LA TIENDA DEL KIRGUISE

lugar de encuentro de los componentes y amigos del colectivo TERRITORIO KIRGUISE


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Un poema de Lucio Pedraz

TERMINAR

Algún día terminamos
de imponernos trabajos y desvelos.
Suspendemos la lucha. Apaciguamos
la retahíla de logros, de agravios, de proyectos.

Comprendemos
que ese dolor autoinfligido era una prenda
por sabernos vivos, en camino,
atravesando en pos
del dorado carro del tiempo,
los rieles de una vida que se aleja.

Algun día sabemos
que nuestro mundo está a punto de acabar.
Que nadie aguarda una respuesta
nuestra.
Que somos nueva espuma, una brazada más,
en la orilla, tras de la marea.


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Los libros en los medios de comunicación

Para comenzar cabría preguntarse: ¿Cuánta vida pública tiene los libros recién publicados en el ámbito provincial?  En mi opinión su vida es efímera: un previo a su publicación en el periódico, una nota el día de la presentación, una entrevista un día después y una reseña un poco más tarde hecha por algún colaborador de las páginas de cultura, frecuentemente, amigo del autor, quien, probablemente, se la haya pedido. Todo ello en el mejor de los casos. Las radios un poco, apenas informar del acto de presentación y una entrevista por teléfono. Luego el silencio. Si además se trata de una autoedición, las dificultades de difusión son mayores.  Las buenas relaciones son fundamentales en estos casos.

A nivel nacional es rarísimo que se ocupen de ti, sobre todo si no está publicado en una editorial con prestigio. Los libros editados en provincias raramente son reseñados salvo algunas editoriales independientes que afortunadamente se han abierto un hueco en los últimos años.

Las librerías difícilmente dedican un rincón en el escaparate entre la invasión de títulos que reciben de los grandes grupos editoriales. Ni, por supuesto, en los mostradores. Si la publicación coincide con el lanzamiento de unos de los grandes premios o de un autor best-seller, la catástrofe está asegurada.

Y ese es otro tema, los autores de este tipo de libros: Pérez Reverte, Falcón, María Dueñas, Julia Navarro, Alicia Giménez Bartlett, Matilde Asensi… son los que acaparan las páginas y los tiempos de los medios, hasta crear en el potencial lector un deseo de conocer el libro: se habla tanto de él, dicen, que quiero tener mi opinión, aparte de sus fieles lectores.

Algo parecido sucede con la publicación  de ocasionales éxitos de venta al estilo Stieg Larson con la serie Millenium. Cada cierto tiempo surge un fenómeno literario de estas características, muchas veces inesperado..

En los medios, los periódicos nacionales o emisoras generalistas, el problema es la presión de las editoriales impide una atención a los libros de editoriales independientes o autores apenas conocidos.

Suelen aparecer en las suplementos literarios semanales y en ellos las influencias de los editores es enorme para que se hable de sus autores y, además, bien. La presión puede conseguir que el autor de una crítica mala sea expulsado como colaborador del periódico. Si a ello se añade la vanidad o narcisismo de algunos escritores, la presión se acentúa. Son conocidas las ejercidas por Pérez Reverte y Javier Marías a través de de su editorial. Con la publicación de un libro de Bernardo Atxaga sucedió lo mismo.

En la televisión los tiempos dedicados a los libros son apenas reseñables más allá de los más populares. Por un lado, aparecen como epilogo de los noticiarios, como un guiño cultural, pero que tiene un efecto multiplicador muy grande. Lo saben en las librerías: al día siguiente colocan el libro en el escaparate.

Si hay una entrevista en un programa de entretenimiento, de entrevistas, en un programa de variedades, el resultado se amplifica, pese a que la entrevista la haga un presentador generalista, no un experto.

No es sorprendente que no haya expertos como tampoco es fácil verlos en los en los periódicos. No hay verdaderos críticos sino reseñadores de solapas, salvo en los de ámbito nacional o algunos de provincias. Son entrevistas anecdóticas. ¿Se conoce un experto colaborador en televisión?

No hay programas específicos. Consideran que son programas minoritarios y aburridos. Cuando los hay los colocan en horas marginales: madrugada, por ejemplo. No los tienen ni las cadenas de los grupos editoriales: Planeta, Alfaguara… Las cadenas privadas pueden hacer lo que quieran pero las públicas tienen una responsabilidad, un deber como servicio público de difusión de la cultura. De los libros ya que hablamos de ellos.

