LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


Deja un comentario

Cuatro poemas de Ángela Troyano

Hay noches (I)

Hay noches que otro
escribe mis versos,
otro que no soy yo.
Versos sin esperanza
que no son míos.
Viejos poetas
sin fe en hombres ni leyes,
con tanto dolor latente
que la mano al dictado se entumece.
Versos doloridos,
de hombres traicionados
solo por vivir.
Bailo en tus pupilas,
noqueado el aire,
directa a la lona,
la vida gana.
Hay noches (II)

Hay noches en que
solo lo escrito permanece.
Lo no existido
pertenece
al recuerdo no nacido
o ¿ quizás nunca vives ?.
Lo escrito
es solo la autopista
hacia un sueño.

Me bastan unos ojos,
me sobran las palabras.
El hombre es solo
polvo de añoranza.
Recógeme
Recógeme en la esquinita de tu cuerpo,
donde el sol resbala al atardecer.

La luz de tu iris me peina,
el hálito rosado se asoma a la desnudez.

Deja que camine la bruma somnolienta.
Espérame en Ítaca.

Saltemos desde el fin
al comienzo de nuevo.

Que mi sombra al aire
le cuente al cielo
nuestra verdad.
Amar

Aguda la crítica,
ligera la idea,
libre el pensamiento.
Ni engañar, ni engañarse.
La vida es un fractal
reflejado en un espejo.
El hombre, un Diógenes mental,
apenas un esbozo de conciencia.
Ni sabio, ni viejo.
Un ser distinto a como me soñé.
Les dejo la gloria,
cedo la palabra.
Claudico en todas las batallas.
Bórrenme.
Hoy amo.

Ángela Troyano Cestelo


Deja un comentario

La historia del Niño Petra

 

 

Una aldea de Llanes. Años cincuenta, comienzos de los sesenta del difunto siglo XX. Maizales, vaquerías escasas, caseríos que se alternan con viviendas encargadas por los indianos que fueron y los que serán. Como la de las hermanas apodadas “las diosas”, solteronas tiernas de una familia que explotaba ingenios del azúcar en la lejana Cuba, que cogían el tren a Llanes “según la hora de Dios” – quizás de ahí vino su nombre- y “no la de los hombres.” Por lo cual, como les dijo una vez el factor de la estación, siempre lo perderían.

El mar revuelto de frente, con el Castro, la Playa de los Curas frente al Monasterio de S. Salvador y la residencia jesuítica. Los gorgoritos de La Palombina dan de beber a las gaviotas que a veces se refugian allí del temporal. La guerra aún, para las bocas y estómagos de los residentes, no ha terminado. Muchos viven con los magros dineros que les envían las familias emigrantes desde Méjico. Otros trabajan apenas las huertas, algunas vacuchas, los maizales, el pequeño comercio local. Algunos viven de la caridad de los jesuitas y escasos benefactores privados.

El Niño Petra no es el tonto del pueblo. El Niño Petra se llama así porque su madre, la Petra, lo tuvo muy joven del hijo de un indiano, y le callaron la boca sobre el padre de la criatura quizás con dinero, más bien con amenazas. El Niño Petra nació de mala manera, con una pierna atravesada que arrastró toda su vida. Ambos, madre e hijo, malvivían en una cuadra infecta que alguien les cedió. El Niño Petra cojeaba desde su más tierna infancia, y se ayudaba, malvestido y en alpargatas, con un palo de avellano. Él y su madre pedían limosna a los veraneantes y aceptaban todo lo que se les pudiera dar.

Se cuentan varias historias del Niño Petra. Todas son verdaderas.

Una vez, alguien les regaló un décimo de lotería. Fue la suerte del miserable, porque les tocó un premio pequeño, muy pequeño, para ellos una inmensidad de riqueza que por la noche separaban mentalmente en hatos pequeños, madre e hijo, muertos de frío en su cuadra.

