales. Incluso hoy, en un sugerente eterno retorno, la novedosa lectura personal que inauguró el formato codex vuelve a la lectura colectiva y social  con los blogs. De la misma manera surgen nuevos géneros en función de sus posibilidades de exposición virtual, de los “marcos” digitales a los que pueden adaptarse, en sorprendente anterioridad de la forma respecto al contenido.

     Verdaderamente puede ser que estemos conviviendo homo legens y homo videns: es cierto que, como afirma G. Sartori, el primero (al que él denomina “homo sapiens” un poco exageradamente, negando esta cualidad al segundo término de la comparación) ha entrado en crisis. Esta crisis vendría dada por la dificultad en la asunción del discurso por el receptor, un discurso que pasaría, según A. Viñao, a convertirse en fragmentado y discontinuo, fugaz y disperso, tendente a la sobreinformación, que busca la novedad y acaba por lo tanto convirtiéndose en fugaz y frívolo; un discurso que hace evidente un cambio aún más profundo: el de la dimensión temporal de las sociedades agrícolas e industriales, secuencial y progresiva, que pasa a ser inmediata y simultánea. El tiempo de INTERNET es el de la “hipermodernidad” de Lipovetski, en la que la reversibilidad y la licuescencia son la norma (la escritura en pantalla ya no es tal, sino imagen de la escritura), y la interactividad, aceptada como valor social, su garantía. La literatura finalmente, como actividad individual en su creación y recepción, da paso a un evento de carácter social y compartido.

     Las posibilidades actuales de combinación de texto, imagen y música (cuanto menos) han modificado asimismo nuestras formas de configurar y transmitir el conocimiento. Si esto se modifica es evidente que la relación texto-lector, la relación hermeneútica, cambia también. Para Lundlow, la existencia del hipertexto es la prueba de la validez de las teorías postestructuralistas en su faceta reconstructivista, que otorga al lector una responsabilidad equivalente a la del escritor en la construcción del significado. Con la posibilidad de modificar un texto queda en suspenso la vinculación entre éste y su autor, de forma que finalmente la ecuación queda reducida a una de sus variables. Como afirma R. Blasco, en el pasado la conservación del saber era crucial, diseñándose en este empeño los programas educativos, su metodología y funcionalidad; en la actualidad, la existencia de bases de datos –incluso comunitariamente construidas, léase Wikipedia– exige sólo al usuario la habilidad ser capaz de acceder a ellos. La lectura, la memorización y la reflexión van siendo sustituidas por la ilación de enlaces, la correcta indexación (lo que no se encuentra en Google no existe) y la falta de crítica histórica y textual de los nuevos textos de esta forma generados. La cultura escrita tradicional, imbuida de la noción de autoridad, de responsabilidad y de excelencia, cede paso a un relativismo que incluso traslada, llevando al paroxismo el postulado fundamental de la Escuela de la Recepción anteriormente citado, la recreación del texto literario por el lector, difuminando inevitablemente la figura misma del creador. La sacralidad tradicional de la obra creativa, así como de los espacios destinados a albergarla, da paso hoy correspondientemente a la banalización de los anteriores (bibliotecas de “autoservicio”, pobladas de reclamos, carteles  y colores; suspensión de la “relación de ausencia” entre escritor y lector mediante la interactividad electrónica).

     En este sentido la transformación del lector tradicional en lector-consumidor, profundamente vinculada a la necesidad y surgimiento de las nuevas tecnologías, es el segundo gran factor explicativo de las nuevas demandas en cuanto a la organización interna del mundo de la cultura, y con esto me refiero, o regreso, a la discusión entre los partidarios del dominio público de las obras literarias y artísticas en general (en palabras de Chartier, la expresión de los intereses de la sociedad civil frente a los derechos particulares de autores y difusores), frente a los que permanecen fieles a las exigencias del derecho del autor y la propiedad intelectual restrictiva en el sentido clásico. me temo sin embargo que el camino está marcado de antemano: en la oceánica red de redes naufragan la individualidad y sus derechos.  El creador debe abandonar en este contexto la esperanza de convertir su actividad en un medio de vida. El consumidor de la cultura exige el coste cero del producto; si no es así, éste no es demandado. Se elige un libro, una fotografía, una película, una imagen (el scanner fusionó todas las modalidades artísticas en este cajón de sastre) de entre los innúmeros almacenes virtuales gratuitos –páginas para descargar todo tipo de productos artísticos-. Algunos se preguntan hasta qué punto la forma de adquirir un libro o una obra artística, puede incluso influir en la valoración que hacemos del mismo, porque lo instantáneamente adquirido se convierte en instantáneamente fungible en una suerte de urgente ley de la psicología.