La Estación Azul  y El ojo crítico de RNE son una excepción. Pero qué horario: este último los domingos en la sobremesa. Y diariamente a las siete el primero, pero de cultura en general. Página Dos en Televisión Española, también en la sobremesa de los domingos. Curiosamente, me contaba Paz Gil, no se venden más los libros de los que suelen recomendar en estos programas.

Y cuando hay un programa, tratan de hacer espectáculo con él. Ahora se ha iniciado uno con Mercedes Milá. Espectáculo y horario dominical, por la tarde.

Probablemente no han dado con el comunicador adecuado que sepa crear espectáculo. Que imponga más la imagen de presentador que de crítico, al estilo de Sánchez Dragó. Pueden surgir excepciones si diesen con la tecla adecuada: el programa This is ópera de Ramón Gener.

Sería muy importante uno dedicado a los niños, al estilo del que hacia José Ramón Sánchez, para crear lectores.

Luego está el fenómeno de los autores mediáticos: presentadores y periodistas que acaparan la actualidad literaria y las ventas.

En esa línea de la popularidad, cuando los autores se convierten en tertulianos, excepcionalmente, de un modo indirecto los medios favorecen las ventas: Álvaro Pombo, Luis Antonio de Villena, hace años, fueron tertulianos en la tarde;  Benjamín Prado,  Juan Manuel de Prada, Juan José Millás, entre otros, actualmente. Consiguen nuevos lectores por sus intervenciones en las tertulias.

La publicidad, un índice del interés comercial, de la posibilidad de vender, no encuentra un terreno propicio en el ámbito de la edición para realizar campañas en los medios audiovisuales. Salvo el premio Planeta, y ahora tampoco, no se anuncian los libros. Un signo de que no interesa la publicidad porque no rentabiliza. Un libro debe tener un potencial de venta suficiente que justifique una campaña publicitaria en la televisión. Un anuncio de veinte segundos es más caro que producir 3000 libros.

Ahora están un poco de moda los tráiler books.

Un fenómeno importante es el de las series basadas en libros apenas conocidos que pasan después a ser superventas. Es un ejemplo de que prevalece la imagen sobre la palabra.

Otra anécdota a partir de los medios, la que se deriva de una imagen: un político en el parlamento leyendo un libro o hablando de él en una entrevista: Aznar leyendo en el Parlamento durante la primera votación de la legislatura en 1996 el libro de Luis García Montero  Habitaciones separadas. Muchos lectores descubrieron al poeta granadino a partir de esa imagen. Algo parecido sucedió con el libro de Ruiz Zafón La sombra del viento al hablar de él elogiosamente J. Fischer en una entrevista en Alemania. Había pasado inadvertido en España y después de las palabas del político alemán crecieron sus ventas como todo un fenómeno editorial.  Al final, el boca a oído es la mejor manera de difundir un libro, aunque un poco lenta.

Las polémicas en los lanzamientos vienen muy bien. Se trata de crear una expectación que puede inducir la curiosidad de un lector. La reciente polémica surgida con la novela escrita por Elvira Navarro Los últimos días de Adelaida García Morales es un ejemplo. El artículo que escribió su ex pareja, el cineasta  Víctor Érice, censurando la utilización de la figura de la autora de El Sur, provocó un debate en la prensa que ha beneficiado a la proyección de la novela.

 

Las colecciones que editan algunos periódicos  los fines de semana que se adquieren con la compra del diario, a unos precios asequibles dadas las grandes tiradas, el ejemplo de la colección de libros RTVE, editados en los años sesenta (¿se podría repetir hoy bajo unas perspectivas más actuales?), pueden ser objeto de una reflexión en cuanto a la relación de medios de comunicación con los libros.

Internet, los blogs, están cambiando todo, consiguiendo una difusión fuera de los circuitos convencionales, pero también las ventas se hacen a través de Internet y los autores son conocidos en la red. Es un mundo nuevo al que se han incorporado fundamentalmente los jóvenes.

 

LUIS ALBERTO SALCINES

 

Esta charla fue ofrecida durante las II Jornadas Librería del Puerto-Territorio Kirguise el día 17 de noviembre de 2016. 