-Pues estas pesetas para tabaco, y estas otras para café, y lo que quede para pagar a Manolo, el del colmado, que es mucho lo que le debemos… – decía la Petra, pobre mujer que aún en su miseria se dolía de las deudas que tenía con el dueño del ultramarinos.

-¿Qué dice, madre? ¿Que le quiere pagar a Manolo? Para una vez que tenemos algo… el Manolo… ¡qué se joda! – y el Niño Petra terminó así con las veleidades virtuosas de su madre.

Otro día, estaban las mujeres del pueblo reunidas en la fuente para coger agua – que no llegaría a las casas hasta los años sesenta bien entrados-. Por allí apareció el Niño Petra, arrastrando su pierna y una lata de membrillos medio abollada, también con la intención de llevar agua a su casa. A todas se acercaba y les daba a oler la lata, preguntando a qué. Ellas, que le conocían y le tenían simpatía, le decían que la lata, ¡a qué iba a oler! Pues a membrillos, o a aceitunas, o a lata simplemente incluso. Entonces el Niño Petra les dijo: “pues sabed que esta lata, la que traigo para coger agua, debe oleros a orines, pues con ella me alivié esta noche en mi casa, y no tengo otra para acarrear agua desde la fuente.”

Estas, y otras historias, se cuentan del Niño Petra. En los últimos tiempos de su vida, ya muerta su madre, los jesuitas del pueblo le arreglaron una pequeña pensión, y más adelante, enfermo, murió en un asilo cercano.

Pero el Niño Petra no era el tonto del pueblo.

 

MARINA GURRUCHAGA


Deja un comentario

HISTORIAS DE MAZCUERRAS II

¿EXISTIÓ UNA TORRE DE DEFENSA EN UN DESPOBLADO DE
MAZCUERRAS?

Para encontrarla, tenemos que preguntar en el pueblo por el “vao
santián” y os dirán que debéis ir hacia el oeste desde Sobarriba por la calleja
de “la churla”, ese “vao” os pasará el río Pulero, que en època medieval tenía
el nombre de río Uciebra, y llegaréis a las ruinas de una hermosa ermita.
Si retrocedemos hasta al siglo XV, estos lugares te sonarían muy
familiares, puesto que por aquí discurría el llamado “camino real” o mejor
“camino medieval”, eran tiempos feudales y D. Sancho de Cos (de acuerdo
con el permiso otorgado el 14 de marzo de 1519 por la reina Juana y su hijo, el
futuro emperador Carlos, Sancho de Cos y su mujer, María de la Estrada,
ambos vecinos de Cabezón de la Sal y cabezas de un poderoso linaje local,
debieron de fundar vínculo y mayorazgo sobre un conjunto de bienes,
redondeado sobre la base de compras a los hermanos de Sancho), poseía en
estos lares una torre, varias casas, huertas y una ermita, de los que
actualmente solamente quedan los vestigios de una ermita. No es una ermita
cualquiera, es una ermita que durante siglos ha guardado un curioso enigma,
del que hablaremos en otro artículo.
La torre ha llegado hasta nuestros días, solamente gracias a los
documentos citados, porque físicamente no queda rasgo alguno en este lugar.
Algo debe de tener el lugar cuando en la zona han quedado leyendas
de cuevas-santuarios anteriores a la época medieval y ermitas con enigmas.
Concha Espina, la gran escritora de fama internacional que poseía
casa en el pueblo y que pasaba largas temporadas viviendo en la misma, le
dedica alguna novela corta y nombres de personajes principales femeninos en
otras.
En definitiva existió una torre en ese enigmático lugar, suponemos que
fué de defensa, pero no queda ningún vestigio arquitectónico.
Si eres capaz de llegar al lugar, será muy interesante que preguntes
por el poeta del lugar y él te indicará el nombre de la legendaria torre y su
enigmática ermita. Búscalos, merece la pena, estás en un paraje excepcional,
que albergó un pequeño poblado, con torre, ermita, casas y herrería incluida.

Daniel Villano