     La posibilidad de la autoedición electrónica (blogs, páginas web) elimina la figura tradicional del editor, mediador del acto cultural, e inaugura un tiempo –algunos pensamos que en muchos casos afortunadamente- sin “tutelas” artísticas, sin constructores primarios del “canon” estético, presentes en la antigua –como la denomina Chartier- “cultura tipográfica”. Los mandarinatos y comisariados artísticos y culturales se encuentran sin armas efectivas para ejercer sus, en muchas ocasiones, tiránicos caprichos. Los gremios y lealtades se edifican espontáneamente aprovechando la facilidad para la difusión electrónica de las obras artísticas y la comunicación interpersonal.  Esta falta de control, finalmente, pone un broche final a la conformación histórica de una interpretación cultural unitaria de la realidad, en función del corpus canónico que ha ido modelando nuestra civilización occidental, de referencias y arquetipos  mayoritariamente compartidos. Adviene una secuencia atomizada de entornos culturales, individualizados y difícilmente rastreables, en sintonía con la desafección de los valores tradicionalmente consensuados y reproducidos. Las exigencias del ocio, así como la crisis económica,  además de la generalización y abaratamiento del acceso a la red y a los sistemas informáticos de consumo, facilitan la posibilidad de lo anterior. El creador verdadero tiene como primera compulsión la de ser escuchado; la ley de la oferta y la demanda será inflexible y éste se verá obligado a aceptar el chantaje (“si no es gratis, no lo descargo”). Sobrevive ahora –y puede acceder a una cierta eternidad momentánea, más bien ubicuidad (¿eternidad en horizontal?)- lo que tenga un costo cero -o casi-.

     En la actualidad nos encontramos ante un interesante panorama de eclosión de la creatividad, ante una super-abundancia de registros, direcciones, estilos, personalidades. El Arte es hoy multicomprensivo, acogedor, incluso permisivo en exceso: escribimos demasiados, se escribe demasiado, se crean demasiadas obras. Los medios de comunicación son cómplices de la inflación cultural. Todos nos creemos con derecho a expresarnos y a ser escuchados: es parte de la pléyade de derechos “democráticos” del habitante medio de los países ricos. Se puede publicar demasiado porque económicamente es posible; las nuevas técnicas de impresión digital y electrónica lo facilitan. El editor virtual encontrará interesante económicamente la posibilidad de ajustar la tirada a la demanda sin acumular stocks no vendidos, o publicar a petición del público, en función de unas preferencias previamente sondeadas –o creadas artificialmente mediante el marketing y la publicidad-. La edición virtual es un sumidero, un scilla que engulle todas las calidades de lo autoproclamado como creación, si bien es dudosa la supervivencia física de lo a ella encomendado. Inevitablemente nuestro afán de perdurabilidad como artistas va unido a las posibilidades de supervivencia del soporte que elijamos para cristalizar nuestra expresión, y ésta de ningún modo se encuentra garantizada ni siquiera a medio plazo con las tecnologías actuales. La multimedialidad contribuye asimismo a difuminar las fronteras entre géneros literarios e incluso artísticos. Al mismo tiempo que se produce el paroxismo del ego, el arquetipo del creador, del demiurgo, se ve paulatinamente desplazado por ya mencionado protagonismo creciente del lector. Es algo que, como antes apunté, acompaña al ocaso de la conciencia de la necesidad de una función rectora en la sociedad.

     De todo lo anterior se sigue la sospecha de la necesidad práctica de un “Maltusianismo cultural” para que el arte y sus registros, entendido de manera tradicional, sobrevivan en un futuro. ¿Quién rastreará las infinitas webs, los dispersos blogs, las ediciones virtuales, para componer una historia de los estilos, del desenvolvimiento del espíritu, de la cultura presente? ¿Cómo identificar a los creadores anónimos que “cuelgan” bajo pseudónimo sus obras, que las comparten y permiten su alteración? ¿Quién es el autor: el que escribe una entrada en el blog o quien inmediatamente la comenta, en un infinito árbol de referencias, de intertextualidades? Inevitablemente hoy nos vemos abocados a la elección entre la posibilidad de un canon futuro (y por lo tanto la posibilidad de una Historia del Arte futura) y nuestra necesidad expresiva como creadores. Quizás nosotros hemos optado, inevitablemente o conscientemente, por lo segundo: se nos imponen los canales de expresión, de comunicación. La posibilidad de expandir a la velocidad de la luz los retazos de nuestra experiencia es demasiado tentadora y nos hace cómplices, de alguna forma, de la tiranía del mercado que, por una vez, nos favorece y, no nos engañemos, es imposible de detener.

                                                                                                                                                                                                                                                           Mortera, 8 de marzo de 2013.