 

 

 

 

 

 


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Microrrelato y sugerencia. Aproximación al microrrelato desde la prodigiosa idiosincrasia del colibrí.

 

“Responder con ligereza a la visión terrorífica del mundo es una demostración de potencia sin igual”
(Nietzsche)

 

El colibrí se parece a la nada. Es la más diminuta de las aves y en su versión más leve puede llegar a pesar tan sólo 2 gramos.

Es un visto y no visto, un minúsculo relámpago que enciende el aire con la difusa precisión de un indicio, justo un segundo antes de desaparecer.

Si la Colibripedia no miente, esta maravilla de ingeniería evolutiva tiene un corazón capaz de latir 1.260 veces por minuto, puede llegar a batir sus alas 200 veces por segundo, es el único pájaro en el mundo capaz de volar en todas direcciones y el animal más pequeño con columna vertebral.

El colibrí parece un imposible y, sin embargo, existe.

El microrrelato casi se parece a la nada: revela algo que no se ve y se define sobre todo por lo que no dice.

Parece  un imposible y, sin embargo, existe.

Dice José María Merino, sobre el microrrelato:

“Que sea pequeño, pero que sea volátil, que ascienda rápidamente, que desaparezca de nuestro campo de visión, pero que nos deje una intensa imagen (…)”

Y a Luisa Valenzuela los microrrelatos le parecen “organismos vivos”, “diminutos seres complejos y bellos”

Levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y consistencia…, las propuestas de Italo Calvino para lo que él llamaba “el próximo milenio”, son características de la posmodernidad que bien podemos aplicar a esa ya no tan rara avis, audaz, extremadamente adaptable, inteligente y multiforme llamada microrrelato … ¿o estamos hablando del colibrí?

Dejo en el aire, como imagen de fondo, a esos soles diminutos volando fugaces en todas direcciones para hacer una aproximación parcial y subjetiva a aquellas características del microrrelato que me parecen más sugerentes  (no sin antes indicar que, además de la Colibripedia mencionada, existe en la red una Hipopotamopedia, por si fuera interés de novelistas).

En consonancia con el tema que nos ocupa (“poco”) seré breve:

En un mundo “en el que se dilapidan palabras”, como afirma Sequera, el microrrelato practica la omisión, la omisión elocuente: Lo más hondo del texto, dice José Balza, “es aquello que el autor olvidó decir y que sin embargo está dicho”. Y Valenzuela cree que “se necesita estar absolutamente alerta para percibir todo lo que esas pocas palabras dicen (…), y sobre todo lo que NO dicen, lo que ocultan o disfrazan”. Es lo que Juan Romagnoli llama “los silencios del relato”.

El microrrelato tiene la intensidad del relámpago, la compresión del bonsái, la elaborada sencillez del pan, pues el arte disimula el arte y sólo el trabajo borra las huellas del trabajo. La literatura, como la música para Marguerite Yourcenar en Alexis, debería ser tan sólo “el desbordamiento de un gran silencio”.

Si nos preguntásemos cuánto debe ocupar este, llamado ya, “cuarto género narrativo”, creo que sería atinado responder “la extensión de una cuerda”, pues será siempre la necesaria para cumplir su función. A esta brevedad verdadera la podemos llamar, jugando con el lenguaje, “breverdad”.

¿Y qué hay de su narratividad? En el microrelato, ha de haber acción, movimiento, transformación, cambio, siquiera latente como en un  móvil de Calder.

Si nada sobra ni falta, el microrrelato cumple entonces con el principio de eficacia, de una eficacia inútil (y por tanto, con la utilidad de lo inútil que tan bien nos señaló Ordine).

El microrrelato tiene el  carácter híbrido pero identificable de un centauro; el  carácter contradictorio de una puerta, que cierra y abre sin dejar de serlo; el carácter fragmentario de una vasija rota, que nos resulta  sugerente porque al verla nos permite reconstruirla en nuestra mente, completándola; el carácter irónico, irreverente y paródico de El grito de Munch en boca de Burt Simpson; el talante evasivo, inasible, resbaladizo de un camaleón:

“Si conseguiste atraparlo, es que está mal”, dice Ana M. Shua.

