LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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Desde el cariño III, by Fegüe

HAN PASADO TRES AÑOS DESDE NUESTROS ÚLTIMOS COMENTARIOS, AÑOS FERACES EN CUANTO A LAS MANIOBRAS -Y SU ÉXITO- DE LA INGENIERÍA SOCIAL QUE SE REALIZA, COMO NO PODÍA SER MENOS, A TRAVES DEL LENGUAJE. QUEREMOS REINICIAR ESTA SECCIÓN PARA REFLEXIONAR CONJUNTAMENTE Y, QUIZÁS UNA VEZ MÁS, HACEROS REIR UN POCO.

EL “RELATO”: poĺiticos y periodistas, al alimón o en relación simbiótica, como siempre, han incrustado la expresión en el lenguaje pretendidamente analítico de la actualidad. “Construir” el relato podría equivaler a suministrar la versión más beneficiosa o justificadora de los hechos. Lo que nunca se piensa es que la propia expresión lleva el germen del reconocimiento de una parcialidad de origen… . A lo mejor ya nos vamos enterando de qué va esto.

“LA” COVID: ¡anda, pues que era niña (como la voiture…)! Curiosa concordancia con “el” virus. Una vez mas, el irrefrenable complejo de inferioridad del español, que importa, sin inspección previa, cualquier cosa que suene mínimamente londinense, francés o californiano (mejor).

EMERGENCIA CLIMÁTICA- Ya estábamos tardando… . El año pasado no tuvo desperdicio en cuanto a la generación de “palabros” dedicados a comentar los desmanes de la especie humana sobre la faz del sufrido planeta tierra. Una vez que Greta ha sido convenientemente guardada en el búnker por su padre a la espera de mejores tiempos, esta expresión quizás es una de las pocas supervivientes de una delicosa época de creatividad semántica.


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Poemas de Paloma Bienert

POEMA DEL FIN DEL VERANO

Ibas lisa con el sol tardío del verano.
Arribaste a la playa.
El agua era cálida y casi dulce,
un tiempo de nostalgia marina
con quien recordar lo último de nuestra infancia.

Ibas lisa entre redondas dunas.
El agua era tan clara
que tus pies jugaban con el jurel
entre las crenchas que —luminosas, geométricas
en torno al banco de peces— la arena
formaba. ¿Soy la misma que a este mar
ha regresado?,
¿ésta la misma claridad
de donde procedían los chanquetes
para la tortilla —si hay suerte—?
De entonces, queda la fragancia
del vidriado platillo de Arcopal
con su rosa bañada en esponjosos chanquetes
o en el revuelto de champiñones enlatados…
Algo pequeño, de escasa importancia,
al fondo de la cocina con ventana al mar.
La casa de otro mundo en miniatura.

Con la última risa de tu infancia,
gástate y serás joven.
Serás tú.

LA NOCHE DEL FIN DEL VERANO

Tiene algo de abandono y templo esta calurosa noche de verano. La desteñida luz de la vieja lámpara, el pie de cristal de carey que verdeaba con su gemela luz en el salón de la casa, aquella casa. Los retratos adornados con pesadas moscas que parecen inertes, y el aire estático encerrado en el bolsillo de la última noche del verano, son un inmenso desconcierto de pasado y presente al fondo de una nueva memoria intacta.
Debido a este Círculo viciado me sangra el corazón, y el perfume de una soledad con flores y frutos desconocidos envuelve mi pensamiento en esta paz extraña, casi mi alegría, casi un encuentro.
Así es el enigma de esta noche enamorada de un verano que termina.
Y aquí estoy, extrañamente varada; en un lugar, el saco de dormir, y en otro, la barca de luces encendidas.


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Un poema de Vicente Blanco

Tu mirada

Tu mirada evoca el misterio del bosque
Negro Pasión
Marrón Ternura

Tu dulce caminar
Detiene el baile de las hojas
Acaricia la hierba
Estremece la dura roca

El helecho le contó al duende, que al caminar le rozó tu mano
El brezo susurró al hada, que en la escarcha vio reflejada tu cara
El corzo confesó al tejo, que escondido escuchó latir tu corazón

Tu alegre reír
Sosiega el viento
Calma la lluvia

Este invierno
El hielo no amenaza en recovecos
La nieve no se agolpa en el camino
Conocen tu cálida pisada

Un paseo por el pinar
creó un nuevo sendero
Un sendero para soñarte
Un sendero para añorarte


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Un poema de Vicente Blanco

 

En el barrio del Ahorcado sobreviven al paciente tiempo
Cabañas pasiegas de pequeñas ventanas, acil y payota
Casas con su antigua cruz tallada, cristianos viejos
Callejas cubiertas de piedras y cudones
Caminos inundados por mil chaparrones

Deconstruidas tapias delimitan pequeñas fincas
Profundos cubíos protegen la nata
Antiguas fresqueras conservan la leche
Aljibes y berazas de agua fresca dan de beber al sediento ganado

En la blanca garma
Lapiaces rotos por el agua en mil pedazos
Pequeñas dolinas que son la entrada a otros mundos
Cristalinas calizas afiladas como cuchillos
Tobas que serán sillares de arcos infinitos

Árgomas que protegen el alma de los caminantes
Gencianas purpuras resaltadas por el rocío
Tojos hostiles, brezos de mil colores

El haya trasmochada que calienta los hogares
El frondoso fresno que cura el ganado
El humilde saúco que aleja los males
El sagrado tejo que ayuda a la muerte

Somos especies relictas que se aferran a la vida


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Un poema de Carlos Obeso

Tu voz recita

 

Háblame, poema dormido,

silencio en sueños o pesadillas,

tintineo de mástiles afligidos

por las garras del salitre.

 

Navegas mares de destierro.

 

Gimotea si lo prefieres,

llora lágrimas de sangre

que no tienen origen ni destino,

que ni mueren ni han nacido.

Sempiternas están ahí (para aliviarme)

dentro del poema dormido,

esperando la claridad de la mañana,

despertando en la frescura

de tu eterna voz serena.