Por último, el microrrelato exige un lector participativo:

“No es un lector cualquiera (…), es el lector desconfiado y malicioso, el que aún contra toda evidencia sigue interrogando al texto y posterga cerrar el pacto de lectura hasta la línea final” (Sequera)

“El lector (…) cerró el libro con un bostezo, poniendo en serio peligro la existencia del autor” (Ana M. Shua)

Creo que sólo vale aquel relato necesario, aquel que nace de la propia necesidad de ser escrito. No sirve sólo que el escritor quiera escribirlo. El microrrelato, para ser, para existir, ha de querer él mismo ser escrito. El escritor, víctima como artista de lo que podríamos denominar “síndrome del extrañamiento vinculante” respecto a la desencajada realidad, introduce un foco de potente luz por las junturas mal resueltas de ésta. Y se asombra y sufre y ríe y llora por lo que su ojo compasivo y herido ve, por lo que, quiera o no quiera, ve e intuye. Y para resistir la visión, se aferra a esa fe ciega en la palabra que le hace cumplir a rajatabla el Texto Mandamiento: “Escrivivirás”, y busca la palabra salvadora, la palabra despojada, y aún la depura más y le quita todo lo que le sobra, sin que nada falte, hasta que no quede sino la esencia, esa epifanía reveladora, única manera posible en que esa historia, como el poema, podía ser contada a ese lector necesario, cómplice y amoroso que espera,

Los cuatro micros que transcribo a continuación pertenecen a la serie “Niños deshabitados”:

DEUDAS

Apurada por las deudas, mi madre vendió al vecino de al lado los 25 m2 de nuestro salón.

El día que vinieron a poner el tabique, mi hermana y yo, hipnotizadas por las obras de albañilería, nos quedamos de este lado y ahora vivimos con un señor muy raro que no nos habla, pero nos deja ver todo el rato la televisión.

A ella nos la cruzamos a veces en el descansillo. Parece más contenta y viste mucho mejor.

TÚNEL DE LAVADO

Como todos los sábados, mi padre vino a buscarme a casa de mi madre en su Volkswagen. A menudo, empezábamos el día lavando el coche en la gasolinera. Lo hacíamos a mano, con lanza, y a mí me gustaba apuntar el chorro espumoso hacia el capó, los cristales, las llantas. Luego aspirábamos la moqueta y frotábamos la chapa hasta que salía brillo, tirábamos los trapos que se habían quedado más ennegrecidos, y nos íbamos a tomar una hamburguesa como premio. Me gustaba el olor de gasoil y grasa en nuestras manos.

Aquel sábado, mi padre parecía cansado:

-Hoy probaremos con el túnel de lavado -me dijo-. Puedes quedarte dentro. Cierra bien las ventanillas.

Era extraño estar en el interior de aquella burbuja de espuma, ver venir hacia mí como amenazas los gigantescos rodillos girando, escuchar el fuerte rugido de la máquina al echar el aire…

Por fin, una luz verde al salir del túnel indicó el final de lavado. Entonces, un hombre que yo jamás había visto entró en el coche y ocupó el asiento del piloto. Se dirigió a mí en un idioma extraño y arrancamos.

GRANDES ALMACENES

Mi madre me llevó a las rebajas y, después de unas horas siguiéndola, la perdí de vista en la sección Calzados. Pensé en ir al punto de Atención al Cliente, como tantas otras veces, Se ha perdido un niño…, por favor, pasen a recogerlo, pero me contuvo una nueva y liberadora sensación. Que me reclame ella -resonaba en mi cabeza, mientras deambulaba tocándolo todo por Electrónica, Música y Juguetes. A última hora, agotado, me senté en un sofá de la sección de Muebles y con el runrún de fondo de los anuncios de ofertas, me quedé dormido, que me reclame ella…

Aquí sigo. Los dependientes, que son muchos, me alimentan, y por las noches juego a la Play con los guardias jurados. Gano siempre.

CUBO Y PALA

Con los soles de finales de marzo mamá se animó a bajar de los altillos las maletas con ropa de verano. Sacó camisetas, gorras, shorts, sandalias…, y aferrado a su cubo y su pala, también sacó a mi hermano pequeño, Jaime, que se nos había olvidado.
Llovió todo abril y todo mayo.

 

CARMELA GRECIET

 

Charla ofrecida durante las II Jornadas Librería del Puerto-Territorio Kirguise, 10 de noviembre de 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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